Jesús ayunó cuarenta días y es tentado

 




V Domingo del Tiempo Ordinario


Jesús, proclamado por el Padre Hijo de sus complacencias, inmediatamente después del bautismo es conducido al desierto "por el Espíritu" para ser "tentado por el diablo": por consiguiente, esta prueba es querida por Dios. Jesús, que vino para recapitular toda la humanidad dando al Padre esa total adhesión que debía haber ofrecido Israel, es sometido a las mismas tentaciones del pueblo del Éxodo, como indican las citas del Deuteronomio con las que responde a Satanás (Dt 8,3; 6,16; 6,13). Pero donde Israel falló, Jesús vence.

La insidia diabólica comienza presentando a Jesús las esperanzas mesiánicas y pidiéndole que demuestre si es verdad que, como había afirmado la voz del cielo, es Hijo de Dios. A la propuesta de un mesianismo que satisfaga con facilidad las necesidades materiales del hombre, Jesús responde contraponiendo al alimento material el alimento espiritual de la Palabra vivificante de Dios (vv. 3s). A la imagen de una misión milagrera y espectacular que le propone el diablo, Jesús opone una sumisión incondicional a los designios de Dios (vv. 5-7). A la tentación del éxito sigue finalmente la del dominio -convertirse en seńor de la tierra, ceder a la idolatría del poder-, pero el camino mesiánico que Cristo intuyó en el desierto es muy distinto. Con la autoridad que le viene de su dedicación plena a Dios, él, el perfecto adorador del Padre, expulsa al demonio (vv. 8-11).

Mateo nos presenta a Jesús no sólo como el verdadero Israel, sino también como el nuevo Moisés, al citar el ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, y la mención del "monte altísimo" desde donde el diablo le muestra todos los reinos de la tierra, aludiendo a Dt 34,1-4. Estos cuarenta días en el desierto preparan a Jesús para que asuma la guía del nuevo pueblo de Dios, a quien ofrece la Ley nueva.

El Seńor Dios prepara para el hombre un jardín delicioso y fértil: tierra de comunión y de encuentro entre el Creador y el "adán", tierra de libertad donde el amor es la consciente adhesión a la voluntad de Dios, con la certeza confiada de que quiere el bien de sus criaturas.

Aunque queda abierta la posibilidad del rechazo, aunque la serpiente puede hacerse notar en el jardín, el Espíritu de Dios conduce a Jesús al desierto: tierra de soledad donde todo calla y el silencio amplifica las voces que percibe el corazón; tierra de libertad donde Dios puede hablar o callar. También el diablo, el Divisor, puede encontrarnos en el desierto. Por eso fue conducido al desierto por el Espíritu.

El hombre engańado por el Maligno buscó una gloria que pensaba que un Dios envidioso le negaba: ser como Dios, autodeterminar lo que es el bien y el mal, la insidia de siempre. Y Adán se encontró desnudo, desterrado del jardín original, errante en una tierra que exige fatigas para producir pan. Jesús, por eso, bajó al abismo de la caída del primer hombre del orgullo y la autosuficiencia de cada uno de nosotros.

Como cualquier hombre, oyó la atractiva voz del que en la soledad absoluta se le acerca y le incita a probar sus propias posibilidades: someter a su servicio las leyes de la materia, instrumentalizar la protección divina, dominar el mundo comprometiéndose "sólo un poco" con el Príncipe de este mundo. Acaso no son los medios más adecuados para llevar a cabo con éxito la misión confiada? Son tentaciones que cada uno conoce bien, aunque nos limitemos al ámbito del propio trabajo.

 



Cuarto Domingo: La profecía de Simeón. (7 Domingos de San José)

 

Cuarto Domingo: La profecía de Simeón

Acoentece durante la Presentación en el Templo.

  • El Dolor: Escuchar la profecía del anciano Simeón, quien predijo que este Niño sería "signo de contradicción" y que una espada de dolor atravesaría el alma de María. José sufre por el destino de su esposa y su hijo.

  • El Gozo: Saber por el mismo Simeón que Jesús sería "Luz para alumbrar a las naciones" y gloria de su pueblo Israel. Padrenuestro, Avemaría y Gloria

            o bien, 7 Padrenuestros y Avemarías en honor a los 7 dolores y gozos

  • Oración Final: "Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Santísima Madre; concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." "San José, ruega por nosotros."

