Solemnidad de todos los santos: SANTIDAD es aprender a ser Hijos felices de Dios, acogiendo su Obra en nosotros.

Sed santos (buenos), como vuestro Padre, que hacer salir el sol sobre buenos y malos
(Mt, 5, 48;Lev 19,2). No es tanto lo que yo hago o tengo que hacer, sino lo que El hace, y de lo que yo me puedo hacer consciente. Pero, ¿cómo es esa Obra de Dios en mí?

a) Por Amor, Dios crea un ser con capacidad de ser bueno y feliz con El. El amor de Dios comienza a manifestarse en la creación. El Dios que es Amor, Comunión, y Entrega, encuentra su reflejo e imagen, en la apertura y receptividad, capacidad del ser humano. Por eso dice Santo Tomás: Por ser imagen de Dios, el hombre tiene capacidad para la gracia, o sea, para acoger el Amor de Dios, y al acogerlo, realizar el encuentro que nos transforma-

b) Por Amor Dios crea un ser que no puede estar sin Él, y sin los demás. Eso es santidad. Desde siempre, Dios ha creado al ser humano como ser de comunión y le ha llamado a responder al amor que le ha otorgado Desde siempre hay en el hombre una “capacidad de Dios” y un “deseo natural de ver a Dios. Fue Dios quien sembró en el corazón humano el anhelo del Infinito de amarlo y contemplarlo cara a cara. Por eso hay en el hombre un vacío que sólo se colma cuando se encuentra con Dios.

c) Por amor Dios va más allá de la justicia. En Dios, la bondad es lo condicionante de todo su ser y obrar. Dios manifiesta su justicia no condenando, sino salvando. Dios manifiesta su justicia, (Rm 3, 24-26) justificando, o sea, haciendo justo al pecador y teniendo misericordia de todos. Esta justicia es una buena noticia, pues no se trata de la justicia retributiva, por la que Dios premia o castiga según los merecimientos de cada uno, sino de la justicia que justifica (hace justo) al impío.

d) Por amor Dios perdona y no condena. “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (Juan Pablo II). Mostrar misericordia significa vivir plenamente la verdad de nuestra vida”. “El Dios que nos redime es un Dios de misericordia y de perdón; “el perdón podría parecer una debilidad; en realidad, tanto para concederlo como para aceptarlo, hace falta una gran fuerza espiritual y una valentía moral a toda prueba. Lejos de ser menoscabo para la persona, el perdón lleva a una humanidad más plena, capaz de reflejar en sí misma un rayo del esplendor del Creador.

f) La verdadera santidad es una gracia, es la obra que Dios hace gratuitamente en mí. Una existencia vivida con mucha fe y mucha humanidad. Una vida que expresa sentimientos y actitudes de bondad y compasión, que se concreta en obras de justicia, caridad y solidaridad. Porque así es el Dios cristiano, así actúa Dios y así quiere que sean y actúen sus hijos. Así es la santidad de Dios y así se refleja en sus santos. A estas personas están dirigidas las bienaventuranzas. Para que esta acción gratuita de Dios opere la santidad en nosotros, es preciso acogerla agradecidamente y ejercitarla responsablemente. La santidad de Dios es ser bueno con todas sus criaturas y hacerlas buenas. Nuestra santidad es el resultado de la benevolencia de Dios hacia nosotros. No hallamos gracia a sus ojos por nuestros méritos, sino por su benevolencia y mirada misericordiosa. Esta mirada es lo que pone en nosotros santidad Y. lo más que nosotros podemos hacer es dejar que esa bondad de Dios se refleje y actúe en nosotros. Pero en todo caso, la santidad es gratuita, como don de Dios, y obra del Espíritu Santo en las personas.

¡SANTOS, SÍ!, y por ello, “Buenos” y  “Felices”

Podemos decir, pues, que la santidad es Un camino de Bondad, Felicidad y Comunión que Dios realiza en nosotros.  En realidad, un santo no es otra cosa que una buena persona. Porque ser santo no es más que ser lo que tenemos que ser, pero siempre con la ayuda de la gracia.

