Una pequeña traición. Artículo.

Thomas Merton dijo una vez que lo que más temía en su vida no era tanto una traición masiva a su vocación, sino una serie de «pequeñas traiciones» que acaban conduciendo a un tipo diferente de muerte. Ese es el peligro que yo también temo, tanto para mí como para nuestra cultura.

Hace sesenta años, Kay Cronin escribió un libro titulado Cross in the Wilderness (La cruz en el desierto). En él relataba cómo, en 1847, un pequeño grupo de Misioneros Oblatos de María Inmaculada llegó desde Francia al noroeste del Pacífico americano. Tras algunos reveses amargos en los estados de Washington y Oregón, subieron por la costa hacia Canadá y ayudaron a fundar la Archidiócesis de Vancouver y la Iglesia Católica en gran parte de la Columbia Británica.

Ella describe a estos hombres —sin duda con cierta idealización y hagiografía— como tipos duros, totalmente dedicados y sin ninguna preocupación por su propia comodidad o salud. Dejaron su querida Francia siendo aún jóvenes, sabiendo que probablemente nunca volverían a ver a sus seres queridos. Aceptaron vivir constantemente en peligro, tanto por los elementos extremos de aquel entorno fronterizo como por la amenaza de muerte de varias tribus nativas, fuerzas gubernamentales y soldados mercenarios que desconfiaban de ellos.

Fueron amenazados muchas veces y expulsados de varias misiones; algunos fueron secuestrados durante un tiempo y a otros les quemaron sus casas y misiones. Vivían perennemente al borde del peligro, nunca seguros, nunca libres de amenazas.

Además, tenían muy poco en cuanto a comodidades básicas. Vivían en chozas de troncos o barro y comían mal. Prácticamente no tenían acceso a médicos, ni apenas higiene; a menudo, mientras viajaban, tenían que dormir al raso sin un refugio adecuado contra la lluvia y el frío, lo que hizo que muchos desarrollaran reumatismo y otras enfermedades a una edad temprana. Del mismo modo, nunca pudieron echar raíces ni acomodarse en ningún sitio, ni hacer el tipo de amigos que pudieran servirles de consuelo y apoyo. Tenían fe en Dios, se tenían los unos a los otros, y poco más.

Pero eran capaces de afrontar todo esto con naturalidad, sin autocompasión ni quejas excesivas. Escribían cartas positivas e idealistas a su casa madre en Francia y a sus familias; llevaban diarios en los que expresaban sobre todo alegría por sus modestos éxitos en el ministerio, y rara vez se quejaban de la mala vivienda, la comida mediocre o la inestabilidad de sus vidas.

Como misionero oblato que soy, miembro de la misma familia religiosa, me siento orgulloso de lo que hicieron estos hombres, y con razón. Fueron generosos hasta la muerte.

Sin embargo, dicho esto, leer su historia también resulta humillante. Mirar su sacrificio radical de toda comodidad es para mí un espejo en el que me observo con considerable inquietud y vergüenza. Miro mi propia vida y veo demasiada adicción a la comodidad y a la seguridad. Yo no quiero lo que ellos tenían: quiero comida sana, agua limpia, higiene adecuada, descanso regular, acceso a buenos médicos, noticias e información. Quiero poder viajar, contacto regular con familiares y amigos, oportunidades para retiros y vacaciones, formación continua y, sobre todo, quiero seguridad. Quiero ser un buen misionero, pero quiero estar cómodo y seguro.

Me consuela un poco el hecho de que hoy los tiempos son muy distintos a los de cuando aquellos misioneros franceses desembarcaron en el noroeste del Pacífico. Yo no podría hacer el trabajo que hago hoy, al menos no por mucho tiempo, sin una vivienda digna, comida adecuada, higiene, acceso a la información, descanso regular y vías de escape recreativas saludables. Mi vida y mi ministerio son un maratón, no un esprint, y el autocuidado adecuado es una virtud, no un vicio.

