Tormentas que no podemos capear. Artículo.

En el musical Los Miserables, hay una canción especialmente desgarradora que canta Fantine, una mujer moribunda a la que la vida ha golpeado con casi todas las injusticias imaginables. Abandonada por su marido, acosada sexualmente por su jefe, sumida en la pobreza extrema, enferma y a las puertas de la muerte —mientras su mayor angustia es qué será de su hija pequeña—, lanza este lamento:

Pero hay sueños que no pueden ser
y tormentas que no podemos capear.
Soñé que mi vida sería
muy distinta a este infierno que vivo,
tan diferente a lo que parecía.
Ahora la vida ha matado
el sueño que soñé.

Durante siglos, en nuestra cultura popular, la desesperación se entendía como el pecado definitivo e imperdonable contra Dios y contra la naturaleza. No siempre sabíamos definirla con exactitud, pero la veíamos como alguien que se rendía ante la vida, ante Dios, ante el amor y ante el sentido de todo. El suicidio se consideraba a menudo su ejemplo máximo: la desesperación absoluta.

Esta idea necesita una revisión radical, no solo por nuestro propio consuelo cuando vemos a seres queridos hundirse en lo que parece una desesperación total, sino también porque menosprecia a Dios.

La idea popular de que alguien que aparentemente se rinde ante la vida y ante Dios, y muere en ese estado, es culpable de un pecado que no puede ser perdonado y está condenado a una eternidad fuera de la comunidad del amor, se basa en graves malentendidos. ¿Cuáles son?

Primero, lo mejor que hay en nosotros no cree esto en absoluto. Nuestra parte más noble comprende la debilidad humana y cómo se produce el colapso del alma. Y esa parte mejor de nosotros tiende la mano con empatía a quienes se desmoronan así, precisamente porque comprendemos su fragilidad.

Segundo, la noción de que un colapso del alma (esa aparente desesperación) sea de algún modo un acto contra la vida misma y contra el Dios que nos la dio, es teológicamente falsa. Va en contra del principio fundamental que recorre toda la Escritura: que Dios tiene un amor especial y preferencial por los débiles, por los que no tienen fuerzas para mantenerse en pie, por los que se han derrumbado bajo el peso de la vida.

Aún más importante: la idea de que alguien que se rinde de esta manera se sitúa irrevocablemente fuera de la misericordia de Dios es un insulto a Dios, un menosprecio de su persona y de su amor. Se basa en la creencia errónea de que, si nosotros no nos aferramos a Dios, Dios no se aferrará a nosotros. Que si nos rendimos con Dios, Dios se rendirá con nosotros. Eso es totalmente falso y una falta de respeto a la fidelidad de Dios.

En el corazón mismo de lo que Jesús encarnó y reveló sobre el Padre reside esta verdad: Dios no nos abandona, especialmente cuando, destrozados de cuerpo y espíritu, nos rendimos ante Él. Dios nunca nos dejará porque seamos demasiado débiles o estemos demasiado heridos para seguir sujetándonos a su mano.

Es más, como cristianos creemos (y así lo afirmamos en el Credo) que Jesús descendió a los infiernos, no solo una vez tras su muerte el Viernes Santo, sino para siempre. Cada vez que Cristo ve a alguien cuyas circunstancias y heridas lo han llevado a un infierno personal del que no ve salida y se entrega a la desesperanza, Cristo nunca dice: «¡Como tú te rendiste conmigo, yo me rindo contigo!». No, ese no es el Dios en el que creemos. Al contrario, Cristo baja a ese infierno y exhala perdón y paz. No hay infierno, ni colapso del alma, ni desesperación en la que Cristo no pueda entrar para infundir paz. Si hay alguien en el infierno, es por soberbia, no por debilidad.

No es casualidad que la Iglesia canonice a ciertas personas y declare con nombre y apellidos que están en el cielo, mientras que nunca ha declarado nominalmente que nadie esté en el infierno, ni siquiera Judas, que traicionó a Jesús con un beso y luego (aparentemente desesperado) se quitó la vida.