El Papa Francisco, en su exhortación sobre la Santidad en el momento actual, “Alegraos y regocijaos”, pone la santidad en el horizonte de la bondad (Mt 25) y la Felicidad (Mt 5, 5-15)

Las Bienaventuranzas son como el carnet de identidad del cristiano. ¿Cómo se hace para llegar a ser buen cristiano?'. Es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en las Bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro que estamos llamados a transparentar en la vida cotidiana. (.G.E. 63). ¡Feliz o bienaventurado es sinónimo de santo! 

Por eso, la Santidad es un proyecto de felicidad y a la vez un programa de cómo ser lo que debemos ser. Con deficiencias y pecados, muchos han buscado la felicidad en la santidad. Estas confesiones de hombres buenos y felices pueden acercarnos a la santidad de Jesús, y hacer más humana la nuestra.

“En la vida existe una sola tristeza, la de no ser santos”. (Leon Bloy)

«Ser bueno es hacerse divino, porque sólo Dios es bueno.»(Unamuno)

“En todo hombre bueno habita Dios.» (L A. Séneca)

«No denomino héroes a aquellos que han triunfado por sus ideas o por la fuerza. Sólo considero héroes a aquellos que fueron grandes por su bondad (Tolstoi)

«Sólo los que son verdaderamente buenos y santos son felices.» (Pablo VI).

“La bondad es el único Evangelio que muchos leerán.» (Helder Cámara)

“Mi única misión en la vida era ser bueno.(C. Foucauld)

Conclusión

Ahora puedo aportar yo mi propia experiencia de Santidad por la Bondad, Felicidad y Comunión, preguntándome: ¿Cómo es la obra que Dios viene realizando en mi según su propia Santidad Bondadosa?

José Antonio Fray José Antonio Segovia O.P.
Real Convento de Santo Domingo de Scala Coeli

Lea también el comentario bíblico a las lecturas.  Fuente: Dominicos.org

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.








Todos los Santos


" Las bienaventuranzas son la dirección del <<sermón de la montańa": los pobres en el espíritu, los tristes, los limpios de corazón... son los destinatarios del discurso. Las bienaventuranzas son la <<Carta Magna" del Reino de los Cielos: para entrar o tener parte hay que encontrarse en alguna de las categorías mencionadas. No son simples <<consejos", sino la <4ley" del evangelio. El monte (5,1) es una clara referencia al otro monte, el Sinaí, donde subió Moisés para recibir las tablas de la Ley.

Cada versículo presenta una situación de debilidad, malestar o sufrimiento, que es considerada <<dichosa" no en si misma, sino porque es fuente de bendición y recompensa futura. La primera y la octava forman una inclusión, la promesa es idéntica: <<De ellos es el Reino de los Cielos" (5,3.10). La última, la más articulada, se refiere directamente a los discípulos, y en concreto por sufrir persecución <<por mi causa". Las cuatro primeras siguen un esquema de contraposición: los pobres poseerán el Reino de los Cielos; los llorones serán consolados; los humildes heredaran la tierra y los hambrientos serán saciados. En otras se hace una constatación: los misericordiosos encontrarán misericordia; los constructores de paz serán llamados hijos de Dios; los perseguidos tendrán su recompensa en los cielos.

Aparecen vocablos muy sugerentes en el lenguaje bíblico, especialmente profético: justicia, misericordia, paz, pureza de corazón, pobreza. Los <<dichosos" descritos por Mateo se corresponden con los <<pobres de YHWH", los piadosos, los profetas perseguidos e incomprendidos del Antiguo Testamento, Algunos ańadidos de Mateo, con respecto a Lucas, no son atenuaciones, sino profundizaciones. Los pobres <<en el espíritu" no excluyen, sino que incluyen, a los <<pobres>> a secas. No se puede saciar el hambre <<de justicia" sin saciar el hambre material.

 Una multitud de hermanos y hermanas nos acompańan, más allá de las barreras del tiempo y del espacio, más allá del infranqueable foso excavado por la muerte.

La celebración de Todos los Santos es la fiesta de la caridad y de la  comunidad, La liturgia la sitúa junto a la conmemoración de todos los difuntos: todos nuestros seres queridos, desconocidos para muchos y mediocres para otros, pero todos acogidos por la misericordia infinita de Dios.