Aun así, es fácil racionalizar y volverse adicto al confort y a la seguridad. San Pablo, reflexionando sobre su propia vida misionera, escribió una vez que se sentía cómodo con lo que le tocara, fuera mucho o poco. A mí me gustaría creer eso también para mi vida; pero, y esto es cierto para la mayoría de nosotros, cuanto más vivimos rodeados de abundancia, más tendemos a protegernos dentro de ese capullo.

Como hijos de nuestra cultura, creo que podemos volvernos adictos fácilmente al bienestar. Una vez que nos hemos acostumbrado a la seguridad, la buena mesa, el agua corriente, los médicos, el entretenimiento constante, la información instantánea y las infinitas oportunidades de ocio, el peligro real es que no seamos capaces de renunciar a nada de eso. En consecuencia, podemos terminar siendo «buena gente», sin grandes traiciones, pero también sin grandes sacrificios; buenos pero no excelentes, admirando la grandeza de otros desde la comodidad y seguridad de un sillón mullido.

Original en Ingles / Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

Ciencia y fe cristiana: amigas, no enemigas. Artículo.

Durante la mayor parte de los dos mil años de existencia del cristianismo, este no ha sido amigo de la ciencia, ni la ciencia ha sido amiga de él. Desde la condena de Galileo por parte de la Iglesia hasta los pensadores de la Ilustración que declararon la fe como un «proyecto agotado», la ciencia y la fe cristiana han sido más enemigas que aliadas. Felizmente, esto ha cambiado.

Hoy en día, la teología cristiana no solo ha sido capaz de aceptar los hallazgos legítimos de la ciencia, sino que ha logrado integrarlos de manera saludable en una visión de la historia de la salvación. Como ejemplo destacado de esto, podemos observar la síntesis teológica que nos legó Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955).

Teilhard fue un científico prominente, un paleontólogo reconocido internacionalmente por su labor científica. Fue también una persona de una fe excepcional, un místico, un sacerdote jesuita y un talentoso escritor espiritual.

En la época en que realizaba su trabajo científico y escribía sus primeros tratados teológicos, el concepto de evolución era todavía rechazado casi universalmente por todas las iglesias cristianas, que lo veían como algo opuesto al relato de la creación en el Génesis. De hecho, las autoridades católicas romanas prohibieron a Teilhard publicar sus escritos teológicos y, durante varias décadas, estos circularon solo de forma privada entre sus colegas jesuitas. Finalmente, con el advenimiento del Vaticano II y un ablandamiento general (cultural y religioso) de la resistencia al concepto de evolución, las autoridades de la Iglesia permitieron la publicación de los tratados teológicos de Teilhard; aunque todavía se presentaban con una advertencia de ser «dogmáticamente inseguros».

¿En qué consiste esa visión del mundo? Para mí, es una de las grandes síntesis entre la ciencia y la fe cristiana que se hayan escrito jamás. En esencia, lo que Teilhard hizo fue tomar los hallazgos de la ciencia, particularmente el concepto de evolución, y fundirlos con una visión cristiana de la historia de la salvación para producir un marco dentro del cual comprender más profundamente la ciencia, la fe cristiana y el lugar de Cristo en la historia.

En resumen, fusionó, como un encaje perfecto, la noción científica de creación y evolución (lo que hoy podríamos llamar la hipótesis del Big Bang) con una visión cristiana de la historia de la salvación y el lugar de Cristo en esa historia.

He aquí, brevemente, su síntesis: Dios es amor y, hace quince mil millones de años, Dios creó el universo (ex nihilo) por amor. Sin embargo, Dios no lo creó como un producto terminado, como se describe en el Génesis, sino como un «infante cósmico» que evolucionaría y crecería a través de miles de millones de años hasta alcanzar la madurez.

