Yo soy la resurrección y la vida

 



V Domingo de Cuaresma


 La perícopa de la "resurrección de Lázaro", que prepara directamente los acontecimientos pascuales, explicita uno de los aspectos fundamentales de la cristología joanea. En un crescendo lento, en el relato se pasa de la narración de la enfermedad (vv. 1-6), la muerte y la sepultura (vv. 7-37) hasta la resurrección al cuarto día (vv. 38-44). Entre líneas aparece la humanidad llena de ternura de Jesús que no reprime las lágrimas ni los sollozos (vv. 33.35)-, la confidencialidad de la amistad (vv. 21-24.32.39s) y el misterio de la filiación divina (vv. 4-6.14-15.41s).

El "credo" de Marta sintetiza magistralmente esta rica realidad: "Seńor... tú eres el Mesías (el mesías esperado en el judaísmo), el Hijo de Dios (título cristológico helenístico), el que tenia que venir al mundo (hoerchómenos vibrante de espera escatológica)". El punto más revelador aparece en los vv. 25s, lapidario como la revelación del nombre de "YHWH" del que es una explicación: "Yo soy la resurrección y la vida". El potente grito con que Jesús llama a Lázaro (v. 43) tiene la fuerza de la llamada a la vida del primer Adán (cf. Gn 2,7) y, a la vez, el dramatismo de la emisión del Espíritu por parte del nuevo Adán en la cruz (cf. Lc 23,46). En la "casa de aflicción" o "casa del pobre" (= Betania), efectivamente "YHWH ayuda", según el significado del nombre "Lázaro". Cómo? Dándose misericordiosamente a sí mismo y dando su vida como medicina de inmortalidad.

Se da una conexión progresiva en los grandes textos de Juan leídos a lo largo de estos últimos domingos de cuaresma. Después de haber hablado del don de Dios (el agua viva), Jesús, verdadera Luz, ha abierto los ojos al ciego de nacimiento. Estas acciones simbólicas anunciaban el bautismo, es decir, el renacimiento por el agua y el Espíritu. Hoy, otra acción simbólica nos habla de las consecuencias del bautismo: la vida nueva e imperecedera.

Entre las múltiples consideraciones posibles, nos detenemos en el llanto de Jesús junto a la tumba de su amigo Lázaro. Si sabía que iba a devolverle la vida, por qué llora? Sus lágrimas, tan reales, tienen también un valor simbólico. Se trata de todas las miserias humana -cuyo culmen es la muerte corporal-, que producen en Jesús esas lágrimas de compasión. Todo el misterio de la redención es un misterio de compasión y de amor.

La resurrección de Lázaro provocará directamente la condena a muerte de Jesús, que libra a los demás de la muerte a precio de su propia muerte. Los judíos dirán: "!Ha resucitado a Lázaro, que se salve a sí mismo!". Pero si Jesús se salvara a sí mismo, no podría salvarnos. El amor es don. En Jesús vence el amor precisamente al no salvarse a sí mismo, sino muriendo por nosotros. Pues el amor, para vencer, debe saber perder: ésta es la ley fundamental del cristiano. No podemos obtener ningún bien para los demás sin perder nosotros mismos por amor.



Viernes de la IV semana de cuaresma. El Señor está cerca de los atribulados.

 

Viernes de la IV semana de cuaresma
Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora.
Cuaresma: Elegir el camino del justo perseguido o el de sus perseguidores.
El Señor está cerca de los atribulados.

Calendario de Cuaresma 31 de 40.

Solemnidad de San José.

«San José, mi predilecto,
ven a mi casa, que te espero.
Ven y mira, tú sabes qué falta,
ven y fíjate, trae lo que falta.
Y si algo no es para mi casa,
ven y llévatelo...»

«San José, maestro de la vida interior,
enséñame a orar, a sufrir y a callar»

¿Qué es #UnPadreDeVerdad?

Al sur de Nazaret se encuentra una caverna llamada Cafisa. Es un lugar escarpado; para llegar a él, casi hay que trepar. Una mañana, antes de la salida del sol, fui allí. No me di cuenta del paisaje, muy bello, ni de las fieras, ni del canto de mil pájaros...

Estaba yo fuertemente abatido; sin embargo, experimentaba en el fondo del corazón que habría de saber algo de parte del Señor.

Entré en la gruta; había un gran vano formado por rocas negras con diferentes ángulos y corredores. Había muchas palomas y murciélagos, pero no hice ningún caso. Solo en aquel recinto severo no exento de majestad, me senté sobre una esterilla que llevaba conmigo. Puse, como Elías, mi cara entre las rodillas y oré intensamente. Tal vez por la fatiga o la tristeza, en cierto momento me adormecí. No sé cuánto tiempo estuve en oración y cuánto tiempo adormecido. Pero allí, en aquella gruta que nunca podré olvidar, durante aquellos momentos de silencio, me pareció ver un ángel del Señor, maravilloso, envuelto en luz y sonriente.