La muchedumbre innumerable del Apocalipsis nos invita a no etiquetar la salvación: no nos pertenece a nosotros confeccionar listas, establecer criterios, extender billetes de ingreso, y mucho menos juzgar. El contraste entre los creyentes y el <<mundo" existe, y es fuerte, pero la línea divisoria no la marca la pertenencia jurídica; pasa por el interior del corazón y sólo el Seńor lo desvelara. El criterio, en todo caso, lo fijan las bienaventuranzas: estas sencillas palabras tenemos que acogerlas en nuestro corazón para <<ver>> y <<reconocer>> el amor.

Un corazón puro, un Espíritu pobre, una vida al servicio de la paz y de la justicia, el coraje de ser testigos del amor hasta la muerte: aquí tenemos a los <<santos" que nos precedieron y nos acompańarán en el camino de la Iglesia sin honores ni charangas, a los modelos que la liturgia nos propone hoy.

Seńor, tu Palabra me reconforta.

Te doy gracias porque no me dejas solo, sino que me muestras la multitud inmensa de quienes has llamado junto a ti. !Son tantos, Seńor incalculables! Muchos más que los marcados por el ángel con tu sello. En tu Reino caben quienes no tienen ningún sello. También yo tengo hambre de justicia: haz que la busque en ti y no en mis acciones violentas. También yo deseo la paz: haz que sea una realidad y no una simple intención. También yo vivo la pobreza: haz que sea condición de libertad y no un motivo de angustia. También yo lloro: haz que no caiga en la desesperación. Creo que soy humilde, aunque quizá sólo sea un cobarde. Creo que soporto la persecución, aunque quizá cedo ante los compromisos. Creo que soy misericordioso, aunque quizá sólo soy un superficial e indiferente. Dame, oh Seńor, los ojos de la fe para <<ver>> y un corazón puro para <<amar>>.













Debes de tener una madre maravillosa. Artículo.

Hay un pasaje en los Evangelios en el que, mientras Jesús está hablando, una mujer de entre la multitud alza la voz y le dice: «¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!» (Lc 11, 27).

En el fondo, le está diciendo: «¡Debes de tener una madre maravillosa! ¡Mira qué hijo tan extraordinario ha criado!». Jesús le contesta diciendo: «Mejor aún: dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Es fácil malinterpretar su respuesta, porque a simple vista parece que le está quitando valor al piropo dirigido a su madre. Sin embargo, lo que realmente está diciendo es: «Sí, tengo una madre maravillosa, pero lo que la hace especial no es haberme traído biológicamente al mundo; lo que la hace verdaderamente única y una madre admirable es su fe». En esencia, viene a decir: «Sí, mi madre, como todas las madres, es maravillosa por la biología, pero mi madre lo es de forma especial por su fe». Cuando Jesús dice «dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen», está pensando de manera muy particular en su propia madre.

El prestigioso biblista Raymond E. Brown señala que la comunidad apostólica otorgó a María un lugar tan singular no tanto por haber sido la madre biológica de Jesús, sino por su fe excepcional.

Entre las muchas enseñanzas que encierra este pasaje, hay una fundamental: para Jesús, la fe está por encima de la biología. Para Él, la verdadera familia se define por la fe, y no por los lazos de sangre ni por ninguna otra cosa. ¿Quiénes son mis auténticos hermanos y hermanas? Para Jesús, son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.

Escribo lo que viene a continuación con una sola matización previa: la familia biológica es una estructura antropológica fundamental, que procede de Dios y de la naturaleza, y hay que cuidarla y defenderla, en especial hoy en día, cuando se ve acosada desde tantos frentes. Una sociedad sana necesita familias sanas; una Iglesia sana necesita familias sanas; un país sano necesita familias sanas; un mundo sano necesita familias sanas; las personas progresistas sanas necesitan familias sanas; las personas conservadoras sanas necesitan familias sanas; y las personas equilibradas suelen proceder de familias sanas. Además, muchas de nuestras alegrías más hondas se viven en el seno de la familia biológica. Hay que defender la familia biológica. Y lo mismo se aplica a todas nuestras demás familias.

Pero, dejando esto a salvo, debemos tener también la valentía de afirmar que, para Jesús, la fe está por encima de la biología, la confesión religiosa, la fe profesada, la etnia, la nacionalidad, la ideología y el género. Nuestra familia más honda, la verdadera y definitiva, tiene su raíz en la fe.

— ¿Quiénes son nuestros hermanos y hermanas? La familia biológica constituye una familia real, pero nuestra familia más honda y eterna está formada por todos los demás que tienen fe en Dios, lo cual incluye también a nuestra familia biológica si comparte esa fe con nosotros.