Bíblicamente, la creación inicial, tal como se describe en el Génesis, era un «abismo caótico». En una visión evolutiva, hicieron falta más de seis días para que aparecieran los seres humanos; hicieron falta entre catorce y quince mil millones de años. Y la creación se desarrolló de esta manera: tras la creación inicial (el Big Bang), Dios, en el centro de todo, comenzó a atraer todas las cosas hacia Sí mismo a través del amor. A lo largo de miles de millones de años, a medida que la creación respondía a esa invitación, fue aumentando continuamente en complejidad, conciencia y unidad, moviéndose libremente en amor hacia Dios.

Y esto pasó por cuatro etapas, siempre con Dios en el centro, atrayendo a la creación hacia el misterio del amor:

Primero, se formó la geología, la tierra, las rocas y el agua («Geogénesis»). Segundo, de estos, eventualmente surge la vida («Biogénesis»). Tercero, algunos millones de años después, emergen los seres humanos con conciencia autorreflexiva y libre albedrío («Noogénesis»). Pero, para Teilhard, todavía hay una cuarta etapa: la venida de Cristo («Cristogénesis»).

Para Teilhard, el nacimiento de Cristo es la penúltima culminación (espiritual y cósmica) del proceso evolutivo. El desarrollo de la historia evolutiva eventualmente nos trae a Cristo, no solo como el Jesús histórico, sino también como una realidad cósmica. Para Teilhard, Cristo es tanto una persona como una estructura cósmica dentro del universo que, al igual que la persona de Jesús, invita a todo (humanos, animales, plantas, rocas, agua) a un «punto omega», es decir, a una comunidad de amor dentro de Dios.

Esto puede sonar complejo, pero quizás pueda explicarse de manera más sencilla integrando la visión de la creación de Teilhard en el antiguo himno cristiano de Efesios 1, 3-10. Aquí la ciencia y la fe cristiana (especialmente sobre la centralidad de Cristo) se mezclan a la perfección:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo en los cielos con toda bendición espiritual en Cristo. Pues en él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos… Por amor nos predestinó a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo… Dios nos ha dado la sabiduría para comprender plenamente el misterio, un plan que se complació en decretar en Cristo. Un plan que se llevará a cabo en Cristo, en la plenitud de los tiempos, para reunir todas las cosas en él, tanto las del cielo como las de la tierra.

La historia de la salvación y la historia evolutiva apuntan ambas al misterio en desarrollo de cómo Dios está uniendo todas las cosas a través de Cristo. Teilhard integró maravillosamente la historia cósmica de este planeta en el misterio de Cristo.

La ciencia y la fe cristiana son amigas, no enemigasOriginal en Ingles / Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

 





Domingo XII del Tiempo Ordinario


Jesús sabe que la misión de los discípulos estará marcada por la persecución; por otra parte, <<el discípulo no es más que su maestro" (Mt 10,24) y el Maestro será rechazado y lo matarán (cf Mt 16,21; 17,22ss; 2o,17-19). Jesús exhorta a los Doce a ser valientes, a no tener miedo (vv 26.28.31), confiando en el Padre, que los cuida y los protege, que los conoce y los ama personalmente (vv. 3oss). La persecución se desencadenará contra los discípulos de Jesús porque la palabra que anuncian es palabra de verdad que desenmascara mentiras, coartadas y componendas, muy preciadas para quienes no quieren convertirse al amor. Sin embargo, tienen que proclamarla a todos, y la verdad prevalecerá, como la luz sobre las tinieblas (vv. 26ss). La misión de dar testimonio de Jesús y anunciar su Palabra no está reservada a un círculo restringido de personas, sino que, de hecho, cada discípulo —uniendo su suerte a la del Maestro- es constituido en testigo y apóstol. Propio del testimonio, y así lo establece Jesús, es la comunión real y la pertenencia reciproca con él (v. 32). Si alguien no da testimonio de Jesús siempre, no será reconocido como discípulo suyo delante del Padre (v. 33).

