San Mateo 21 de septiembre. Fiesta local y religiosa.

El origen de las fiestas de San Mateo: 

El Papa Eugenio IV concedió, en una bula, en 1428, la indulgencia plenaria a cuantos visitaran la Catedral de Oviedo el día de la Exaltación de la Santa Cruz, o los ocho días anteriores o posteriores del año en que tal festividad cayera en viernes. Desde 1982 se establece que puedan lograr la citada indulgencia todas las personas que cumplan con los requisitos del 14 al 21 de septiembre. En detalle: Jubileo de la Santa Cruz o "Perdonanza"

El origen festivo

Respecto al origen de las fiestas de San Mateo, las crónicas cuentan que en 1894 el Ayuntamiento de Oviedo desembolsó 5.000 pesetas, para contratar bandas de música y grupos de gaita y tambor.

El Santo Sudario de Oviedo, es una de las reliquias más veneradas del cristianismo. Se conserva en la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador de Oviedo, en Asturias, y se cree que es el lienzo que cubrió el rostro de Jesucristo tras su muerte.
Características principales:
Material: Lino
Dimensiones: Aprox. 85x 52,6 cm.
Aspecto: No contiene una imagen visible como la Sábana Santa de Turín, pero presenta numerosas manchas de sangre y fluidos, objeto de diversos estudios científicos.
Historia y tradición: El Sudario se menciona en el Evangelio de San Juan (20, 6-7) como el lienzo que estaba sobre la cabeza de Jesús, separado de los lienzos que envolvían su cuerpo. Según la tradición, llegó a España en el siglo VII, trasladado para protegerlo del avance islámico, y fue depositado en el Arca Santa junto con otras reliquias. En el año 1075, el rey Alfonso VI, durante una visita a la ciudad precedida por oraciones y ayunos, ordenó abrir el Arca Santa, confirmando la presencia del sudario.
Estudios científicos: Se han realizado análisis de sangre, polen y radiodatación que sugieren una posible conexión con la Sábana Santa de Turín. Investigadores como Mark Guscin y Giulio Ricci han comparado ambas reliquias, encontrando coincidencias en los patrones de manchas, lo que refuerza su valor histórico y espiritual.
El rostro del silencio: El Santo Sudario de Oviedo no muestra una imagen esculpida por manos humanas, sino las huellas del sufrimiento, del abandono y del amor extremo. Es el lienzo que cubrió el rostro de Cristo al ser bajado de la Cruz; el paño que tocó la carne redentora, que absorbió la sangre del sacrificio. Contemplarlo es adentrarse en el misterio del Dios que se hizo hombre, que no rehuyó el dolor, que abrazó la muerte para darnos vida. En ese paño silencioso, manchado y humilde, se esconde una presencia que no grita, pero que transforma.
Que al mirarlo, sepamos reconocer a Cristo en cada rostro herido, en cada vida rota, en cada silencio que espera redención. (Fuente: Sancta Ovetensis)

Les paxarines


Son figuritas elaboradas con agua y harina teñida con azafrán a la que se le dan distintas formas: cestitas, nidos con huevos, figuras humanas,... adornados con lazos. La tradición cuenta que sirven como amuleto o protector contra las tormentas. Se compran únicamente a la salida de la Catedral, tras la celebración de la misa en honor a San Mateo, el 21 de septiembre. 
Esta costumbre data de hace más de 300 años. Fuente: Ayuntamiento de Oviedo 

Hoy celebramos: San Mateo (21 de Septiembre)

Entre los seguidores de Jesús de Nazaret hay personas de muy diverso carácter. De los relatos evangélicos, como de las páginas del Antiguo Testamento, se deduce que Dios no tiene un único modo de llamar a los que ha elegido. Se podría decir que es su gracia, y no las cualidades humanas, las que configuran el ideal de su llamada y también del llamado. Entre los seguidores de Jesús, varios eran pescadores. Seguramente algunos otros se habían dedicado también a las tareas agrícolas. Y habría entre ellos miembros de otras profesiones artesanas que nos pasan inadvertidas a través de los relatos. Pero lo que resulta más sorprendente es que entre los llamados por Jesús nos encontremos con un publicano o cobrador de impuestos.

