Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. 29 de septiembre.

En la Biblia, desde el AT, aparecen los ángeles y sus jefes, los arcángeles, criaturas espirituales, como ministros o servidores de Dios, bien sea para llevar a los hombres los mensajes y la protección divina, bien sea para alabar al Señor y presentarle las preces de los hombres. La Iglesia celebra a tres arcángeles. El 29 de septiembre se celebraba en Roma, en el siglo V, el aniversario de la Dedicación de una iglesia en honor al arcángel san Miguel. A esa fecha se pensó añadir el recuerdo de los otros arcángeles y de "todas las potencias incorpóreas" recordadas en días diferentes.

Con el Salmo 102 podemos rezar: «Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra».- Oración: Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 MEDITATIO: Formamos parte de un designio de contornos ilimitados, cuyo artífice es Dios. Inmersos en un cosmos animado por presencias invisibles que participan con nosotros en el proyecto de Dios, somos constructores de una historia que tiene en Cristo su centro y su término.

El camino prosigue en la lucha, en un conflicto implacable con las fuerzas del mal, las cuales, sin embargo, no podrán destruir nunca el Reino que Dios ha confiado al Hijo del hombre. El combate durará hasta el final de los tiempos, llevado adelante en primera línea por los santos ángeles de Dios: los arcángeles, guiados por Miguel, y todas las criaturas espirituales fieles al Señor.

Esta realidad que nuestros ojos no pueden ver nos ha sido revelada a fin de que, con la fe, la esperanza y la caridad abundante en la vida diaria, combatamos el buen combate y apresuremos así la consumación del Reino de Dios. Si ofrecemos humildemente nuestra contribución, se nos concederá una límpida mirada interior: contemplaremos entonces la Misericordia que ha abierto los cielos y ha venido a morar entre nosotros para abrirnos el acceso al Padre, a fin de que con los ángeles podamos subir hasta su intimidad. Él ha desvelado para nosotros el misterio del hombre, para que con los ángeles aprendamos a descender junto a cada hermano. Nos ha introducido en su Reino a fin de que, convertidos en voz de toda criatura, cantemos eternamente con el coro angélico la gloria de Dios.

 ORATIO: Con un ánimo repleto de esperanza y de confianza, de gratitud y de alegría, corremos a ti, oh Padre, para darte gracias... El camino del hombre a lo largo de los senderos del tiempo es un viaje arriesgado, pero tú has puesto a nuestro lado compañeros atentos que nos sirven con intelecto de amor. Te damos gracias por el arcángel Miguel, que nos ayuda a combatir el buen combate de la fe. Te damos gracias por el arcángel Gabriel, que viene a nosotros envuelto de misterio y deposita en nuestro corazón tu Palabra, para que ésta se vuelva en nosotros, como en María, obediencia y vida.

Te damos gracias por el arcángel Rafael, que, en la hora de nuestros miedos y enfermedades, nos coge de la mano y nos conduce por el recto camino para que no nos desviemos del camino de la salvación.

Te damos gracias, oh Padre, que de mil modos te haces presente a nosotros, nos guardas como a la niña de tus ojos, nos proteges a la sombra de tus alas, nos haces gustar ya desde ahora la dulzura de la íntima comunión contigo. 

CONTEMPLATIO: No debemos creer que se confíe un determinado encargo a un ángel por casualidad: por ejemplo, a Rafael el encargo de curar y medicar; a Gabriel, el de apoyar en el combate contra las pasiones; a Miguel, el de ocuparse de las oraciones y de las súplicas de los mortales. Cada uno de ellos ha recibido estas tareas por los méritos, las inclinaciones, y las capacidades de las que dio pruebas antes de la creación de este mundo. Entonces se asignó a cada uno este o aquel ministerio; otros merecieron ser asignados al orden de los ángeles y actuar bajo este o aquel arcángel, este o aquel guía de su orden. Todo esto fue ordenado por el apropiado y justo juicio de Dios y dispuesto por aquel que ha juzgado y analizado los méritos de cada uno: así, a uno le ha sido confiada la Iglesia de los efesios, y a otro, la de los esmirniotas (cf. Ap 2,1.8); éste es el ángel de Pedro, aquél el de Pablo (cf. Hch 12,7; 27,23). A cada uno de los más pequeños de la Iglesia se le ha asignado este o aquel ángel, que contempla cada día el rostro de Dios (cf. Mt 18,10), y se señala al ángel que se disponga en torno a los que temen a Dios.

No debemos pensar que todo esto sucede así de manera accidental o por casualidad, ni siquiera porque hayan sido creados tales por naturaleza, para evitar que también a este respecto se acuse al Creador de parcialidad.

Creamos, más bien, que todo fue asignado por Dios, absolutamente justo y rector imparcial del universo, según los méritos, las capacidades, la energía y el ingenio de cada uno (Orígenes, I principi, 1, 8, 1, Turín [existe edición catalana en Alpha, Barcelona 1998]).

Según los Padres, los ángeles personifican las potencias celestes y han sido puestos por Dios junto a los pueblos como guías. Los ángeles toman una parte muy activa en la existencia histórica del mundo: llevan a cabo, bajo la guía del arcángel Miguel, una batalla contra los demonios, potencias de la nada y remedos de los ángeles, y salvaguardan el orden cósmico. Según san Basilio, los ángeles del Juicio "pesan" las almas. Ellos, que asisten a toda acción divina, están presentes de un modo particular en el martirio. La escala de Jacob los muestra como mensajeros de Dios. Están como "adheridos" a la Palabra y a la voluntad de Dios y las personifican. Cuando Dios decide curar, su voluntad toma la figura del ángel Rafael.

