San Benito Abad. 11 de julio.

La medalla de San Benito. Orden de S. Benito. Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. La vida de un monje benedictino. Monasterio de San Pelayo de Oviedo (benedictinas) S. IX. 

Benito (Nursia, c. 480 - Montecassino, c. 547) fue el "fundador" del monacato occidental. Cautivado e impulsado por el Espíritu, abrazó en su edad juvenil un período de absoluta soledad en una cueva de Subiaco; su fama le atrajo algunos discípulos, para los que organizó la vida cenobítica. Primero, en pequeños monasterios y, después, en el célebre cenobio de Montecassino.

Su Regla reasume sabiamente la tradición monástica oriental y la adapta con discreción al mundo latino. Esta "escuela de servicio al Señor" se construye en torno a la lectura amorosa de la Palabra de Dios [lectio divina), a la liturgia de alabanza desarrollada de manera coral y al trabajo realizado en un clima de caridad fraterna, de humilde y obediente servicio.

La Iglesia y el mundo, por diferentes pero convergentes razones, tienen necesidad de que san Benito salga de la comunidad eclesial y social y se rodee de su recinto de soledad y de silencio, y desde allí nos haga escuchar el encantador acento de su sosegada oración, desde allí casi nos alabe y nos llame a sus umbrales claustrales, para ofrecernos el cuadro de un taller del "divino servicio", de una pequeña sociedad ideal, donde finalmente reina el amor, la obediencia, la inocencia, la libertad de las cosas y el arte de usarlas bien, la preponderancia del espíritu, de la paz; en una palabra, el Evangelio. Que vuelva san Benito para ayudarnos a recuperar la vida personal; esa vida personal de la que hoy tenemos tanto ansia y afán, y que el desarrollo de la vida moderna, a la que se debe el deseo exasperado de ser nosotros mismos, sofoca al mismo tiempo que lo despierta, decepciona al mismo tiempo que lo hace consciente.

Corría el hombre en un tiempo, en los siglos remotos, al silencio del claustro, como corría a ellos Benito de Nursia, para encontrarse a sí mismo. Hoy no es la carencia de la convivencia social lo que impulsa al mismo refugio, sino la exuberancia. La excitación, el estruendo, el carácter febril, la exterioridad, la multitud, amenazan la interioridad del hombre; le falta el silencio con su genuino palabra interior, le falta el orden, le falta la oración, le falta la paz, le falta él mismo. Para volver a tener el dominio y el gozo espiritual de nosotros mismos, tenemos necesidad de volver a asomarnos al claustro benedictino. Y una vez recuperado el hombre para sí mismo en la vida monástica, está recuperado para la Iglesia. El monje tiene un sitio escogido en el cuerpo místico de Cristo, una función preparada y urgente como nunca (Pablo VI, alocución del 24 de octubre de 1964). Fuente: santaclaradeestella.es


El Papa tiene un mensaje para los jóvenes de la JEMJ en Covadonga.

El Papa tiene un mensaje para los jóvenes de la JEMJ en Covadonga

La Jornada Eucarística Mariana Juvenil que comienza este viernes en Covadonga ha superado ampliamente los 1.900 inscritos y se acerca a los 2.000, «el tope planteado para este año», explica la hermana Beatriz Liaño, religiosa de las Siervas del Hogar de la Madre que, junto con los sacerdotes de la institución y la asociación En Marcha, están al frente de este gran encuentro de jóvenes que cumple su tercera edición en el Santuario.

El programa responde al mismo de años anteriores. Comenzará este mismo viernes por la tarde, el sábado estará dedicado principalmente a los talleres que elijan los propios jóvenes, por la noche la Vigilia y el domingo, la eucaristía. Si el año pasado la figura del joven santo Carlo Acutis fue referente en el encuentro, este año serán los Mártires de Barbastro. «Ellos serán los protectores y patronos de la JEMJ, modelos para los jóvenes participantes, junto a la figura de Pier Giorgio Frassati, también canonizado el año pasado. La historia de estos 51 jóvenes seminaristas claretianos y sus formadores era conocida pero su testimonio se difundió con más amplitud con la película «Un Dios prohibido», de Pablo Moreno, que narra su martirio. «Casi todos, menos los formadores, rondaban entre los 21 y los 25 años y todos prefirieron morir antes de renegar de su fe, de su vocación, de su amor a Jesucristo», explica la hna. Beatriz. «En la película se ve un momento particularmente conmovedor –cuenta– cuando ya han muerto más de 30 de esos claretianos, uno de ellos, Faustino Pérez, que se queda un poco como el «líder» de estos jóvenes y escribe una carta de despedida a su congregación, a los claretianos, la comunidad que les ha formado pues estaban a punto de ser ordenados sacerdotes. La carta de despedida es conmovedora y en ella muestra su amor a Jesucristo, a la congregación, se ve cómo perdonan, que es uno de los distintivos de estos mártires, y cuánto se han querido entre ellos en los días que han estado prisioneros. La JEMJ tendrá presente una reliquia de los mártires, que nos han concedido generosísimamente los propios claretianos». Con este motivo estará presente en Covadonga el Provincial de los Claretianos con el Superior de la Comunidad de Oviedo, para asistir a la obra musical orquestada con la historia de los mártires que han preparado un grupo de voluntarios y que se presentará el viernes por la noche. «Será una noche espectacular, conociendo la historia de estos mártires tan generosos y con esta obra que se ha preparado con tanto cariño y la presencia de un maestro excepcional, Julio Maroto, que vendrá a dirigir la orquesta. La obra musical orquestada es un género poco conocido, pero de gran impacto a la hora de presentar historias con emociones fuertes –explica la hna. Beatriz Liaño–».

