San Blas. 3 de febrero

Tradiciones, refranes, devociones: 
Hiela las Candelas, 30 días con ellas; hiela San Blas, 30 más.
Por San Blas ajete, mete uno y sacarás siete
Por San Blas, higuera plantarás e higos comerás
Por San Blas la cigüeña verás, si la vieres año de bienes, si no la vieres año de nieves.
Por San Blas, la cigüeña verás, si no la ves mal año es.
San Blas cura de la garganta, al mozo que come y que no canta.

En algunas iglesias se realiza la «bendición de las gargantas», al finalizar la misa de san Blas, se colocan, cruzadas, dos candelas -que pueden haber sido bendecidas el día anterior o con una bendición propia para el día 3- sobre la garganta y se reza: «Por la intercesión de S. Blas, obispo y mártir, te libre de todo mal de la garganta y de cualquier otro mal. Amén». Antiguamente esta bendición se realizaba aplicando sobre la garganta una reliquia del santo, por lo que no podía realizarse en cualquier iglesia.
Cuando un chico se atraganta hay que hacerle levantar los brazos, y darle palmadas en la espalda diciendo «san Blas, san Blas».
Vida: Blas nació rico, de padres nobles; fue educado cristianamente y se le consagró obispo cuando todavía era bastante joven. Al comenzar la persecución, por inspiración divina, se retiró a una cueva en las montañas, frecuentada únicamente por las fieras. San Blas recibía con afecto a sus salvajes visitantes y cuando estaban enfermos o heridos, los atendía y los curaba. Se dice que los animales acudían en manadas para que los bendijera. Cierta vez unos cazadores que buscaban atrapar fieras para el anfiteatro, encontraron al santo rodeado por ellas. Repuestos de su asombro, los cazadores intentaron capturar a las bestias, pero san Blas las espantó y entonces le capturaron a él. Al saber que era cristiano, lo llevaron preso ante el gobernador Agrícola. Se dice que cuando le conducían a la ciudad, encontraron a una mujer que gemía desesperada, porque un lobo acababa de llevarse a uno de sus lechones; entonces san Blas llamó con voz recia a la fiera y el lobo apareció a poco, con el lechón en el hocico, y lo dejó intacto a los pies de la maravillada mujer. Pero aquel prodigio no conmovió a los cazadores, que continuaron su camino arrastrando al preso consigo. En cuanto el gobernador se enteró de que el reo era un obispo cristiano, mandó que lo azotaran y después lo encerraran en un calabozo, privado de alimentos. San Blas soportó con paciencia el castigo y tuvo el consuelo de que la mujer, dueña del lechón que había salvado, se presentara en la oscura celda para ayudarle, llevándole provisiones y velas para alumbrarse. Pocos días más tarde, fue torturado para que renegara de su fe; sus carnes fueron desgarradas con garfios y, como el santo se mantuviera firme, se dio orden de que fuera decapitado.
Así murió san Blas en Capadocia y, años más tarde, sus supuestas reliquias se trasladaron al Occidente, donde se extendió su culto enormemente en razón de las curaciones milagrosas que, al parecer, se realizaban por su intercesión. Se le venera como el santo patrono de los cardadores de lana y los animales salvajes y, en virtud de varias célebres curas que hizo en vida a enfermos de la garganta, es el abogado para esta clase de males; una de las variantes de la leyenda recuerda especialmente que el santo, camino del suplicio, curo el mal de un niño que se había atragantado con una espina. En Alemania se le honra, además como uno de los catorce «heilige Nothelfer» (santos auxiliadores en las necesidades). En algunas partes, el día de la fiesta de san Blas, se administra una bendición especial a los enfermos, colocando dos velas (al parecer en memoria de las que llevaron al santo en su calabozo) en posición de una cruz de san Andrés, en el cuello o sobre la cabeza del suplicante, pronunciándose estas palabras: «Per intercessionem Sancti Blasi Liberet te Deus a malo gutturis et a quovis alio malo» (por intercesión de san Blas te libere Dios de todo mal de la garganta y de todo otro mal). También leemos sobre el «agua de san Blas», que se bendice en su día y que generalmente se da a beber al ganado que está enfermo. Fuente 
Imágenes de la Fiesta en San Pelayo de Oviedo
(sanpelayomonasterio.org/)


En el siglo XIX, nuestro monasterio recibió una reliquia de san Blas.
Procedía de la Comunidad de monjas benedictinas de Santa María de la Vega, también en Oviedo, que fue expulsada de su monasterio y recibida en nuestra casa. Con ellas trajeron la reliquia y la devoción al santo. Hemos recuperado la tradición de las rosquillas de San Blas, extendida por muchos lugares. También hoy el santo obispo mártir, convoca muchas personas que acuden a nuestro monasterio a venerar su reliquia pidiendo su intercesión para las enfermedades de garganta. 

Fiesta de la Presentación del Señor. 2 de febrero y fiesta de "los consagrados"

     Presentación del Señor

La fiesta de hoy ha sufrido un giro en la época posconciliar: de ser entendida como celebración mariana ha pasado a ser Fiesta del Señor, y, de un origen o fundamento  biológico (purificación puerperal, 40 días desde el nacimiento de Jesús), se ha convertido en la gran fiesta de la fe, la consagración del creyente a Dios, haciendo memoria de la ofrenda de sí mismo que Jesús hace al Padre. Es día de rememorar que, por la fe y el bautismo, nuestras vidas están consagradas al Señor. Los religiosos y religiosas de todo tipo, monjes y monjas, frailes, hermanas, vírgenes consagradas… celebran hoy una fiesta especial; se les llama “los consagrados”. Pero eso no debiera llevarnos a olvidar que todos somos consagrados, seguidores de Jesús el consagrado a las cosas del Padre, y que una importante función eclesial de esos consagrados es recordarnos que todos los creyentes gozamos de esa condición. 