Cada vez que un ángel aparece es para transmitir y realizar algo de parte de Dios. Los ángeles muestran el "cielo", puesto que existen y actúan en un sentido que va de Dios hacia los hombres. Aunque mantiene su poder de revelación directa, Dios se revela la mayoría de las veces por medio de los ángeles, que son como los portadores de sus energías, de su luz y de su revelación.

Hasta el punto de que los tres ángeles que se aparecieron a Abrahán en el encinar de Mambré son considerados, sobre todo en la tradición iconográfica, como las figuras de las tres Personas divinas, el icono de la Trinidad. El ángel es un lugar teofánico, manifestación viviente de Dios: el nombre de Dios está en él y con el nombre su presencia (P. Evdokimov, La santitá nella traaizione della Chiesa, Fossano 1977). Gracias a: Santa Clara de Estella


La fe de la Iglesia: La angelología no se presenta, hoy día, como campo en el que la investigación teológica se mueva cómodamente. Comenzando por la misma existencia de los ángeles, encontrarnos claras actitudes de rechazo que los relegan al mundo mitológico exclusivamente, o se recala en el desconcierto de no saber exactamente a qué atenerse en este tema. Es evidente que otro es el campo de las representaciones e imaginería con que se presenten, así corno el de las jerarquías angélicas indicadas en sus respectivas designaciones onomásticas.

No es éste el lugar de entrar en toda esa problemática; se trata de recoger la fe de la Iglesia, tal como actualmente se nos ofrece, concretamente en el ámbito de las celebraciones litúrgicas, en orden a su memoria y veneración.

El Catecismo de la Iglesia católica afirma: La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (n.° 328). El nombre de «ángel» no es nombre de naturaleza, sino de oficio, de función. Por su naturaleza es 'espíritu», por su función es "ángel" (cf. San Agustín: Psal. 103, 1, 15).

La Carta a los Hebreos (1, 14) los define como «espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación». Su nombre hebreo mal'ak, o griego anguelos, los define como mensajeros».

La fe de la Iglesia en la existencia de los ángeles toma vida y se traduce en oración, en el culto litúrgico, lo que es de capital importancia, según el principio de lex orandi, lex credendi, ya que la liturgia es la expresión concreta de la fe vivida. La liturgia celebra la fe bíblica y la tradición doctrinal de la Iglesia.

La liturgia ha unificado en este día, con categoría de fiesta, la veneración de los llamados arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. Sus nombres hacen referencia a sus funciones de intermediarios entre Dios y los hombres, así como ejecutores de sus órdenes y transmisores de sus mensajes.


El Arcángel San Miguel

Lógicamente la fuente de información básica sobre el Arcángel Miguel ha de buscarse en la revelación bíblica, Mi-ka-'el, literalmente significa „¿quién como Dios?», y está en consonancia con su misión e intervenciones.
La liturgia, que le da culto desde el siglo V, asume el papel protector del arcángel Miguel, tanto en la celebración de la palabra en la misa (primera lectura), como en la liturgia de las horas, en antífonas y oficio de Lectura. En la lectura patrística, fragmento de una «homilía de San Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios», podemos leer: «... Cuando se trata de alguna misión que requiera un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios..., nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando, al fin del mundo, será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se trabó una batalla con el arcángel Miguel.

Miguel es jefe de la milicia celestial; la Contrarreforma lo convierte en defensor de la Iglesia ante la reforma protestante.


El Arcángel San Gabriel

«Dios es fuerte» o «héroe de Dios«, es su significado. Como dice San Gregorio Magno (oficio de lectura del día) «... se les atribuyen nombres personales, que designan cuál es su actuación propia..., ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados.

Este ángel Gabriel es el «enviado por Dios..., a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María» (1, 26). El mensaje que transmite es sorprendente y trascendental: sin duda el más importante de la historia de la salvación; se trata del cumplimiento, de forma insólita, de todas las anteriores Escrituras: la llegada del Mesías, revelado como «Hijo del Altísimo... y será llamado Hijo de Dios».

Con razón dice San Gregorio Magno (oficio de Lectura): «Los (ángeles) que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles. Por esto, a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ámgel de la máxima categoría... A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa «Fortaleza de Dios», porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los principados y potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida del que es Señor de los ejércitos y héroe en las batallase.

En el relato de Lucas, el protagonista parece el ángel Gabriel. Mas éste debe tal prerrogativa al designio que comunica. Por consiguiente, Gabriel viene asociado por Lucas con el mensaje. Y, en tal caso, el diálogo pierde en dimensión histórica lo que gana en profundidad teológica. Queda, en realidad, claro que Gabriel, aun siendo el protagonista, carece de importancia «personal» y recibe toda su relevancia del mensaje que transmite» (Antonio Salas).


El Arcángel San Rafael

Rafael significa «Dios cura». Sólo disponemos de la fuente bíblica, del libro de Tobías para hacernos una idea de su identidad y misión.

Rafael se presenta bíblicamente como: protector y compañero en nuestro caminar (también por el camino de la vida), sanador de nuestras cegueras (también espirituales), vencedor del demonio y del mal, abogado defensor en las dificultades de la vida, intercesor ante Dios en favor nuestro. Es uno de los siete grandes ángeles presentes ante la gloria del Señor...

Pero su misión y su protagonismo aparente tienen como finalidad la expresada por él mismo al revelar su identidad: «No temáis. La paz sea con vosotros. Bendecida Diosporsiempre. Si he estado con vosotros..., ha sido por voluntad de Dios. A él debéis bendecir todos los días, a él debéis cantar... Y ahora bendecid al Señor sobre la tierra y confesad a Dios. Mirad, yo subo al que me ha enviado...« (12, 17-20).

La devoción dedicada a Rafael fue promovida en el siglo XVI, al instituir el culto del ángel custodio, el obispo de Rodez, Francisco de Estaing, en 1526. Patrón de boticarios y médicos, protege también a los viajeros.

