Su rostro brillaba como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

 





II Domingo de Cuaresma


En el texto de Mateo, la narración de la transfiguración comienza con una indicación cronológica -"Seis días después"- que lo vincula con lo precedente, es decir, con la profesión de fe de Pedro, con el primer anuncio claro por parte de Jesús de su pasión y con la declaración de que para ser discípulos es necesario seguirle por el camino de la cruz. "Seis días después" el Maestro lleva a tres de sus discípulos a una montańa alta para concederles la experiencia anticipada de la gloria prometida después de padecer.

En aquella elevada soledad Jesús les muestra su aspecto divino "cambiando de aspecto" (v. 2). Mateo insiste particularmente en la luz y el fulgor que emanan de él, evocando la figura del Hijo del hombre de Dn 10 y la narración de la manifestación de YHWH en la cumbre del Sinaí (Ex 34,29-33).

Las continuas alusiones a las teofanías del Antiguo Testamento (Ex 19,16; 24,3; 1 Re 19,11) indican que está pasando algo extremadamente importante: en Jesús la antigua alianza va a transformarse en "nueva y eterna alianza". La aparición de Moisés y Elías testimonia que Jesús es el cumplimiento de la Ley y los Profetas, el que guiará al pueblo a la verdadera tierra prometida y lo restablecerá en la integridad de la le en Dios.

La intervención de Pedro (v. 4) indica el contexto litúrgico de la fiesta de los Tabernáculos, la más alegre y resplandeciente de luces, que conmemoraba el tiempo del Éxodo, cuando Dios bajaba en medio de su pueblo morando también él en una tienda, la tienda del encuentro. La Nube de la Presencia (shck/ünah), que ahora desciende y envuelve a los presentes, actualiza y lleva a la plenitud la liturgia: como declara la voz que se oye desde el cielo, Jesús es el profeta "más grande" preanunciado por el mismo Moisés (Di I S, I 5), y lo es por ser el Hijo predilecto de Dios.

Ante esta manifestación extraordinaria de gloria, un gran temor se apodera de los discípulos. Jesús los reanima con su gesto y su palabra (v. 7) como el Hijo del hombre de la visión de Daniel. Se vuelve más desconcertante e incomprensible a los discípulos lo que Jesús, ya sólo, les dice: el Hijo del hombre - la figura gloriosa esperada como conclusión de la historia deberá afrontar la muerte y resucitar.

La liturgia de hoy nos pide caminar por un sendero estrecho y áspero. Es el camino de la fe obediente que exigió a Abrahán unas rupturas concretas y dirigirse a metas desconocidas. Es el camino de la difícil perseverancia que exige a Timoteo vencer el desaliento y una  generosidad renovada del don de sí. Es el camino del sufrimiento y de la muerte que Jesús recorre plenamente consciente, preparando a sus discípulos para que también lo afronten con fortaleza. Sin embargo, es el único camino que conduce a la verdadera vida, a la gloria auténtica, a la luz sin ocaso.

Ya desde ahora se nos concede pregustar un poco aquel esplendor para proseguir con nuevo impulso caminando. La promesa de la bendición divina colmó de esperanza la vida de Abrahán; la fuerza de Dios ayuda a Timoteo a obtener la gracia de Cristo para difundir el Evangelio con entusiasmo; la visión de Cristo transfigurado corrobora a los discípulos en la hora de la ignominia y de la cruz. El Espíritu Santo no deja nunca de alentarnos.

El sufrimiento es fiel compańero en el camino de la vida, pero en la prueba no estamos solos: Jesús está a nuestro lado como "varón de dolores que conoce bien lo que es sufrir", como el primero que ha llevado el peso de la cruz. Esto basta para mantenernos confiados en que su poder se manifiesta plenamente en nuestra debilidad; nos inyecta ánimo para asumir estas opciones en el camino hacia la pascua y para dar testimonio de la resurrección.

 



Quinto Domingo: La huida a Egipto (7 Domingos de San José)

La Sagrada Familia se convierte en refugiada.

  • El Dolor: La necesidad de huir precipitadamente de noche hacia Egipto porque Herodes quería matar al Niño. El miedo y la fatiga del exilio en tierra extraña.

  • El Gozo: Tener a Dios mismo (Jesús) bajo su cuidado constante y ver, según la tradición, cómo los ídolos de Egipto caían ante la presencia del Salvador.

            Padrenuestro, Avemaría y Gloria              o bien, 7 Padrenuestros y Avemarías en honor a los 7 dolores y gozos

  • Oración Final: "Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Santísima Madre; concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." "San José, ruega por nosotros."

lunes de la I semana de cuaresma Juzga con justicia a tu prójimo.

lunes de la I semana de cuaresma
Juzga con justicia a tu prójimo.
La Cuaresma: Practicar la verdadera religión.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

Calendario de Adviento. Día 6 de 40.