Primer Domingo de Cuaresma. Quédate conmigo, Señor, en la tribulación.

 

I DOMINGO DE CUARESMA
El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.
P
rimer Domingo de Cuaresma.
Quédate conmigo, Señor, en la tribulación.
Calendario de Cuaresma. Día 5 de 40.

Short:

Pasión: Viacrucis de Hakuna


La treintena de San José.

Día 5 de 30

Viernes después de ceniza, abstinencia.

 

Viernes después de ceniza, abstinencia
Cuando les sea arrebatado el esposo, entonces ayunarán.
La Cuaresma: Ayunar mientras se espera al Señor.
Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, tú no lo desprecias.

Calendario de Cuaresma. Día 3 de 40
Short:

Los viernes, a las 19:30, previo a la Misa de 20, rezamos el viacrucis.

JUEVES DESPUÉS DE CENIZA. La Cuaresma: Elegir entre la vida o la muerte.

JUEVES DESPUÉS DE CENIZA
El que pierda su vida por mi causa la salvará.
La Cuaresma: Elegir entre la vida o la muerte.
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Calendario de Cuaresma. Día 2 de 40
Short:

MIÉRCOLES DE CENIZA Ayuno y abstinencia. Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos.

MIÉRCOLES DE CENIZA Ayuno y abstinencia
Jl 2, 12-18. Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos.
La Cuaresma: Tiempo favorable para convertirse obrando según Dios.
Sal 50. R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Calendario de Cuaresma. Día 1 de 40
Short:

Cinco consejos para la Cuaresma. Artículo.
Lee la Biblia diariamente
Lee un libro de espiritualidad cristiana
Haz una obra de caridad que sea significativa
Sé diligente
Confiésate

Lo más importante del Miércoles de Ceniza.

Recordamos algunas cosas esenciales que todo católico debe saber para poder vivir intensamente este tiempo litúrgico.
1. Es el primer día de la Cuaresma
Con el Miércoles de Ceniza inician los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.
El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. Este explica que en la Misa se bendice e impone en la frente de los fieles la ceniza hecha de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior.
2. La imposición de las cenizas surge en los primeros siglos del cristianismo
La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.
La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI, la Iglesia en Roma impone las cenizas al inicio de este tiempo.
3. La ceniza recuerda la necesidad de la misericordia de Dios
La ceniza es un símbolo. Su función está descrita en un importante documento de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, más precisamente en el artículo 125 del "Directorio sobre la piedad popular y la liturgia":
“El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.
4. Las cenizas tienen varios significados
La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.
La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).
5. Las cenizas se producen de las palmas del Domingo de Ramos
Para la ceremonia se deben quemar los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son rociadas con agua bendita y luego aromatizadas con incienso.
6. Las cenizas se imponen en la frente al término de la homilía
Este acto tiene lugar en la Misa al término de la homilía y está permitido que los laicos ayuden al sacerdote. Las cenizas son impuestas en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».
Luego, quien recibe las cenizas debe retirarse en silencio meditando la frase o invitación que la acaban de hacer.
7. Las cenizas también pueden imponerse sin Misa
Cuando no hay sacerdote la imposición de cenizas puede realizarse sin Misa, de forma extraordinaria. Sin embargo, es recomendable que al acto se preceda con una liturgia de la palabra.
Es importante recordar que la bendición de las cenizas, como todo sacramental, solo puede realizarla un sacerdote o diácono.
8. Las cenizas pueden ser recibidas por no católicos
Puede recibir este sacramental cualquier persona, inclusive no católica. Como especifica el Catecismo (1670 y siguientes) los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo como sí lo hacen los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia estos «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella».
9. No es obligatorio recibir las cenizas
El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto la imposición de ceniza no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.
10. No existe tiempo exacto para llevar las cenizas en la frente
Cuanto uno desee. No existe un tiempo determinado.
11. En Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y la abstinencia
El Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y la abstinencia, como en el Viernes Santo, para los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de esos límites es opcional. Ese día los fieles pueden tener una comida “fuerte” una sola vez al día.
La abstinencia de comer carne es obligatoria desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de mortificación u ofrecimiento como el rezo del rosario. Fuente

La treintena de San José.