En todos los casos, las intervenciones angélicas reseñadas, tienen a Dios como protagonista principal, y a la persona humana (individual o colectiva) como beneficiarias. El ángel-arcángel en tanto tiene protagonismo en cuanto transmisor de ese mensaje, siempre salvífico y benefactor. La conclusión siempre debe ser el consejo de Rafael: «Bendecid a Dios por siempre», porque, en realidad, es él quien está actuando,

Sus atributos son: cayado de mensajero (cetro a veces), lirio que reemplaza al cayado o cetro, rama de olivo, filacteria que lleva la salutación angélica «Ave María gratia plena... Ángel Olivera Miguel. Fuente: Dominicos.org

El pecado original. Artículo.

En una ocasión tuve el privilegio de asistir a un curso de James Mackey. Un día en clase compartió esta historia.

Un conocido suyo formaba parte de una expedición de caza en África. Su grupo había acampado en la selva. Una mañana salió temprano del campamento, caminó solo unos cuantos kilómetros monte adentro y abatió dos pavos salvajes. Se los ató al cinturón y volvía ya hacia el campamento cuando escuchó ruidos y se dio cuenta de que le seguían. Asustado, apretó las manos contra el rifle y escudriñó la maleza en busca de cualquier movimiento.

El miedo se disipó enseguida. Quien le seguía los pasos era un muchacho de unos doce años, desnudo y hambriento. Se percató al instante de que el chico no iba a por él, sino a por comida. Se detuvo, se soltó el cinturón, dejó caer los pavos al suelo y dio unos pasos hacia atrás. El chaval corrió hacia los pavos, pero no los cogió. Al contrario, miró al hombre y en su propia lengua empezó a pedirle algo. Sin entender lo que decía, pero intuyendo que le estaba pidiendo permiso para llevarse las aves, el hombre le hizo gestos de que no había ningún problema, que adelante. Aun así, el chico no se quedaba tranquilo. Seguía pidiendo y gesticulando; quería algo más.

Por fin, casi desesperado, el muchacho dio unos pasos hacia atrás alejándose de los pavos y se quedó en silencio con las manos abiertas por delante, esperando a que el hombre se acercara y se los pusiera en las manos. Solo entonces echó a correr hacia la selva. A pesar de su hambre y de su necesidad, se había negado a arrebatar las aves: había esperado a que se las dieran.

Esta historia ilustra, en el fondo, la verdadera antítesis del pecado original. Este muchacho hizo lo que Adán y Eva no supieron hacer: aceptó que la vida tiene que ser entregada, que uno no puede apoderarse de ella por su cuenta, por mucha hambre que tenga.

¿Qué es lo que está en juego aquí? Para responderlo tenemos que fijarnos en qué consistió en realidad el pecado original. ¿Qué hicieron Adán y Eva para quebrantar de forma tan radical el plan de Dios? ¿En qué se opone su acción a la de este joven?

El relato de la caída de Adán y Eva está teñido de principio a fin, y sobre todo al final (con la desnudez y la vergüenza), de un lenguaje marcadamente sexual, hasta el punto de que podríamos pensar que su falta fue de índole sexual. No fue así. El simbolismo sexual en el relato funciona como metáfora de la violación: Adán y Eva se apropiaron por la fuerza de algo que solo puede recibirse en el amor.

La condición que Dios puso a Adán y Eva se podría resumir así: «Yo os daré la vida. Os inundaré de vida. Pero tenéis que recibirla, jamás arrebatarla. Mientras la recibáis, siempre será fecunda y dará vida; pero el día en que empecéis a adueñaros de ella en lugar de acogerla, vuestros actos empezarán a engendrar desconfianza, alienación, desnudez, vergüenza y muerte».

Ese único mandato sintetiza los diez mandamientos.

En efecto, cabe preguntarse por qué Dios impuso un mandamiento a Adán y Eva desde el principio. ¿Por qué una condición? ¿Por qué no un paraíso sin condiciones? La pregunta es legítima; pero al responderla debemos tener cuidado de no ver el precepto como una prueba o como algo arbitrario que a Dios le dio por pedir o no pedir. La condición no es un capricho: es algo intrínseco al propio amor. ¿Por qué?

Dios creó un universo trazado según la lógica del amor, de modo que, en el orden de las cosas, todo es don. En la vida nada se arrebata, nada se toma por la fuerza ni se reclama como derecho propio. La vida solo se acoge como regalo, con respeto y a su debido tiempo. Con el amor ocurre exactamente lo mismo. Algo solo es amor y solo puede dar vida cuando se da libremente y se recibe con libertad. Va escrito en el ADN del amor.

El amor no carece de condiciones ni podrá carecer jamás de ellas, porque lleva una condición innata: para ser amor, debe recibirse como don. En cambio, si el amor se arranca por la fuerza en vez de acogerse con respeto como un regalo, tenemos una palabra para definirlo: lo llamamos violación.

El pecado original de Adán y Eva no fue sexual, pero se pareció a una violación: se apropiaron indebidamente de lo que estaba pensado como regalo. Nuestra cultura, que premia la agresividad y nos dice que somos ingenuos si no tomamos por la fuerza lo que deseamos, nos empuja con demasiada frecuencia a caer en lo mismo.

Resulta revelador recordar que el relato de Adán y Eva se escribió siglos después de la promulgación de los diez mandamientos, y busca resumirlos todos en una sola condición: «¡Podéis recibir, pero jamás arrebatar!».

Esa es también la lección tras la corrección cariñosa de Jesús al joven rico cuando este le preguntó: «¿Cómo puedo poseer la vida eterna?». Jesús le corrigió el verbo: «La vida eterna solo se puede recibir». Y para ello debemos, igual que aquel muchacho africano, plantarnos ante la vida con las manos abiertas y esperar a que nos sea dada. Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org / Original en Inglés / Imágen: DepositPhotos 

Recapacitó y fue.