Si somos cristianos, actuemos a cara descubierta. Acaso se puede parar la fuerza de la Palabra que quiere transmitirse a través de nosotros?

Es inevitable que el cristiano, fiel a la Palabra, entre en conflicto por una serie de gestos que van a contracorriente del estilo opulento de vida de nuestro mundo; gestos incomprensibles, aparentemente, y que en realidad denuncian un modo de vivir egoísta e injusto. Los cristianos -si realmente lo son- molestan y procuran eliminarlos: atrayéndolos a una vida tranquila, marginándolos, poniéndolos en el punto de mira. Nos sorprende?. Si realmente buscamos vivir el amor experimentaremos el temor de acogerlo y tropezaremos con el rechazo. !Antiguo pecado, que anida en nuestro corazón y en el de nuestros semejantes!

Jesús nos ha liberado del pecado. Somos libres si permanecemos en comunión con él, Lo que se opone a la Palabra (la raíz del pecado) esta dentro de nosotros. Procuremos que todo nuestro ser -el cuerpo, el afecto, el pensamiento, la historia— esté reconciliado. Entonces seremos fuertes en la verdad, que es Jesús. Allí donde suframos desprecios y oposiciones llevaremos la Palabra del amor, fiándonos del Padre que a todos protege y salva.

Hazme testigo de tu Evangelio, Seńor!

Dame ánimo para no negar que te conozco cuando se burlen de ti hablando como de un mito y de tus seguidores como de gente alienada.

Dame fuerza para no acobardarme cuando me percato de que ser coherente con tu enseńanza puede significar pérdidas y obstáculos en la sociedad.

Dame la alegría de saber que estoy contigo cuando dejo a los amigos que consideran una pérdida de tiempo la oración y la eucaristía.

Dame el valor de superar los respetos humanos y no avergonzarme del Evangelio cuando ser fiel comporta sentirme <<diferente" de la gente que crea opinión y costumbre.

    !Hazme testigo de tu amor Seńor!

 





Llamó a sus doce discípulos y los envió.



Domingo XI del Tiempo Ordinario


" La perícopa del evangelio de Mateo propuesta por la liturgia nos introduce en el llamado <<discurso misionero" (Mt 1o,5-42). Jesús es el enviado del Padre para anunciar la presencia del Reino de Dios, realizar signos eficaces y proclamar una buena noticia (cf Mt 3,2; 4,23; 9,35; Jn 5,36). El anuncio de Jesús reúne a los hombres y les lleva a descubrir la grandeza de ser hijos de Dios y hermanos entre ellos (cf Mt 23,8-9); es un discurso reparador de cansancios y abatimientos (9,36). Llama a los discípulos y los envía (1o,1.5; cf Jn 15,16).

Mateo inserta aquí la lista con el nombre de los Doce (10,2-4), los primeros discípulos de Jesús, y los presenta como <<apóstoles>>, es decir, <<enviados>>, <<mandados>>. El origen del mandato está en el Padre (v 38); Jesús es el mediador y les otorga a los enviados el poder de realizar los signos que él mismo realiza (10,1.8a). !Donde está presente el Reino de Dios no hay espacio para el demonio! (10,7). Es el anuncio de la salvación en acción, manifestado y realizado en la persona de Jesús. El discípulo que descubre la gratuidad de este don vive la exigencia de corresponder con gratitud, comunicándolo con la misma gratuidad que lo ha recibido (10,8b).

    El evangelista Mateo describe una misión restringida únicamente a Israel (10,6). Sin embargo, tal misión, limitada a un radio, alcanzara una perspectiva universal (cf Mt 28,18-20).

Dios ha creado y ha amado a cada uno de forma personal, individual, única e insustituible. Pero no nos ha creado aislados: somos pueblo, somos familia. La vida que Dios nos da se comunica y fluye como don. Dios ha querido, y quiere, tener necesidad de la voz del hombre para que sea su voz ante los otros. Jesús es el mediador por excelencia, es la misma Palabra de Dios, que se ha hecho carne, visible y tangible. Y también Jesús quiere tener necesidad de quien, en comunión con él, muestre a los otros el don de Dios.

