Lunes de la III semana de cuaresma. Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿Cuándo veré el rostro de Dios?

 

Lunes de la III semana de cuaresma.
Jesús, al igual que Elías y Eliseo, no fue enviado solo a los judíos.
Muchos leprosos había en Israel, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio.
Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿Cuándo veré el rostro de Dios?
Calendario de Cuaresma. Día 20 de 40.

Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

 



III Domingo de Cuaresma


El evangelista lee la revelación del misterio profundo de la persona de Jesús en las vicisitudes cotidianas. Es mediodía y junto al pozo de Sicar (v. 5; cf. Gn 48,22) tiene lugar el encuentro y el diálogo insólito (v. 8) entre una mujer samaritana y un judío (v. 9), un "profeta" (v. 19) mayor que Jacob (v. 12), "el Cristo" (v. 29). Sucesivamente van llegando los discípulos (vv. 27-38), finalmente otros samaritanos paisanos de la mujer (vv. 40-42): los estrechos horizontes tradicionales se abren a la universalidad.

Quién es, pues, aquel rabbí que se atreve a conversar con una mujer (v. 27), y encima samaritana, es decir, considerada herética, idólatra (vv. 17-24; cf. 2 Re 17,29- 32) y pecadora (v. 18)? Las personas que salieron a su encuentro lo declaran "Salvador del mundo" (v. 42): estamos en la cumbre de la narración y de su contenido teológico. Y, sin embargo, Jesús se presentó como un sencillo caminante que no duda en pedir un poco de agua. Incluso este dato no carece de significado: su sed -sed de salvar a la humanidad- remite a numerosos pasajes del Antiguo Testamento. Junto a la zarza ardiente, Moisés, destinado a ser guía del pueblo elegido en el Éxodo, había pedido a Dios revelarle su nombre; finalmente aquella pregunta encuentra ahora respuesta: "Yo soy, el que habla contigo" (v. 26; cf. Ex 3,14). Sobre la sombra del pecado, el Mesías proyecta la luz de la esperanza: la conversión abre el camino para adorar al Padre "en espíritu y en verdad" (v. 23; cf. Os 1,2; 4,1). Ahora va a cumplirse una larga historia de deseo y fatiga, de fe y de incredulidad. La plenitud está en el encuentro con Cristo, cuyas palabras son hechos: en el Calvario brotará la fuente de agua viva, en la pasión se saciará totalmente su hambre y su sed de hacer la voluntad del Padre (v. 28, cf. Jn 19,28). De su muerte nace la vida para todos –ahora cualquier hombre puede considerarse "elegido", amado-; de su fatiga en el sembrar (vv. 6.36-38) se abre para los discípulos el gozo de la siega (v. 38) y del testimonio, como la mujer samaritana deja entrever en su ímpetu de auténtica misionera (v. 28).

 A lo largo del fatigoso camino de la vida siempre podemos decir: "En estos días el pueblo padece sed". El hombre, hecho para lo infinito, es atormentado por la árida finitud que le rodea y no le sacia, y percibe, sediento, la necesidad de una agua viva que le hidrate y regenere, que le vivifique y haga fecundo el se ni !do de sus días. Jesús, caminante divino por las rulas de la humanidad, ha querido compartir nuestra sed para hacernos conscientes de que la sed de un amor cierno e ilimitado nos asedia y nos inquieta y que de nada vale querer ignorarla o aplacarla con multitud de amores humanos.

Sólo él puede verter en nuestros corazones la fuente que brota para la vida eterna, el Espíritu Santo, alegría inagotable de Dios. Pero, antes, Jesús debe cansarse, y mucho, para desenmascarar nuestra falsa sed, por la que cada día estamos dispuestos a recorrer tan largo camino llevando sobre nuestras espaldas cántaros pesados. Desde hace cuántos días y ańos nuestra pobre humanidad está sedienta, siempre un poco "samaritana de cinco maridos". Y, sin embargo, el Seńor hace que todo concurra para nuestro bien: llegará ciertamente a cada uno su inolvidable mediodía de sol, en el que nuestro tortuoso trayecto se cruzará con el suyo, allí donde siempre nos espera, a la hora de sexta, pendiente de la cruz de su perenne sitio: "Tengo sed", sed de ti, de tu salvación, de tu amor.

 



III DOMINGO DE CUARESMA. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

III DOMINGO DE CUARESMA
Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Calendario de Cuaresma. Día 19 de 40.

Sexto Domingo: El regreso a Nazaret (7 Domingos de San José)


El retorno a la tierra de Israel después de la muerte de Herodes.

  • El Dolor: El miedo a Arquelao (hijo de Herodes), que reinaba en Judea, lo que impedía a José volver a su lugar de origen o a Belén con seguridad.

  • El Gozo: La tranquilidad de recibir aviso del ángel para establecerse en Nazaret, donde pudo ver crecer a Jesús y llevar una vida de hogar en la Sagrada Familia. 

             Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

            o bien, 7 Padrenuestros y Avemarías en honor a los 7 dolores y gozos

  • Oración Final: "Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Santísima Madre; concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." "San José, ruega por nosotros."

Sábado de la II semana de cuaresma. Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.

 
Sábado de la II semana de cuaresma.
Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.
La Cuaresma: Levantarse y volver al Padre.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Calendario de Cuaresma. Día 18 de 40

Encontrar nuestra vocación. Artículo.