Domingo XXVI  del Tiempo Ordinario


La parábola, referida por Jesús durante su actividad en Jerusalén, antes de la pasión y de la muerte, muestra, ante la voluntad explicita e imperativa del padre y la reacción de cada uno de los dos hijos, no solo la diferencia y la distancia entre las palabras y los hechos, sino el cambio y la transformación interior en el modo de pensar.

El primero de los hijos da la impresión de ser sincero, y, de forma veraz, le comunica al padre su voluntad: <<No quiero". Pero después de la respuesta use arrepintió" (v. 29), y obedeció, <<y fue" (v 29). El segundo hijo escucha formalmente las palabras del Padre y respetuosamente le dice: <<Voy Seńor>> (v 30). Pero no tiene intención de hacer efectivas sus palabras, y desobedeció, <<y no fue" (v. 3o). El primer hijo reconsidera la decisión de cumplir la voluntad del Padre y cambia de actitud; Jesús lo subraya: <<Se arrepintió". El Maestro, con una pregunta, implica a los presentes para que se pronuncien sobre el distinto comportamiento de los dos hijos: <<Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". Los interpelados le contestaron; <<El primero".

Jesús había dicho: <<No todo el que me dice: !Seńor; Seńor! entrará en el Reino de [os Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Muchos me dirán aquel día: !Seńor; Seńor! No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Pero yo les responderé: No os conozco de nada. Apartaos de mi malvados" (Mt 7,21-23). Y Jeremías, a propósito del sentido de la circuncisión (4,4): <<Circuncidaos para consagraros al Seńor; quitad el prepucio de vuestro corazón, habitantes de Judd y de Jerusalén, no sea que estalle mi ira como fuego y arda sin que nadie pueda apagarla, por la maldad de vuestras acciones".

Puede parecer que el arrepentimiento y la conversión brotan de un <<conocimiento>> de la ley que dicta normas de comportamiento. En realidad, tienen la raíz en el corazón de la persona que reconoce en el legislador no a un amo, sino a un padre. En la persona que ve en la ley la expresión de la voluntad del padre - de un padre que quiere hacer feliz al hijo (pues hasta la ley le supone al hijo esfuerzo y sacrificio).

 <<Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el Reina de Dios. Porque vino Juan a mostraros el camino de la salvación y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y vosotros, a pesar de verlo, no os arrepentisteis ni creísteis en él" (Mt 21,31-32).

La referencia básica de la lectura es el <<arrepentimiento", la conversión del corazón. <<Arrepentirse para creer>>. Jesús ha invertido intencionadamente el orden de los verbos. No es sélo <<creer para arrepentirse". Arrepentirse para creer consiste, ante todo, en no considerarse ni justos, ni rectos, ni Santos. Ni tampoco pensar que por observar tal o cual ley no somos como el resto de los hombres que no la observan.

Tener conciencia de ser pecadores nos pone en actitud de conversión. Creernos justos nos impide encauzar los pasos por el camino de la conversión. Quien nos hace justos, rectos y santos es Sólo Dios (la parábola del fariseo y del publicano de Lc 18,9-14 no deja lugar a dudas ni a equívocos). Arrepentirse para creer consiste en no ser nosotros quienes determinemos qué es bueno o malo, justo o injusto, recto o torcido, santo o profano, sino el Seńor

El discurso de Ezequiel, entre Dios e Israel, arranca con un interrogante: ,Acaso no es justo mi proceder? No es mas bien vuestro proceder el que es injusto? Es lícito -y necesario- preguntarse: Qué sabe Israel de <<rectitud"? La respuesta Sólo la puede dar Dios: la iniquidad es causa de muerte; la justicia y la rectitud son causa de vida. Pasar de la iniquidad a la justicia y a la rectitud es pasar de la muerte a la vida. Quién determina este paso? Dios.

Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia para que esté conmigo, y obre conmigo, y persevere conmigo hasta el fin.

Dame que desee y quiera siempre lo que te es mas acepto y agradable a ti.

Tu voluntad sea la mía, y mi voluntad siga siempre la tuya y se conforme en todo con ella.

Tenga yo un querer y no querer contigo, y no pueda querer y no querer sino lo que tu quieres y no quieres.

Dame, Seńor que muera a todo lo que hay en el mundo, y dame que desee por ti ser despreciado y olvidado en este siglo.

Dame, sobre todo, lo que se puede desean descansar  en Ti y aquietar mi corazón en ti.

Tu eres la verdadera paz del corazón, tu el único descanso; fuera de ti todas las cosas son molestas e inquietas.

En esta paz permanente, esto es, en ti, sumo y eterno Bien, dormiré y descansaré. Amen (Tomas de Kempis, La imitación de Cristo, III,15,3).



 












El Padre Pío y su ángel de la Guarda.

1. ¿Quién es el Ángel de la Guarda?

El Ángel de la Guarda es un espíritu celestial enviado por la bondad de Dios para acompañar, proteger y guiar a cada ser humano desde la cuna hasta la tumba. La Doctrina Católica y la Sagrada Escritura nos enseñan que no estamos solos en el camino de la vida. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que cada fiel tiene a su lado un ángel protector y pastor para conducirlo a la vida eterna. 
Dios nos dice: "Yo mandaré un ángel delante de ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto". Éxodo 23, 20

2. Otros tipos de ángeles

En el cielo existe una multitud de espíritus bienaventurados organizados para dar gloria a Dios y servir a su plan de salvación.
  • Entre ellos destacan los Arcángeles, como San Miguel, quien defendió con poder el honor de Dios contra Satanás y los ángeles rebeldes. 
  • Existen también los ángeles custodios de cada una de las personas en la tierra, formando un ejército inmenso de mensajeros divinos.
  • El Padre Pío veía con frecuencia no solo a su propio ángel, sino también a los ángeles custodios de sus hijos espirituales, quienes acudían a él para llevarle oraciones y peticiones de auxilio.
  • El cuidado de Dios, a través de los ángeles,  se extiende a instituciones, comunidades y misiones específicas: Vocación, familia, matrimonio, parroquia, diócesis, país...

