Obispo,
fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Gran
predicador y misionero. Fue confesor de Isabel II y participó en el
Concilio Vaticano I siendo uno de los principales defensores de la
infalibilidad del Papa
Nacido el 23 de diciembre de 1807 en Sallent (Cataluña). [Estudia y trabaja en Barcelona hasta que decide ingresar en el seminario de Vic, tras descubrir que su primera vocación como cartujo era equivocada. Una vez ordenado se le asigna una parroquia. Después de un periodo de labor pastoral y al ser consciente de las necesidades espirituales de la época, decide fundar una nueva Congregación].
El 16 de julio de
1849, fiesta de la Santa Cruz y de la Virgen del Carmen, en una
habitación austera del seminario de Vic se reunen con el padre Claret
otros cinco sacerdotes catalanes jóvenes y entusiastas. Después de
santiguarse reflexivamente, inicia su plática diciendo: «Hoy comenzamos
una gran obra». Aquel día comenzaba, humilde y calladamente su andadura
la Congregación de Misioneros Hijos del Corazón de María (claretianos).
Antonio
María Claret es un profeta fascinado y polarizado por la misión. Vive
la experiencia de los profetas. -Había muchos pasajes (proféticos) que
me hacían tan fuerte impresión, que me parecía que oía una voz que me
decía a mí lo mismo que leía» (Aut. n. 114). Como los profetas se siente
escogido desde el seno materno, llamado (Ga 1, 15). Se siente en todo
momento mediación del Espíritu.
De esta conciencia profética nace
su espiritualidad, menos preocupada por la perfección personal que por
la fidelidad a la misión. Su relación personal con el Señor, con María,
sus experiencias eucarísticas, la virtudes que pretende, todo viene
determinado por la misión evangelizadora. El vigoroso ejercicio de su
misión profética provoca sucesivas persecuciones contra él que rozan lo
novelesco. Es difícil encontrar en la historia de la Iglesia un profeta
que supere, ni siquiera que iguale, a Claret en la virulencia de las
persecuciones sufridas.
Antonio María Claret es un hombre de la
Palabra; es el discípulo de la Palabra, acogida, asumida, contemplada,
orada y proclamada. Es el hombre centrado en la misión, pero es que
entiende que su misión es precisamente el anuncio de la Palabra. «De un
modo muy particular me hizo Dios nuestro Señor entender aquellas
palabras: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido
para que dé la Buena Noticia a los pobres» (Lc 4, 18)» (Aut. n. 118). La
suya es una espiritualidad marcadamente bíblica. Se convierte en un
gran difusor de la Biblia. Claret derrocha la palabra. Parece como si
sufriera una especie de obsesión por predicar, por escribir. Confiesa
que no puede callar. Es incansable en el ministerio de la palabra
escrita. Escribió más de doscientos libros; escribe para todos los
públicos, difunde en cantidad asombrosa para su tiempo. y encauza hacia
este destino una buena parte de sus ahorros.
Se siente
especialmente enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres (Aut. n.
118). »Dios me ha dado una especial ternura hacia los pobres; y ellos se
dan cuenta de lo mucho que les quiero». 'Hay que ahorrar más, hermano
José, para poder dar más a los pobres —le reprocha al hermano coadjutor
misionero que convive con él y que persiste en ponerle vino en la comida
por la delicadeza de su salud—. En Madrid se convierte en el gran
limosnero. La visita a los enfermos, a los presos y a los
establecimientos de caridad formaba parte de su vida cotidiana.
La
evangelización que realiza está llena de lucidez y realismo,
sirviéndose de los medios modernos. -Mérito característico suyo —dice
Pío XI—
es haber unido en un solo haz la predicación evangélica, el
apostolado de la caridad, la organización misionera y la entrega a la
pastoral de medios de comunicación, con el empleo más amplio, más
moderno, más vivaz, más genial y popular del libro, del folleto, de la
hoja volante». Cuando emprende el ministerio itinerante organiza equipos
de misioneros que se reparten el trabajo y sirven a distintos sectores
del pueblo de Dios. Es flexible en el uso de los medios; lo único que le
importa es que el mensaje del Evangelio llegue al hombre y le libere.
Incita a los Misioneros de su congregación a nuevas fronteras, tanto
geográficas como pastorales. Les aconseja que «se valgan de todos los
medios». Su apostolado es un apostolado organizado, colectivo y
eclesial. Una nota característica de sus fundaciones es la
corresponsabilidad en la que se articulan la acción de los sacerdotes,
seglares y religiosos.
La fantasía que derrochó con los nuevos
modelos textiles se convierte en fuente de inspiración de sus múltiples y
novedosas actividades apostólicas. Es un hombre que crea, porque es un
hombre que cree de verdad. Su creatividad apostólica es asombrosa; va
dando respuesta a los nuevos desafíos. Se adelanta a los tiempos
modernos y al Vaticano II en el movimiento bíblico; en tiempos de total
pasividad laical promueve decididamente el apostolado seglar. Funda
organizaciones apostólicas como las bibliotecas populares y
parroquiales, la academia de San Miguel y la archicofradía del Corazón
de María, organizaciones en las que el protagonismo corresponde a los
seglares. Promueve la recuperación del ministerio de las diaconisas.