Short:

Pasión: Viacrucis de Hakuna


La treintena de San José.

Día 6 de 30

Jesús ayunó cuarenta días y es tentado

 




I Domingo Cuaresma


Jesús, proclamado por el Padre Hijo de sus complacencias, inmediatamente después del bautismo es conducido al desierto "por el Espíritu" para ser "tentado por el diablo": por consiguiente, esta prueba es querida por Dios. Jesús, que vino para recapitular toda la humanidad dando al Padre esa total adhesión que debía haber ofrecido Israel, es sometido a las mismas tentaciones del pueblo del Éxodo, como indican las citas del Deuteronomio con las que responde a Satanás (Dt 8,3; 6,16; 6,13). Pero donde Israel falló, Jesús vence.

La insidia diabólica comienza presentando a Jesús las esperanzas mesiánicas y pidiéndole que demuestre si es verdad que, como había afirmado la voz del cielo, es Hijo de Dios. A la propuesta de un mesianismo que satisfaga con facilidad las necesidades materiales del hombre, Jesús responde contraponiendo al alimento material el alimento espiritual de la Palabra vivificante de Dios (vv. 3s). A la imagen de una misión milagrera y espectacular que le propone el diablo, Jesús opone una sumisión incondicional a los designios de Dios (vv. 5-7). A la tentación del éxito sigue finalmente la del dominio -convertirse en seńor de la tierra, ceder a la idolatría del poder-, pero el camino mesiánico que Cristo intuyó en el desierto es muy distinto. Con la autoridad que le viene de su dedicación plena a Dios, él, el perfecto adorador del Padre, expulsa al demonio (vv. 8-11).

Mateo nos presenta a Jesús no sólo como el verdadero Israel, sino también como el nuevo Moisés, al citar el ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, y la mención del "monte altísimo" desde donde el diablo le muestra todos los reinos de la tierra, aludiendo a Dt 34,1-4. Estos cuarenta días en el desierto preparan a Jesús para que asuma la guía del nuevo pueblo de Dios, a quien ofrece la Ley nueva.

El Seńor Dios prepara para el hombre un jardín delicioso y fértil: tierra de comunión y de encuentro entre el Creador y el "adán", tierra de libertad donde el amor es la consciente adhesión a la voluntad de Dios, con la certeza confiada de que quiere el bien de sus criaturas.

Aunque queda abierta la posibilidad del rechazo, aunque la serpiente puede hacerse notar en el jardín, el Espíritu de Dios conduce a Jesús al desierto: tierra de soledad donde todo calla y el silencio amplifica las voces que percibe el corazón; tierra de libertad donde Dios puede hablar o callar. También el diablo, el Divisor, puede encontrarnos en el desierto. Por eso fue conducido al desierto por el Espíritu.

El hombre engańado por el Maligno buscó una gloria que pensaba que un Dios envidioso le negaba: ser como Dios, autodeterminar lo que es el bien y el mal, la insidia de siempre. Y Adán se encontró desnudo, desterrado del jardín original, errante en una tierra que exige fatigas para producir pan. Jesús, por eso, bajó al abismo de la caída del primer hombre del orgullo y la autosuficiencia de cada uno de nosotros.

Como cualquier hombre, oyó la atractiva voz del que en la soledad absoluta se le acerca y le incita a probar sus propias posibilidades: someter a su servicio las leyes de la materia, instrumentalizar la protección divina, dominar el mundo comprometiéndose "sólo un poco" con el Príncipe de este mundo. Acaso no son los medios más adecuados para llevar a cabo con éxito la misión confiada? Son tentaciones que cada uno conoce bien, aunque nos limitemos al ámbito del propio trabajo.

 



Cuarto Domingo: La profecía de Simeón. (7 Domingos de San José)

 

Cuarto Domingo: La profecía de Simeón

Acoentece durante la Presentación en el Templo.

  • El Dolor: Escuchar la profecía del anciano Simeón, quien predijo que este Niño sería "signo de contradicción" y que una espada de dolor atravesaría el alma de María. José sufre por el destino de su esposa y su hijo.

  • El Gozo: Saber por el mismo Simeón que Jesús sería "Luz para alumbrar a las naciones" y gloria de su pueblo Israel. Padrenuestro, Avemaría y Gloria

            o bien, 7 Padrenuestros y Avemarías en honor a los 7 dolores y gozos

  • Oración Final: "Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Santísima Madre; concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." "San José, ruega por nosotros."