Este título puede responder a muchas profesiones un tanto diferentes. Había cobradores de impuestos que alquilaban la recaudación para enviar los dineros de las provincias a las arcas imperiales. Había otros recaudadores que cobraban derechos de portazgo entre un reino y otro, entre una tetrarquía u otra.

Cafarnaún debía de contar con varias oficinas en las que se cobraban diversos tipos de impuestos. A una de estas oficinas se acercó un día Jesús para llamar personalmente a Mateo. No sabemos de dónde era. El evangelio que lleva su nombre nos refiere la escena de su vocación (Mt 9, 9-13). Se le denomina Mateo, abreviación de Mattenaí y de Mattanya, que significa «regalo o don de Dios». En los lugares paralelos, los relatos de Marcos (Mc 2, 13-17) y Lucas (Lc 5, 27-32) nos hablan de la vocación de un tal Leví, hijo de Alfeo que, sin duda, es la misma persona corno ha admitido la tradición de la Iglesia con muy contadas excepciones.

En el relato bíblico sobre la vocación de Mateo nos llaman la atención especialmente tres momentos: la llamada, el banquete y la revelación de Jesús que parece culminar los dos momentos anteriores.

Nos impresiona mirar el cuadro pintado por Caravaggio que se conserva en la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma. El enorme lienzo nos sitúa en una estancia cerrada, bastante oscura. Hay solamente un haz de luz que penetra por la parte superior derecha iluminando levemente el lugar. Precisamente por esa parte se dibuja también la imagen de Jesús. Ha sido representado como un personaje noble, dotado de una mirada firme y determinada que, siguiendo una línea imaginaria, va a cruzarse directamente con la mirada de Mateo.

En la pintura, Mateo está rodeado por algunos jóvenes. Unos han vuelto ya la mirada hacia Jesús, mostrándose un tanto asombrados por su entrada en aquel espacio. Los otros jóvenes siguen todavía prestando atención a las monedas que tintinean sobre la mesa del cobrador de los impuestos. Sin embargo, en esta «instantánea», captada por Caravaggio, Mateo ha levantado ya su cabeza. Ha percibido la mirada de Jesús, y la hace suya, aunque un gesto de su mano parece sugerir un momento de duda y tal vez de excusa. Es como si se mostrara incrédulo. Parece que le resulta difícil aceptar que la llamada de Jesús vaya dirigida precisamente a él.

El relato evangélico es parco en palabras. Nos refiere solamente que Jesús se acercó al lugar donde estaba Mateo y le dirigió una escueta invitación: «Sígueme» (Mt 9, 9). Es ésa una palabra profundamente significativa. El maestro va buscando seguidores. El verbo «seguir» encierra, como se sabe, un resumen de todas las actitudes que se requieren del discípulo del Maestro.

El texto de la homilía de San Beda el Venerable, que hoy se lee en el oficio de lecturas, vincula la vocación de Mateo a la mirada de amor que Jesús le dirigió:

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: "Sígueme". Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme, Sígueme, que quiere decir: "Imítame". Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él.»

« Sígueme». Más que una invitación parece una orden terminante y decidida. En ninguna parte se nos dice si Jesús conocía previamente al cobrador de tributos. Pero sí se nos dice que él aceptó inmediatamente la invitación del Maestro: «Él se levantó y lo siguió». Lo escueto del texto que narra esa decisión con la que Mateo decide seguir a Jesús puede sugerir dos posibilidades. O bien que Mateo había ya oído hablar de la grandeza del profeta de Galilea y de la majestad de su mensaje, o bien que la presencia del mismo Jesús resultó para él un motivo suficiente para dejarlo todo y seguirle.

Sea como sea, tenemos ante los ojos uno de esos momentos en los que la llamada de la trascendencia se cruza con las mil preocupaciones inmediatas de la inmanencia. Lo divino irrumpe en el panorama de lo humano. El hombre-Dios viene a cambiar los planes que los humanos se habían forjado. Ante la voz que llama, los antiguos proyectos pierden prestancia y valía. La llamada al seguimiento relativiza todas las decisiones anteriores.

Como ocurrido anteriormente con Pedro y Andrés, con Santiago y Juan, también de Mateo se subraya que abandona todas las cosas para seguir al Maestro que le invita. La rapidez en la respuesta a la llamada, la generosidad en el seguimiento y la libertad con la que el valor encontrado relativiza los valores antes poseídos parecen convertirse en puntos funda-mentales en la dinámica del discipulado.