«José, hijo de David -me dijo-, no tengas miedo de acoger a María, tu esposa, y quedarte con ella. Lo que ha sucedido en ella es realmente obra del Espíritu Santo: tú lo sabes. Y debes imponer al niño el nombre de Jesús. Tu tarea, José, es ser el padre legal ante los hombres, el padre davídico que da testimonio de su estirpe... Y has de saber, José, que también tú has encontrado gracia a los ojos del Señor... Dios está contigo». El ángel desapareció. La gruta siguió como siempre, pero todo me parecía diferente, más luminoso, más bello.

«Gracias, Dios mío. Gracias infinitas por esta liberación. Gracias por tu bondad con tu siervo. Has vuelto a darme la paz, la alegría, la vida. Así pues, Jesús, María y yo estaremos siempre unidos, fundidos en un solo y gran amor..., en un solo corazón».

La tempestad había desaparecido, había vuelto el sol, la paz, la esperanza... Todo había cambiado. J. M. Vernet, Tu, Giuseppe. Tú, José, Ediciones STJ. Fuente: santaclaradeestella.es

“El día en que el avión se partió en dos”

Fue, se lavó, y volvió con vista

 




IV Domingo de Cuaresma


La narración del milagro del ciego de nacimiento cobra todo su alcance teológico (kerigmático, pascual y bautismal a la vez) en el contexto en que aparece: la fiesta de las Tiendas (Jn 7-10), durante la cual Jesús se revela como "luz del mundo" (8,12), suscitando la consecuente polémica con los judíos. El milagro acontece en las inmediaciones del templo por obra del mismo Jesús. El enfermo no pide nada. Es Jesús quien le mira. Sólo de un modo secundario los discípulos toman la palabra, mientras que el ciego no dice nada todavía. Y el discurso aborda un tema fundamental: el significado del sufrimiento, que, según la mentalidad de aquel tiempo, estaba vinculado al pecado. Jesús afirma claramente: "No ha sido ni un pecado suyo ni de sus padres".

La ceguera (sufrimiento) indica más bien la situación natural del hombre. Todos somos ciegos de nacimiento. Todos estamos "enfermos", y enfermos de una enfermedad tan grave que no nos quedan fuerzas para acudir al único que puede curar. Es el Médico quien toma la iniciativa. Sus acciones están calcadas de las de la primera creación (cf. el barro aplicado a los ojos: v. 6). Para que el hombre pueda ver la luz, se precisa una nueva creación. Luego Jesús da un mandato al ciego, quien - a diferencia del primer Adán obedece. El no conoce a Jesús, pero su obediencia es el acto de una gran fe, del total abandono. De él brota una sabiduría que viene de lo alto: sabe dar verdadera gloria a Dios con las palabras y con la adoración

En el camino de la cuaresma hoy brilla una luz particular que nos invita a encontrarnos con mayor profundidad con el Seńor Jesús. El ciego ha seguido un proceso desde las tinieblas a la luz de la fe en Jesús, que le habla, que está delante de él. Creer que alguien le ha dado la vista no es tan difícil. Encontrarse en una situación determinada de un hecho y reconocerlo es ya tener cierta fe. Pero encontrarse de tú a tú con el que ha cambiado nuestra situación, con el que nos ha sacado de la noche de la ceguera y nos ha hecho pasar a la claridad de su día es la fe madura a la que debemos llegar. Debemos ir más allá del creer ser cristianos, para manifestar con toda nuestra vida este encuentro que nos vincula indisolublemente al Seńor Jesús como su fuente.

Jesús no nos pide creer en una doctrina abstracta, sino que quiere una adhesión plena e incondicional a su persona. Nos pregunta: "Quieres encontrarte conmigo para vivir para mí?". Todos los días y a todas horas, el Seńor es el que está ante nosotros y nos habla. Si él es mi luz, veo en su luz y me convierto en una manifestación transparente de las obras de Dios para su gloria.

 



Calendario de Cuaresma. IV domingo de cuaresma «laetare» Gustad y ved qué bueno es el Señor.


Calendario de Cuaresma. IV domingo de cuaresma «laetare»
Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.
Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo.
Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Calendario de Cuaresma 26 de 40.

Sétimo Domingo: Jesús perdido y hallado en el Templo (7 Domingos de San José)

 

Ocurre cuando Jesús tiene 12 años, durante la peregrinación a Jerusalén.

  • El Dolor: La angustia terrible de perder a Jesús durante tres días, buscándolo "con dolor" (como dice la Escritura) sin saber si le había pasado algo.

  • El Gozo: Encontrarlo sano y salvo en el Templo, discutiendo con los doctores de la ley, y dedicándose a las "cosas de su Padre"


            Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

            o bien, 7 Padrenuestros y Avemarías en honor a los 7 dolores y gozos

  • Oración Final: "Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Santísima Madre; concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." "San José, ruega por nosotros."