Todos los eventos se pueden seguir en directo por Internet.

En este dosier tienes más detalles de todas las actividades.

La JEMJ en los medios.

Mensaje del Papa a los participantes

Este año, además, con la reciente visita del Papa a España, será especialmente ilusionante escuchar el mensaje que ha escrito León XVI a los jóvenes participantes y que leerá el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, durante la eucaristía de clausura el domingo, una noticia que se ha dado a conocer precisamente este mismo jueves. Junto con el Arzobispo de Oviedo estarán presentes también en el encuentro el Obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco y el Obispo de Getafe, Mons. Ginés del Río. Pero no habrá exclusivamente presencia española en el encuentro. Estados Unidos, Irlanda, Portugal o República Checa son países que aportan un gran número de participantes. No es una novedad, siempre han acudido jóvenes de otros países pero en esta ocasión el número es mayor que en años anteriores. Y es que la JEMJ nació «al conocer los resultados de una encuesta realizada por Obispos en Estados Unidos, en la que descubrieron que, prácticamente el 70% de los jóvenes católicos del país lo desconocía todo sobre la eucaristía», explica la hna. Beatriz. «Los Obispos reaccionaron rápidamente planteando una campaña de reavivamiento eucarístico nacional que realmente ha dado frutos muy bonitos en Estados Unidos y aún está en marcha». «La JEJM es un eco de ese clamor, de esa necesidad que hay de dar a conocer a los jóvenes el tesoro que tenemos en el Sagrario y para ayudar a que los jóvenes tengan un encuentro con Jesús en la eucaristía, de la mano de aquella que mejor nos puede conducir a Él, que es la Virgen María», explica la religiosa, que reconoce que «el Arzobispo de Oviedo nos animó a que ese evento, la JEMJ, sucediera en Covadonga, junto a la Santina, y así ha sido, desde el 2024, con una respuesta de los jóvenes sorprendente».

Tal ha sido esa respuesta que los talleres inicialmente planteados han tenido que ampliarse, de seis a ocho, y se ha incluido uno en habla inglesa, para facilitar a todos aquellos que vienen de fuera. Habrá un taller sobre la Virgen de Guadalupe, otro para aprender a rezar, otro sobre afectividad y sexualidad, sobre Inteligencia Artificial o también otro sobre acompañamiento espiritual, evangelización y la importancia de la eucaristía para descubrir el amor verdadero, entre otros.

En la eucaristía de clausura se dirá la fecha y el lema de la JEMJ de 2027, que en esta ocasión servirá de puente hacia la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago de Compostela, ya planteada, puesto que será Año Santo.

La lucha por ser sinceros. Artículo.

¿Quiénes somos realmente? ¿Quiénes somos cuando nos quedamos con el alma al desnudo: despojados del ego, de la imagen que tenemos de nosotros mismos, del postureo, las modas e ideologías que inhalamos inconscientemente y que tiñen nuestro pensamiento; despojados del trauma que arrastramos de nuestras heridas y de nuestras actitudes inconscientes de siempre?

¿Cuándo somos sinceros?

Según la sabiduría popular, la palabra sincero viene de dos palabras latinas: Sine (que significa «sin») y Cera (que significa «cera»). Ser sincero es estar «sin cera»; es decir, ser quienes realmente somos por debajo de todas las capas de ego, autoimagen, ideología, traumas y apariencias inconscientes que nos asedian. No es fácil ser sinceros, dadas las desconcertantes complejidades de nuestra mente y de nuestro corazón. Cuesta mucho excavar debajo de todo eso para tocar lo que de verdad somos.

Por tanto, ¿cuándo somos sinceros? Ofrezco dos historias como respuesta.

La primera es de Ruth Burrows, una de las escritoras místicas más profundas de los últimos tiempos. Cuenta cómo, un buen día, se le quitó toda la cera y se encontró con el alma al desnudo.

Se crió en Inglaterra y ni ella ni su familia eran especialmente religiosas. Sus padres la enviaron a un colegio privado de monjas para chicas, no por motivos religiosos, sino porque la educación allí era mejor que la de las escuelas públicas de la zona.

Pasó allí los años del instituto sin llegar a sumergirse nunca en la fe. Luego, como preparación para la graduación, las monjas llevaron a las alumnas a un centro de espiritualidad para hacer un retiro. Ruth y una de sus compañeras no se tomaron el retiro en serio; no hacían más que reírse, burlarse y pasarse notas durante las charlas del director del retiro. Así que, en un momento dado, las monjas sacaron a Ruth y a su amiga del grupo y, mientras sus compañeras escuchaban la conferencia, ellas tuvieron que quedarse sentadas en silencio en la capilla durante esas horas, bajo la mirada vigilante de una monja. Al principio, confiesa Ruth, ella y su amiga seguían resistiéndose a ponerse serias; continuaban riéndose y guiñándose el ojo.