Se reza durante 30 días seguidos para honrar los 30 años que, según la tradición, San José vivió con Jesús y María.

Fechas para 2026. Para terminar la devoción el día de su fiesta (19 de marzo): Inicio: 18 de febrero. (Miércoles de ceniza) Final: 19 de marzo (Solemnidad de San José).

¿En qué consiste esta devoción?

A diferencia de los domingos, que son meditaciones semanales, la Treintena es un compromiso diario. Se suele realizar por tres motivos principales:

  1. Pedir una gracia particular: Es famosa por ser muy eficaz en "causas imposibles" o necesidades urgentes de familia y trabajo.

  2. Honrar su vida: Recordar su papel como protector de la Sagrada Familia.

  3. Preparación espiritual: Llegar a la fiesta del 19 de marzo con el corazón "bien preparado".

Estructura de la oración

La estructura clásica suele ser:

  • Oración inicial: Invocación al Espíritu Santo y a San José.

  • Cuerpo de la Treintena: 30 peticiones o reflexiones cortas (una por cada año de convivencia con Jesús).

  • Oración final: Ofrecimiento y acción de gracias.

Oración Inicial (Ofrecimiento)

Se reza todos los días antes de las demás oraciones.

"¡Oh glorioso patriarca San José! Aquí me tienes, postrado de rodillas ante tu presencia, para ofrecerte este manto de devoción y para pedirte que me alcances del Corazón de Jesús la gracia que tanto necesito. Ayúdame, San José, a vivir y morir como tú, en los brazos de Jesús y de María. Amén."


Las 3 Oraciones de la Estructura Clásica

I. Por su fidelidad a la voluntad divina

"¡Oh glorioso San José! Por aquel amor y fidelidad que tuviste a Dios, te suplico que me alcances la gracia de ser siempre fiel a Su voluntad. Tú que protegiste a la Sagrada Familia, protege también mi alma y mi familia de todo peligro, y concédeme la paz que solo Dios puede dar." (Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

II. Por su silencio y humildad

"¡Oh modelo de silencio y humildad! San José, tú que pasaste tu vida en la sencillez del trabajo diario, enséñame a buscar a Dios en lo cotidiano. Que mi trabajo sea una oración y que mis palabras siempre busquen construir y consolar a los demás. No me desampares en mis necesidades temporales y espirituales." (Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

III. Por su protección en la hora de la muerte

"¡Oh patrono de la buena muerte! Tú que expiraste dulcemente entre los brazos de Jesús y de María, te ruego que me asistas en mi último momento. Sé mi abogado y mi guía, y alcánzame la gracia de una muerte santa para poder alabarte por siempre en el cielo." (Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Treintena (PlayList en YouTube)


¿Conocías esta historia sobre San José?

El día en que el avión se partió en dos” 

Pidamos a San José que nos enseñe a llevar a María con Jesús a nuestra casa para que vivamos siempre para servirles a ellos. Como hizo él.

El lugar del silencio. Artículo.

A muchos de nos otros nos vendría bien un poco más de silencio en nuestra vida. Y digo esto con cautela, porque el papel del silencio no es fácil de definir. El silencio es algo complejo: a veces le tenemos miedo y tratamos de evitarlo, y otras veces, cuando estamos cansados y saturados, lo anhelamos de verdad.

Por lo general, sin embargo, nos falta silencio. El trabajo, el móvil, las conversaciones, el ocio, las noticias, las distracciones y las preocupaciones de todo tipo suelen llenar cada minuto que pasamos despiertos. Nos hemos acostumbrado tanto a estar estimulados por palabras, información y distracciones, que a menudo nos sentimos perdidos e inquietos cuando nos encontramos solos, sin nadie con quien hablar, sin nada que ver, que leer o que hacer para mantenernos ocupados.

Pero ojo, que no todo esto es malo. En el pasado, los autores espirituales solían ser demasiado radicales al alabar las virtudes del silencio. Tendían a dar la impresión —demasiado simple— de que Dios y la profundidad espiritual solo se encontraban en el silencio, como si las virtudes del trabajo cotidiano, la charla, la fiesta, la familia y la comunidad fueran algo espiritualmente de segunda categoría.