Esta fiesta, que cierra las solemnidades de la Encarnación, conmemora la Presentación del Señor, el encuentro con Simeón y Ana, (el encuentro del Señor con su pueblo) y la purificación ritual de la Virgen María.
Un Niño «signo de contradicción», una Madre llamada a una maternidad mesiánica de dolor junto a su redentor, y un anciano temeroso de Dios son los protagonistas del resumen de todo el Evangelio. Antigua y nueva alianza, Navidad y Pascua: aquí se encuentran en figura todos los misterios de la salvación, aquí se recapitula la historia, se le da cumplimiento en el tiempo, respondiendo a la colaboración y a la expectativa de los justos de todos los tiempos: José y Ana.

Podemos considerar la fiesta que hoy celebramos como un puente entre la Navidad y la Pascua. La Madre de Dios constituye el vínculo de unión entre dos acontecimientos de la salvación, tanto por las palabras de Simeón como por el gesto de ofrenda del Hijo, símbolo y profecía de su sacerdocio de amor y de dolor en el Gólgota. Esta fiesta mantiene en Oriente la riqueza bíblica del título "encuentro": encuentro "histórico" entre el Niño divino y el anciano Simeón, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la profecía y la realidad y, en la primera presentación oficial, entre Dios y su pueblo.

        En un sentido simbólico y en una dimensión escatológica, "encuentro" significa asimismo el abrazo de Dios con la humanidad redimida y la Iglesia (Ana y Simeón) o la Jerusalén celestial (el templo). En efecto, el templo y la Jerusalén antigua ya han pasado cuando el Rey divino entra en su casa  llevado por María, verdadera puerta del cielo que introduce a Aquel que es el cielo, en el tiempo nuevo y espiritual de la humanidad redimida.

        A través de ella es como Simeón, experto y temeroso testigo de las divinas promesas y de las expectativas humanas, saluda en aquel Recién nacido la salvación de todos los pueblos y tiene entre sus brazos la "luz para iluminar a las naciones" y la "gloria de tu pueblo, Israel".

También celebramos la fiesta de "La Candelaria" que celebra la Presentación de Jesús en el Templo, la Purificación de la Virgen después del parto y la advocación mariana aparecida en Tenerife en el siglo XV.
Oración para pedir el amparo de la Virgen de Candelaria
Virgen Santísima de Candelaria,
Madre luminosa que velas desde tu santuario sobre el mar y la isla,
acoge bajo tu manto mi vida, mi hogar y mis pasos.

Tú que eres candela en la noche y consuelo en la tormenta,
protégeme de todo mal visible e invisible,
aparta de mí la confusión, el desaliento y la amenaza,
y guarda mi corazón en la paz que nace de tu Hijo.

Señora morena,
estrella firme en medio del océano,
intercede por mí ante Jesucristo,
para que mi fe no vacile,
mi esperanza no se apague
y mi caridad no se enfríe.

Defiende mi casa,
bendice mi trabajo,
fortalece mis decisiones,
y conduce mis días por sendas rectas y luminosas.

Que bajo tu mirada aprenda a confiar,
que bajo tu amparo viva sin miedo,
y que, sostenido por tu protección materna,
avance con serenidad hacia el destino que Dios me ha preparado.

Virgen de Candelaria,
Madre y Patrona de Canarias,
sé mi escudo, mi guía y mi refugio. Amén.

Gracias a: Rezando Voy,Santa Clara de Estella y Ciudad Redonda. Imagen La Paz Mesiánica de Sieger Köder

Bienaventurados los pobres en el espíritu

 



IV Domingo del Tiempo Ordinario


En el contexto del famoso <<sermón de la montańa", y como abertura del mismo, resuenan las bienaventuranzas. Jesús ha pronunciado estas palabras para todos, y siguen siendo actuales. Palabras que, ante todo, las ha corvertido en vida. El discurso no prevé situaciones imposibles; no esta dirigido a una minoría selecta, ni a un grupo de perfectos, ni tampoco se limita a ofrecer una ética de orientación interior. El discurso es concreto, serio, expositivo, exigente y decididamente <<revolucionario". Por motivos de espacio, sólo presentaremos algunas bienaventuranzas.

<<Dichosos los pobres en el Espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos" (v. 3). El primer anuncio de dicha se refiere a los pobres. Desde el principio se deduce el efecto que produce en el lector. Una ayuda, que facilite una mayor comprensión, nos la proporciona la especificación <<pobres en el Espíritu", exclusiva de Mateo, respecto al texto paralelo de Lucas. El <<pobre", en sentido bíblico, es quien se vacía de si mismo y renuncia a la pretensión de construir su vida de modo independiente, para dejarle cada vez mas espacio y mas cabida a Dios. Pobre se identifica con humilde (cf primera lectura): quien no se encierra en si mismo porque esta abierto a Dios y a los otros. Quien se libera de si mismo para abrirse a los proyectos divinos encuentra la plenitud de la riqueza, el Reino de los Cielos.