Funda las religiosas en sus casas (hoy Filiación Cordimariana), una
forma moderna de vida religiosa precursora de los modernos institutos
seculares. Crea la granja modelo, las cajas rurales, instituciones
promocionales en favor de los niños desamparados y de los campesinos
pobres. Se adelanta a los modernos institutos seculares de sacerdotes
promoviendo la comunidad de pastores. Funda también la librería
religiosa para promover la buena prensa.
A Claret le corresponde
vivir en tiempos caóticos y revolucionarios, tiempos de cambio que
requieren mucho equilibrio. Claret tiene los pies en el suelo;
evangeliza desde las posibilidades que hay a su alcance. Desde el
comienzo de su ministerio se ha propuesto encarnar la vida profética de
Jesús y sus apóstoles, lo que él llama, forma de vida apostólica»: ir
siempre a pie de pueblo en pueblo, acercarse a la gente humilde y
sencilla, ejercer gratuitamente el ministerio, vivir de limosna y en
total pobreza; no tiene nunca casa propia, en las comidas es de una
austeridad franciscana. Sus grandes aspiraciones son «morir en un
hospital como pobre o en un cadalso como mártir», y muere en el
destierro, expoliado incluso de su fama. Todo cuando ahorra lo dedica
para ayudar a los pobres, a la difusión de la buena prensa y a las
necesidades de la Iglesia.

Nuestro santo es un místico «de» la
acción. No simplemente un místico «en» la acción. La acción no es para
él un viento peligroso que apaga la llama débil de su vitalidad
interior, sino un viento benéfico que aviva el fuego de su hoguera. La
acción es para él lugar sagrado de encuentro con el Señor, lugar donde
experimenta su presencia.
Se propone «ser al mismo tiempo (y lo
consigue) Marta y María. El mismo Pío XII, en su canonización, destaca
este rasgo identificador: «Siempre en la presencia del Señor, aun en
medio de su prodigiosa actividad exterior».
En una mirada
superficial a la personalidad de Claret resalta su dimensión ascética:
es un hombre ordenado y metódico, todo tiene su tiempo prefijado;
elabora un detallado plan de vida según el cual no queda tiempo para la
improvisación. Sin embargo, es un místico con rostro de asceta. Llega a
tener experiencia de todos los fenómenos sobrenaturales, resaltando de
un modo especial, en los últimos años de su vida, la permanencia
continua de las especies sacramentales en su pecho. A la apariencia
predominantemente ascética de Claret contribuye su gran reserva, su
pudor y también su torpeza para expresar su interioridad e interpretar
los fenómenos místicos.
Junto al rasgo eucarístico de su
espiritualidad, hay que resaltar su dimensión mariana. La Madre de Jesús
es locura para Claret. Cuando habla de ella exulta y se exalta
místicamente. Vive su fe en Jesús cíe Nazaret inseparablemente de María,
gracias a la educación familiar y gracias también a la experiencia
sobrenatural de su presencia en la hora de la opción radical y
vocacional cuando fue tentado. Se siente acompañado y fortalecido en el
ministerio profético y apostólico por María. Su pasión mariana no tiene
nada de intimista ni sensiblera, sino que es dinamizadora
apostólicamente. Ella es para él «la Reina de los apóstoles», que sigue
alentándole, acompañándole, implorando para él y sus Misioneros el
Espíritu de Jesús que les alienta, ilumina y fortalece en la
evangelización. Su Corazón es fragua de apóstoles».
Murió el 24 de
octubre de 1870 a la edad de 62 años. El 25 de febrero de 1934 es
beatificado por Pío XI, y el 7 de mayo de 1950 canonizado por Pío XII.
Sus restos son venerados en el santuario-sepulcro de Vic (Barcelona),
levantado en el solar que ocupó la casa-madre de los Misioneros. Su
fiesta litúrgica se celebra el 24 de octubre. Dominicos.org Aquilino Bocos Merino, C.M.F. Texto Martínez Puche, José A.
Parábola del aprendiz de brujo. Meditación en torno a la
posmodernidad.
Cuenta esta historia que un !oven aprendiz, en
ausencia de su sabio maestro, puso en funcionamiento el artefacto inventado. El
funcionamiento fue perfecto. Aquella maquinaria prodigiosa, en justa exhibición
del talento que la había creado, iba destrozando todo lo que encontraba a su
alrededor. La angustia del joven aprendiz fue creciendo más y más por no saber
desactivar los mecanismos que detuvieran el invento. Las consecuencias de
aquella curiosidad imprudente y la moraleja de la historia son fáciles de
sacar.
Algo parecido le sucede al joven posmoderno. Por
un lado se considera heredero de un ingente legado de posibilidades que le
posibilitan vivir con el menor esfuerzo. Ahora bien, el manual de instrucciones
no se tiene ni se sabe interpretar o no se leen las contradicciones. Aquí está
la danza maravillosa de la posmodernidad: los jóvenes disfrutan de todo lo que
no se han esforzado en producir, pero también padecen sus más duras consecuencias.
(De las fábulas del padre Claret.) Fuente: Santa Clara de Estella
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El Señor me concedió la gracia de la conservación de las especies sacramentales y tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento en el pecho. (blog)