El amor de María de Magdala no muere bajo la cruz. Jesús le había devuelto la vida en plenitud y desde aquel momento ella había vivido para Él.
Tras la hora trágica del Viernes Santo, María permanece fiel a aquella entrega absoluta, obstinadamente consagrada a la búsqueda de Aquel a quien ama. Nada puede apartarla de su objetivo: ni siquiera el descubrimiento de la tumba vacía.
Esta mujer es figura de la Iglesia-esposa y de toda alma que busca a Cristo y no tiene otra cosa para ofrecer que las lágrimas del amor. El Señor se deja encontrar por quien le busca de este modo. Resucitado y vivo, se acerca a quien sabe permanecer en la soledad junto al misterio incomprensible. Sin embargo, sólo podemos reconocerle cuando nos llama por nuestro nombre y nos hace sentir que nos conoce hasta el fondo.
Este mismo conocimiento de amor no está destinado a una satisfacción personal, sino que es un don que nos hace testigos ante los hermanos a fin de llevar a todos el anuncio pascual, la alegría verdadera, una vida nueva transfigurada por el encuentro con el Señor.
Como toda figura evangélica, también María Magdalena es tipo del discípulo de Cristo. En ella vemos el luminoso testimonio de quien, perseverando en la búsqueda de Dios, aunque sea en la oscuridad de la fe y en la prueba de la esperanza, encuentra por fin a Aquel a quien ama o, mejor aún, es encontrado por él.
En efecto, Cristo, el buen pastor, es desde siempre el primero en buscarnos y permanece esperándonos. Espera que el deseo del corazón se purifique, se vuelva ardiente y consuma con su fuego toda la escoria que hay en nosotros. Espera que nuestros ojos se vuelvan capaces de reconocerle en quien nos rodea, y nos vuelva atentos a su voz, una voz que siempre nos llama por nuestro nombre. También nosotros, como María Magdalena, exultaremos de alegría ante su presencia, que nunca es asible, sino poseída o prevista. Sólo quien ha conocido la larga noche de la espera y del deseo puede convertirse en testigo creíble entre los hermanos de una fe que no es vana.
Santa María Magdalena, viniste a Cristo, fuente de misericordia, derramando muchas lágrimas: tenías una sed ardiente de él y fuiste abundantemente saciada. Fue él quien, siendo pecadora, te justificó; fue él quien, en tu dolor tan amargo, te consoló dulcemente. Ardiente enamorada de Dios, en mi timidez, vengo a implorarte a ti, que eres bienaventurada; yo, que vivo en mi oscuridad, a ti, que eres luminosa; yo, que soy pecador, a ti, que has sido justificada: acuérdate, en tu bondad, de lo que fuiste y de la necesidad de misericordia que tuviste. Obtenme la compunción del ánimo puro, las lágrimas de la humildad, el deseo de la patria celestial. Me sirve de ayuda la familiaridad de vida que tuviste y sigues teniendo aún con la fuente de la misericordia. Hazme llegar a ella, a fin de que pueda lavar mis pecados; dame de beber de ella, para que quede saciada mi sed (Anselmo de Canterbury, Orazioni e meditazioni, Milán 1997, pp. 381-383, passim).
María ha buscado, aunque en vano. Sin embargo, no se da por vencida y acaba encontrando: su esfuerzo se ve coronado al fin por el éxito.
En qué momentos buscamos al Amado? Le buscamos en las noches [...]. Por qué llega Dios así, con retraso? Para permitirnos estrecharlo con más fuerza en el momento de su venida. El deseo no es auténtico si el tiempo consigue debilitarlo. Demuestra poseer un amor ardiente quien desiste del compromiso sólo cuando ha obtenido la victoria.
El ser que no busca el rostro del Creador permanece insensible, triste y frío. Quien desea ardientemente buscar a aquel a quien ama vive de u n ardiente amor; la falta de su Señor le vuelve inquieto, y las alegrías que ayer encantaban a su espíritu, hoy le parecen odiosas. La herrumbre del pecado se disuelve y su espíritu, encendido como oro, recupera en la llama el esplendor que el tiempo había ofuscado (Gregorio Magno, Homilías sobre el Evangelio XXV, 2-5, passim).
"A quién buscas?" La pregunta de Jesús resucitado a María de Magdala puede sorprendernos también a nosotros cada mañana y a cada hora de nuestra vida. Eres capaz de decir a quién buscas de verdad? En efecto, no siempre está claro que buscamos a Jesús, al Señor. No siempre aquel a quien queremos encontrar es precisamente aquel que quiere entregarse a nosotros.
María buscaba al hombre Jesús, buscaba al Maestro crucificado, por eso no veía a Jesús el Viviente delante de ella. Si tenemos una idea de Jesús a la medida de nuestra pequeña mente humana, nuestra búsqueda acaba en un callejón sin salida. Jesús es siempre inmensamente más que lo que nosotros conseguimos pensar y desear. Dónde, pues, y cómo buscar al Señor para salir del túnel de nuestros extravíos y de nuestros miedos, para no engañarnos dando vueltas alrededor de nosotros mismos en vez de correr derechos hacia él? Sólo sí antes tenemos una verdadera y justa valoración de nosotros mismos como criaturas pobres podremos descubrir la presencia de aquel que lo sostiene todo. Aquel a quien buscamos debe ser verdaderamente el todo al que anhela adherirse nuestra alma. Buscar a Cristo es signo de que, en cierto modo, ya le hemos encontrado, pero encontrar a Cristo es un estímulo para continuar buscándolo.