3. Aspecto e interacción del Padre Pío con su ángel

El Padre Pío mantenía una relación sumamente familiar, constante y visible con su Ángel de la Guarda. Lo contemplaba como un guía luminoso, noble y lleno de belleza, que permanecía siempre a su lado.

Su interacción diaria abarcaba diversos aspectos:
  • Traductor e intérprete: Aunque el Padre Pío no había estudiado idiomas extranjeros, su ángel le traducía cartas escritas en francés o griego y le permitía entender a peregrinos de otras naciones. Por ejemplo, el párroco de Pietrelcina certificó bajo juramento que el Padre Pío pudo explicarle perfectamente el contenido de una carta en griego gracias a las explicaciones de su ángel. 
  • Enfermero y consolador: Cuando el santo estaba enfermo o agotado, el ángel le prestaba pequeños servicios y le reconfortaba el alma. 
  • Defensor contra el maligno: El ángel le advertía de las trampas del demonio y consolaba sus heridas tras los combates espirituales.
  • Proveedor y auxilio temporal: Siendo un joven soldado sin dinero, su ángel tomó apariencia humana para pagarle el billete del autobús y ofrecerle café caliente (Detalles al final del artículo). En otros casos, como el de Attilio de Sanctis, el ángel condujo un automóvil durante 27 kilómetros mientras el conductor dormía profundamente por el cansancio, evitando un trágico accidente. 

4. El nombre que le daba el Padre Pío

El Padre Pío no utilizaba un nombre propio para dirigirse a su ángel, sino que le manifestaba su afecto mediante títulos llenos de cariño y ternura.

En sus cartas lo llamaba con frecuencia:
  • "Angelito" o "buen angelito".
  • "Pequeño compañero de mi infancia".
  • "Inseparable compañero".
  • "Celeste personaje" o "mensajero celeste".
  • "Buen secretario".

5. ¿Qué puede hacer el Ángel de la Guarda por ti?

El Ángel de la Guarda es un bienhechor constante que realiza múltiples tareas por nuestro bien espiritual y corporal:
  • Reza e intercede: Presenta a Dios nuestras buenas obras, nuestros sufrimientos y nuestros deseos puros.
  • Nos protege: Nos defiende de las insidias del demonio, del mundo y de los peligros físicos.
  • Actúa como mensajero: El Padre Pío recomendaba a las personas que, si no podían ir a visitarlo o tenían una urgencia, le enviaran a su Ángel de la Guarda para encomendarle sus necesidades.
  • Diplomacia: Puedes enviarlo a hablar con el ángel de otra persona para "ablandar" un conflicto.
  • Iluminación: Te inspira la respuesta correcta cuando estás confundido.
Ejemplo: El padre Pierino Galeone envió mentalmente a su ángel de la guarda ante el Padre Pío para pedir por el hijo enfermo de una madre. Al finalizar la Misa, cuando el sacerdote intentó encomendarle el caso en persona, el Padre Pío le respondió: "Hijo mío, ya me lo has dicho", confirmando que el ángel ya le había entregado el mensaje. 

6. Oraciones e invocaciones 

  • «Ángel de Dios, que eres mi custodio, ilumíname, custódiame, guíame ahora y siempre» 
    Es la versión en castellano de la tradicional oración latina Angele Dei, la cual es recomendada y enseñada expresamente por el Padre Pío de Pietrelcina en su carta enviada a su hija espiritual Raffaelina Cerase el 20 de abril de 1915.

  • Envíame tu Ángel: «Cuando tengas necesidad de algo, mándame tu ángel y yo te responderé» (presenta variantes según el testimonio, como «Cuando tengas necesidad, mándame a tu ángel» o «basta que vayas a una iglesia donde esté el Santísimo Sacramento y me envíes a tu ángel custodio»).
    Es formulada por el Padre Pío como indicación orante a sus hijos espirituales para comunicarse con él en la distancia en momentos de apuro o necesidad espiritual. Es recogida a través de los testimonios del P. Pierino Galeone, el abogado Adolfo Affatato y la Sra. Pía Garella, entre otros.

  • «El ángel del Señor te acompañe, te guíe y te proteja durante el viaje» 
    Oración del Padre Pío al despedir a sus hijos espirituales que emprendían viaje.

  • «Que el buen ángel custodio vele sobre ti. Él es tu conductor, que te guía por el áspero sendero de la vida. Que te guarde siempre en la gracia de Jesús, te sostenga con sus manos para que no tropieces en cualquier piedra, te proteja bajo sus alas de las insidias del mundo, del demonio y de la carne». 
    Utilizada en la correspondencia epistolar con su hija espiritual Ana Rodote el 15 de julio de 1915