Esta tarea no es privativa de ningún colectivo, sacerdotes o <<entendidos>>; todos somos misioneros del amor, todos estamos llamados a suscitar esperanza en este mundo, a sacudir expectativas adormecidas de un bien que ya esta aquí. Es fácil retirarse y decir <<no es asunto mío" o <<no soy capaz". Quizá no nos quema bastante en el corazón el ardor del amor —absoluta gratuidad— con el que Dios nos ha envuelto, y para siempre, en su abrazo de perdón?

Sí, es asunto nuestro, porque hemos recibido gratuitamente el don de la fe. Si, somos capaces, porque el Espíritu del Seńor nos anima, nos da fuerza e inteligencia.

!Grande es tu amor, Dios!. Quieres tener necesidad de los hombres para darte a conocer a ellos, y así unes tu acción y tu Palabra divina a las acciones y palabras de personas que no son ni perfectas ni mejores que otras.

!Grande es tu amor Dios!. No te asusta ni nuestra fragilidad ni nuestro pecado: así lo dispusiste, para que tu vida curase nuestros males.

!Grande es tu amor Dios!. Renuevas tu alianza gracias a quien parte el pan de vida, a quien pronuncia las palabras del perdón, a quien vocea buenas nuevas, a quien sirve a los hermanos, testigos de tu amor infinito que hacen visible el Reino. Te pedimos, Dios: haz que estas personas no falten nunca.

 





Al Corazón de la Divina Madre. Inmaculado Corazón de María.

Solemnidad del Inmaculado Corazón de María.
Sábado posterior al Corpus Christi
Te saludo de lo íntimo de mi alma,
Corazón virginal de la Santísima Madre de Cristo, 
por la afluencia de todos los bienes,
con los cuales fuiste gratísimo a Dios y beneficioso a los hombres.
 Te saludo, Corazón Purísimo de la niña,
que fue la primera en hacer voto a su virginidad.
Te saludo, Corazón humildísimo de aquella
que más que nadie mereció concebir del Espíritu Santo.
Te saludo, Corazón devotísimo y deseosísimo,
que llevaste a Cristo en las entrañas de María.
Te saludo, Corazón llenísimo de caridad,
ardentísimo en el amor de Dios y a los hombres.
Te saludo, Corazón fidelísimo,
que conservaste diligentemente todas las palabras y las obras de Jesús.
Te saludo, Corazón pacientísimo,
llagado continuamente con la espada de la pasión de Cristo.
Te saludo, Corazón excelentísimo de la piadosa Madre,
que quiso y hasta prefirió
que su Hijo único fuese inmolado por la redención del mundo.
Te saludo, Corazón grandemente solícito en las oraciones,
intercediendo continuamente por la joven Iglesia.
Te saludo, Corazón diligentísimo en la contemplación,
que con tus méritos alcanzas la gracia de los hombres».

Jesús enseñó a Santa Matilde esta oración.




Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés, Solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús, que, siendo manso y humilde de corazón, exaltado en la cruz fue hecho fuente de vida y de amor, del que se sacian todos los hombres...
Imagen del Sagrado Corazón de Jesús bendiciendo Oviedo

 