En un libro titulado Peculiar Treasures, el reconocido novelista y escritor espiritual Frederick Buechner reflexiona sobre la muerte de Judas. Buechner, que perdió a su propio padre por suicidio, especula sobre las razones por las que Judas muere en lo que exteriormente parece desesperación. Sugiere que quizá Judas eligió el suicidio por esperanza y no por desesperación; es decir, se sintió condenado y confió en la misericordia de Jesús tras la muerte, pensando que quizá «el infierno sería su última oportunidad de llegar al cielo».

Imaginando el encuentro de Jesús con Judas tras la muerte, Buechner escribe: «Es una escena para imaginar. Una vez más se encontraron en las sombras, los dos viejos amigos, ambos un poco maltrechos después de todo lo sucedido, solo que esta vez fue Jesús quien dio el beso, y esta vez no fue un beso de muerte».

Resulta extraño y asombroso: para alguien totalmente destrozado por la vida, el infierno podría ser su última oportunidad de alcanzar el cielo. Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org / Artículo original en Inglés

Jueves de la V semana de cuaresma. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

 

Jueves de la V semana de cuaresma
Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día.
La Cuaresma: Guardar la palabra es no conocer la muerte.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Calendario de Cuaresma 37 de 40.

Miércoles de la V semana de cuaresma. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Miércoles de la V semana de cuaresma
Si el Hijo os hace libres, sois realmente libres.
La Cuaresma: La fidelidad libera.
¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Calendario de Cuaresma 36 de 40.


Solemnidad de la Anunciación: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Lo esencial no se enseña.
Se revela a cada uno en lo íntimo,
como una anunciación que la esperanza murmura.
Sólo lo descubre aquél que secretamente tiene una gran intuición,
y a menudo desde que se es joven.

Lecturas y comentario del día
Gracias a: Dominicos.org

Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
De la antífona mariana "Alma Redemptoris Mater"

Gracias a: Rezando Voy



V domingo de cuaresma. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

 

V domingo de cuaresma
El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
Entender y vivir los sentimientos de Dios en Jesús.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Calendario de Cuaresma 33 de 40. 2025.


Yo soy la resurrección y la vida

 



V Domingo de Cuaresma


 La perícopa de la "resurrección de Lázaro", que prepara directamente los acontecimientos pascuales, explicita uno de los aspectos fundamentales de la cristología joanea. En un crescendo lento, en el relato se pasa de la narración de la enfermedad (vv. 1-6), la muerte y la sepultura (vv. 7-37) hasta la resurrección al cuarto día (vv. 38-44). Entre líneas aparece la humanidad llena de ternura de Jesús que no reprime las lágrimas ni los sollozos (vv. 33.35)-, la confidencialidad de la amistad (vv. 21-24.32.39s) y el misterio de la filiación divina (vv. 4-6.14-15.41s).

El "credo" de Marta sintetiza magistralmente esta rica realidad: "Seńor... tú eres el Mesías (el mesías esperado en el judaísmo), el Hijo de Dios (título cristológico helenístico), el que tenia que venir al mundo (hoerchómenos vibrante de espera escatológica)". El punto más revelador aparece en los vv. 25s, lapidario como la revelación del nombre de "YHWH" del que es una explicación: "Yo soy la resurrección y la vida". El potente grito con que Jesús llama a Lázaro (v. 43) tiene la fuerza de la llamada a la vida del primer Adán (cf. Gn 2,7) y, a la vez, el dramatismo de la emisión del Espíritu por parte del nuevo Adán en la cruz (cf. Lc 23,46). En la "casa de aflicción" o "casa del pobre" (= Betania), efectivamente "YHWH ayuda", según el significado del nombre "Lázaro". Cómo? Dándose misericordiosamente a sí mismo y dando su vida como medicina de inmortalidad.

Se da una conexión progresiva en los grandes textos de Juan leídos a lo largo de estos últimos domingos de cuaresma. Después de haber hablado del don de Dios (el agua viva), Jesús, verdadera Luz, ha abierto los ojos al ciego de nacimiento. Estas acciones simbólicas anunciaban el bautismo, es decir, el renacimiento por el agua y el Espíritu. Hoy, otra acción simbólica nos habla de las consecuencias del bautismo: la vida nueva e imperecedera.

