Cada 15 de septiembre, la Iglesia Católica celebra la memoria de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores. Esta festividad nos invita a contemplar a la Santísima Virgen María de pie junto a la cruz de su Hijo (juxta crucem Jesu), recordándonos que ella comprende perfectamente el dolor humano y permanece como madre y consuelo para todos los que sufren.
Origen e historia de la devoción
La devoción a la Virgen María en sus dolores comenzó a desarrollarse a principios del segundo milenio como una meditación sobre la compasión materna frente al sacrificio de Jesús.
- Primeros pasos litúrgicos: Tuvo su primera formulación litúrgica en Colonia (Alemania) en el año 1423. Posteriormente, el Papa Sixto IV introdujo en el Misal Romano la memoria de Nuestra Señora de la Piedad.
- Los Siete Dolores: Con el tiempo, la piedad popular condensó este sufrimiento en la devoción a los Siete Dolores, simbolizados tradicionalmente en las siete espadas que traspasan el corazón de María.
- Extensión universal: En 1727, la celebración se extendió a toda la Iglesia latina, impulsada especialmente por la Orden de los Siervos de María, quienes ya la festejaban desde 1668.
- Fecha definitiva: Fue el Papa San Pío X (1903-1914) quien fijó la fecha definitiva de esta memoria litúrgica para el 15 de septiembre, justo al día siguiente de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
Sentido teológico y espiritual
Es importante distinguir que la denominación de «la Dolorosa» no constituye un dogma de fe (como sí lo son su Inmaculada Concepción, su Maternidad Divina, su Virginidad Perpetua o su Asunción en cuerpo y alma al cielo). El sufrimiento fue una realidad terrenal de María que concluyó con el final de su existencia en la tierra.
Sin embargo, por su participación única y entregada en la Pasión de su Hijo, María cooperó de un modo absolutamente especial en la obra de la salvación. Por ello, aunque ya glorificada en el cielo, sigue ejerciendo una misión maternal: continúa estando presente al lado de quienes sufren en el mundo actual.
Al final del artículo ofrecemos una aclaración sobre el término de María como Corredentora..
Llamada a la vida cristiana hoy
Meditar sobre los dolores de María no es un ejercicio del pasado, sino una invitación a mirar con empatía las cruces de nuestro tiempo:
- Compasión y acogida: La devoción a la Dolorosa nos compromete con quienes sufren hoy: las familias migrantes que dejan sus tierras en busca de pan y libertad, los enfermos, y tantos padres y madres que lloran la pérdida física o moral de sus hijos.
- Ser Cireneos y Verónicas: La vida cristiana nos llama a no ser indiferentes. Debemos ser lugares de consuelo, acompañando a los hermanos golpeados por la vida con gestos de delicadeza (como la Verónica) o ayudándoles a llevar la carga (como el Cirineo).
- Palabra para la meditación diaria: «Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo"» (Jn 19, 26). En ese instante, María nos recibió a todos como hijos suyos.
Meditación musical: Stabat Mater de Pergolesi
El dolor y la fe de la Virgen al pie de la Cruz han inspirado a los más grandes artistas de la historia. Les invitamos a contemplar este misterio a través del célebre Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi, una de las composiciones sacras más conmovedoras dedicadas a Nuestra Señora de los Dolores:
Oración a la Virgen de los Dolores
Santa María, mujer del dolor, madre de los vivientes, salve.
Virgen junto a la cruz, donde se consuma el amor y brota la vida.
Enséñanos a permanecer contigo junto a las infinitas cruces donde todavía sigue siendo crucificado tu Hijo;
enséñanos a vivir y a atestiguar el amor cristiano, acogiendo en cada hombre a un hermano;
enséñanos a renunciar al egoísmo para seguir a Cristo, única luz del hombre.
Virgen de la Pascua, acoge la oración de tus siervos. Amén.
Fuente. santaclaradeestela.org. / Imagen de Rafael Flores
Sentido teológico y precisión sobre la «Corredención» mariana
En el misterio de sus dolores, la Santísima Virgen María ejerce una función espiritual y un verdadero magisterio para la fe. Los sufrimientos padecidos por ella durante su existencia terrena constituyen una participación singular en la pasión de Cristo en beneficio de la Iglesia (cf. Col 1, 24). Su presencia al pie de la cruz representa la forma suprema de cooperación en la obra de la salvación efectuada por su Hijo: en este sentido, la tradición eclesial ha calificado a la Virgen como corredentora, expresión que significa estrictamente que «ha cooperado de un modo absolutamente especial en la obra del Salvador» (Lumen Gentium, 61).
Para evitar cualquier ambigüedad doctrinal en el uso de este término, se deben precisar tres aspectos fundamentales:
Precisión etimológica: El prefijo co- procede de la preposición latina cum («con» o «junto a»), la cual denota compañía y subordinación. Aunque en el lenguaje coloquial contemporáneo el prefijo suele evocar equiparación (como en el término «coautor»), en el vocablo teológico expresa una acción secundaria y dependiente.
Fundamento dogmático: Jesucristo es el único y suficiente Redentor del género humano (cf. 1 Tim 2, 5). La Virgen María de ninguna manera se equipara a su Hijo divino. El título de «Corredentora» no indica igualdad, sino una cooperación humana singularísima, plenamente subordinada a la gracia y a la mediación única de Cristo.
Conclusión doctrinal: La expresión resalta el papel de María como colaboradora humana en el plan divino, sin constituir una fuente de salvación independiente. Solamente Cristo salva; la Santísima Virgen acompaña y participa de modo subordinado en dicha obra redentora. Así que perfectamente se puede decir que María es "corredentora"...
El fotograma seleccionado pertenece a la cinematografía de Mel Gibson en La Pasión de Cristo (2004). Muestra la secuencia en la cual la Santísima Virgen María se reclina sobre el pavimento del Litóstrotos o Pretorio de Pilato, intuyendo por la gracia del Espíritu Santo la presencia de Jesucristo encadenado en la celda subterránea inferior.
Fundamentos Mariológicos
Unión Mística y Compasión: La escena explicita la unión espiritual entre la Madre y el Hijo. Representa la compassio mariana, donde la Virgen experimenta interiormente los padecimientos de Cristo.
Tipología de la Nueva Eva: La doctrina católica, desde San Ireneo de Lyon hasta la constitución dogmática Lumen Gentium (n. 56), define a María como la Nueva Eva. Mientras la primera mujer cooperó para la caída del género humano, la Virgen coopera activamente junto al Nuevo Adán en la restauración de la gracia.
Cooperación en la Redención: La disposición postrada de María manifiesta la perfecta obediencia a la voluntad del Padre, constituyendo el testimonio visual de su cooperación en la obra de la salvación.