¡Pero las horas eran largas! Y durante un rato de silencio especialmente largo, tuvo un momento de gracia, de claridad, de sinceridad, de desnudez de alma. En ese instante, se vio tal como era: una joven con la cabeza llena de pájaros, que no pensaba con claridad, atrapada por el ego y las apariencias, pero también, en el fondo, una persona buena y cariñosa, profundamente amada por Dios. Ese único momento de claridad le cambió la vida.

Este momento de gracia le llegó a Ruth Burrows aparentemente sin buscarlo, aunque sin duda las capas más profundas de su mente y de su corazón estaban invitando a esa visita de la gracia.

Mi segunda historia es más terrenal, pero poderosa precisamente por eso. Hace unos años, un amigo cercano, de solo cincuenta y cuatro años, se estaba muriendo de cáncer. Cuando ingresó en el centro de cuidados paliativos, le llevé el libro de Teresa de Lisieux, Historia de un alma. Unos días después, hablando por teléfono, me confesó esto: «Gracias por el libro de Teresa de Lisieux, es lo único que todavía puedo leer. Cuando te estás muriendo, se acaban las tonterías. Sabes lo que es real y lo que no». El proceso de morir fue su momento místico; lo condujo a la sinceridad.

Entonces, ¿cómo llegamos hasta ahí? ¿Cómo atravesamos todo lo que se interpone entre nosotros y la sinceridad, entre nosotros y la desnudez del alma?

Tenemos que llevar esto conscientemente a la oración diaria. De hecho, durante la segunda mitad de la vida, nuestra lucha fundamental en la oración consiste precisamente en intentar ponernos con el alma al desnudo, estar ante Dios y ante nosotros mismos «sin cera». Necesitamos presentarle nuestra lucha a Dios. Esta es la esencia misma de la oración contemplativa, de la contemplación.

Thomas Merton dijo una vez: «Con Dios, un poco de sinceridad llega muy, muy lejos». Podemos consolarnos sabiendo que Dios comprende que la lucha es dura, y que la mayoría de las veces tenemos, al menos, un poco de sinceridad. Y podemos tocar nuestra sinceridad a través de una intención que trasciende la lucha con nuestros sentimientos.

Aquí hay un ejemplo de Thomas Merton sobre cómo expresar esa intención en la oración:

«Señor Dios mío, creo que el deseo de agradarte, de hecho, te agrada. Y espero no hacer nunca nada al margen de ese deseo. Y sé que si hago esto, me guiarás por el camino correcto, aunque yo no sepa nada de él».

Sin embargo, cuando alcanzamos la sinceridad y la desnudez del alma, el efecto puede sorprendernos. Como dice Merton: «Que nadie espere encontrar en la contemplación una escapatoria del conflicto, de la angustia o de la duda». Al contrario, la profunda certeza de la experiencia contemplativa despierta una angustia trágica y abre muchas preguntas en lo más hondo del corazón, como heridas que no dejan de sangrar. Pero recuerda siempre: «Con Dios, un poco de sinceridad llega muy, muy lejos». Original en Ingles  / Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

Animarnos unos a otros a usar la mejor versión de nosotros mismos. Artículo.

Crecí en una zona rural donde casi todo el mundo era inmigrante de primera o segunda generación. La mayoría estábamos justo por encima del umbral de la pobreza, luchando por salir adelante económicamente y por hablar bien el idioma. También nos costaba acceder a la educación superior; tanto porque muchos de mis compañeros tenían que dejar los estudios después de la educación básica para ayudar a mantener a la familia, como porque la idea de ir a la universidad aún no formaba parte de la mentalidad de la mayoría de los hogares.

En nuestra comunidad había una familia con la que esto no pasaba. Tenían una situación económica cómoda, varios de sus miembros habían ido a la universidad y ahora eran profesionales en distintos campos. Eran una familia privilegiada.

Pero lo llevaban bien. No había esnobismo, ni ostentación, ni complejos de superioridad. Al contrario. Utilizaban sus cualidades para intentar ayudar al pueblo. Uno de sus hijos se hizo profesor y enseñó en uno de los colegios locales, y durante varios años la familia instaló una pista de curling cada invierno para la comunidad. Eran admirados y respetados a la vez.

Un día, uno de los hijos estaba sentado con un grupo de jóvenes tomando una cerveza, compartiendo anécdotas y disfrutando de un rato de bromas sanas, cuando el hijo de esta respetada familia hizo un comentario abiertamente racista. Se hizo un silencio incómodo. Entonces, uno de los hombres, con voz suave, le dijo: «¿Sabes?, me sorprende que digas algo así. Tu familia tiene mucha clase. Todos os admiramos. Esto no parece propio de ti».

La reacción del hombre fue inmediata y arrepentida: «Tienes razón. Lo siento. No sé por qué digo esas cosas. Ha sido una estupidez».

Me imagino una reacción muy diferente si se le hubiera recriminado con palabras duras como: «¡Eres un racista! ¡Cómo puedes decir algo así!».

Cuando nos reprochamos las cosas con dureza, el efecto suele ser que nos pongamos a la defensiva y nos cerremos en nuestra postura. Nos sentimos reñidos, censurados, avergonzados, y eso puede servir tanto para atrincherarnos más como para convencernos. También contribuye a endurecer la distancia entre nosotros, en lugar de invitarnos a sacar lo mejor y lo más noble que llevamos dentro.