<<Dichosos los que están tristes, porque Dios los consolará" (v. 4). La aflicción es un lacerante dolor que corroe interiormente. También se podría traducir por <<los que lloran>>. Al margen de una posible identificación, reconocemos en este grupo a todos los verdaderos discípulos de Cristo que viven de corazón los problemas del Reino y sufren por una Iglesia dividida y lacerada, no santa, como debería ser Sufren y lloran especialmente por sus pecados, que ralentizan, o impiden, una renovación profunda.

<<Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (v. 1o). El sujeto de este nuevo aspecto de la felicidad son <<los perseguidos por hacer la voluntad de Dios". La voluntad de Dios aparece en la cuarta bienaventuranza, donde se habla de aquellos que tienen hambre y sed de justicia (= voluntad de Dios). Ahora se ensancha el tema, con una variante. Si antes la cuestión de interés consistía en buscar la voluntad de Dios, ahora destaca la perseverancia, cuando la situación resulta difícil y humanamente insoportable. Jesús ha sido el primero en vivir esta bienaventuranza, demostrando y enseńando una fidelidad a toda prueba. Por amor al Padre y a los hombres, ha ido hasta el final, bebiendo el cáliz que el Padre le había preparado (cf Mt 2o,22). Los cristianos serán felices si saben imitarlo en la entrega total, sin retroceder cuando la prueba se hace molesta y la cruz pesada.

 



La devoción de los Siete Domingos de San José

Comienza el séptimo domingo antes del 19 de marzo: domingo 1 de febrero de 2026.

La devoción muestra a San José como un hombre que sintió angustia, miedo y duda (dolores), pero que siempre encontró consuelo y felicidad al confiar en Dios (gozos).

1. Primer Domingo: La duda y el mensaje del Ángel

Este primer misterio trata sobre el conflicto interno de José ante el embarazo de María.

  • El Dolor: La angustia de José al descubrir que María esperaba un hijo y su decisión de dejarla en secreto para no difamarla, sintiéndose indigno o confundido.

  • El Gozo: La revelación del Ángel en sueños, diciéndole: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer", revelándole el misterio de la Encarnación. Padrenuestro, Avemaría y Gloria o bien, 7 Padrenuestros y Avemarías en honor a los 7 dolores y gozos

  • Oración Final: "Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Santísima Madre; concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." "San José, ruega por nosotros."

SAN JUAN BOSCO. 1815-1888. Fiesta: 31 de enero

Tuvo una niñez muy dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes. 
Sus grandes amores que fundamentan su espiritualidad: La Eucaristía, la Virgen María, la Iglesia, la fidelidad al Santo Padre, la juventud.

Fundador de la Congregación de los Salesianos, comunidad religiosa con rama masculina y femenina, dedicados a la educación de los jóvenes, en especial los pobres. Les enseñaba la vida cristiana y diversos oficios. Atrajo y sigue atrayendo a multitudes de jóvenes a Cristo. La Congregación toma su nombre de San Francisco de Sales.

Famoso por sus sueños proféticos, ¡se conocen 159 de ellos! Quizás el mas famoso es el de la Nave de Pedro, que explicaremos mas adelante.

San Juan Bosco escribió también algunos opúsculos en defensa de la religión.

Gran constructor de iglesias, entre ellas la Basílica de San Juan Evangelista, la Basílica de María Auxiliadora y la Iglesia del Sagrado Corazón en Roma donde celebró su última misa.

San Juan Bosco, La Pelicula Completa, con Ben Gazzara, 1988


Main, La Casa de la Felicidad. Vida de Santa Maria Dominga Mazzarello


María Dominga Mazzarello, más conocida como Madre Mazzarello, fue una religiosa italiana con la cual Don Bosco fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, conocidas también como salesianas.

Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos

 



III Domingo del Tiempo Ordinario


El texto litúrgico está tejido con cuatro unidades pequeńas: el sentido teológico del regreso de Jesús a Galilea (vv. 12-16); el comienzo y el contenido esencial de su predicación (v. 17); la llamada de los primeros cuatro discípulos (vv. 18-22); y el resumen de la predicación, que está acompańado de signos prodigiosos (v. 23).

Texto común con Marcos y Lucas, la indicación geográfica - estamos en Galilea (v. 12)- encuentra amplia resonancia en Mateo: la asocia con una preciosa cita y le otorga una orientación particular (vv. 15ss) con la cita de Isaías, algo adaptada (cf primera lectura), el evangelista apunta que Jesús fija su residencia en Cafarnaun. La luz brilla en <<Galilea de los paganos" (v 15), es decir entre los gentiles, superando un mezquino nacionalismo que pretendía confinar los beneficios de Dios a los estrechos limites de Israel.

El primer anuncio de Jesús es parco, pero esencial: <<Arrepentíos, porque está llegando el Reino de los Cielos" (v. 17). La conversión, entendida como una adaptación continua a la voluntad de Dios, es condición y requisito para divisar el Reino de los Cielos. Antes de enunciar el programa detallado de la predicación (cf 5,1ss) y antes de hacer milagros, Jesús elige a algunas personas para que lo sigan. La prioridad de tal acción se comprende: es necesaria la presencia de testigos que experimenten cuanto Jesús ha dicho y ha hecho, para que un día puedan comunicárselo a otros y entren ellos también en comunión con Jesús. Galilea, territorio de paganos, es terreno fértil de vocaciones.