Al hablar del lugar del silencio, las espiritualidades de antes solían castigar a los extrovertidos y se lo ponían demasiado fácil a los introvertidos. En resumen, no tenían suficientemente en cuenta que todos nosotros, seamos como seamos, necesitamos la «terapia» de la vida pública. Aunque necesitamos el silencio para ganar profundidad, necesitamos la interacción con los demás para mantener los pies en el suelo y el equilibrio mental. Ciertos trabajos internos solo pueden hacerse en silencio, pero nuestra salud mental depende, en parte, de ese contacto con los otros. El silencio también puede ser una vía de escape, una forma de evitar esa purificación que escuece y que a menudo solo ocurre a través del reto de convivir en familia y en comunidad.

Es más, el silencio no siempre es la mejor manera de lidiar con las penas del corazón y las obsesiones. Al final, eso no es más que una forma de concentrarse demasiado en uno mismo. A veces, cuando un dolor amenaza nuestra cordura, lo mejor que podemos hacer no es ir a la capilla, sino al teatro o a cenar con un amigo. Centrarse en el trabajo o buscar una distracción sana puede ser, a veces, el mejor aliado cuando el corazón siente que se asfixia.

Cuentan una historia sobre el famoso filósofo Hegel. Justo después de terminar su obra monumental sobre la fenomenología de la historia, se dio cuenta de que estaba al borde de un colapso nervioso por la intensidad de su concentración durante tanto tiempo. ¿Qué hizo para salir de ahí? ¿Se fue de retiro de silencio? No. Se fue a la ópera todas las noches, cenó cada día con amigos y buscó todo tipo de distracciones hasta que, después de un tiempo, ese nudo que le apretaba el mundo interior se soltó, y la luz y la frescura de la vida cotidiana volvieron a brotar. A veces la distracción, y no el silencio, es nuestra mejor cura, incluso espiritualmente.

Aun así, el silencio es necesario. Lo que los grandes autores espirituales de todos los tiempos han intentado enseñar sobre este tema se puede resumir en una sola frase de Maestro Eckhart: Nada se parece tanto al lenguaje de Dios como el silencio.

En esencia, Eckhart nos dice que el silencio es una entrada privilegiada al reino de Dios. Hay un silencio inmenso dentro de cada uno de nosotros que nos llama y que puede ayudarnos a aprender el lenguaje del cielo. ¿Qué significa esto?

El silencio es un lenguaje más profundo, más amplio, más comprensivo, más compasivo y más eterno que cualquier otro idioma. En el cielo, al parecer, no habrá idiomas ni palabras. El silencio hablará. Nos entenderemos total, íntima y gozosamente, y nos abrazaremos en silencio. Curiosamente, a pesar de lo importantes que son, las palabras son parte de la razón por la que todavía no podemos hacer esto del todo. Las palabras unen, pero también dividen. Existe una conexión más profunda que solo está disponible en el silencio.

Los enamorados ya lo saben, igual que los cuáqueros —cuya liturgia intenta imitar el silencio del cielo— o quienes practican la oración contemplativa. San Juan de la Cruz lo expresó en un verso maravillosamente enigmático: «Entender más por no entender que entendiendo».

El silencio puede decir más que las palabras, y de forma más honda. Ya lo experimentamos de distintas maneras: cuando estamos separados de nuestros seres queridos por la distancia o la muerte, aún podemos estar con ellos en el silencio; cuando nos divide un malentendido con personas sinceras, el silencio es el lugar donde podemos encontrarnos; cuando estamos impotentes ante el sufrimiento de otro, el silencio puede ser la mejor forma de expresar nuestra empatía; y cuando hemos pecado y no tenemos palabras para arreglar las cosas, en el silencio puede hablar una palabra más profunda que nos haga saber que, al final, todo irá bien, y toda forma de existencia irá bien.

Nada se parece tanto al lenguaje de Dios como el silencio. Es el lenguaje del cielo que ya habita en nuestro interior, llamándonos e invitándonos a una intimidad más profunda con todo, sin olvidar que seguimos necesitando la terapia de la vida compartida.