Necesitamos invitarnos y animarnos mutuamente a buscar lo mejor y lo más elevado de nuestro interior.

¿Andar en busca de lo mejor y lo más elevado de nuestro interior?

Algunos de los primeros escritores cristianos (los Padres de la Iglesia) sugerían que cada uno de nosotros tiene una doble personalidad y un doble corazón. Sostienen que en cada uno de nosotros hay un corazón grande, generoso, noble y altruista. Pero, también dentro de cada uno, hay un corazón herido, mezquino y egoísta; y en cualquier momento dado, podemos estar actuando desde un corazón o desde el otro. Podemos ser generosos y podemos ser mezquinos, y esto puede cambiar de una hora a otra dependiendo de con qué nos topemos en la vida.

Aquí hay un ejemplo: imagina que te levantas una mañana sintiéndote altruista y noble de corazón. En ese momento, tienes la mente y el corazón de Jesús. Con esa actitud santa, vas al trabajo y allí alguien se muestra frío y sarcástico contigo. En un minuto, todo puede dar un giro; ya no tienes la mente y el corazón de Jesús, ni la mente y el corazón de lo mejor que hay en ti. El corazón herido y mezquino se impone al corazón grande, el cariño y la comprensión te abandonan, y ahora te sientes frío y amargado.

Ahora imagínalo al revés: te levantas una mañana sintiéndote paranoico, incomprendido y rumiando viejas heridas. En ese momento no tienes la mente y el corazón de Jesús, ni estás sintonizado con lo mejor y lo más elevado de tu propia mente y corazón. Vas al trabajo en ese estado tan poco santo y allí, inesperadamente, una compañera te saluda efusivamente y te dice cuánto valora tu trabajo y tu amistad. En un minuto, la mente noble se impone a la mente mezquina, todo lo mejor y más generoso que hay en ti sale a la superficie y deseas ser mejor persona. Pasas de la amargura a la amabilidad en un minuto.

Hoy vivimos en un mundo polarizado donde muchísimos temas nos dividen con amargura y nos empujan, no a lo que es noble y mejor en nosotros, sino a lo que está herido, paranoico y a la defensiva. Necesitamos un nuevo tono en nuestro diálogo: un tono de invitación y respeto, que reconozca lo que hay de noble y generoso en el otro y que luego le anime a asumir lo mejor de sí mismo.

En lugar de insultarnos y agredirnos con consignas, necesitamos decirnos unos a otros: «¿Sabes?, me sorprende que digas algo así. ¡Tienes tanta clase! Todos te admiramos. Esto no parece propio de ti». Ese tipo de invitación puede ayudar a derretir parte de la frialdad que, por todo tipo de razones, asedia perennemente el corazón humanoOriginal en Ingles / Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

Alimentarse del fuego sagrado. Artículo.

Hay una frase en una canción de Gordon Lightfoot que intenta descifrar la lucha que se libra en el corazón de Don Quijote, el mítico héroe de Miguel de Cervantes. Su bondad lo aparta del mundo, aun cuando comprende que la maldad brota de la misma fuente; es decir, que tanto «los sabios como los malvados se alimentan del fuego sagrado de la vida».

Y aquí nos encontramos con una ironía desconcertante: tanto los sabios como los malvados, los santos y los pecadores, se nutren de la misma fuente sagrada. La misma energía que aviva la entrega generosa del santo que muere por los pobres, enciende también el comportamiento irresponsable del cantante de moda que presume orgulloso de miles de conquistas sexuales. Ambos se alimentan de la misma energía que, en última instancia, es sagrada. La fuerza divina en este mundo se utiliza para fines muy diferentes.

Por ejemplo, una de las mayores críticas que se le hacen a la religión y a las iglesias es que, a menudo, utilizan a Dios para justificar todo tipo de guerras y violencia. Es muy frecuente ver cómo una violencia terrible se alimenta de la fe y de la religión.

Y el cristianismo no se libra de esto. Con las Cruzadas y la Inquisición, tenemos nuestra propia historia de violencia en nombre de Dios. Además, hoy en día hay más violencia de la que nos atrevemos a admitir justificada por cristianos que encuentran en su fe tanto la motivación como la fuerza para defender la violencia, el racismo y la desigualdad en el nombre de Jesús. Podemos protestar diciendo que, en estos casos, su energía está mal encaminada, corrompida o usurpada por el puro egoísmo, pero el fondo de la cuestión es el mismo. Sigue siendo energía sagrada, aunque se esté pervirtiendo.

John Lennon, en su famosa canción Imagine, sugería que caminaríamos más fácilmente hacia el amor y la paz si se eliminara la religión («nada por lo que matar o morir, y tampoco ninguna religión»). Hay una ingenuidad peligrosa en esa idea, aunque tenga razón al decir que la energía sagrada que se encuentra en la religión a menudo juega en contra de la paz y del amor en este mundo. Los fanáticos religiosos descarriados también se alimentan del fuego sagrado de la vida.

Por muy descaminada, mal utilizada o pervertida que esté, la energía religiosa no es una prueba contra la existencia de Dios. Al contrario: la tremenda fuerza de su poder, su control ciego, su capacidad para adueñarse por completo de la vida de alguien y su enfermiza seguridad en sí misma apuntan precisamente a su carácter divino, a su misterio, a su sacralidad y a sus raíces dentro de una realidad y una energía que superan por completo las nuestras.