Claro que nadie lo deja todo por nada. Ni siquiera se deja algo por algo. En realidad, los discípulos primeros de Jesús, no siguen una filosofía sino a una persona. No se enamoran de una idea, siguen a un profeta. Gracias a José-Román Flecha Andrés y Dominicos.org

En Oviedo tienen ustedes la reliquia más importante de la cristiandad, junto con la Sábana Santa

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

 






Domingo XXV  del Tiempo Ordinario



Un hombre, una vińa y unos obreros contratados a jornal. Esta parábola nos descubre el secreto del Reino de Dios, nos introduce en el estilo de vida y en el clima que se respira. Nos dice cual es el modo de pensar y de actuar que reina, contrastándolo con el modo de pensar y de actuar que impera entre los hombres.

La descripción de las repetidas llamadas del dueńo de la vińa y las respuestas de los obreros, enviados en distintas horas del día, apuntan hacia el momento culminante de la parábola, ése en el que se produce una ruptura en el desarrollo de los acontecimientos con el modo habitual de pensar. De improviso, irrumpe en la trama de los hechos una lógica diferente, que orienta el relato en otra dirección, sugiriendo pensamientos, relaciones y acciones nuevas. Por eso no es esencial dar una explicación precisa de cada uno de los elementos que aparecen en la parábola; el decisivo es el que marca la fractura con el punto de vista del lector. Y aquí Jesús, indudablemente, consigue el efecto.

El momento imprevisible se produce al atardecen a la hora de recoger el jornal, cuando las expectativas de los obreros —ˇy nuestras— se ven completamente trastocadas y decepcionadas. Porque jamás quien ha trabajado solamente <<un rato" es tratado como el que <<ha soportado el peso del día y del calor" (v 12). El comportamiento de Dios es así, diferente del comportamiento de los hombres, aunque pueda parecer injusto. <<Amigo, no te hago ninguna injusticia" (v. 13), contesta el dueńo de la vińa. Que es como decir: a los últimos les he hecho un regalo, y a ti no te he quitado nada de lo que es tuyo. La parábola se remonta hasta la raíz de la diferente lógica que guía el actuar de Dios, por una parte, y las expectativas del hombre, por la otra, con la pregunta final: <<O es que tienes envidia porque yo soy bueno?" (v. 15). La envidia y la bondad son direcciones opuestas del corazón. Jesús nos invita a cambiar de mentalidad, nos guía hacia el horizonte de su Reino a partir de un modo diferente de <<ver" y <<comprender" el bien, la justicia y el amor.

Es sugestivo el oráculo de Isaías, ya que nos ayuda a ver el mundo y la vida según la perspectiva de Dios, desde el <<cielo". Y es sorprendente la enseńanza de la Palabra del Evangelio, porque en Jesucristo lo anunciado por Isaías alcanza su plenitud y su sentido pleno, encuentra su realización. En Jesús tenemos al Dios-con-nosotros, Dios cercano para siempre, viaducto entre el cielo y la tierra. En Jesús tenemos <<hecho hombre" (Col 2,9) y <<en su condición de hombre" (Flp 2,7) el pensamiento de Dios y, a su vez, el camino para encontrarlo.

La parábola de Mateo nos adentra en el misterio del Reino de Dios, en el pensamiento de Cristo, en el corazón del Padre, desvelándonos el secreto. Es, para todos, una fuerte invitación a cambiar de mentalidad, a pasar de la lógica del mérito, de quien vive de pretensiones y no reconoce ni admite regalos, al mundo de la gratuidad, que es la raíz del amor y el secreto del Reino de Dios. Al inicio de la historia de cada uno hay un don: la llamada a ser y a trabajar en la vińa. La vida es el regalo precioso del tiempo para vivir y trabajar en la vińa. Al final del día tendrá lugar la recompensa, que no será para nadie el fruto de sus propios méritos o esfuerzos, sino un regalo divino e inmerecido. Aquello que es profundamente nuestro —<<lo tuyo>>— es la llamada de Dios a participar en su vida y en su obra, la posibilidad de trabajar y fatigarnos, de gastar la vida por él. Infeliz, murmurador y envidioso es quien no reconoce el regalo.