— ¿Quiénes son nuestros hermanos en la Iglesia? Nuestros hermanos de comunidad son todos los demás cristianos, al margen de su confesión, que tienen una fe sincera en Jesucristo. En la fe formamos todos una sola familia.

— ¿Quiénes son nuestros compañeros de camino en este mundo? Nuestros compañeros de peregrinación más hondos y duraderos son todas las mujeres y hombres que, con independencia de su religión o de su honrado agnosticismo, buscan sinceramente la verdad, la bondad, la belleza y la justicia.

— ¿Cuál es nuestra verdadera familia étnica? Lo es cada habitante de este planeta que, sin importar el color de su piel, su lengua materna o su historia racial, busca sinceramente una comunidad donde las diferencias enriquezcan la armonía y la unidad.

— ¿Quiénes son nuestros compatriotas? Nuestros conciudadanos y compatriotas no son necesariamente aquellos con quienes compartimos un país y una historia común; en un plano más profundo, son las personas de cualquier país del mundo que comparten con nosotros una misma tierra dada por Dios a todos por igual. Para Jesús, el nacionalismo cristiano carece de sentido.

— ¿Quién conforma mi familia ideológica y política? No son quienes comparten conmigo un temperamento o una ideología progresista o conservadora. Mi familia ideológica más profunda y definitiva está formada por aquellos para quienes la verdad y la justicia echan por tierra cualquier ideología, tanto de izquierdas como de derechas.

— ¿Quién es mi familia respecto al género? ¿Hombres? ¿Mujeres? ¿LGBQ? Mi verdadera familia está dentro del Cuerpo de Cristo, donde «ya no hay hombre ni mujer» (Gál 3, 28).

Cuando Jesús pregunta quiénes son sus hermanos y hermanas y señala a los que le están escuchando (Mt 12, 48-50), nos enseña que nuestra verdadera y definitiva familia no se fundamenta en la biología, la confesión, la religión, la etnia, la patria, el sesgo ideológico ni el género, sino en una fe compartida que trasciende todas esas fronteras.

Por eso, al igual que aquella mujer que quiso elogiar a la madre de Jesús, acércate a ese buen amigo tuyo que es un musulmán devoto, a ese compañero íntegro que votó justo lo contrario que tú, a ese inmigrante que pasa dificultades y al que has ignorado mientras vive con un temor que tú jamás has conocido, y acércate a esa vecina new age, amable y llena de vida, que acaba de traerte un guiso casero a la puerta y un día te regaló un llavero con el arcoíris, y diles: «¡Debes de tener una madre maravillosa! ¡Mira qué persona tan buena has llegado a ser!».  Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org 

Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

 







Domingo XXX  del Tiempo Ordinario


La pregunta del escriba, <<experto en la Ley" (v. 34), no es solo un recuerdo histérico de la confrontación entre Jesús y sus adversarios, siempre dispuestos a acabar con él, sino un reflejo de las preocupaciones de la comunidad a la que se dirige Mateo. La comunidad a la que Mateo escribe el evangelio quiere saber qué precepto resume todas las enseńanzas de la Ley y los profetas y evitar la confusión que supone el cumplimiento de una miríada de obligaciones y deberes. Los interlocutores de Jesús no le preguntan, como en Marcos, cuál es el primer mandamiento, sino cuál es <<el mas grande" (v 30), un semitismo para expresar <<el más importante".

La respuesta de Jesús a la pregunta del escriba se articula en dos momentos: primero, se refiere al shemá Israel (<<Escucha, Ismel", Dt 6,4ss,), la oración cotidiana de los judíos; después, la asocia con el precepto del amor al prójimo (Lv 19,18). Al final, ańade: <<En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los profetas>>, (v. 40). El amor es la única respuesta verdaderamente adecuada que el creyente puede darle al Dios que lo ha amado primero y que le ofrece su amistad. Un amor, como ya enseńaba el Antiguo Testamento, único e indiviso, aglutinador de todos los componentes del ser: la inteligencia, la voluntad y las fuerzas vitales. Un amor Así necesita salir de la dispersión y encontrar la integración, una unidad de vida consciente y libre.