El v. 23 cierra el presente texto litúrgico y recoge de modo sintético la actividad de Jesús: las palabras y hechos milagrosos. Palabras y hechos portentosos, en efecto, son el armazón del evangelio. La predicación se desarrolla en las sinagogas. Esta dirigida a los judíos, quienes necesitan ayuda para comprender la situación de absoluta novedad que están viviendo: Jesús se presenta no sólo como el enviado de Dios anunciado por los profetas, sino aun mas: como el propio Dios. Todo el evangelio se volcará en desvelar la identidad de Jesús.

Las lecturas actuales facilitan una reflexión profunda sobre la Iglesia, pues presentan sus elementos constitutivos: una, santa, católica y apostólica.

Una. La Iglesia es una porque tiene en Cristo a su Seńor. Todas las comunidades cristianas se reconocen como parte de la única Iglesia fundada por Cristo. Existe un solo bautismo, una sola fe, que une a los creyentes con Cristo. Por eso Pablo combate vigorosamente a los Espíritus sectarios y las manipulaciones grupales. Es una tentación reiterada pensar que un grupo sea la mediación exclusiva o privativa de la salvación. Los grupos son instrumentos, medios, no mas, y deben resistirse al sutil engańo de la monopolización.

Santa. La Iglesia o comunidad es santa porque <<está bautizada" en Cristo. La santidad es ante todo don gracioso, absolutamente gratuito. Después, es respuesta generosa que toma el nombre de conversión, en continua armonía con la voluntad del Padre, como Cristo la ha dado a conocer y como el Espíritu continuamente la propone.

Católica. La llamada a las tribus del norte, Zabulón y Neftali; la incesante llamada a Galilea, zona poblada o transitada por paganos, le recuerda a la Iglesia su vocación de estar abierta al mundo. Jesús ha elegido vivir e iniciar su vida publica en Galilea para evidenciar la proximidad geográfica con los últimos y los excluidos, preludio de cercanía moral, para que todos se reconozcan como hermanos. <<En la Iglesia, ningún hombre es extranjero", recordaba Juan Pablo II en el Día del Emigrante, el 5 de septiembre de 1995.

Apostólica. El único fundamento, Cristo, toma forma histórica en los apóstoles y en sus sucesores (los obispos), en comunión con el obispo de Roma, el papa. La explícita llamada de los apóstoles (los primeros cuatro del evangelio de hoy) expresa la voluntad concreta de Jesús de organizar la Iglesia de este modo. Llamados a seguirlo para ser testigos de la Palabra y los milagros del Maestro. La apostolicidad de la Iglesia esta en estrecha relación con su catolicidad; entre las tareas principales de los apóstoles y sus sucesores destaca la de anunciar a Cristo a todos los pueblos.

 



San Francisco de Sales. 24 de enero. El hombre más amable después de Jesucristo.