7. Condiciones para que se produzca su acción

Para que el Ángel de la Guarda pueda actuar eficazmente en nuestra vida y beneficiarnos de su auxilio, el Padre Pío nos señala las siguientes actitudes morales y espirituales:
  • Tomar conciencia de su presencia: Recordar frecuentemente que está a nuestro lado y evitar la frialdad o la indiferencia hacia él.
  • Respeto y pureza de vida: Evitar el pecado para no ofender la delicada y pura mirada de nuestro protector celestial.
  • Invocación y oración constante: Acudir a él en los momentos de angustia, tentación o dificultad. El santo aconsejaba recitar con frecuencia la oración tradicional: "Ángel de Dios, que eres mi custodio, ilumíname, custódiame, guíame ahora y siempre".
  • Docilidad y confianza filial: Escuchar sus inspiraciones interiores, que siempre nos impulsan hacia el bien y la obediencia a la voluntad de Dios.
Detalles del ángel en el autobús
: 
Ocurrió en el año 1917, durante la Primera Guerra Mundial, cuando el Padre Pío —vestido con el uniforme militar— regresaba de Nápoles tras un reconocimiento médico en el hospital militar.
Caridad previa: En el trayecto, gastó las últimas 50 monedas que le quedaban (50 céntimos) para ayudar a un pobre vendedor ambulante que vendía sombrillas de papel para llevar el pan a sus hijos, quedándose él completamente sin dinero.
La noche en la estación: Al llegar con retraso a la estación de Benevento, el autobús para Pietrelcina ya había partido. Tuvo que pasar toda la noche sufriendo de intensa fiebre, frío y agotamiento físico. El billete costaba 1,80 liras, pero él no tenía nada. A pesar de no llevar dinero, subió al autobús confiando plenamente en la Providencia divina y se situó en los últimos asientos para explicarle su situación al cobrador cuando se le acercase.
El misterioso caballero y el café: A su lado se sentó un hombre alto, de bello aspecto, que llevaba un maletín nuevo sobre sus rodillas. Al arrancar el autobús, este caballero sacó un termo y le ofreció un vaso de café con leche bien caliente. Aunque el Padre Pío intentó rehusar por timidez, ante la insistencia del viajero terminó aceptando y bebiendo. Cuando el cobrador llegó a su puesto, antes de que el Padre Pío pudiera explicar su falta de dinero, el cobrador le dijo: «Militar, su billete ya ha sido pagado».  Al llegar a Pietrelcina, el elegante caballero bajó del autobús justo antes que él. Cuando el Padre Pío se volvió para saludarlo y darle las gracias, el hombre había desaparecido por completo. El Padre Pío relató esta experiencia en diversas ocasiones a sus hermanos capuchinos, reconociendo que aquel bondadoso joven había sido su propio Ángel de la Guarda enviado por Dios. Esta hermosa experiencia demuestra la verdad teológica de que el Ángel Custodio actúa como un compañero inseparable, protector en los viajes y consolador en los momentos de mayor debilidad. 

San Pío de Pietrelcina (Padre Pío). 23 Septiembre.

Todo sobre el padre Pío

Anécdotas del Padre Pío

El Padre Pío nació en el seno de una humilde y religiosa familia de agricultores, el 25 de mayo de 1887, en una pequeña aldea del Sur de Italia, llamada Pietrelcina. Recibió su primera instrucción de un maestro privado y a la edad de 15 años hizo su ingreso en el Noviciado de los Padres Capuchinos en la Ciudad de Morcone.
De débil salud, pero de excepcional fuerza de voluntad, pudo completar sus estudios y gracias a una continua asistencia divina tuvo la ansiada ordenación sacerdotal. El 20 de Septiembre de 1918, aparecieron visiblemente las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del P. Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (recuerden que San Francisco no era sacerdote).   Grandes multitudes, de todas las nacionalidades pasaron por su confesionario. Las conversiones fueron innumerables.
Diariamente recibía centenares de cartas de fieles, que pedían su consejo iluminado y su dirección espiritual, la cual ha siempre significado un retorno a la serenidad, a la paz espiritual y al coloquio con Dios.    Toda su vida no ha sido otra cosa que una continua oración y penitencia, lo cual no impedía que sembrase a su alrededor felicidad y gran alegría entre aquellos que escuchaban sus palabras, que eran llenas de sabiduría o de un extraordinario sentido del humor.   El Papa Juan Pablo II lo conoció personalmente en 1947, poco después de su ordenación sacerdotal. El Padre Pío profetizó que aquel joven sacerdote sería un día Papa.   El Señor lo llamó a recibir el premio celestial el 23 de Septiembre de 1968. Tenía 81 años.
Durante 4 días su cuerpo fue expuesto ante millares de personas que formaban una enorme columna que no conoció interrupción hasta el momento del funeral, al cual asistieron más de cien mil personas.   Millones visitan su tumba en el pueblo de San Giovanni Rotondo, Italia. Entre ellos el Papa Juan Pablo II. El P. Pío está sepultado en la cripta del Santuario de Nuestra Señora de las Gracias, San Giovanni Rotondo.
Los preliminares de su Causa de Beatificación y Canonización se iniciaron en noviembre de 1969.  Declarado Venerable el 18 de diciembre de 1997 y Beato, el 2 de mayo de 1999. Declarado Santo el 16 de junio de 2002, en la Plaza de San Pedro en Roma, por S.S. Juan Pablo II.     Fechas importante en la vida de San Pío Pietrelcina  25 de mayo, 1887. Nace en Pietrelcina, Benevento, en el sur de Italia. Sus padres, Grazio "Orazio" Mario Forgione  (1860-1946), granjero, y María Giuseppa de Nunzio Forgione (1859-1929).  26 de mayo, 1887. Bautizado en la Iglesia de Santa María de los   Ángeles. Recibe el nombre de Francesco Forgione.     27 de mayo, 1899. Recibe el Sacramento de la Confirmación.  6 y 22 de enero, 1903.
A los dieciséis años entra al noviciado de Marcone. El 22 de enero es investido con el hábito de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Toma el nombre de Fra Pío (Fra por Fratello/Hermano).    22 de enero, 1904. Terminado el año de noviciado hace la Primera Profesión (profesión temporal) de los Consejos Evangélicos de Pobreza, Castidad y Obediencia.  Entra al convento de la provincia monástica y estudia para ordenarse sacerdote. 1907.
Al cumplirse los tres años de los votos temporales hace su  profesión perpetua o votos solemnes..     10 de agosto, 1910. Con férrea voluntad se sobrepone a graves problemas de salud, es ordenando sacerdote en la capilla del Arzobispo de Beneveto, pero los problemas de salud le obligan a residir con su familia, por largos períodos, hasta el 1916.   Septiembre, 1910. Recibe los estigmas visiblemente por primera vez, pero por poco tiempo y de forma intermitente.
 Ruega a Dios se los quite. Confía el acontecimiento únicamente a su Director Espiritual.   Noviembre, 1911. El suceso sobrenatural llega a la atención de sus superiores cuando es observado un día en éxtasis.   28 de julio, 1916. Llega al Convento de San Giovanni Rotondo y permanece allí hasta su muerte.    5 a 7 de agosto, 1918. Transverberación del corazón,  le causan heridas visibles en su costado. (La Transverberación del corazón es una experiencia mística de ser traspasado en el corazón, que indica la unión de amor con Dios.)  20 de septiembre, 1918. Mientras reza, luego de la Misa, en el área del coro de la antigua Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias, aparecen los estigmas de forma visible y permanente.  El fenómeno perdurará por los próximos 50 años.
Comienzan a circular rumores en el pueblo del posible traslado del ¨santo¨ de San Giovanni Rotondo, lo que agita grandemente a la población.     2 de junio, 1922. El Santo Oficio (hoy Congregación para la Doctrina de la Fe) prohíbe apariciones públicas y el acceso del público a Padre Pió.  1924-1931. En varias ocasiones la Santa Sede rechaza que el fenómeno sea de origen sobrenatural.   9 de junio, 1931. (Solemnidad de Corpus Christi). La Santa Sede ordena al Padre Pío desistir de toda actividad salvo la celebración de la Santa Misa, la cual sólo podrá celebrar en privado. 
Principios de 1933. El Santo Padre Pío XI ordena al Santo Oficio que de marcha atrás y deje sin efecto la  prohibición que pesaba sobre el Padre Pío de celebrar públicamente.  Su Santidad Pío XI comenta al respecto: "Nunca sentí mala disposición hacia el Padre Pío, pero sí fui malamente informado."     1934. Las facultades del Padre Pío son restauradas poco a poco. Se le permite confesar primero a hombres (25 de marzo, 1934) y luego confesar a mujeres (12 de mayo, 1934).    23 de septiembre de 1968. Fallece serenamente en su celda a las 2:30 de la madrugada. Murió saludable y sin los estigmas, así como había profetizado en cierta ocasión. Sus últimas palabras: "Gesú e Maria" (Jesús y María).   26 de septiembre, 1968.
El cuerpo del Padre Pío se entierra en una cripta en la Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias. Asisten al funeral más de 100,000 personas.
Fuentes: http://webcatolicodejavier.org/ y http://evangeliodeldia.org/