La religión enferma es tan poderosa precisamente porque es real, no una fantasía. Puede estar enferma, pero es real. Por eso las sectas religiosas son peligrosas. Son peligrosas porque son reales, monstruosamente reales. La gente suele morir en las sectas porque el fuego divino que canalizan sus líderes descarriados es tan real como la electricidad que electrocuta un cuerpo cuando alguien mete un cuchillo en un enchufe de alta tensión. Metafóricamente, eso es lo que hacen las sectas: se alimentan del fuego sagrado, de la energía divina, pero sin las precauciones y los filtros necesarios que las grandes tradiciones espirituales nos han enseñado que hacen falta para acercarse a lo divino. Las sectas muestran una ingenuidad peligrosa ante la advertencia de la Escritura: «¡Nadie puede ver el rostro de Dios y seguir vivo!».

Lo que vemos en la mala religión se refleja también en nuestras vidas personales. A veces nos cuesta admitirlo, pero lo que parece salvaje y malvado dentro de nosotros también está impulsado por el fuego sagrado de la vida. Nuestras energías desbordantes por la creatividad, el sexo, el logro, el disfrute y por conectar profundamente dentro de la comunidad humana a menudo se usan de forma irresponsable, excesiva, narcisista, manipuladora y destructiva. Es más, aquellos que tienen suficiente osadía y poca conciencia —los rebeldes y los malvados— a menudo simplemente toman lo que quieren de la vida, sin importarles la moral o las consecuencias. Sus vidas suelen estar movidas por fuerzas salvajes, poderosas, creativas y eróticas que pueden parecer la antítesis misma de la energía sagrada.

Pero, una vez más, el poder mismo, la aparente irresistibilidad y la fuerza salvaje de esta energía no indican que estas fuerzas narcisistas, sexuales y aparentemente egocéntricas sean profanas y carezcan de santidad o, peor aún, que estén reñidas con lo que es santo y sagrado en nuestro interior. Es todo lo contrario: su propio poder y su aparente irresistibilidad residen precisamente en su divinidad y sacralidad. Su fuego es tan poderoso porque es sagrado, es divino, es la energía de Dios dentro de nosotros.

La Escritura nos dice que llevamos dentro la imagen y semejanza de Dios, y que esta es realmente nuestra identidad más profunda y la fuente de nuestras energías más íntimas. Pero no deberíamos imaginarnos la imagen de Dios en nuestro interior como un hermoso y estático icono al estilo de Andréi Rubliov grabado en nuestras almas. Dios es fuego, energía infinita, creatividad infinita, libertad infinita, una fuerza salvaje que supera nuestra imaginación; una energía sin límites que alimenta todo lo que es.

Solo existe una fuente de energía. El fuego sagrado alimenta toda la vida e impregna a todos por igual, al santo y al pecador. Y Dios nos ha dado la libertad de usarlo como elijamos, con sabiduría o con maldad. Alimentándonos del mismo fuego sagrado, podemos convertirnos en señores de la guerra o en pacificadores, en asesinos o en mártires, en hedonistas o en santosOriginal en Ingles / Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

Venid a mi todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré.

 





Domingo XIV del Tiempo Ordinario


Esta perícopa, casi idéntica a Lc 10,21-22, ha sido definida como <<el Magnificat de Jesús". Los sinópticos dan testimonio de que Jesús tenia conciencia de ser el Hijo de Dios de forma única e inefable. Unos pocos versículos bastan para mostrar el corazón de este Hijo e invitamos a poner en él nuestro cobijo.

El contexto, ligeramente diferente en Mateo y Lucas por motivos redaccionales, destaca en ambos el marcado contraste entre la mentalidad común y los pensamientos de Dios (cf Is 55,8ss). Jesús bendice al Senior del cielo y de la tierra llamándolo familiarmente <<Padre" y alaba el conocimiento que, insondable en su sencillez, no se puede adquirir mediante el esfuerzo o trabajo humano. Este conocimiento es puro don de Dios, revelación de Dios a los sencillos (nepíoi v. 25). Solo los <<pequeńos" son capaces de acoger con naturalidad, los misterios del Reino de los Cielos anunciados por Jesús. El lo subraya con claridad: tal es el plan del Padre.

En esta afirmación, Jesús nos revela su rostro interior perfilado por una adhesión inquebrantable a la voluntad de Dios, de quien recibe todo y al que le devuelve todo con obediencia amorosa (vv. 26-27a). Esta obediencia inaugura una comunión perfecta con Dios, que en el lenguaje bíblico se expresa con el término conocimiento: no un conocer nocional, sino una relación vital, en la que el Hijo puede introducimos (v. 27b).

Retomando la antigua invitación de la Sabiduría (Prov 8,5; 9,5), llama a los oprimidos por el peso de las tribulaciones de la vida y les ofrece un yugo diferente al de la Ley. Acoger las enseńanzas de Jesús no significa, en efecto, cargar con un cúmulo de normas a observar, sino aprender de él la sencillez y humildad de corazón, que hacen mas llevadera la prueba y mas leve la tribulación (vv 28-30). Quien concuerda su corazón con el del Hijo encuentra descanso y sosiego (v. 29b): el peso del Amor alza a quien lo lleva.

