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Mateo ensambla dos imágenes (en los otros dos evangelios sinópticos se encuentran separadas; cf Mc 9,49 y Lc 14,34ss para la <4sal"; Mc 4,21 y Lc 8,16; 11,33 para la <<luz") y las utiliza para crear, en el contexto del <<sermón de la montańa", una especie de engranaje entre el texto de las bienaventuranzas (5,1-12) y el de la Ley (5,17-46). Se quiere poner el acento en la tarea confiada a los discípulos, que deben vivir en referencia a tiempo-mundo, de modo no distinto y separado, sino como alternativa. El empleo del <<vosotros sois", al inicio del v. 13, resalta la unión entre las dos metáforas de nuestro texto y la ultima bienaventuranza precedente (5,1 1-12).
La primera imagen, la de la sal, sugiere los diferentes modos conocidos de utilizar este elemento natural e indispensable: sazona las comidas, conserva y preserva los alimentos y, en el terreno específicamente religioso, esta relacionada con los sacrificios de oblación (Lv 2,13; Ez 43,24). Si la sal se desvirtúa (eventualidad posible, puesto que la sal se obtenía con técnicas rudimentarias e imperfectas, y sin mayor control de calidad), no sirve para nada, <<para tirarla fuera y que la pisen". En estas dos ultimas expresiones, es evidente que la referencia al juicio de Dios, bien sea con <<echar>>/"tirar", que Mateo también usa en otros contextos (3,10; 7,19; 5,25; 5,29; etc.), o <<pisotear", término utilizado por Isaías para describir la suerte reservada a los impíos (10,6; 25,10; etc.), esta dirigida al discípulo que no realiza debidamente su vocación y se vuelve <<insípido>> (el verbo moraino del v. 13 expresa tanto la pérdida de sabor como el ser necio>>; Mt 25,1-I3).
La segunda indicación dada a los discípulos a través de la imagen de la luz, y relacionada con la de la ciudad, se enlaza con la idea profética de la peregrinación de los pueblos, quienes de ahora en adelante serán atraídos no por Jerusalén (cf Is 2,2-5), sino por la luz de Cristo irradiada mediante los discípulos. El horizonte de esta <<difusión" se expande para que alcance a todos los pueblos; no se puede circunscribir igual que no se puede ocultar el resplandor difundido por una lámpara colocada en el centro de la casa. Un imperativo, <<brille" (v 16), cierra la perícopa e invita al oyente a depurar su adhesión personal al Evangelio conforme a la facultad de realizar <<buenas obras" (no mencionadas aquí, aunque si explicitadas en Mt 25,35ss), que den gloria al Padre celestial.
Sin esta praxis, el seguimiento resulta insípido, y el camino, incierto, envuelto en tinieblas.
Para las personas que buscan el sentido que anime su vida, la Palabra de Jesús abre perspectivas siempre inéditas, ańade colores sorprendentes e impensables y proporciona el deseo de un proyecto de vida radicalmente diferente del que pueden ofrecer las realidades del <<mundo", Una vez degustado el <<sabor" nuevo de una existencia iluminada por Cristo, no hay mas posibilidad para aquello que a menudo, y de modo mediocre, satisface fugazmente nuestros deseos de felicidad, dejándonos insatisfechos y decepcionados. Cuando permitimos que se avive el anhelo de una vida plena y <<en abundancia" (cf Jn 10,10), que de sentido auténtico a nuestro ser y a nuestro obrar permitimos que una fuerza, la del Espíritu, que trasciende nuestra valía, se manifieste al mundo a través de nosotros. <<Sal" y <<luz", tesoro valioso que llevamos en vasijas de barro, son dones no para retenerlos, sino para verterlos en los lugares donde se ha perdido el gusto y la esperanza de una vida digna de ser vivida o cuando alguien ha apagado la confianza.
Ninguna ritualidad exterior puede reemplazar las implicaciones más que comprometedoras descritas por Isaías: los gestos de compartir, la opción en favor de quienes sufren la privación injusta y forzada de aquellos bienes necesarios para vivir y que hacen visible y creíble la fe. La misión, y con ella el discípulo del Evangelio, conoce los tiempos del mensaje gritado desde las azoteas y la difusión de la Palabra escandalosa de la cruz hasta los confines del mundo, y también sabe reconocer los momentos silenciosos, discretos, extraordinariamente potentes de una caridad solidaria de la que hablan las <<buenas obras" que dan gloria al Padre, que esta en los cielos. La comunidad cristiana no vive separada del mundo, sino inmersa en los acontecimientos de su tiempo, en los que esta llamada a obrar como la sal, que en si no es ninguna comida y solo unida, mezclada, deshecha en los alimentos, puede desarrollar su cometido de la misma forma, la Palabra que el creyente anuncia tiene que penetrar y vivificar desde dentro los ambientes en los que es sembrada. Es un quehacer fiel y constante que debe hacerse presente en un testimonio de vida sencillo y sobrio, a veces trémulo y <<débil", pero revestido de la fuerza de Dios, quien asegura su validez y eficacia















