Exaltación de la Santa Cruz y en Oviedo del 14 al 21 de septiembre "Perdonanza" o Jubileo de la Santa Cruz

El Jubileo de la Santa Cruz, o Perdonanza, comenzará en la Catedral de Oviedo el día 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz.


En esta ocasión, el lema del Jubileo es Unidos en la Cruz, constructores de pazhaciendo referencia a dos de los ejes centrales del Pontificado de León XIV: la unidad y la paz.

El Santo Sudario se mostrará en los días tradicionales, al finalizar las eucaristías del día 14 y del 21.

Al finalizar la eucaristía del día 21, se procederá al reparto del agua bendita de la hidria. Durante todas las misas jubilares se expondrá sobre el altar la Cruz de los Ángeles (siglo IX)

Las eucaristías jubilares tendrán lugar a las 18,30 h en la nave central de la Catedral y se expondrá en todas ellas la Cruz de los Ángeles (siglo IX), que se custodia en la Cámara Santa. A partir de las 17,30 h se podrá recibir el Sacramento de la Penitencia. El día 21, fiesta de San Mateo, el Deán presidirá, además, la eucaristía solemne a las 12.

Al finalizar las celebraciones de los días 14 y 21, como es tradicional, se mostrará el Santo Sudario frente al altar mayor para la veneración de los fieles. Además, durante todo el Jubileo, el Santo Sudario permanecerá descubierto en la Cámara Santa.

Los temas y sacerdotes que predicarán cada día en el Jubileo serán los siguientes:

14 de septiembre: 18,30 h “La cruz, fuente de la unidad de la Iglesia”, por D. Juan Manuel Hevia Fisas, Párroco de la UP de Colloto.
15 de septiembre: 18,30 h “María al pie de la cruz, Madre de la unidad”, por D. José María Sauras Vásquez, Párroco de la UP de San Pedro de los Arcos y Nuestra Señora de la Merced.
16 de septiembre: 18,30 h “La cruz derriba los muros de la enemistad”, por D. José Antonio Bande García, Rector del Seminario Metropolitano de Oviedo.
17 de septiembre: 18,30 h “La cruz y el ministerio de la reconciliación”, por D. Juan Ignacio García Iglesias, Vicerrector del Seminario Metropolitano de Oviedo.
18 de septiembre: 18,30 h “La Eucaristía, memorial de cruz y sacramento de comunión”, por D. Jaime Díaz Pieiga, Director Espiritual del Seminario Metropolitano.
19 de septiembre: 18,30 h “La cruz, camino de paz para los pueblos”, por P. Roberto José Gutiérrez González OCD, Párroco de Nuestra Señora del Carmen y Arcipreste de Oviedo.
20 de septiembre: 18,30 h “La cruz gloriosa y la esperanza de un mundo reconciliado”, por D. Andrés Pérez Díaz, Vicario Judicial de la diócesis y Párroco de la UP de San Lázaro del Camino.
21 de septiembre: 12 h Fiesta de San Mateo “La cruz gloriosa fuente de la misión de la Iglesia”, por D. Benito Gallego Casado, Deán de la Catedral.
Para ganar la Perdonanza (Indulgencia plenaria)

 Visita piadosa a la Santa Iglesia Catedral de Oviedo y rezo del Padrenuestro y Credo.
 Confesión sacramental. (Todos los días, a partir de las 17:30 habrá confesores en la Catedral)
 Comunión eucarística.
 Oración por las intenciones del Sumo Pontífice: Padrenuestro y Ave María. Las condiciones 2ª, 3ª y 4ª pueden practicarse varios días antes o después de la visita a la CatedralFuente.

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Para la Iglesia es una fiesta del Señor, en la que celebramos el misterio de la cruz, la obra realizada por Cristo en ella. La imagen predominante es la de Jesús elevado en la cruz, que marca profundamente la vida y espiritualidad de los cristianos. Según la tradición, hoy es el aniversario del hallazgo de la santa Cruz (14 de septiembre del 320, por Santa Elena, madre del emperador Constantino) y de la dedicación de la basílica constantiniana levantada en el mismo lugar de la crucifixión del Señor. Cada año se celebraban en Jerusalén solemnes ceremonias que culminaban con la elevación del sagrado leño para que lo contemplase y adorase la multitud de fieles que se congregaba. En mayo del 614, Cosroas, rey de los persas, saqueó Jerusalén y se llevó la cruz a su país. Pero el emperador Heraclio derrotó a los persas, recuperó la cruz y la entregó solemnemente al patriarca de Jerusalén el 3 de mayo del 630. Esta recuperación llenó de entusiasmo a la Iglesia y particularmente a los latinos, que no tardaron en celebrar la fiesta de la santa Cruz en esta última fecha.- Oración: Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

 La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada - y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

 La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado. Fuente

En Oviedo tienen ustedes la reliquia más importante de la cristiandad, junto con la Sábana Santa

En el día de la exaltación de la Santa Cruz el padre Santi Arellano, con ayuda de la oración de monasterios, sacerdotes y parroquianos, consigue un milagro...