El verdadero amor a Dios, síntesis de la Ley, posee un nexo inseparable con el amor al prójimo; <<El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo coma a ti mismo" (wz 39). En caso contrario, hay que denunciar el carácter hipócrita, tal como lo han hecho con insistentes avisos los profetas de Israel, de un culto formalista que no practique la justicia y la misericordia con el prójimo. La unidad inherente entre los dos mandamientos es indudablemente el corazón de la predicación profética y de la Torah, como muestra, por ejemplo, la primera lectura, tomada del antiguo código de la alianza.

La respuesta de Jesús al escriba con la cita del <<Escucha, Israel" nos ayuda a aclarar qué conlleva amar a Dios, una actitud que no puede entenderse como el mero sentimiento con el que una persona ama a otra para hacerle el bien. En el Antiguo Testamento, <<amar a Dios" es escucharlo, es confiar en su palabra prometedora, es condicionar la vida a la Palabra. Amar a Dios equivale a decidirse por Dios con la totalidad del ser; sin reservas. La actualidad de la respuesta de Jesús a la cuestión propuesta por el escriba sobre el precepto mas importante de la Ley ilustra aspectos de hoy día. Por ejemplo, numerosos bautizados vacilan y se preguntan qué hacer en situaciones particulares, y todo porque no han decidido en realidad qué es lo mas urgente o conveniente en la vida. Solo Dios es la causa por la cual vale la pena invertir todos los recursos vitales, la única en la que tiene sentido gastar la existencia.

La verdad del primer mandamiento depende de cómo se viva el segundo, el amor al prójimo. Y qué es amar al prójimo según la perspectiva de Jesús? Jesús introduce una novedad en el concepto del prójimo que supera toda barrera: no es solo el amigo o el consanguíneo, sino también el extrańo o extranjero, e incluso el enemigo (cf Mt 5,43-48). El prójimo no viene determinado ni definido por un listado de principios generales, sino por el amor concreto que descubre al otro y lo que puede hacer por él. Jesús nos enseńa la realización perfecta de este amor concreto con su profunda compasión por cualquier persona necesitada, sana o enferma. En Jesús descubrimos el modelo supremo para hacemos próximos, el ejemplo donde inspiramos en las situaciones de <<proximidad". Podemos enumerarlas bajo una triple tipología: el amor al prójimo como atención solicita ante las necesidades del otro, como perdón y reconciliación con el enemigo, y como servicio al amigo o al hermano.

Seńor, te bendecimos porque nos muestras el sendero de la vida con el mandamiento del amor cuya practica nos acerca cada vez mas a ti y nos conforma mejor con Jesucristo, tu amadísimo Hijo.

Ayúdanos a amarte, destronando de nuestro corazón los ídolos y dejando que tu Palabra plasme en nosotros la criatura nueva, que te pertenece por entero. Te hacemos hueco en nuestra vida. Queremos amarte, Dios nuestro, como el único y reconocer que eres el guía de la vida. Tu nos permites superar las indecisiones en las pequeńas y grandes elecciones y nos ayudas a vencer nuestro pequeńo yo <<autárquico", que continuamente nos dice que para vivir hasta con nuestros propios recursos y que somos autónomos para amar. Que tu Palabra nos libere de la seducción de este yo <<diminuto", chato de ideales, encorvado sobre si mismo y privado de amor y solidaridad con el prójimo.

Te pedimos que nos concedas la gracia de tu Espíritu para que podamos servirte fielmente amando a nuestros hermanos, especialmente a los necesitados y humildes, tus preferidos.

 












San Antonio María Claret. 24 de octubre.

Obispo, fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Gran predicador y misionero. Fue confesor de Isabel II y participó en el Concilio Vaticano I siendo uno de los principales defensores de la infalibilidad del Papa

Nacido el 23 de diciembre de 1807 en Sallent (Cataluña). [Estudia y trabaja en Barcelona hasta que decide ingresar en el seminario de Vic, tras descubrir que su primera vocación como cartujo era equivocada. Una vez ordenado se le asigna una parroquia. Después de un periodo de labor pastoral y al ser consciente de las necesidades espirituales de la época, decide fundar una nueva Congregación].