San Mateo 21 de septiembre. Fiesta local y religiosa.

El origen de las fiestas de San Mateo: 

El Papa Eugenio IV concedió, en una bula, en 1428, la indulgencia plenaria a cuantos visitaran la Catedral de Oviedo el día de la Exaltación de la Santa Cruz, o los ocho días anteriores o posteriores del año en que tal festividad cayera en viernes. Desde 1982 se establece que puedan lograr la citada indulgencia todas las personas que cumplan con los requisitos del 14 al 21 de septiembre. En detalle: Jubileo de la Santa Cruz o "Perdonanza"

El origen festivo

Respecto al origen de las fiestas de San Mateo, las crónicas cuentan que en 1894 el Ayuntamiento de Oviedo desembolsó 5.000 pesetas, para contratar bandas de música y grupos de gaita y tambor.

El Santo Sudario de Oviedo, es una de las reliquias más veneradas del cristianismo. Se conserva en la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador de Oviedo, en Asturias, y se cree que es el lienzo que cubrió el rostro de Jesucristo tras su muerte.
Características principales:
Material: Lino
Dimensiones: Aprox. 85x 52,6 cm.
Aspecto: No contiene una imagen visible como la Sábana Santa de Turín, pero presenta numerosas manchas de sangre y fluidos, objeto de diversos estudios científicos.
Historia y tradición: El Sudario se menciona en el Evangelio de San Juan (20, 6-7) como el lienzo que estaba sobre la cabeza de Jesús, separado de los lienzos que envolvían su cuerpo. Según la tradición, llegó a España en el siglo VII, trasladado para protegerlo del avance islámico, y fue depositado en el Arca Santa junto con otras reliquias. En el año 1075, el rey Alfonso VI, durante una visita a la ciudad precedida por oraciones y ayunos, ordenó abrir el Arca Santa, confirmando la presencia del sudario.
Estudios científicos: Se han realizado análisis de sangre, polen y radiodatación que sugieren una posible conexión con la Sábana Santa de Turín. Investigadores como Mark Guscin y Giulio Ricci han comparado ambas reliquias, encontrando coincidencias en los patrones de manchas, lo que refuerza su valor histórico y espiritual.
El rostro del silencio: El Santo Sudario de Oviedo no muestra una imagen esculpida por manos humanas, sino las huellas del sufrimiento, del abandono y del amor extremo. Es el lienzo que cubrió el rostro de Cristo al ser bajado de la Cruz; el paño que tocó la carne redentora, que absorbió la sangre del sacrificio. Contemplarlo es adentrarse en el misterio del Dios que se hizo hombre, que no rehuyó el dolor, que abrazó la muerte para darnos vida. En ese paño silencioso, manchado y humilde, se esconde una presencia que no grita, pero que transforma.
Que al mirarlo, sepamos reconocer a Cristo en cada rostro herido, en cada vida rota, en cada silencio que espera redención. (Fuente: Sancta Ovetensis)

Les paxarines


Son figuritas elaboradas con agua y harina teñida con azafrán a la que se le dan distintas formas: cestitas, nidos con huevos, figuras humanas,... adornados con lazos. La tradición cuenta que sirven como amuleto o protector contra las tormentas. Se compran únicamente a la salida de la Catedral, tras la celebración de la misa en honor a San Mateo, el 21 de septiembre. 
Esta costumbre data de hace más de 300 años. Fuente: Ayuntamiento de Oviedo 