No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.








Domingo XXIV  del Tiempo Ordinario


Estamos en el corazón del denominado <<discurso eclesial" (o comunitario) de Mateo, que ocupa todo el capitulo 18. La principal interpelada es la comunidad cristiana, la Iglesia, <<la asamblea de los llamados" (vv 17).

El discurso no esta dirigido a extrańos, sino a hermanos que viven juntos. Se trata de dar consistencia al amor fraterno: <<Seńor: cuántas veces ....? ". La pregunta de Pedro es clara (v. 21). La cuestión es de cálculo, el límite o las fronteras del perdón... <<Siete veces?" Hasta cuántas veces, llegados a un punto, basta, porque la paciencia tiene un limite.

Jesús, como de costumbre, le contesta con una parábola (vv 23-34), y quien quiera entender que entienda. Es un drama, de corte sapiencial, en tres actos, sin paralelo en los otros sinópticos. Los protagonistas, un rey y sus siervos.

El primer acto, estructurado con una lógica extrańa, abre el drama; este rey decide ajustar las cuentas con sus sirvientes. Le presentan a un siervo con una deuda enorme: diez mil talentos. Imposible de saldar Un talento correspondía a 36 kilos, en peso, o a 10.000 denarios, en monedas. Si un denario era el jornal de un obrero, para que el siervo hubiese podido pagar la deuda debería haber trabajado una cantidad inconmensurable de ańos. Y aunque el rey hubiese logrado vender a aquel siervo, con toda su familia y sus bienes (como había amenazado) habría obtenido mas bien poco (la venta de un esclavo oscilaba entre 500 denarios, como mínimo, y 2.000 denarios, como máximo). La propuesta del siervo, <<te lo pagaré todo", es completamente absurda. Sin embargo, lo sorprendente es la reacción del rey-Seńor a la súplica del siervo: <<Tuvo compasi6n". Esta es la primera respuesta a la pregunta de Pedro, y con él - portavoz de la comunidad - a todos los discípulos: reconocerse deudores, totalmente insolventes, aunque beneficiarios de un <<super-don", inmerecido y absolutamente gratuito, procedente de Dios.

El segundo acto del drama, el perdón fraterno, mutuo e ilimitado: <<No te digo siete veces, sino setenta veces siete" (v. 22). El rey-Seńor desaparece de la escena y quedan únicamente los siervos. Un segundo siervo le debe 100 denarios al primero (al siervo que le había sido perdonado el enorme débito); bastaría con tener un poco de paciencia, como legítimamente le pedía el segundo siervo a su compańero, (<<Ten paciencia conmigo y te pagaré") y todo se resolvería. Pero —he aquí el drama- el primer siervo no quiere esperar y reivindica, de manera agresiva, lo que considera suyo, la deuda. Sin acceder a prórroga de ningún tipo, decide zanjar el asunto rompiendo definitivamente cualquier relación con el otro:

<<Lo metió en la cárcel" (M 30).

El último acto de la parábola es la consecuencia del comportamiento mezquino del siervo. Es inútil decirlo. El rey, muy enfadado, emite un juicio (M 32) y concluye formulando una pregunta retórica: <<No debías haber tenido compasión de tu compańero, como yo la tuve de ti? (M 33).

 <Acuérdate de tu fin y deja de odiar" (Sir 28,6). Cuál es el <<fin", las <<cosas últimas", de las que habla la Escritura? Si nos fijamos en la pagina del evangelio de Mateo, el fin se refiere al Reino de los Cielos; y si hojeamos la Carta a los Romanos, coincide con el Seńor (<<Vivimos para el Seńor", 14,8). El Reino de los Cielos es el horizonte ultimo de la historia, Cristo resucitado es el acontecimiento último del hombre. Pues el perdón mira al presente desde el fin, es decir, del novum, del éschatón, de lo definitivo que esta por venir El perdón <<no se sitúa en un plano ético, sino escatológico. El perdón es la profecía del Reino" (E. Bianchi).