El Santo de las pequeñas virtudes:
Resulta difícil imaginarse a un santo obispo que, familiarmente, pertenece a la nobleza, se ha relacionado con la grandeza de su tiempo, es reconocido como doctor de la Iglesia y, sin embargo, pueda caracterizarse como el santo de las pequeñas virtudes. «Sobre todo —escribía en una de sus cartas de dirección espiritual— a mí me gustan estas tres virtudes insignificantes: la dulzura de corazón, la pobreza de espíritu y la sencillez de la vida; y estos ejercicios pocos vistosos: visitar a los enfermos, servir a los pobres, consolar a los afligidos y, todo ello, sin darle importancia y haciéndolo en plena libertad» (Oeuvres, XII, 205).
Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Christifideles laici, decía de él: «Podemos concluir releyendo una hermosa página de San Francisco de Sales, que tanto ha promovido la espiritualidad de los laicos. Hablando de la «devoción», es decir, de la perfección cristiana o «vida según el espíritu», presenta de manera simple y espléndida la vocación de todos los cristianos a la santidad y, al mismo tiempo, el modo específico con que cada cristiano la realiza: En la creación Dios mandó a las plantas producir sus frutos, cada una según su especie. El mismo mandamiento dirige a los cristianos, que son plantas vivas de su Iglesia, para que produzcan frutos de devoción, cada una según su estado y condición. La devoción debe ser practicada en modo diverso por el hidalgo, por el artesano, por el sirviente, por el príncipe, por la viuda, por la mujer soltera y por la casada. Pero esto no basta; es necesario además conciliar la práctica de la devoción con las fuerzas, con las obligaciones y deberes de cada persona (..). Es un error —mejor dicho, una herejía— pretender excluir el ejercicio de la devoción del ambiente militar, del taller de los artesanos, de la corte de los príncipes, de los hogares de los casados (...). Por eso, en cualquier lugar que nos encontremos, podemos y debemos aspirar a la vida perfecta»
El Santo del amor de Dios: La obra espiritual más importante de Francisco de Sales es el Tratado del amor de Dios. El papa Pío XI decía que en esta obra -el santo doctor, como si intentase escribir una historia del amor de Dios, narra cuál fue su origen y su desarrollo y también por qué empezó a enfriarse y languidecer en el ánimo de los hombres; después expone cómo podríamos ejercitarnos y crecer en él. Cuando la ocasión se presenta, explica lúcidamente cuestiones difíciles como la gracia eficaz, la predestinación, la vocación de la fe; y para que el discurso no aparezca conceptual y frío lo adoba con tan festiva gracia y con un aroma tan grande de piedad, y lo reviste con tal variedad de comparaciones y tales ejemplos y citas apropiadas sacadas con frecuencia de las Sagradas Escrituras, que el libro parece brotar, no tanto de su mente cuanto de sus entrañas y de su corazón» (encíclica Rerum Omnium, del 26 de enero de 1923). En efecto, se podría decir que este libro es el diario del alma de dos santos: Francisco de Sales y Juana de Chantal.
Un tema fundamental de la espiritualidad salesiana, magníficamente expuesto en esta obra, es la búsqueda y cumplimiento de la voluntad de Dios: Nada pedir y nada rehusar, decía frecuentemente el santo obispo. En efecto, quien se sabe hecho a imagen y semejanza de Dios, busca identificarse con él, aceptando el proyecto divino sobre su persona, tratando de agradar a Dios en todo su obrar, deseando siempre le bon plaisir de Dieu.
      A veces se ha dicho que Francisco de Sales ofrece una espiritualidad poco austera e, incluso, algo festiva: una oración poco exigente, ausencia de disciplina, pocas mortificaciones, etc. ¡Qué poco han leído las obras del santo obispo de Ginebra quienes así hablan! Él sabe bien que si en el Tabor hubo más claridad, fue en el Calvario donde hubo mayor salvación. El Calvario -decía- es el monte de los amantes. Y puesto que el Señor invita a todos sus discípulos a tomar cada día la propia cruz, una y mil veces aconsejaba que había que abrazarse a la cruz. Pero no la cruz que cada uno quisiera labrarse, sino la que Dios nos manda cada día: Prefiero llevar una cruz de paja, que el Señor me envíe, que una cruz muy pesada, pero que yo eligiera.[...] Valentín Viguera Franco S.D.B. Texto de: Martínez Puche, José A., dominicos.org. Imagen: Desde la FE
       Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Señor, pastor de los pastores, forma y modelo de la caridad pastoral para todos los tiempos, deseamos contemplar la belleza de tu entrega de la vida con plena y absoluta gratuidad, sin ningún interés, a no ser el de la salvación de todos. Todos hemos pasado por la experiencia de lo fácil que es ir a menos en nuestras responsabilidades pastorales hasta caer en el cierre mercenario por la fragilidad de nuestras personas y por los miedos que nos asaltan. Sin embargo, la contemplación de la belleza de tu vida entregada y sacrificada, oh Cristo, nos implica en el don, sin perezas ni acaparamientos personales, sin volvernos atrás y sin huir. Que tu Espíritu Santo nos abra los ojos sobre las raíces mercenarias que llevamos dentro y nos llene de valor y nos guíe, como hizo con el dulcísimo y al mismo tiempo firmísimo pastor Francisco de Sales, a quien hoy recordamos.
        Como él, te pedimos el don de la paciencia, para aceptar las largas demoras de la respuesta del corazón rebelde y complicado del hombre de hoy; el don de la humildad, para ser suficientemente realistas y no ceder a ninguna presunción o ambición en la misión evangelizadora que tú nos confías; el don del amor verdadero, constante y desinteresado, ese amor puro que tanto fascinaba al obispo de Ginebra. Haz que dejemos en el mundo la huella profunda de pastores generosos según tu corazón. Nos confiamos a la intercesión de san Francisco de Sales. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
        Piensa en el amor con el que Jesucristo, nuestro Señor, tanto sufrió en este mundo, de modo particular en el huerto de los Olivos y en el monte Calvario: !ese amor te miraba a ti! !Dios mío, con qué profundidad deberíamos imprimir en nosotros todo esto! Acaso es posible que yo haya sido amado con tanta dulzura por el Salvador, hasta el punto de que él haya pensado en mí personalmente, incluso en todas las pequeñas circunstancias a través de las cuales me ha atraído a él? Es verdaderamente maravilloso: el corazón repleto de amor de mi Dios pensaba en mí, me amaba y me procuraba mil medios de salvación, como si no hubiera tenido otra persona en el mundo en la que pensar. Pero cuándo empezó a amarte? Desde que empezó a ser Dios, es decir, desde siempre... (Francisco de Sales, Filotea V, 13ss).
       Venerables hermanos: os sugiero y os pido que tengáis el propósito de recuperar Ginebra. Por medio de la caridad es como debemos desmantelar las murallas de Ginebra, por medio de la caridad invadirla, recuperarla.
        No os propongo ni el hierro, ni esa pólvora cuyo olor y sabor recuerdan el horno infernal. Queréis un método fácil para conquistar al asalto una ciudad? Os ruego que aprendáis del ejemplo de Holofernes. Al asediar Betulia, cortó el acueducto y puso bajo guardia todas las fuentes. También nosotros –os conjuro a ello- debemos usar el método del que él dio ejemplo.
        Hay un acueducto que alimenta y reanima a todos los tipos de herejes: son los ejemplos, las palabras, la iniquidad de todo, pero en particular de los eclesiásticos. Por nuestra causa se blasfema el nombre del Señor día tras día entre las naciones.
        Es preciso derribar las murallas de Ginebra por medio de oraciones ardientes, y asediarla con la caridad fraterna. Por medio de esta caridad es como deben hacer fuerza nuestras tropas de asalto.
        El jefe supremo de esta fortaleza, Cristo, nuestro Señor, cederá sus riquezas a quien la haya conquistado por medio de esas armas. En efecto, el Reino de los Cielos sufre violencia, y son los violentos quienes lo arrebatan... Adelante, pues, y ánimo, óptimos hermanos: todo cede a la caridad; el amor es fuerte como la muerte, y al que ama nada le es difícil (Francisco de Sales, "Discorso ai canonici di Ginevra", en G. Papasogli, Come piace a Dios, Roma 1981, pp. 143-147, passim). Gracias a Santa Clara de Estella

Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.