El 16 de julio de 1849, fiesta de la Santa Cruz y de la Virgen del Carmen, en una habitación austera del seminario de Vic se reunen con el padre Claret otros cinco sacerdotes catalanes jóvenes y entusiastas. Después de santiguarse reflexivamente, inicia su plática diciendo: «Hoy comenzamos una gran obra». Aquel día comenzaba, humilde y calladamente su andadura la Congregación de Misioneros Hijos del Corazón de María (claretianos).

Biografía (clic:claret.org)

A modo de síntesis: perfil de su personalidad

Antonio María Claret es un profeta fascinado y polarizado por la misión.
Vive la experiencia de los profetas. -Había muchos pasajes (proféticos) que me hacían tan fuerte impresión, que me parecía que oía una voz que me decía a mí lo mismo que leía» (Aut. n. 114). Como los profetas se siente escogido desde el seno materno, llamado (Ga 1, 15). Se siente en todo momento mediación del Espíritu.

De esta conciencia profética nace su espiritualidad, menos preocupada por la perfección personal que por la fidelidad a la misión. Su relación personal con el Señor, con María, sus experiencias eucarísticas, la virtudes que pretende, todo viene determinado por la misión evangelizadora. El vigoroso ejercicio de su misión profética provoca sucesivas persecuciones contra él que rozan lo novelesco. Es difícil encontrar en la historia de la Iglesia un profeta que supere, ni siquiera que iguale, a Claret en la virulencia de las persecuciones sufridas.

Antonio María Claret es un hombre de la Palabra; es el discípulo de la Palabra, acogida, asumida, contemplada, orada y proclamada. Es el hombre centrado en la misión, pero es que entiende que su misión es precisamente el anuncio de la Palabra. «De un modo muy particular me hizo Dios nuestro Señor entender aquellas palabras: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres» (Lc 4, 18)» (Aut. n. 118). La suya es una espiritualidad marcadamente bíblica. Se convierte en un gran difusor de la Biblia. Claret derrocha la palabra. Parece como si sufriera una especie de obsesión por predicar, por escribir. Confiesa que no puede callar. Es incansable en el ministerio de la palabra escrita. Escribió más de doscientos libros; escribe para todos los públicos, difunde en cantidad asombrosa para su tiempo. y encauza hacia este destino una buena parte de sus ahorros.

Se siente especialmente enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres (Aut. n. 118). »Dios me ha dado una especial ternura hacia los pobres; y ellos se dan cuenta de lo mucho que les quiero». 'Hay que ahorrar más, hermano José, para poder dar más a los pobres —le reprocha al hermano coadjutor misionero que convive con él y que persiste en ponerle vino en la comida por la delicadeza de su salud—. En Madrid se convierte en el gran limosnero. La visita a los enfermos, a los presos y a los establecimientos de caridad formaba parte de su vida cotidiana.

La evangelización que realiza está llena de lucidez y realismo, sirviéndose de los medios modernos. -Mérito característico suyo —dice Pío XI— es haber unido en un solo haz la predicación evangélica, el apostolado de la caridad, la organización misionera y la entrega a la pastoral de medios de comunicación, con el empleo más amplio, más moderno, más vivaz, más genial y popular del libro, del folleto, de la hoja volante». Cuando emprende el ministerio itinerante organiza equipos de misioneros que se reparten el trabajo y sirven a distintos sectores del pueblo de Dios. Es flexible en el uso de los medios; lo único que le importa es que el mensaje del Evangelio llegue al hombre y le libere. Incita a los Misioneros de su congregación a nuevas fronteras, tanto geográficas como pastorales. Les aconseja que «se valgan de todos los medios». Su apostolado es un apostolado organizado, colectivo y eclesial. Una nota característica de sus fundaciones es la corresponsabilidad en la que se articulan la acción de los sacerdotes, seglares y religiosos.

La fantasía que derrochó con los nuevos modelos textiles se convierte en fuente de inspiración de sus múltiples y novedosas actividades apostólicas. Es un hombre que crea, porque es un hombre que cree de verdad. Su creatividad apostólica es asombrosa; va dando respuesta a los nuevos desafíos. Se adelanta a los tiempos modernos y al Vaticano II en el movimiento bíblico; en tiempos de total pasividad laical promueve decididamente el apostolado seglar. Funda organizaciones apostólicas como las bibliotecas populares y parroquiales, la academia de San Miguel y la archicofradía del Corazón de María, organizaciones en las que el protagonismo corresponde a los seglares. Promueve la recuperación del ministerio de las diaconisas. Funda las religiosas en sus casas (hoy Filiación Cordimariana), una forma moderna de vida religiosa precursora de los modernos institutos seculares. Crea la granja modelo, las cajas rurales, instituciones promocionales en favor de los niños desamparados y de los campesinos pobres. Se adelanta a los modernos institutos seculares de sacerdotes promoviendo la comunidad de pastores. Funda también la librería religiosa para promover la buena prensa.