Hoy celebramos: San Mateo (21 de Septiembre)

Entre los seguidores de Jesús de Nazaret hay personas de muy diverso carácter. De los relatos evangélicos, como de las páginas del Antiguo Testamento, se deduce que Dios no tiene un único modo de llamar a los que ha elegido. Se podría decir que es su gracia, y no las cualidades humanas, las que configuran el ideal de su llamada y también del llamado. Entre los seguidores de Jesús, varios eran pescadores. Seguramente algunos otros se habían dedicado también a las tareas agrícolas. Y habría entre ellos miembros de otras profesiones artesanas que nos pasan inadvertidas a través de los relatos. Pero lo que resulta más sorprendente es que entre los llamados por Jesús nos encontremos con un publicano o cobrador de impuestos.

Este título puede responder a muchas profesiones un tanto diferentes. Había cobradores de impuestos que alquilaban la recaudación para enviar los dineros de las provincias a las arcas imperiales. Había otros recaudadores que cobraban derechos de portazgo entre un reino y otro, entre una tetrarquía u otra.

Cafarnaún debía de contar con varias oficinas en las que se cobraban diversos tipos de impuestos. A una de estas oficinas se acercó un día Jesús para llamar personalmente a Mateo. No sabemos de dónde era. El evangelio que lleva su nombre nos refiere la escena de su vocación (Mt 9, 9-13). Se le denomina Mateo, abreviación de Mattenaí y de Mattanya, que significa «regalo o don de Dios». En los lugares paralelos, los relatos de Marcos (Mc 2, 13-17) y Lucas (Lc 5, 27-32) nos hablan de la vocación de un tal Leví, hijo de Alfeo que, sin duda, es la misma persona corno ha admitido la tradición de la Iglesia con muy contadas excepciones.

En el relato bíblico sobre la vocación de Mateo nos llaman la atención especialmente tres momentos: la llamada, el banquete y la revelación de Jesús que parece culminar los dos momentos anteriores.

Nos impresiona mirar el cuadro pintado por Caravaggio que se conserva en la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma. El enorme lienzo nos sitúa en una estancia cerrada, bastante oscura. Hay solamente un haz de luz que penetra por la parte superior derecha iluminando levemente el lugar. Precisamente por esa parte se dibuja también la imagen de Jesús. Ha sido representado como un personaje noble, dotado de una mirada firme y determinada que, siguiendo una línea imaginaria, va a cruzarse directamente con la mirada de Mateo.

En la pintura, Mateo está rodeado por algunos jóvenes. Unos han vuelto ya la mirada hacia Jesús, mostrándose un tanto asombrados por su entrada en aquel espacio. Los otros jóvenes siguen todavía prestando atención a las monedas que tintinean sobre la mesa del cobrador de los impuestos. Sin embargo, en esta «instantánea», captada por Caravaggio, Mateo ha levantado ya su cabeza. Ha percibido la mirada de Jesús, y la hace suya, aunque un gesto de su mano parece sugerir un momento de duda y tal vez de excusa. Es como si se mostrara incrédulo. Parece que le resulta difícil aceptar que la llamada de Jesús vaya dirigida precisamente a él.

El relato evangélico es parco en palabras. Nos refiere solamente que Jesús se acercó al lugar donde estaba Mateo y le dirigió una escueta invitación: «Sígueme» (Mt 9, 9). Es ésa una palabra profundamente significativa. El maestro va buscando seguidores. El verbo «seguir» encierra, como se sabe, un resumen de todas las actitudes que se requieren del discípulo del Maestro.

El texto de la homilía de San Beda el Venerable, que hoy se lee en el oficio de lecturas, vincula la vocación de Mateo a la mirada de amor que Jesús le dirigió:

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: "Sígueme". Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme, Sígueme, que quiere decir: "Imítame". Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él.»

« Sígueme». Más que una invitación parece una orden terminante y decidida. En ninguna parte se nos dice si Jesús conocía previamente al cobrador de tributos. Pero sí se nos dice que él aceptó inmediatamente la invitación del Maestro: «Él se levantó y lo siguió». Lo escueto del texto que narra esa decisión con la que Mateo decide seguir a Jesús puede sugerir dos posibilidades. O bien que Mateo había ya oído hablar de la grandeza del profeta de Galilea y de la majestad de su mensaje, o bien que la presencia del mismo Jesús resultó para él un motivo suficiente para dejarlo todo y seguirle.

Sea como sea, tenemos ante los ojos uno de esos momentos en los que la llamada de la trascendencia se cruza con las mil preocupaciones inmediatas de la inmanencia. Lo divino irrumpe en el panorama de lo humano. El hombre-Dios viene a cambiar los planes que los humanos se habían forjado. Ante la voz que llama, los antiguos proyectos pierden prestancia y valía. La llamada al seguimiento relativiza todas las decisiones anteriores.

Como ocurrido anteriormente con Pedro y Andrés, con Santiago y Juan, también de Mateo se subraya que abandona todas las cosas para seguir al Maestro que le invita. La rapidez en la respuesta a la llamada, la generosidad en el seguimiento y la libertad con la que el valor encontrado relativiza los valores antes poseídos parecen convertirse en puntos funda-mentales en la dinámica del discipulado.

Claro que nadie lo deja todo por nada. Ni siquiera se deja algo por algo. En realidad, los discípulos primeros de Jesús, no siguen una filosofía sino a una persona. No se enamoran de una idea, siguen a un profeta. Gracias a José-Román Flecha Andrés y Dominicos.org

En Oviedo tienen ustedes la reliquia más importante de la cristiandad, junto con la Sábana Santa