En el texto de Mateo, hay dos dimensiones en tensión: la comunidad cristiana que vive en el tiempo, imperfectamente, y el Reino de los Cielos, que domina el fin de los tiempos. El perdón, como posibilidad ilimitada de relación y convivencia fraterna en el presente, también es la condición -gratuitamente ofrecida - de acceso a la comunión con Dios. Allí donde el pecado es ruptura de la relación, el perdón es restablecimiento, reconstrucción y consolidación de vínculos.

Se trata de abrir las puertas de nuestro corazón al amor - mas precisamente, a la misericordia de Dios- y permitirle que vivifique lo que el pecado mata. Se puede decir que la fuerza del perdón es la paciencia, entendida como esperanza, oración y empeńo por la conversión propia y del hermano. Perdonar conlleva, en cierto sentido, participar de la paciencia divina: él es el <<paciente", el <<clemente", el <<compasivo", el <<misericordioso" y el <<fiel" (Ex 34,6). El primer movimiento del perdón es tener paciencia, aceptar las imperfecciones propias y ajenas. El segundo consiste en dar: estar en actitud de disponibilidad (darse) y acogida (ofrecerse) con el ofensor.

Santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro!

Perdónanos nuestras deudas: por tu inefable misericordia, por la virtud de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos y la intercesión de la beatísima Virgen y de todos tus elegidos.

Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores: y lo que no perdonamos plenamente, haz tu, Seńor que plenamente lo perdonemos, para que por ti amemos de verdad a los enemigos y en favor de ellos intercedamos devotamente ante ti, no devolviendo a nadie mal por mal (cf 1 Tes 5,15), y para que procuremos ser en ti útiles en todo.

Y no dejes caer en tentación: oculta o manifiesta, imprevista o insistente.

Mas líbranos del mal: pasado, presente y futuro. Gloria al Padre... (Francisco de Asís, <<Paráfrasis del padrenuestro", en San Francisco de Asís.













El Dulce Nombre de María. 12 de septiembre.

Por primera vez, se autorizó la celebración de esta fiesta en 1513, en la ciudad española de Cuenca; desde ahí se extendió por toda España.

Toda celebración festiva alude a otras siguientes o a cualquier otra festividad anterior. Cuatro días después de celebrar la Natividad de la Virgen, el pasado día 8 de septiembre, hoy se celebra el Dulce Nombre de María. El hecho de que la Santísima Virgen lleve el nombre de María es el motivo de esta festividad.

Fue instituida con el objeto de que los fieles encomienden a Dios, a través de la intercesión de la Santa Madre, las necesidades de la Iglesia, le den gracias por su Omnipotente protección y sus innumerables beneficios, en especial los que reciben por las gracias y la mediación de la Virgen María. Los orígenes conocidos de este día mariano por excelencia, nos lleva a comienzos del siglo XVI, y además en nuestra tierra española, lugar de María y de Títulos en honor de Ella, como siempre han destacado los Papas.

Por primera vez, se autorizó la celebración de esta fiesta en 1513, en la ciudad española de Cuenca; desde ahí se extendió por toda España y en 1683, el Papa Inocencio XI la admitió en la Iglesia de Occidente como una acción de gracias por el levantamiento del sitio a Viena y la derrota de los turcos por las fuerzas de Juan Sobieski, rey de Polonia. En ella los cristianos pidieron que los atacantes no les hiciesen daño y se desató una inmensa lluvia que impidió el uso efectivo de las armas de fuego.

Hay quien piensa que esta conmemoración es probablemente algo más antigua que el año 1513, aunque no se tienen pruebas concretas sobre ello. Todo lo que podemos decir es que la gran devoción al Santo Nombre de Jesús, que se debe en parte a las predicaciones de San Bernardino de Siena, abrió naturalmente el camino para una conmemoración similar del Santo Nombre de María.

El evangelista san Lucas, en la escena de la Anunciación, escribe: <<Y el nombre de la Virgen era María>>. Benedicto XVI decía el 12 de septiembre de 2006: <<Celebramos hoy la fiesta del "Nombre de María". A quienes llevan este nombre -mi madre y mi hermana lo llevaban- quisiera expresarles mi más cordial felicitación por su onomástico. María, la Madre del Seńor, recibió del pueblo fiel el título de "Abogada", pues es nuestra abogada ante Dios. Desde las bodas de Caná la conocemos como la mujer benigna, llena de solicitud materna y de amor, la mujer que percibe las necesidades ajenas y, para ayudar, las lleva ante el Seńor. Hoy hemos escuchado en el evangelio cómo el Seńor la entrega como Madre al discípulo predilecto y, en él, a todos nosotros. En todas las épocas los cristianos han acogido con gratitud este testamento de Jesús, y junto a la Madre han encontrado siempre la seguridad y la confiada esperanza que nos llenan de gozo en Dios y en nuestra fe en él. Acojamos también nosotros a María como la estrella de nuestra vida, que nos introduce en la gran familia de Dios. Sí, el que cree nunca está solo>>.- Oración: Te pedimos, Dios Todopoderoso, que a cuantos celebramos el nombre glorioso de santa María Virgen, ella nos consiga los beneficios de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Seńor. Amén. Fuente: COPE y Santa Clara de Estella 

Vigilia de jóvenes en Covadonga.