Entre las múltiples consideraciones posibles, nos detenemos en el llanto de Jesús junto a la tumba de su amigo Lázaro. Si sabía que iba a devolverle la vida, por qué llora? Sus lágrimas, tan reales, tienen también un valor simbólico. Se trata de todas las miserias humana -cuyo culmen es la muerte corporal-, que producen en Jesús esas lágrimas de compasión. Todo el misterio de la redención es un misterio de compasión y de amor.

La resurrección de Lázaro provocará directamente la condena a muerte de Jesús, que libra a los demás de la muerte a precio de su propia muerte. Los judíos dirán: "!Ha resucitado a Lázaro, que se salve a sí mismo!". Pero si Jesús se salvara a sí mismo, no podría salvarnos. El amor es don. En Jesús vence el amor precisamente al no salvarse a sí mismo, sino muriendo por nosotros. Pues el amor, para vencer, debe saber perder: ésta es la ley fundamental del cristiano. No podemos obtener ningún bien para los demás sin perder nosotros mismos por amor.



Viernes de la IV semana de cuaresma. El Señor está cerca de los atribulados.

 

Viernes de la IV semana de cuaresma
Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora.
Cuaresma: Elegir el camino del justo perseguido o el de sus perseguidores.
El Señor está cerca de los atribulados.

Calendario de Cuaresma 31 de 40.

Solemnidad de San José.

«San José, mi predilecto,
ven a mi casa, que te espero.
Ven y mira, tú sabes qué falta,
ven y fíjate, trae lo que falta.
Y si algo no es para mi casa,
ven y llévatelo...»

«San José, maestro de la vida interior,
enséñame a orar, a sufrir y a callar»

¿Qué es #UnPadreDeVerdad?

Al sur de Nazaret se encuentra una caverna llamada Cafisa. Es un lugar escarpado; para llegar a él, casi hay que trepar. Una mañana, antes de la salida del sol, fui allí. No me di cuenta del paisaje, muy bello, ni de las fieras, ni del canto de mil pájaros...

Estaba yo fuertemente abatido; sin embargo, experimentaba en el fondo del corazón que habría de saber algo de parte del Señor.

Entré en la gruta; había un gran vano formado por rocas negras con diferentes ángulos y corredores. Había muchas palomas y murciélagos, pero no hice ningún caso. Solo en aquel recinto severo no exento de majestad, me senté sobre una esterilla que llevaba conmigo. Puse, como Elías, mi cara entre las rodillas y oré intensamente. Tal vez por la fatiga o la tristeza, en cierto momento me adormecí. No sé cuánto tiempo estuve en oración y cuánto tiempo adormecido. Pero allí, en aquella gruta que nunca podré olvidar, durante aquellos momentos de silencio, me pareció ver un ángel del Señor, maravilloso, envuelto en luz y sonriente.

«José, hijo de David -me dijo-, no tengas miedo de acoger a María, tu esposa, y quedarte con ella. Lo que ha sucedido en ella es realmente obra del Espíritu Santo: tú lo sabes. Y debes imponer al niño el nombre de Jesús. Tu tarea, José, es ser el padre legal ante los hombres, el padre davídico que da testimonio de su estirpe... Y has de saber, José, que también tú has encontrado gracia a los ojos del Señor... Dios está contigo». El ángel desapareció. La gruta siguió como siempre, pero todo me parecía diferente, más luminoso, más bello.

«Gracias, Dios mío. Gracias infinitas por esta liberación. Gracias por tu bondad con tu siervo. Has vuelto a darme la paz, la alegría, la vida. Así pues, Jesús, María y yo estaremos siempre unidos, fundidos en un solo y gran amor..., en un solo corazón».

La tempestad había desaparecido, había vuelto el sol, la paz, la esperanza... Todo había cambiado. J. M. Vernet, Tu, Giuseppe. Tú, José, Ediciones STJ. Fuente: santaclaradeestella.es

“El día en que el avión se partió en dos”