La liturgia de la Palabra de hoy, como un sorbo de agua de manantial, reconforta nuestra sed de caminantes. Todo lo sencillo e intacto conserva el poder de encandilamos y renovarnos internamente si por un instante nos detenemos y disfrutamos de ello. Con la sencillez de los pequeńos, Jesús desenmascara los propósitos que nos formamos, quizá de buena fe, pero que no se corresponden con los planes de Dios. Con frecuencia, nos empeńamos en trabajar por el Reino de los Cielos con materiales y utensilios equivocados: nos hacemos una idea del <<éxito" que solo encaja en un horizonte estrecho, abajo el dominio de la carne". La Palabra nos llama a la humildad de Dios y de Cristo, nos conduce a la rectitud que triunfará el día del Seńor nos invita a edificar la paz en nuestro alrededor apaciguando el corazón.

Admitamos que aun no nos hemos aprendido esta lección; verdaderamente, no conocemos ni al Padre ni al Hijo. Ser conscientes de ello es el primer fruto de escuchar la Palabra. Seamos sus discípulos: <<Venid a mi", nos dice la Sabiduría. Despojaos de los sofisticados andamios de vuestra pretendida inteligencia y eficiencia, que terminan aprisionándoos. Descended a las extremas profundidades de mi muerte, y mi Espíritu os resucitaré internamente para una vida nueva y libre. Si la libertad y la paz son valores todavía estimados, su nombre secreto no esta de moda: humildad y sencillez de corazón. Miremos al Dios hecho hombre: contemplémosle y quedaremos radiantes.

Te ruego, Seńor que derribes los andamios de mi ciencia humana; líbrame de la lógica enmarańada de mis razonamientos, de mi orgullosa autosuficiencia, y concédeme la sencillez del nińo, que descubra cada mańana la novedad de todo cuanto sucede, cuando siempre parece igual. Hazme pequeńo y libre, Seńor, que me encuentre entre los dichosos que tienen ojos para ver y oídos para oír las grandes cosas que has revelado. Y entonces comprenderé que el nuevo orden del mundo, el orden de la justicia y de la paz, lo has depositado en mis manos. Amen.




Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos.


San Pedro y San Pablo

Textos

Audio

Lecturas

Piensa en las diferencias que forman parte de tu comunidad, de tu familia, de tu Iglesia, y recíbelas como un don, no como un problema.

Comentario:
San Pedro y San Pablo. Tan diferentes en su origen, en su camino, en su manera de ver las cosas... y los dos son pilares de la Iglesia



La confesión de Pedro es un texto de gran importancia para la vida del cristianismo y se compone de dos partes: la respuesta de Pedro sobre el mesiazgo de Jesús, Hijo de Dios (vv. 13-16), y la promesa del primado que Jesús confiere a Pedro (vv. 17-19). Por lo que respecta a la pregunta que dirige Jesús a sus discípulos, podemos subrayar dos puntos de vista: el de los hombres (v. 13: "Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"), con su apreciación humana, y el de Dios (v. 15: "Y vosotros quién decís que soy yo?", con el correspondiente conocimiento sobrenatural.

La opinión de la gente del tiempo de Jesús reconocía en él a un profeta y a una personalidad extraordinaria (v. 14). La opinión de los Doce, en cambio, es la expresada por la confesión de fe de Pedro: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (cf. v. 16). Ahora bien, esa revelación es fruto exclusivo de la acción del Espíritu Santo, "porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos" (v. 17).

A causa de esta confesión, Pedro será la roca sobre la que edificará Jesús su Iglesia. A Pedro y a sus sucesores les ha sido confiada una misión única en la Iglesia: son el fundamento visible de esa realidad invisible que es Cristo resucitado. Ambos constituyen la garantía de la indefectibilidad de la Iglesia a lo largo de los siglos.

Por otra parte, el poder especial otorgado por Jesús a Pedro, expresado por las metáforas de las llaves, del "atar" y del "desatar" (v. 19), indica que tendrá autoridad para prohibir y permitir en la Iglesia.



Gracias a: Rezando Voy,Santa Clara de Estella y dominicos.org

El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí







Domingo XIII del Tiempo Ordinario


El discípulo, el misionero, esta llamado a ser sin equívocos un hombre de fe y un hombre libre; la Palabra que anuncia exige que nada pueda ensombrecer su claridad, su transparencia. Por eso, su estilo de vida es sobrio (cf Mt 10,9-10) y sus vínculos afectivos están jerarquizadas por el amor a Jesús (v 37). Jesús es el valor absoluto para el discípulo, quien le hace capaz de afrontar los sufrimientos e incluso la muerte (vv 38ss). Quien acoge al misionero también vive un vinculo de comunión intenso con Jesús y con el Padre, ya que, según la concepción común del judaísmo, el enviado es igual al que envía; quien acoge al misionero acoge a Jesús y en él al Padre que lo ha mandado (v. 4o). Actuando así manifiesta fe concreta, amor humilde y servicial. También quien abre la casa y el corazón al misionero coopera en la extensión del Reino de Dios y participa de la misma dicha que el misionero (vv. 4lss).