A Claret le corresponde vivir en tiempos caóticos y revolucionarios, tiempos de cambio que requieren mucho equilibrio. Claret tiene los pies en el suelo; evangeliza desde las posibilidades que hay a su alcance. Desde el comienzo de su ministerio se ha propuesto encarnar la vida profética de Jesús y sus apóstoles, lo que él llama, forma de vida apostólica»: ir siempre a pie de pueblo en pueblo, acercarse a la gente humilde y sencilla, ejercer gratuitamente el ministerio, vivir de limosna y en total pobreza; no tiene nunca casa propia, en las comidas es de una austeridad franciscana. Sus grandes aspiraciones son «morir en un hospital como pobre o en un cadalso como mártir», y muere en el destierro, expoliado incluso de su fama. Todo cuando ahorra lo dedica para ayudar a los pobres, a la difusión de la buena prensa y a las necesidades de la Iglesia.

Nuestro santo es un místico «de» la acción. No simplemente un místico «en» la acción. La acción no es para él un viento peligroso que apaga la llama débil de su vitalidad interior, sino un viento benéfico que aviva el fuego de su hoguera. La acción es para él lugar sagrado de encuentro con el Señor, lugar donde experimenta su presencia. Se propone «ser al mismo tiempo (y lo consigue) Marta y María. El mismo Pío XII, en su canonización, destaca este rasgo identificador: «Siempre en la presencia del Señor, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior».

En una mirada superficial a la personalidad de Claret resalta su dimensión ascética: es un hombre ordenado y metódico, todo tiene su tiempo prefijado; elabora un detallado plan de vida según el cual no queda tiempo para la improvisación. Sin embargo, es un místico con rostro de asceta. Llega a tener experiencia de todos los fenómenos sobrenaturales, resaltando de un modo especial, en los últimos años de su vida, la permanencia continua de las especies sacramentales en su pecho. A la apariencia predominantemente ascética de Claret contribuye su gran reserva, su pudor y también su torpeza para expresar su interioridad e interpretar los fenómenos místicos.

Junto al rasgo eucarístico de su espiritualidad, hay que resaltar su dimensión mariana. La Madre de Jesús es locura para Claret. Cuando habla de ella exulta y se exalta místicamente. Vive su fe en Jesús cíe Nazaret inseparablemente de María, gracias a la educación familiar y gracias también a la experiencia sobrenatural de su presencia en la hora de la opción radical y vocacional cuando fue tentado. Se siente acompañado y fortalecido en el ministerio profético y apostólico por María. Su pasión mariana no tiene nada de intimista ni sensiblera, sino que es dinamizadora apostólicamente. Ella es para él «la Reina de los apóstoles», que sigue alentándole, acompañándole, implorando para él y sus Misioneros el Espíritu de Jesús que les alienta, ilumina y fortalece en la evangelización. Su Corazón es fragua de apóstoles».

Murió el 24 de octubre de 1870 a la edad de 62 años. El 25 de febrero de 1934 es beatificado por Pío XI, y el 7 de mayo de 1950 canonizado por Pío XII. Sus restos son venerados en el santuario-sepulcro de Vic (Barcelona), levantado en el solar que ocupó la casa-madre de los Misioneros. Su fiesta litúrgica se celebra el 24 de octubre. Dominicos.org Aquilino Bocos Merino, C.M.F. Texto Martínez Puche, José A.

Parábola del aprendiz de brujo. Meditación en torno a la posmodernidad.

Cuenta esta historia que un !oven aprendiz, en ausencia de su sabio maestro, puso en funcionamiento el artefacto inventado. El funcionamiento fue perfecto. Aquella maquinaria prodigiosa, en justa exhibición del talento que la había creado, iba destrozando todo lo que encontraba a su alrededor. La angustia del joven aprendiz fue creciendo más y más por no saber desactivar los mecanismos que detuvieran el invento. Las consecuencias de aquella curiosidad imprudente y la moraleja de la historia son fáciles de sacar.