Muchos conocemos esa famosa frase de C.S. Lewis quien, al escribir sobre su conversión al cristianismo, confesó que fue «el converso más reacio de toda la historia de la cristiandad». Cuando se arrodilló por primera vez, no lo hizo con un fervor entusiasta, sino con la sensación de que era algo que tenía que hacer. ¿Qué le dio esa sensación? Sus propias palabras lo explican: [Me arrodillé venciendo mi resistencia] porque me había dado cuenta de que la fuerza de Dios es nuestra liberación.

¿Qué es esa «fuerza» o apremio de Dios? Es ese sentido moral profundo e irreprimible que llevamos dentro y que nos dice lo que debemos hacer, en lugar de lo que queremos hacer. Y esto puede ser de gran ayuda para encontrar nuestra vocación y nuestro lugar en la vida.

¿Qué es una vocación y cómo encontramos la nuestra? Una vocación, como sugiere David Brooks, es un factor irracional por el cual escuchas una voz interior tan fuerte que se vuelve impensable darle la espalda; donde intuyes que no tienes elección y solo puedes preguntarte: ¿cuál es mi responsabilidad aquí?

Esta es la historia de mi propia vocación al sacerdocio y a la vida religiosa. La comparto aquí no porque sea especial; no lo es. Es de lo más normal, una entre millones. La comparto con la esperanza de que pueda ayudar a alguien a discernir su propia vocación en la vida. Aquí va mi historia.

Crecí en una cultura católica que, en aquel entonces, básicamente pedía a cada chico y chica que se planteara si se sentía llamado a la vida religiosa consagrada o al sacerdocio. Se lo oí decir claramente a mis padres y a las monjas ursulinas que me dieron clase, y lo respiré en el ambiente de la cultura católica de la época.

Pero siempre sentí una fuerte resistencia interior. ¡Eso no era lo que yo quería hacer con mi vida! No quería ser cura. Mantuve esa resistencia durante mis años de instituto y me gradué con la intención de ir a la universidad, idealmente para ser psicólogo. Pero había una voz en mi interior que no se callaba.

Pasé el verano después de graduarme trabajando en dos granjas: la nuestra y la de un vecino. Casi siempre trabajaba al aire libre, a menudo solo, pasando largas horas subido a un tractor en el campo. Y en esas largas horas, el apremio de Dios empezó a desgastar mi resistencia. La idea de que estaba llamado a ser sacerdote simplemente no se silenciaba, por mucho que lo intentara. Recuerdo una tarde en concreto, trabajando solo en el tractor, que intenté espantar ese pensamiento cantando a pleno pulmón, pero la voz de Dios no se calla tan fácilmente.

Todo esto estalló a finales de verano, justo dos semanas antes de la fecha en que debía irme a la universidad. Volví a casa una tarde después de otra jornada solitaria con el tractor. Mis padres no estaban, así que intenté distraerme jugando al fútbol con mi hermano pequeño. La paz no llegó en ese momento. Llegó más tarde, cuando me iba a la cama, después de haber tomado la decisión de intentar ser sacerdote. A la mañana siguiente les conté mi decisión a mi padre y a mi madre. Sonrieron y me llevaron a ver al párroco del pueblo, un Oblato de María Inmaculada.

Para ser justos, el sacerdote me dijo que, aunque él era Oblato, yo tenía otras opciones, como ser cura diocesano o jesuita. Elegí a los Oblatos porque era lo que conocía y porque ya tenía un hermano mayor en la orden. Dos semanas después, ¡estaba en el noviciado de los Oblatos como uno de los novicios más reacios de su historia!

Pero, desde el primer día, me sentí bien. Sabía que era donde se me pedía estar. De eso hace ya sesenta años y, a pesar de las dificultades que haya podido tener en mi ministerio, nunca he dudado de que esta era mi vocación: el sacerdocio y los Misioneros Oblatos de María Inmaculada.

Y Dios, la vida, el ministerio y los Oblatos me han dado mucha más vida de la que merezco. El ministerio ha estado lleno de gracia más allá de toda medida, y los Oblatos me han regalado una comunidad sana, oportunidades educativas excepcionales, ministerios maravillosos y el orgullo de compartir el carisma de nuestra congregación de servir a los pobres.

Tras sesenta años en esta vocación, solo puedo decir esto: Gracias, Dios mío, por llevarme a donde yo no quería ir.

Tomé esa decisión a los diecisiete años. Hoy en día, nuestra cultura diría que una decisión así no puede tomarse con suficiente madurez y claridad a una edad tan temprana. Pues bien, nunca he dudado seriamente de mi elección, y ahora la veo como la decisión más clara, generosa y vital que he tomado nunca. Esta es mi historia, pero hay muchas otras historias llenas de vida diferentes a la mía. El apremio de Dios tiene infinitas maneras de presentarse. Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org / Artículo original en Inglés

Viernes de la II semana de cuaresma. Este es el heredero: venid, lo matamos.

 
Viernes de la II semana de cuaresma.
Este es el heredero: venid, lo matamos.
La Cuaresma: Acoger el reino y no rechazar al enviado.
Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Calendario de Cuaresma. Día 17 de 40.