II Domingo del Tiempo Ordinario


La solemne apertura del evangelio había presentado a la Palabra eterna del Padre entrando en la historia de los hombres y convirtiéndose en Jesús de Nazaret. Era necesario encontrar un nexo para que Jesús pudiera vincularse concretamente en la historia. Todos los profetas habían hablado de él. El último, dotado de un carisma particular el <<precursor>>, se llama Juan: el portavoz del actual texto evangélico. En un estupendo primer plano, el Bautista es presentado como el testigo leal. Ese que empeńa todo su ser en hablar de Jesús, reconociéndolo como el Mesías y proporcionando las credenciales fundamentales. Su testimonio se expresa con tres frases de recia teología: Jesús es <<el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (v. 29); el Espíritu se ha posado sobre el y permanece de forma estable (v. 32);

Jesús es el elegido de Dios, es decir, el <<Hijo de Dios" (v. 34). Són tres afirmaciones, ligadas entre si, que desvelan la idea que tiene Juan sobre el Mesías. Las tres imágenes encuentran correspondencia parcial en los cantos del <<Siervo de YHWH" y el porque de su elección como primera lectura.

La obra principal de Jesús consiste en << quitar el pecado del mundo". Para Juan, el evangelista, existe un único pecado: rechazar la Luz que ha venido al mundo para iluminar a todos los hombres (Jn 1,9). Rechazar a Cristo es el mayor y único pecado; las demás transgresiones (pecados) son manifestaciones incompletas. Jesús cumplirá esta colosal obra de reconciliación entre Dios y el hombre porque él mismo es Dios. El texto lo dice claramente. La escena del bautismo sirve para mostrar la presencia del Espíritu, que desciende sobre Jesús y permanece sobre él.

Aunque hay pluralidad de funciones o diversidad de llamadas, el fin debe ser común: la realización de si mismos y la gloria de Dios. Puesto que la vocación viene de Dios, él, que es unidad y amor convoca a todos a la plena realización. El siervo de la primera lectura ha sido enviado para llevar la luz a todos los pueblos. Ya no existen barreras, ni muros divisorios, sino un único y gran proyecto: construir la familia humana, ligada por la misma ley que le une con Dios, dador de todo bien.

Pablo, en la segunda lectura, se dirige a la comunidad - y a nosotros actualmente - presentándose como apóstol que ha recibido una misión que cumplir. Toma consigo al hermano Sóstenes - idealmente, a todo hermano en la fe- recordando que todos tienen como encargo un servicio apostólico. Desde la pluralidad de papeles, es común el empeńo de dar a conocer y amar a Jesucristo. A través de ellos, la comunidad de Corinto tiene la <<gracia" de descubrir a Jesucristo y, en él, encontrar la novedad de vida que adquiere el nombre teológico de <<salvación" o <<redención". Pablo es el instrumento elegido por la Providencia para hacer llegar a numerosos pueblos el mensaje del Evangelio.

El texto evangélico muestra la peculiar vocación de Juan, ser el precursor y mensajero que anuncia la presencia de Jesús. El Bautista no se limita a una atestación física (<<esta aquí, es aquél de allí"). Ofrece un cuadro teológico de hondo espesor. Esto significa que toda verdadera vocación, incluida la nuestra, antes de ser testimonio externo, es descubrimiento interior de la realidad de Cristo. El es <<el Cordero que quita el pecado del mundo". El carga con nuestras miserias y transforma la iniquidad en santidad. En él, todos podemos esperar un nuevo nacimiento, del agua y del Espíritu, para construir una sociedad donde la fraternidad sea el estatuto y el amor la única regla de convivencia.

En Cristo, con Cristo y por Cristo, tiene hueco y sentido nuestra vocación; conservamos la propia originalidad, que debe desarrollarse autónoma y completamente; encontrarnos el tiempo y el modo apropiado para relacionarnos con Dios. Insertados en Cristo, el bautizado se realiza en la singularidad exclusiva de su ser y en la comunión de una humanidad que, con Cristo, camina al encuentro del Padre para rendirle eterna alabanza.



Rezar por Israel y Jerusalén. Artículo.

Hace tiempo viví en comunidad durante varios años con un hermano oblato que era maravillosamente generoso y extremadamente piadoso. Pero le costaba captar los símbolos y las metáforas. Se tomaba las cosas al pie de la letra. Para él, ¡lo que decían las palabras era exactamente lo que significaban!

Esto le provocaba una confusión y un malestar considerables cuando, al rezar los salmos cada día, pedíamos por Jerusalén e Israel y, ocasionalmente, por la caída de alguna otra nación. Al terminar la oración, preguntaba: «¿Por qué rezamos por Jerusalén? ¿Por Israel? ¿Qué hace que esos lugares sean más especiales a los ojos de Dios que otras ciudades y otros países? ¿Por qué Dios odia a algunos países y ciudades?».