Algo parecido le sucede al joven posmoderno. Por un lado se considera heredero de un ingente legado de posibilidades que le posibilitan vivir con el menor esfuerzo. Ahora bien, el manual de instrucciones no se tiene ni se sabe interpretar o no se leen las contradicciones. Aquí está la danza maravillosa de la posmodernidad: los jóvenes disfrutan de todo lo que no se han esforzado en producir, pero también padecen sus más duras consecuencias. (De las fábulas del padre Claret.) Fuente: Santa Clara de Estella

Enlaces recomendados: El Señor me concedió la gracia de la conservación de las especies sacramentales y tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento en el pecho. (blog)

San José, nombrado custodio de la Capilla de la Adoración Eucarística Perpetua de Oviedo.

Con toda alegría, hoy viernes 23 (víspera de la Solemnidad de San Antonio María Claret quien era una "custodia Viviente") presentamos este nombramiento que realizó Tino Bada, actual vicario de la Basílica de San Juan a la que pertenece la la Capilla de la Adoración Eucarística Perpetua de Oviedo.

Encomendamos el cuidado continuo de la presencia del Señor en el Santísimo Sacramento y la labor fiel de cada adorador, se ha realizado el nombramiento formal de San José como custodio y protector especial de la Capilla de la Adoración Eucarística Perpetua de Oviedo.

Quien protegió con fidelidad, silencio y amor al Hijo de Dios en su infancia y a la Santísima Virgen María es el modelo perfecto para velar por la presencia real de Cristo en la Eucaristía y por quienes dedican su tiempo a velar en oración, día y noche.
Compartimos el texto de la oración empleada para este nombramiento...

ORACIÓN DE NOMBRAMIENTO DE SAN JOSÉ COMO CUSTODIO DE LA CAPILLA DE ADORACIÓN PERPÉTUA.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Señor Dios Todopoderoso,
Padre de misericordia y de amor, que confiaste a San José la custodia de Tu Hijo Jesucristo y de la Virgen María. Te damos gracias por el don inmenso de ésta capilla de Adoración perpetua, donde Tu Hijo permanece entre nosotros en el Santísimo Sacramento del Altar.

Hoy, reunidos ante Jesús Eucaristía, queremos poner esta capilla, esta obra de adoración y a todos los adoradores bajo la protección especial de San José.

San José, esposo castísimo de María, padre nutricio del Hijo de Dios, hombre justo y fiel custodio, vigilante de la Sagrada Familia, te elegimos y proclamamos humildemente, patrono y custodio de esta capilla de oración Perpetua.

Te confiamos este lugar santo para que lo protejas de todo mal, de toda división, de toda tibieza espiritual y de todo aquello que pueda apartarnos de la presencia de Dios.

Custodia a cada adorador que cruza estas puertas. Acompaña a quienes velan de día y de noche ante Jesús Sacramentado. Fortalece a los que están cansados. Anima a los que atraviesan dificultades. Sostén a los que sirven generosamente en la coordinación y organización de los turnos

San José, así como nunca abandonaste a Jesús y a María, haz que tampoco falte nunca quien acompañe a Jesús Eucaristía en esta capilla.

Te pedimos especialmente que suscites nuevos adoradores, que toques corazones generosos, que llames a jóvenes y mayores, a familias, sacerdotes y consagrados para que siempre haya almas dispuestas a velar junto al Señor.

Intercede para que ningún turno quede descubierto, para que la adoración sea continua y para que la capilla sea fuente inagotable de conversiones, reconciliaciones y santidad.

Custodia también a nuestras familias, a nuestros enfermos, a quienes sufren soledad o necesidad y a todos aquellos por quienes oramos ante el Santísimo

Y cuando lleguen las pruebas, enséñanos tu silencio confiado, tu obediencia generosa y tu amor incondicional a la voluntad de Dios.

San José, terror de los demonios, protector de la Iglesia Universal, Patrono de la buena muerte, custodio de la sagrada familia y desde hoy custodio de la capilla de Adoración Perpetua.

Guarda a Jesús en nuestros corazones, guarda nuestros corazones junto a Jesús y proporciona siempre adoradores fieles para acompañarle día y noche. Lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

San José patrono de los adoradores, ruega por nosotros.