Quien se siente acreedor, con derechos ante Dios y la vida, porque piensa que ya ha hecho demasiado, considera todo lo gratuito como un robo, como una amenaza a la presunta justicia. Sin embargo, descubrir que somos amados gratuitamente es empezar a responder desde esa hora a la llamada de Dios; descubrir que todo es don —la vińa, el vino, el trabajo, la fatiga...— es el modo de estar en la Iglesia buscando el Reino de Dios.

Pablo nos muestra que es posible y hermoso vivir así: responder a la llamada, esforzarse en su vińa y esperar de sus manos la recompensa del modo que quiera y el día que quiera. Solo quien vive Así puede decir: <<Para mí la vida es Cristo".

!Tarde te amé,

hermosura tan antigua y tan nueva,

tarde te amé!

Tu estabas dentro de mi,

y yo afuera,

y Así por fuera te buscaba;

tu estabas conmigo,

mas yo no estaba contigo.

Me llamaste y clamaste,

y quebrantaste mi sordera;

brillaste y resplandeciste,

y curaste mi ceguera;

exhalaste tu perfume

y lo aspire,

y ahora te anhelo;

gusté de ti

y ahora siento hambre y sed de ti;

me tocaste

y deseé con ansia la paz que precede de ti.


(Agustín de Hipona, <<Confesiones", 10,27, en Obras de san Agustín, II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1946, 75 1).

 












La conspiración de accidentes a través de la cual Dios nos habla. Artículo.

Una mujer compartió una vez esta historia en una de mis clases:

Se había criado en un hogar creyente e iba a misa con frecuencia. Sin embargo, durante sus años de universidad, su interés y su práctica religiosa fueron decayendo poco a poco, hasta el punto de que, al graduarse, ya no pisaba la iglesia ni rezaba apenas. Esta indiferencia hacia la oración y la vida parroquial continuó durante varios años después de terminar la carrera. Su relato se centró en cómo cambió todo aquello.

Un día, casi cuatro años después de haber abandonado por completo la oración y la misa, cogió un vuelo a Colorado para visitar a su hermana y esquiar un poco. Llegó un sábado por la tarde y, a la mañana siguiente, domingo, su hermana la invitó a acompañarla a misa. Ella declinó amablemente la invitación y se fue a esquiar.

En su primera bajada por la pista, se chocó contra un árbol y se rompió la pierna. Con una enorme escayola a cuestas, le dieron el alta en el hospital el sábado siguiente. A la mañana siguiente, su hermana volvió a pedirle que fuera con ella a la iglesia. Esta vez («tampoco había mucho más que hacer») aceptó. Cosas del destino, era el Domingo del Buen Pastor y, mira por dónde, casualmente había de visita un sacerdote llegado de Israel. El cura no alcanzaba a verla sentada al fondo con la pierna escayolada, pero aun así arrancó su homilía de este modo:

«Hay una costumbre entre los pastores de Israel que existía en tiempos de Jesús y que todavía se practica a veces, la cual saca a la luz un rasgo poco conocido del buen pastor. En ocasiones, un pastor intuye que un corderillo va a ser un descarriado por naturaleza, alejándose siempre del rebaño. Lo que hace entonces el pastor es romperle deliberadamente una pata, de modo que tenga que llevarlo en brazos hasta que cure. Para cuando sana, el cordero se ha encariñado tanto con el pastor que ya nunca vuelve a perderse».

«¡A lo mejor soy un poco corta de entendederas!», concluyó la mujer, «pero, con mi pierna rota y semejante cúmulo de casualidades, escuchar aquello despertó algo muy hondo dentro de mí. Han pasado quince años desde entonces y, desde aquel día, no he dejado de rezar y de ir a misa con regularidad».

James Mackey sugirió en una ocasión que la providencia divina es «una conspiración de accidentes a través de la cual Dios habla». Lo que vivió esta mujer aquel domingo fue precisamente el lenguaje de Dios, la divina providencia: Dios hablándole a través de una conspiración de accidentes.

Hoy en día, el concepto de providencia divina suele ignorarse o malinterpretarse. Algunos cristianos lo confunden con un fatalismo insano («Si Dios quiere que mi hijo viva, no dejará que muera. No recurriremos a ese tratamiento médico»). Otros lo vinculan a una teología de Dios bastante dañina («¡Dios envió el sida al mundo como castigo por nuestra promiscuidad sexual! ¡Dios nos manda catástrofes naturales y desgracias personales para que volvamos a los verdaderos valores!»).