Intentábamos por todos los medios hacerle entender que estos nombres no debían tomarse al pie de la letra, como lugares en un mapa, sino más bien como símbolos. Con mayor o menor acierto, a veces le decía: «Hermano, siempre que leas la palabra ‘Jerusalén’ o ‘Israel’, interprétalo simplemente como la ‘Iglesia’, y siempre que se nombre una nación o una ciudad que Dios parece odiar, interprétalo como que Dios odia el pecado».

Quizá esbocemos una sonrisa ante su piedad y su literalismo, pero no estoy seguro de que no sigamos luchando todos con nuestro propio literalismo para entender lo que realmente quieren decir las Escrituras con palabras como Jerusalén, Israel, Pueblo Elegido y los elegidos de Dios. De hecho, como cristianos, ¿qué queremos decir con las palabras cristiano, Iglesia y Cuerpo de Cristo?

¿Por quién rezamos cuando pedimos por Jerusalén e Israel?

Lo que vemos en la Escritura es una progresiva «desliteralización» de los nombres y lugares. Al principio, Israel significaba una nación histórica, Jerusalén significaba una ciudad histórica, el Pueblo Elegido significaba una raza genética, y los elegidos de Dios eran literalmente esa nación, esa ciudad y esa raza genética. Pero a medida que se despliega la revelación, estos nombres y conceptos se vuelven cada vez más simbólicos.

Al menos esto es cierto para la mayor parte del judaísmo. La mayoría de las corrientes del judaísmo entienden estas palabras simbólicamente, aunque algunas todavía las entienden literalmente. Para ellas, Jerusalén significa la ciudad actual de Jerusalén, e Israel significa una franja de tierra real en Palestina.

Los cristianos reflejan eso mismo. La teología cristiana mayoritaria se ha negado desde sus mismos orígenes a identificar esos nombres y lugares de una manera en la que (simplista) Jerusalén signifique la Iglesia cristiana y los cristianos sean la Raza Elegida.

Sin embargo, como ocurre con partes del judaísmo, muchos cristianos, aun quitando el sentido literal de estas palabras de sus raíces judías, ahora las toman literalmente para referirse a las iglesias cristianas históricas y a sus miembros confesos explícitamente. De hecho, mi respuesta a mi hermano oblato («Jerusalén significa la Iglesia, Israel significa el cristianismo») parece sugerir exactamente eso.

No obstante, las palabras Iglesia y cristianismo necesitan a su vez ser «desliteralizadas». La Iglesia es una realidad mucho más amplia e inclusiva que sus miembros explícitos, visibles y bautizados. Su aspecto visible e histórico es real, es importante y nunca debe ser denigrado; pero (desde Jesús a través de la historia del dogma y la teología cristiana) el cristianismo siempre ha creído y enseñado claramente que el misterio de Cristo es a la vez visible e invisible. En parte podemos verlo y en parte no. En parte está visiblemente encarnado en la historia y en parte es invisible. El misterio de Cristo se encarna en la historia, pero no todo él puede verse. Algunas personas están bautizadas visiblemente, y otras lo están solo de formas invisibles.

Además, esto no es teología nueva o liberal. Jesús mismo enseñó que no son necesariamente los que dicen «Señor, Señor» sus verdaderos creyentes, sino más bien aquellos que realmente viven su enseñanza (aunque sea inconscientemente) quienes son sus verdaderos seguidores. La teología cristiana siempre ha enseñado que el misterio completo de Cristo es mucho más grande que su manifestación histórica en las iglesias cristianas.

Kenneth Cragg, un misionero cristiano, después de vivir y ejercer su ministerio durante años en el mundo musulmán, ofreció este comentario: Creo que harán falta todas las iglesias cristianas para dar una expresión completa del Cristo total.

A esto yo añadiría que no solo harán falta todas las iglesias cristianas para dar una expresión completa del misterio de Cristo, sino que también harán falta todas las personas de voluntad sincera, más allá de todas las fronteras religiosas, y más allá de toda etnia, para dar expresión al misterio de Cristo.

Cuando mi piadoso hermano oblato, a quien le costaba entender la metáfora y el símbolo, me preguntó por qué rezábamos siempre por Jerusalén e Israel, y yo le respondí que simplemente podía sustituir esos términos por las palabras Iglesia y cristianismo, mi respuesta (tomada literalmente) fue en sí misma excesivamente piadosa, simplista y una comprensión demasiado estrecha del misterio de Cristo.

Esos términos, Iglesia y cristianismo, como vemos en el progresivo despliegue de la revelación en la Escritura, deben ser ellos mismos «desliteralizados». ¿Por quién rezamos cuando pedimos por Jerusalén o por Israel? Rezamos por todas las personas sinceras, de todas las fes, de todas las denominaciones, de todas las razas, de todas las edades. Ellas son la nueva Jerusalén y el nuevo Israel. Ron Rolheiser OMI  / Artículo original en Inglés

¿Cómo Sabemos que Dios Existe? Artículo

Recientemente, estaba escuchando un programa de radio de entrevistas religiosas cuando un oyente preguntó: ¿Cómo sabemos que Dios existe? Una buena pregunta.