10 consejos de Santa Margarita María de Alacoque para amar al Corazón de Jesús
1. “El adorable Corazón de Jesús (…) promete grandes ganancias a los que de buena voluntad tomen parte en esta empresa, según los medios y luces que les comunique” .
2. “Este Divino Corazón os pagará, no solamente en vuestra persona, sino en la de vuestros parientes y de todos aquellos por quienes os interesáis, a los cuales mirará con ojos propicios y misericordiosos, para socorrerlos y protegerlos en todo, con tal que acudan a Él con confianza, porque tendrá eterna memoria de lo que hacen por su gloria”.
3. “Me prometió, si no me engaño, que los que se hayan dedicado y consagrado a Él no perecerán jamás; que por ser Él la fuente de todas las bendiciones, las repartirá con afluencia en todos los lugares donde se ponga y venere la imagen de su Divino Corazón; que juntará las familias divididas y protegerá y asistirá a las que se vean en alguna necesidad y que acudan a Él con confianza".
4. “Si veis en vosotros un sinnúmero de impaciencias y enojos, arrojadlos en la fragua de la mansedumbre del amable Corazón de Jesús, para que os haga mansos y humildes”.
5. “Si nadáis en un mar de distracciones, sumidlas en el fondo de tranquilidad del Sagrado Corazón, que os alcanzará indefectible victoria”.
6. “¿No podéis hacer nada en la oración? Contentaos con ofrecer la que este divino Salvador hace por nosotros en el Sacramento del altar, ofreciendo sus afectos en reparación de vuestra tibieza, y decid en cada acción: ‘Dios mío, yo quiero hacer o padecer esto en el Sagrado Corazón de vuestro Hijo, y según sus santas intenciones, las cuales os ofrezco para resarcir las miserias e imperfecciones de las mías’”.
7. “Procurad ante todo conservar la paz del corazón, que vale más que todos los tesoros del mundo. El modo de conservarla es negar vuestra voluntad y poner en su lugar la de este adorable Corazón, para que Él quiera por nosotros lo que sea más para su gloria, contentándonos con someternos y abandonarnos a Él. En una palabra, este Divino Corazón suplirá todo lo que falte; Él amará a Dios por vos, y vos le amaréis en Él y por Él”.
8. “No os espanten los muchos contratiempos que se os ofrecerán en el establecer el reinado de este amable Corazón; las contrariedades son prendas seguras de ser de Dios la cosa, pues que sus obras se llevan a ejecución, por lo común, entre contradicciones y trabajos”.
10. “Este divino Corazón es pura dulzura, humildad y paciencia, por lo tanto, debemos esperar... Él sabe cuándo actuar”. Fuente.
Gracias a: Rezando Voy
.


El domingo 14 de junio 2026,
Jira al Monumento del Sagrado Corazón
del Monte Naranco (Oviedo)

Esta es ya la Jira número 45 desde que, en el año 1981, tuviera lugar la primera. El monumento al Sagrado Corazón del Monte Naranco de Oviedo comenzó a construirse en el año 1963, y fue sufragado principalmente gracias a las donaciones de los fieles. Está construido para todos los asturianos ya que, bajo sus pies, hay enterrada tierra de todos los concejos de Asturias, simbolizando así la protección que el Sagrado Corazón extiende a todo el territorio del Principado.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

 






Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo


El evangelio se puede leer a la luz de la primera lectura, la dramática situación del pueblo en el desierto. Dios ha conducido a Israel a una situación horrorosa. No existe ningún camino, no tienen pan ni agua, no poseen mayor seguridad y nadie habla de una posible salvación. Solo mantienen una fe ciega en Dios y en su Palabra. La fe es suficiente. Es la premisa del milagro del maná.

El evangelio completa esta fusión entre la Palabra de Dios y el maná (pan) en la persona de Cristo, quien dándose a si mismo realiza la unidad de ambas. Solo aquel que lo recibe como alimento tiene en si la Palabra de Dios y a Dios mismo, en cierto sentido. Esto roza lo increíble. Jesús no explica como puede realizarse este milagro, superior al mana que comieron los antepasados en el desierto, que, después de comerlo y quedar saciados, <<murieron" (vi 58). Jesús quiere que, al participar en la eucaristía, pensemos que en el desierto de nuestra vida también podemos lanzarnos como hambrientos a los brazos de Dios.