 En nuestro tiempo, en distintos ámbitos de la vida personal y social, experimentamos las dificultades de acoger <<al otro": al extrańo o al vecino; al padre anciano o al hijo concebido; al enfermo crónico o al terminal, a quien sencillamente sus opciones son diferentes a las nuestras. Advertimos que acoger es correr un riesgo, el de renunciar a algo nuestro en favor del otro, y nos asustamos. Y además, el otro qué hará con la acogida que le ofrezco?

Sin embargo, correr el riesgo puede significar un descubrimiento: el del amor que crece. El otro no es primariamente un desconocido del que defenderse; es sobre todo un misterio enriquecedor por descubrir. El Seńor nos recuerda que en la persona que acogemos se hace visible su presencia, Renunciar a un poco de espacio y a un poco de tiempo, ampliar los círculos de amistad para abrazar nuevas amistades, compartir lo que somos, sabemos y tenemos no es privación, sino potenciación fecunda.

Lógica absurda, desde las exigencias urgentes de una rígida contabilidad de dar/tener. Lógica de un amor que ha dado la propia vida para hacer vivir a todos: el amor del Seńor, Jesucristo. Es la lógica que cada bautizado hace suya. ,Cual es la mía?

Perdóname, Seńor: he cerrado la puerta de mi corazón y la puerta de mi casa; a veces por miedo, otras por pereza. Perdóname, Seńor También tengo que decir: perdóname, hermano; perdóname, hermana, porque no has encontrado en mi lugar donde descansar, estar a gusto, sentirte <<en casa". Si, perdóname. Sé que es posible vivir de otra manera, desplegar el amor y ayudar a otros.

Y todavía te suplico, mi Dios: haz que camine contigo en la vida nueva, sin temores infundados, sin sospechar de nadie, sin levantar barricadas. Que haga de la confianza y del compartir no la cantinela de buenos propósitos o eslóganes espirituales momentáneos, sino Ia repetida experiencia de todos los días. Que corra por mis venas tu vida resucitada y florezca en expresiones de verdadero amor




El complejo misterio del sufrimiento. Artículo.

A veces cuesta distinguir la enfermedad de la salud. Cuando sufrimos, ¿es señal de que algo va mal en nosotros o podría ser que ese sufrimiento sea el resultado sano de vivir con fidelidad? Cuando sentimos ansiedad, ¿estamos madurando con desvelo el Reino de Dios o simplemente nos estamos matando a disgustos? El sufrimiento es complejo y ambiguo. Veamos un ejemplo.

Henri Nouwen, uno de los guías espirituales más reconocidos y respetados de nuestra generación, era —como él mismo compartía con tanta honestidad en sus escritos— un hombre complejo y, a menudo, atormentado. Era un santo, pero un santo que libró batallas monumentales para mantener su vida a la altura de sus compromisos y de sus votos. Su compromiso era firme, pero sus emociones no tanto.

Era un sacerdote católico, con voto de celibato, pero propenso a enamorarse a veces. En una de esas ocasiones, se enamoró de forma obsesiva. Al tener el voto de celibato, consciente de que esa relación nunca podría incluir la intimidad especial que anhelaba, y al recibir una señal clara de la otra persona de que la obsesión no era mutua, cayó en una depresión que lo llevó a ingresar en una clínica durante varios meses. Con el tiempo recuperó la salud y el equilibrio, y desde ese nuevo horizonte escribió El regreso del hijo pródigo, su libro insignia, que se ha convertido en un clásico espiritual.

La mayoría de los comentarios sobre la vida de Nouwen tratan este incidente como una patología, como una etapa de su vida en la que no estuvo sano, como una evidente caída de la gracia. Señalan varios factores que parecen indicarlo: era homosexual y se había enamorado de un hombre heterosexual que no correspondía a sus sentimientos románticos; su formación en el seminario no lo había preparado bien para la experiencia de enamorarse así; por temperamento, era un hombre emocionalmente complejo y a menudo atormentado; y existen dudas sobre el grado de madurez que tuvo la relación con su madre durante su crecimiento.

Sin duda, todos estos factores influyeron en su depresión. Sin embargo, si miramos más a fondo, este incidente puede verse de una manera muy distinta. Es decir, no como una patología, una enfermedad o una inmadurez (aunque estas realidades siempre nos condicionen a todos), sino más bien como una crisis que, en última instancia, da un testimonio profundo de la honda salud espiritual de Nouwen, de su fidelidad al Evangelio, de sus compromisos y de su disposición a sudar sangre en Getsemaní, al igual que Jesús.

Más allá de cualquier otra consideración, Nouwen aceptó este dolor desgarrador en su vida con honestidad e integridad y, como Jesús, prefirió romperse por dentro antes que romper sus votos.

Ese es el gran reto, uno que nos dejó Jesús y que a mis hermanos y a mí nos transmitió mi padre, quien solía decirnos: «A menos que estés dispuesto a sudar sangre, no serás capaz de mantener tus compromisos». Jesús nos dice lo mismo, y vemos que él tuvo que hacer precisamente eso: sudar sangre para mantenerse fiel a su misión. Además, es significativo fijarse en dónde sudó sangre: concretamente, en un «huerto».