Pero estas ideas sobre Dios y sobre su providencia están profundamente equivocadas. Dios no provoca incendios, ni inundaciones, ni guerras, ni el sida, ni nada por el estilo para hacernos escarmentar y devolvernos a los valores auténticos. Son la naturaleza, el azar, la libertad humana y el pecado humano los que causan estas cosas.

Ahora bien, afirmar que Dios no inicia ni causa estos males no equivale a decir que Dios no hable a través de ellos. Dios habla mediante los imprevistos de la vida, tanto los desastrosos como los afortunados. Las generaciones pasadas, como la de mis padres, entendían esto con mucha más facilidad.

Por ejemplo, mis padres eran labradores. Para ellos, al igual que para los antiguos Abrahán y Sara, no existían las meras casualidades; en todo veían siempre la providencia y el dedo de Dios. Si recogían una buena cosecha, Dios los estaba bendiciendo. Si la cosecha era escasa, concluían con sencillez que Dios quería que vivieran con menos durante una temporada por alguna buena razón. Y en lo más íntimo de su mente y de su corazón, siempre intentaban discernir cuál era ese motivo.

Cuando Jesús nos invita a «leer los signos de los tiempos», no nos propone un ejercicio intelectual en el que intentemos analizar cómo los movimientos culturales, políticos, sociales y religiosos van modelando nuestra época. Eso puede estar muy bien, desde luego, pero no es a lo que Jesús nos está convocando. Más bien nos invita a mirar los acontecimientos de nuestra vida cotidiana y la historia del mundo para intentar discernir, como una forma profunda de oración, qué está escribiendo el dedo de Dios a través de ellos.

En la conspiración de accidentes que teje nuestro día a día, el dedo de Dios sigue escribiendo. Decía san Juan de la Cruz que «el lenguaje de Dios es la experiencia que Dios escribe en nuestras vidas». A modo de oración, necesitamos contemplar este entramado de casualidades cotidianas y preguntarnos: «¿Qué nos está diciendo Dios en medio de todo esto?».

Y ojalá no nos haga falta rompernos una pierna para pillar el mensaje.  Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

Nuestra Señora de los Dolores (15 de septiembre): La Madre que nos acompaña en la cruz y la esperanza

Cada 15 de septiembre, la Iglesia Católica celebra la memoria de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores. Esta festividad nos invita a contemplar a la Santísima Virgen María de pie junto a la cruz de su Hijo (juxta crucem Jesu), recordándonos que ella comprende perfectamente el dolor humano y permanece como madre y consuelo para todos los que sufren.


Origen e historia de la devoción

La devoción a la Virgen María en sus dolores comenzó a desarrollarse a principios del segundo milenio como una meditación sobre la compasión materna frente al sacrificio de Jesús.

  • Primeros pasos litúrgicos: Tuvo su primera formulación litúrgica en Colonia (Alemania) en el año 1423. Posteriormente, el Papa Sixto IV introdujo en el Misal Romano la memoria de Nuestra Señora de la Piedad.
  • Los Siete Dolores: Con el tiempo, la piedad popular condensó este sufrimiento en la devoción a los Siete Dolores, simbolizados tradicionalmente en las siete espadas que traspasan el corazón de María.
  • Extensión universal: En 1727, la celebración se extendió a toda la Iglesia latina, impulsada especialmente por la Orden de los Siervos de María, quienes ya la festejaban desde 1668.
  • Fecha definitiva: Fue el Papa San Pío X (1903-1914) quien fijó la fecha definitiva de esta memoria litúrgica para el 15 de septiembre, justo al día siguiente de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

Sentido teológico y espiritual

Es importante distinguir que la denominación de «la Dolorosa» no constituye un dogma de fe (como sí lo son su Inmaculada Concepción, su Maternidad Divina, su Virginidad Perpetua o su Asunción en cuerpo y alma al cielo). El sufrimiento fue una realidad terrenal de María que concluyó con el final de su existencia en la tierra.

Sin embargo, por su participación única y entregada en la Pasión de su Hijo, María cooperó de un modo absolutamente especial en la obra de la salvación. Por ello, aunque ya glorificada en el cielo, sigue ejerciendo una misión maternal: continúa estando presente al lado de quienes sufren en el mundo actual. Al final del artículo ofrecemos una aclaración sobre el término de María como Corredentora..