Jesús no explica como tiene lugar el milagro. Sin embargo, si precisa como él es <<el pan de vida". Prepara a los discípulos, por medio de la fe, a una afirmación aun más asombrosa: el pan que le ofrece a los hombres para que realmente lo coman es él. Por esto dice: <<Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida" (v 55). Sorprendentes palabras, porque, de no ser así, comenta: <<No tendréis vida en vosotros" (xc 53). Se refiere a la muerte en cruz como ofrenda  sacrificial de su carne entregada por nosotros para que vivamos siempre con él. Jesús nos da a comer su propia carne inmolada en la cruz para que <<vivamos para siempre" (v. 58). Si nos tomamos en serio estas palabras, descubrimos que la carne de Jesús inmolada en la cruz se convierte en la comunión eucarística en la unión profunda de vida con él. Uniéndose a nosotros, a nuestra debilidad, Jesús se transforma en nuestro pan.

Todo esto es, efectivamente, una locura divina, y supera cualquier esfuerzo humano que intente captar su sentido insondable. Solo se comprende si concebimos que Dios es amor con sinceridad, preguntémonos si creemos real y verdaderamente en la vida eterna. La vida eterna no es otra que la vida de Dios. Y nuestra vida se encuentra en el amor de Dios, un amor tan grande que vence todas nuestras debilidades. Y precisamente porque somos débiles, Dios viene en nuestra ayuda.

Nos impresionan las palabras del Senior proclamadas en el evangelio de hoy. Significan que la <<muerte" no tiene ninguna posibilidad de acceso allí donde se come <<el pan de la vida". Sabemos que el pan de la vida es la carne de Jesús entregada para la vida del mundo. Quien come su carne vive en Cristo. Es transformado en una realidad eterna. Y desde ahora. Vive ya la vida eterna, que es propia de Dios.

Después, el futuro: <<Y yo lo resucitaré el último día". El horizonte de la eucaristía es la resurrección de los muertos: <<El que come mi carne y vive mi sangre tiene vida eterna". Nunca más el horror del desierto, la angustia de la noche y las insidias del camino, sino la vida eterna. Mejor aun, el misterio del amor que reina entre el Padre y el Hijo en la Santísima Trinidad. La vida eterna esta presente en quien come el cuerpo de Cristo. Es una realidad tangible. Es una vida que extiende y propaga el fuego inagotable de Dios y transforma al hombre, preparándolo para la <<boda eterna". Por cierto, siempre existe el riesgo de tropezar en las propias limitaciones. Pero el Seńor es el <<pan vivo" que esta continuamente a nuestra disposición, El nos ayuda a vivir en la fe, esperanza y caridad y a gustar desde ahora, incluso sufriendo la soledad del desierto, la verdad de la resurrección. No por nada la vida eterna es la resurrección.

Ahora sólo nos queda corear el gozo y la alegría de haber encontrado en el corazón de nuestra vida un camino que no conocíamos. El camino que conduce a la resurrección. Desde ahora, y hasta el final, la resurrección esta aquí con nosotros: <<El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día" (Jn 6,54).

Te damos gracias, Dios de eterno amor por el regalo de la eucaristía, comuni6n y uni6n con Cristo y los hermanos. Cuando participamos en la eucaristía no sólo nos unimos a Cristo y formamos una sola cosa con el (<<un solo cuerpo"), sino que nos ponemos en común unión entre nosotros y nos convertimos en <<un solo cue1po" con Cristo y los demás. Te pedimos perdón porque no siempre hemos experimentado el misterioso e irresistible atractivo de la eucaristía, porque a veces hemos gastado el tiempo en conseguir seguridades personales, embaucados por nuestros egoísmos y atrapados por la desconfianza y la desesperaci6n.