Esta actitud no se plantea sólo al comienzo del camino espiritual, sino que lo acompaña hasta la última meta, puesto que la búsqueda del rostro del Señor es su dato esencial. Conocer a aquel por quien somos conocidos: eso es lo indispensable. El itinerario del conocimiento de Cristo coincide con el mismo itinerario de la fe y del amor. El yo debe aprender a callar y a escuchar; el corazón debe aprender el camino del exilio para alejarse de todo cuanto lo mantiene apegado a sus viejos / tristes amores (A. M. Cánopi, Nel mistero della gratuita, Milán 1998, p. 21 ss). Fuente: santaclaradeestella.es.
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El programa responde al mismo de años anteriores. Comenzará este mismo viernes por la tarde, el sábado estará dedicado principalmente a los talleres que elijan los propios jóvenes, por la noche la Vigilia y el domingo, la eucaristía. Si el año pasado la figura del joven santo Carlo Acutis fue referente en el encuentro, este año serán los Mártires de Barbastro. «Ellos serán los protectores y patronos de la JEMJ, modelos para los jóvenes participantes, junto a la figura de Pier Giorgio Frassati, también canonizado el año pasado. La historia de estos 51 jóvenes seminaristas claretianos y sus formadores era conocida pero su testimonio se difundió con más amplitud con la película «Un Dios prohibido», de Pablo Moreno, que narra su martirio. «Casi todos, menos los formadores, rondaban entre los 21 y los 25 años y todos prefirieron morir antes de renegar de su fe, de su vocación, de su amor a Jesucristo», explica la hna. Beatriz. «En la película se ve un momento particularmente conmovedor –cuenta– cuando ya han muerto más de 30 de esos claretianos, uno de ellos, Faustino Pérez, que se queda un poco como el «líder» de estos jóvenes y escribe una carta de despedida a su congregación, a los claretianos, la comunidad que les ha formado pues estaban a punto de ser ordenados sacerdotes. La carta de despedida es conmovedora y en ella muestra su amor a Jesucristo, a la congregación, se ve cómo perdonan, que es uno de los distintivos de estos mártires, y cuánto se han querido entre ellos en los días que han estado prisioneros. La JEMJ tendrá presente una reliquia de los mártires, que nos han concedido generosísimamente los propios claretianos». Con este motivo estará presente en Covadonga el Provincial de los Claretianos con el Superior de la Comunidad de Oviedo, para asistir a la obra musical orquestada con la historia de los mártires que han preparado un grupo de voluntarios y que se presentará el viernes por la noche. «Será una noche espectacular, conociendo la historia de estos mártires tan generosos y con esta obra que se ha preparado con tanto cariño y la presencia de un maestro excepcional, Julio Maroto, que vendrá a dirigir la orquesta. La obra musical orquestada es un género poco conocido, pero de gran impacto a la hora de presentar historias con emociones fuertes –explica la hna. Beatriz Liaño–».
Este año, además, con la reciente visita del Papa a España, será especialmente ilusionante escuchar el mensaje que ha escrito León XVI a los jóvenes participantes y que leerá el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, durante la eucaristía de clausura el domingo, una noticia que se ha dado a conocer precisamente este mismo jueves. Junto con el Arzobispo de Oviedo estarán presentes también en el encuentro el Obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco y el Obispo de Getafe, Mons. Ginés del Río. Pero no habrá exclusivamente presencia española en el encuentro. Estados Unidos, Irlanda, Portugal o República Checa son países que aportan un gran número de participantes. No es una novedad, siempre han acudido jóvenes de otros países pero en esta ocasión el número es mayor que en años anteriores. Y es que la JEMJ nació «al conocer los resultados de una encuesta realizada por Obispos en Estados Unidos, en la que descubrieron que, prácticamente el 70% de los jóvenes católicos del país lo desconocía todo sobre la eucaristía», explica la hna. Beatriz. «Los Obispos reaccionaron rápidamente planteando una campaña de reavivamiento eucarístico nacional que realmente ha dado frutos muy bonitos en Estados Unidos y aún está en marcha». «La JEJM es un eco de ese clamor, de esa necesidad que hay de dar a conocer a los jóvenes el tesoro que tenemos en el Sagrario y para ayudar a que los jóvenes tengan un encuentro con Jesús en la eucaristía, de la mano de aquella que mejor nos puede conducir a Él, que es la Virgen María», explica la religiosa, que reconoce que «el Arzobispo de Oviedo nos animó a que ese evento, la JEMJ, sucediera en Covadonga, junto a la Santina, y así ha sido, desde el 2024, con una respuesta de los jóvenes sorprendente».