El presentador de radio respondió diciendo que lo sabemos a través de la fe. Esa no es una mala respuesta, excepto que lo que hay que desglosar es cómo sabemos esto a través de la fe.

Primero, ¿qué significa saber algo? Si creemos que saber algo significa ser capaz de imaginarlo, comprenderlo e imaginar su existencia de alguna manera, entonces, de este lado de la eternidad, nunca podremos conocer a Dios. ¿Por qué?

Porque Dios es inefable. Esa es la primera verdad innegociable que debemos aceptar sobre Dios y significa que Dios, por definición, está más allá de nuestra imaginación. Dios es infinito y lo infinito nunca puede ser circunscrito o capturado en un concepto. Intenta imaginar el número más alto al que es posible contar. La naturaleza y la existencia de Dios nunca pueden ser conceptualizadas o imaginadas. Pero sí puede ser conocida.

El conocimiento no siempre está en la cabeza, algo que podamos explicar, poseer en una imagen y expresar con palabras. A veces, particularmente con cosas que tocan los misterios más profundos de la vida, sabemos más allá de nuestra cabeza y nuestro corazón. Este conocimiento está en nuestras entrañas, algo que se siente como un imperativo moral, un empujón, una llamada, una obligación, una voz que nos dice lo que debemos hacer para mantenernos fieles. Es ahí donde conocemos a Dios, más allá de cualquier comprensión imaginativa, intelectual o incluso afectiva.

Las verdades reveladas sobre Dios en las Escrituras, en la tradición cristiana y en el testimonio de las vidas de mártires y santos, simplemente dan expresión a algo que ya conocemos, como dicen los místicos, de una manera oscura.

¿Cómo Podríamos Probar la Existencia de Dios?

Escribí mi tesis doctoral exactamente sobre esa pregunta. En esa tesis, abordo las pruebas clásicas de la existencia de Dios tal como las vemos articuladas en la filosofía occidental. Por ejemplo, Tomás de Aquino trató de probar la existencia de Dios en cinco argumentos separados.

Aquí tienes uno de esos argumentos: Imagina caminar por un camino y ver una piedra y preguntarte, ¿cómo llegó allí? Dada la realidad bruta de una piedra, simplemente puedes responder: siempre ha estado allí. Sin embargo, imagina caminar por un camino y ver un reloj que todavía marca la hora. ¿Puedes seguir diciendo que siempre ha estado allí? No, no puede haber estado siempre allí porque tiene un diseño inteligente que alguien debe haber incorporado en él, y está marcando las horas, lo que significa que no puede haber existido desde siempre.

Aquino luego nos pide que apliquemos esto a nuestra propia existencia y al universo. La Creación tiene un diseño increíblemente inteligente y, como sabemos por la física contemporánea, no ha existido siempre. Algo o alguien con inteligencia nos ha dado a nosotros y al universo un comienzo histórico y un diseño inteligente. ¿Quién?

¿Cuánto peso tiene un argumento como este? Hubo un famoso debate en la radio BBC en Inglaterra entre Frederick Copleston, un renombrado filósofo cristiano, y Bertrand Russell, un brillante pensador agnóstico. Después de todo el intercambio en su debate, ambos estuvieron de acuerdo, como ateo y creyente, en una cosa: Si el mundo tiene sentido, entonces Dios existe. Como ateo, Russell estuvo de acuerdo con eso, pero luego continuó diciendo que, en última instancia, el mundo no tiene sentido.

La mayoría de los ateos reflexivos aceptan que el mundo «no tiene sentido»; pero luego, como Albert Camus, luchan con la pregunta: ¿cómo puede no tener sentido? Si no hay un Dios, entonces, ¿cómo podemos decir que es mejor ayudar a un niño que abusar de él? Si no hay un Dios, ¿cómo podemos fundamentar la racionalidad y la moralidad?

El Verdadero Conocimiento de Dios

Al final de mi tesis, concluí que la existencia de Dios no puede probarse mediante un argumento racional, un silogismo lógico o una ecuación matemática, si bien todos ellos pueden ofrecer algunas pistas convincentes sobre la existencia de Dios.

Sin embargo, a Dios no se le encuentra al final de un argumento, un silogismo o una ecuación. La existencia, la vida y el amor de Dios son conocidos (son experimentados) dentro de una cierta forma de vivir.

En pocas palabras, si vivimos de cierta manera, de la manera en que todas las religiones dignas de ese nombre (y no menos el cristianismo) nos invitan a vivir —es decir, con compasión, altruismo, perdón, generosidad, paciencia, longanimidad, fidelidad y gratitud—, entonces conoceremos la existencia de Dios por la participación en la vida misma de Dios, y si tenemos o no un sentido imaginativo de la existencia de Dios no tiene importancia.

¿Por qué creo en Dios? No porque me sienta particularmente persuadido por las pruebas de grandes mentes filosóficas como Aquino, Anselmo, Descartes, Leibnitz o Hartshorne. Encuentro sus pruebas intelectualmente intrigantes, pero existencialmente menos persuasivas.

Creo en Dios porque siento Su presencia a nivel visceral, como una voz silenciosa, como una llamada, una invitación, un imperativo moral que, cada vez que es escuchado y obedecido, trae comunidad, amor, paz y propósito.

Esa es la verdadera prueba de la existencia de Dios. Ron Rolheiser OMI  / Artículo en inglés