Te rogamos, Padre, que nos concedas el don de la sabiduría para que comprendamos que la fatigosa peregrinación por el desierto de nuestra vida es ya una confortable estancia en la patria del cielo. Porque <<no sólo de pan viva el hombre", sino de ese <<pan" que es él, en cuanto Hijo de Dios, enviado al mundo para salvarlo. Te suplicamos que, comulgando del cuerpo de Cristo, nos convirtamos en lo que somos, como nos dice san Agustín: cuerpo de Cristo y miembros los unos de los otros. Este es el deseo profundo que queremos cultivar con la oración y en el corazón: dejar que tú, Seńor, obres este milagro en nosotros. Tú eres el Seńor; úu lo puedes todo. Amén.



10 cosas que todo cristiano de saber en torno al “Corpus Christi”.

1. Jesús instituyó la Eucaristía
Jesús reunido con sus apóstoles en la última cena instituyó el sacramento de la Eucaristía.
2. Eucaristía significa "Acción de gracias"
La palabra Eucaristía, derivada del griego ε?χαριστ?α (eucharistía), significa "Acción de gracias" y se aplica a este sacramento porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa es el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios.
3. Cristo se encuentra de forma íntegra en el Sacramento del Altar
El Concilio de Trento (siglo XVI) define claramente: "En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente".
4. Los sucesores de los apóstoles convierten el pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo
En la Santa Misa, los obispos y sacerdotes convierten realmente el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo durante la consagración; el proceso es llamado Transubstanciación. La Solemnidad del Corpus Christi es una de las cinco ocasiones en el año en que un Obispo no puede estar fuera de su diócesis, salvo por una urgente y grave razón.
5. Se debe recibir la Eucaristía al menos una vez al año
La Comunión es recibir a Jesucristo sacramentado en la Eucaristía. La Iglesia manda comulgar al menos una vez al año, en estado de gracia, y recomienda la comunión frecuente. Es muy importante recibir la Primera Comunión cuando se llega al uso de razón, con la debida preparación.
6. Para comulgar se necesita del ayuno eucarístico y confesarse
El ayuno eucarístico consiste en abstenerse de tomar cualquier alimento o bebida, al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción del agua y las medicinas. Los enfermos y sus asistentes pueden comulgar aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior. El que comulga en pecado mortal comete un grave pecado llamado sacrilegio. El que desea comulgar y está en pecado mortal no puede recibir la Comunión sin haber acudido antes al sacramento de la Penitencia, pues no basta el acto de contrición.
7. Es Mandamiento de la Iglesia asistir a Misa domingos y días de precepto
Frecuentar la Santa Misa es un acto de amor a Dios que debe brotar naturalmente de cada cristiano. Es también obligatorio asistir los domingos y días de precepto, a menos que se esté impedido por una causa grave.
8. La Eucaristía es alimento espiritual para enfermos y agonizantes
La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos. Se le debe agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.
9. La fiesta del Corpus Christi se celebra el jueves posterior al domingo de la Santísima Trinidad
La Solemnidad del Corpus Christi fue establecida en 1246 por el Obispo Roberto de Thorete y a sugerencia de Santa Juliana de Mont Cornillon. Después del milagro eucarístico de Bolsena, a mediados del Siglo XIII, el Papa Urbano IV expandió esta celebración a toda la Iglesia Universal en 1264 con la bula “Transiturus”, fijándola para el jueves posterior al domingo de la Santísima Trinidad. El Pontífice encomendó a Santo Tomás de Aquino que compusiera un oficio litúrgico propio e himnos que se entonan hasta nuestros días.
10. También es posible celebrarla el domingo posterior a la Santísima Trinidad 
En el Vaticano, el Corpus Christi se celebra el jueves después de la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Mientras que en varias diócesis se traslada al domingo posterior a la Santísima Trinidad por una cuestión pastoral. El Papa San Juan Pablo II fue quien llevó la procesión anual del Corpus Christi de la Plaza de San Pedro a las calles de Roma. Fuente: aciprensa
Te Adoro Con Devoción, Dios Escondido 
(Adoro Te Devote en castellano)Luispo