Llamada a la vida cristiana hoy

Meditar sobre los dolores de María no es un ejercicio del pasado, sino una invitación a mirar con empatía las cruces de nuestro tiempo:

  1. Compasión y acogida: La devoción a la Dolorosa nos compromete con quienes sufren hoy: las familias migrantes que dejan sus tierras en busca de pan y libertad, los enfermos, y tantos padres y madres que lloran la pérdida física o moral de sus hijos.
  2. Ser Cireneos y Verónicas: La vida cristiana nos llama a no ser indiferentes. Debemos ser lugares de consuelo, acompañando a los hermanos golpeados por la vida con gestos de delicadeza (como la Verónica) o ayudándoles a llevar la carga (como el Cirineo).
  3. Palabra para la meditación diaria: «Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo (Jn 19, 26). En ese instante, María nos recibió a todos como hijos suyos.

Meditación musical: Stabat Mater de Pergolesi

El dolor y la fe de la Virgen al pie de la Cruz han inspirado a los más grandes artistas de la historia. Les invitamos a contemplar este misterio a través del célebre Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi, una de las composiciones sacras más conmovedoras dedicadas a Nuestra Señora de los Dolores:


Oración a la Virgen de los Dolores

Santa María, mujer del dolor, madre de los vivientes, salve.
Virgen junto a la cruz, donde se consuma el amor y brota la vida.
Enséñanos a permanecer contigo junto a las infinitas cruces donde todavía sigue siendo crucificado tu Hijo; enséñanos a vivir y a atestiguar el amor cristiano, acogiendo en cada hombre a un hermano; enséñanos a renunciar al egoísmo para seguir a Cristo, única luz del hombre.
Virgen de la Pascua, acoge la oración de tus siervos. Amén. 
Fuente../Imagen Rafael Flores 

Secuencia: Stabat Mater (La Madre piadosa)

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.

Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiera espada traspasaba.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita
de tantos tormentos llena!

Cuando lloraba y sufría,
la pena que padecía
su Hijo divino y santo.

¿Qué hombre no lloraría
si a la Madre contemplara
de Cristo en tanto dolor?

¿Quién no se entristecería
a la Madre contemplando
con su Hijo doliente?

Por los pecados del mundo
vio a Jesús en los tormentos
y sometido al azote.

Vio a su dulce Hijo
que moría desolado
al entregar su espíritu.

Ea, Madre, fuente de amor,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.

Haz que arda mi corazón
en amor de Cristo Dios
para que así le agrade.

Santa Madre, haz esto:
graba profundamente en mi corazón
las llagas del Crucificado.

De tu Hijo lastimado,
que tanto por mí sufrió,
comparte conmigo las penas.

Haz que llore contigo,
que me compadezca del Crucificado
mientras yo viva.

Junto a la cruz quiero estar
y unirme a ti en el llanto.

Virgen insigne entre las vírgenes,
no seas esquiva conmigo,
haz que llore contigo.

Haz que lleve la muerte de Cristo,
hazme participante de su pasión
y que medite sus llagas.

Haz que sea herido con sus llagas,
que me embriague con la cruz
y con la sangre de tu Hijo.

Para que no me queme en las llamas,
defiéndeme tú, Virgen,
en el día del juicio.

Cristo, cuando vaya a salir de esta vida,
concédeme por tu Madre
llegar a la palma de la victoria.

Cuando el cuerpo muera,
haz que a mi alma se le dé
la gloria del paraíso.
Amén. Aleluya.
La Secuencia litúrgica prescrita para la memoria de Nuestra Señora de los Dolores en el Leccionario de la Misa se sitúa inmediatamente antes del Aleluya.

Sentido teológico y precisión sobre la «Corredención» mariana

En el misterio de sus dolores, la Santísima Virgen María ejerce una función espiritual y un verdadero magisterio para la fe. Los sufrimientos padecidos por ella durante su existencia terrena constituyen una participación singular en la pasión de Cristo en beneficio de la Iglesia (cf. Col 1, 24). Su presencia al pie de la cruz representa la forma suprema de cooperación en la obra de la salvación efectuada por su Hijo: en este sentido, la tradición eclesial ha calificado a la Virgen como corredentora, expresión que significa estrictamente que «ha cooperado de un modo absolutamente especial en la obra del Salvador» (Lumen Gentium, 61).