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la palabra «huerto» o «jardín» no se refiere a un lugar para cultivar hortalizas. Bíblicamente, el «Huerto» es el lugar del amor; es a donde van los amantes. Fijémonos en que Jesús no suda sangre en el templo, ni en una montaña, ni en una barca en el mar. Más bien, suda sangre en un huerto, el lugar del amor, como alguien a quien se le está rompiendo el corazón de amor. Henri Nouwen sudó sangre en una clínica, como alguien a quien se le rompía el corazón. Esa clínica fue su «huerto», su Getsemaní, el lugar donde estaba viviendo una transformación pascual, más que sucumbiendo a una enfermedad.

Cualesquiera que fueran sus debilidades, sus tentaciones o sus crisis emocionales, Nouwen siempre las compartió abiertamente y con una honestidad desarmante. A pesar de todas sus complejidades y de las aparentes contradicciones de su vida, siempre fue transparente, casi como un niño. Apenas guardaba nada bajo la superficie. Además, el argumento de que esta crisis fue en el fondo una experiencia sana para él puede apoyarse también en los frutos que dio en su vida.

¡Por sus frutos los conoceréis!

Henri Nouwen, a pesar de su inmensa popularidad, luchó durante toda su vida adulta simplemente por recibir amor y por creerse digno de ser amado. Este colapso lo transformó radicalmente. Tras salir de la clínica y regresar a su vida normal, experimentó el resto de sus días una certeza profunda de ser amado y de ser alguien entrañable. Desde ese espacio transformado escribió su obra maestra espiritual, El regreso del hijo pródigo, que nos ha ayudado a miles de nosotros a acoger el amor de forma más profunda y a aceptar que (a pesar de las persistentes dudas congénitas que nos digan lo contrario) somos dignos de ser amados.

A veces cuesta saber cuándo el sufrimiento es un signo de enfermedad o de fidelidad. Sin embargo, suele ser un signo de fidelidad cuando, como Nouwen, aceptamos rompernos por dentro antes que romper nuestros compromisosOriginal en Ingles / / Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

26 de junio: San Pelayo. Mártir. Patrón del Monasterio de S.Pelayo de Oviedo.

San Pelayo para niños, de las benedictinas de Rengo (Chile), monasterio fundado por el de San Pelayo de Oviedo, lugar donde se guardan las reliquias del santo.
San Pelayo, mártir y titular del Monasterio de Oviedo______________________________
Nacido en Albeos (Crecente, Pontevedra), en el año 911 o 912, Pelayo era sobrino del Obispo de Tui, Hermoigio – quien también es contado como santo -. Cuentan los hagiógrafos que en la escuela de la catedral aprendió gramática y se inició en la Liturgia, actuando como monaguillo.

España sentía sobre sí el peso de la dominación musulmana. El que se proclamaría, en 929, primer califa de Córdoba, Abderramán III, unificador del al-Andalus, venció en el 920 a los leoneses y navarros en la batalla de Valdejunquera.

Un éxito militar que repercutió directamente en la vida del joven Pelayo. Su tío, el obispo, fue apresado y llevado a Córdoba. Pelayo era su rescate. En un principio, se trataba de un rescate provisional: el niño, como rehén, ocuparía la plaza del anciano, mientras éste conseguiría el oro necesario para, a su vez, liberarlo. Pero esta liberación no tuvo lugar, ya que el obispo, enfermo, murió antes de lograr su propósito.

En Córdoba, a Pelayo le tocó compartir, desde 921, el destino de otros cautivos: la prisión y los trabajos en aquella ciudad enorme. Dicen que en la prisión fue tratado con relativa benevolencia, e incluso aprovechó el tiempo dejándose instruir por clérigos reclusos.

Debía gozar de cierta reputación, por su inteligencia y hasta por su prestancia física. El caso es que fue llevado ante Abderramán III, quien se sintió atraído por el muchacho. Todo el poder de un califa frente a la debilidad de un adolescente. La pretensión del soberano era doble: Comprar el alma y el cuerpo de Pelayo, pero éste, libre pese a la cautividad, no quiso venderse, ni en un sentido ni en otro.

Se negó a renunciar a la fe cristiana para convertirse al Islam. Ponen en su boca palabras como éstas: “Soy cristiano y lo seré. Tus riquezas no valen nada. No voy a renegar de Cristo que es mi Señor y el tuyo, aunque tú no lo quieras”. Igualmente rechazó convertirse en un mancebo del emir, a quien no permitió que le tocase.

Abderramán no se anduvo con contemplaciones y Pelayo pagó su fidelidad a Cristo con la muerte, el 26 de junio de 925. Dicen algunos que una catapulta de guerra lo lanzó desde un patio del alcázar hasta la otra orilla del Guadalquivir; casi muerto, fue degollado por un guardia.

Pero, en algún retablo, como en el mismo “Martirologio”, se alude a otro modo de martirio: siendo desgarrada su carne con tenazas.

El cuerpo del joven santo fue trasladado a León y, más tarde, a Oviedo, donde es venerado en un monasterio de benedictinas. San Pelayo es el patrono del Seminario Menor de Tui.

El “Martirologio” nos proporciona este pequeño resumen: “En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Pelayo, mártir, que a los trece años, por querer conservar su fe en Cristo y su castidad ante las costumbres deshonestas de Abd al-Rahmán III, califa de los musulmanes, consumó su martirio glorioso al ser despedazado con tenazas (925)
”.  Texto de Guillermo Juan Morado.