Para evitar cualquier ambigüedad doctrinal en el uso de este término, se deben precisar tres aspectos fundamentales:

  1. Precisión etimológica: El prefijo co- procede de la preposición latina cum («con» o «junto a»), la cual denota compañía y subordinación. Aunque en el lenguaje coloquial contemporáneo el prefijo suele evocar equiparación (como en el término «coautor»), en el vocablo teológico expresa una acción secundaria y dependiente.

  2. Fundamento dogmático: Jesucristo es el único y suficiente Redentor del género humano (cf. 1 Tim 2, 5). La Virgen María de ninguna manera se equipara a su Hijo divino. El título de «Corredentora» no indica igualdad, sino una cooperación humana singularísima, plenamente subordinada a la gracia y a la mediación única de Cristo.

  3. Conclusión doctrinal: La expresión resalta el papel de María como colaboradora humana en el plan divino, sin constituir una fuente de salvación independiente. Solamente Cristo salva; la Santísima Virgen acompaña y participa de modo subordinado en dicha obra redentora. Así que perfectamente se puede decir que María es "corredentora"...

Passion of the Christ Mary dungeon floor. Fuente: thecatholictalks.com

El fotograma seleccionado pertenece a La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Muestra la secuencia en la cual la Santísima Virgen María se reclina sobre el pavimento del Pretorio de Pilato, intuyendo por la gracia del Espíritu Santo la presencia de Jesucristo encadenado en la celda subterránea inferior.

Fundamentos Mariológicos

  • Unión Mística y Compasión: La escena explicita la unión espiritual entre la Madre y el Hijo. Representa la compassio mariana, donde la Virgen experimenta interiormente los padecimientos de Cristo.

  • Tipología de la Nueva Eva: La doctrina católica, desde San Ireneo de Lyon hasta la constitución dogmática Lumen Gentium (n. 56), define a María como la Nueva Eva. Mientras la primera mujer cooperó para la caída del género humano, la Virgen coopera activamente junto al Nuevo Adán en la restauración de la gracia.

  • Cooperación en la Redención: La disposición postrada de María manifiesta la perfecta obediencia a la voluntad del Padre, constituyendo el testimonio visual de su cooperación en la obra de la salvación.

Exaltación de la Santa Cruz y en Oviedo del 14 al 21 de septiembre "Perdonanza" o Jubileo de la Santa Cruz

El Jubileo de la Santa Cruz, o Perdonanza, comenzará en la Catedral de Oviedo el día 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz.


En esta ocasión, el lema del Jubileo es Unidos en la Cruz, constructores de pazhaciendo referencia a dos de los ejes centrales del Pontificado de León XIV: la unidad y la paz.

El Santo Sudario se mostrará en los días tradicionales, al finalizar las eucaristías del día 14 y del 21.

Al finalizar la eucaristía del día 21, se procederá al reparto del agua bendita de la hidria. Durante todas las misas jubilares se expondrá sobre el altar la Cruz de los Ángeles (siglo IX)

Las eucaristías jubilares tendrán lugar a las 18,30 h en la nave central de la Catedral y se expondrá en todas ellas la Cruz de los Ángeles (siglo IX), que se custodia en la Cámara Santa. A partir de las 17,30 h se podrá recibir el Sacramento de la Penitencia. El día 21, fiesta de San Mateo, el Deán presidirá, además, la eucaristía solemne a las 12.

Al finalizar las celebraciones de los días 14 y 21, como es tradicional, se mostrará el Santo Sudario frente al altar mayor para la veneración de los fieles. Además, durante todo el Jubileo, el Santo Sudario permanecerá descubierto en la Cámara Santa.

Los temas y sacerdotes que predicarán cada día en el Jubileo serán los siguientes:

14 de septiembre: 18,30 h “La cruz, fuente de la unidad de la Iglesia”, por D. Juan Manuel Hevia Fisas, Párroco de la UP de Colloto.
15 de septiembre: 18,30 h “María al pie de la cruz, Madre de la unidad”, por D. José María Sauras Vásquez, Párroco de la UP de San Pedro de los Arcos y Nuestra Señora de la Merced.
16 de septiembre: 18,30 h “La cruz derriba los muros de la enemistad”, por D. José Antonio Bande García, Rector del Seminario Metropolitano de Oviedo.
17 de septiembre: 18,30 h “La cruz y el ministerio de la reconciliación”, por D. Juan Ignacio García Iglesias, Vicerrector del Seminario Metropolitano de Oviedo.
18 de septiembre: 18,30 h “La Eucaristía, memorial de cruz y sacramento de comunión”, por D. Jaime Díaz Pieiga, Director Espiritual del Seminario Metropolitano.
19 de septiembre: 18,30 h “La cruz, camino de paz para los pueblos”, por P. Roberto José Gutiérrez González OCD, Párroco de Nuestra Señora del Carmen y Arcipreste de Oviedo.
20 de septiembre: 18,30 h “La cruz gloriosa y la esperanza de un mundo reconciliado”, por D. Andrés Pérez Díaz, Vicario Judicial de la diócesis y Párroco de la UP de San Lázaro del Camino.
21 de septiembre: 12 h Fiesta de San Mateo “La cruz gloriosa fuente de la misión de la Iglesia”, por D. Benito Gallego Casado, Deán de la Catedral.
Para ganar la Perdonanza (Indulgencia plenaria)

 Visita piadosa a la Santa Iglesia Catedral de Oviedo y rezo del Padrenuestro y Credo.
 Confesión sacramental. (Todos los días, a partir de las 17:30 habrá confesores en la Catedral) Al final del artículo encontrarás por qué es tan importante recibir la indulgencia.
 Comunión eucarística.
 Oración por las intenciones del Sumo Pontífice: Padrenuestro y Ave María. Las condiciones 2ª, 3ª y 4ª pueden practicarse varios días antes o después de la visita a la CatedralFuente.

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Para la Iglesia es una fiesta del Señor, en la que celebramos el misterio de la cruz, la obra realizada por Cristo en ella. La imagen predominante es la de Jesús elevado en la cruz, que marca profundamente la vida y espiritualidad de los cristianos. Según la tradición, hoy es el aniversario del hallazgo de la santa Cruz (14 de septiembre del 320, por Santa Elena, madre del emperador Constantino) y de la dedicación de la basílica constantiniana levantada en el mismo lugar de la crucifixión del Señor. Cada año se celebraban en Jerusalén solemnes ceremonias que culminaban con la elevación del sagrado leño para que lo contemplase y adorase la multitud de fieles que se congregaba. En mayo del 614, Cosroas, rey de los persas, saqueó Jerusalén y se llevó la cruz a su país. Pero el emperador Heraclio derrotó a los persas, recuperó la cruz y la entregó solemnemente al patriarca de Jerusalén el 3 de mayo del 630. Esta recuperación llenó de entusiasmo a la Iglesia y particularmente a los latinos, que no tardaron en celebrar la fiesta de la santa Cruz en esta última fecha.- Oración: Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

 La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada - y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

 La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado. Fuente

En Oviedo tienen ustedes la reliquia más importante de la cristiandad, junto con la Sábana Santa

En el día de la exaltación de la Santa Cruz el padre Santi Arellano, con ayuda de la oración de monasterios, sacerdotes y parroquianos, consigue un milagro...


La indulgencia plenaria es la gracia de la Iglesia que borra por completo la «huella» o pena temporal que deja el pecado en el alma, una vez que la culpa ya ha sido perdonada en la Confesión.

La analogía del clavo en la madera

  • Clavar el clavo (El pecado): Cometer un pecado es equivalente a clavar un clavo en una mesa de madera.

  • Sacar el clavo (La Confesión): La Confesión saca el clavo y perdona la culpa. Sin embargo, aunque el clavo ya no esté, la marca o el agujero permanece en la tabla. Esa huella es la pena temporal.

  • Restaurar la tabla (La Indulgencia Plenaria): La indulgencia plenaria es la acción que borra y repara totalmente ese agujero, dejando la madera completamente lisa, intacta y como nueva.

Si una persona en estado de gracia obtiene la indulgencia plenaria y fallece esa misma noche, no tiene ninguna huella ni pena pendiente por reparar. Su alma queda perfectamente limpia y entra directamente al Cielo, sin necesidad de pasar por el Purgatorio.