Un año más, en la víspera del Día de Nuestra Señora de Covadonga, la Delegación de Pastoral Juvenil convocó una Vigilia de Jóvenes en el Santuario. Cientos de chicos y chicas acudieron desde diferentes puntos de la diócesis para participar en este encuentro anual que en esta ocasión tuvo como punto central el viaje del Papa León XIV a España.

Con este motivo, la primera actividad de la Vigilia se desarrolló en la explanada y contó con una serie de testimonios de personas que habían podido participar en el viaje. Un joven matrimonio, un sacerdote y una periodista presentaron ante los jóvenes asistentes su experiencia, junto con la sorpresa de poder escuchar, a través de la megafonía, las palabras y el testimonio de Sor Elsa Campa, Priora del Monasterio de Carmelitas Descalzas de Oviedo, que había grabado una breve intervención sobre cómo había vivido su comunidad el viaje del Papa.

A continuación, ya en el interior de la Basílica, tuvo lugar un tiempo de Adoración y reflexión ante el Santísimo, acompañado por el coro de Pastoral Juvenil.

En su intervención, el Arzobispo de Oviedo agradeció la asistencia de tantos jóvenes que acudieron a esta cita «durante todo el año esperada y cuidada», dijo. Mencionó también la emoción de cada año al vivir la Novena y observar cómo acuden numerosas parroquias de Asturias peregrinando hasta la Santa Cueva y, profundizando ya en la visita del Papa a España, recordó que aquel evento removió «algunas conciencias, encendió más de un entusiasmo y de pronto las calles se llenaron de gente que había recuperado la esperanza», dijo. «Muchos se preguntaron qué secretos tienen los cristianos para vivir como ellos viven», afirmó.

«La visita del Papa León nos llegó cuando más la necesitábamos» dijo Mons. Jesús Sanz. «Llevábamos un tiempo donde las cosas no iban bien por más que algunos se empeñen en decir que esto va fenomenal». «¿Qué hacemos –dijo– los cristianos ante estos panoramas que llevan años sucediendo: incendios, pandemias, descarrilamientos, invasiones de personas que vienen de infiernos, de hambrunas, de dictaduras? ¿Nos desesperamos, nos atrincheramos, nos evadimos, nos deprimimos? Los cristianos cuando estamos ante algo que nos parece irresoluble, imposible, lo que hacemos es escuchar lo que escuchó María: lo imposible para ti es posible para Dios». «El Papa –añadió– ha suscitado en medio de esta orfandad que nos acorrala una figura que nos devuelve la esperanza». «Esas cosas que son imposibles para nosotros. Dios, con sus manos, las quiere abrazar y con su entraña las quiere amar. Cuando se las ofrecemos verdaderamente a Dios, la vida cambia». Fuente: Archidiócesis de Oviedo.

Una melancolía inquieta. Artículo.

Vivimos en un mundo en el que, como dice Karl Rahner, nuestra vida es siempre una sinfonía inacabada. En esta vida no existe una plenitud definitiva. La mayor parte del tiempo no somos conscientes de ello, ni tampoco de que esto crea en nuestro interior una especie de vacío que nos hace aferrarnos con avidez a la vida.

Sin embargo, hay algunas cosas que pueden ayudarnos a tomar conciencia de ello, por ejemplo, la poesía y la música. Charles-Pierre Baudelaire, 1821-1867, poeta, ensayista y crítico de arte francés, dijo una vez lo siguiente sobre la poesía y la música: «Es por medio de la poesía y a través de la poesía, por medio de la música y a través de la música, como el alma vislumbra el esplendor que hay más allá de la tumba; y cuando un poema exquisito hace asomar las lágrimas a nuestros ojos, esas lágrimas no son la prueba de un exceso de placer, sino más bien el testimonio de una melancolía irritada, de la agitación de los nervios de una naturaleza exiliada en lo imperfecto y que quisiera apoderarse inmediatamente, aquí en la tierra, de un paraíso revelado».

¡Qué manera tan distinta de expresarlo! La poesía y la música pueden despertar e inquietar nuestra melancolía, haciéndonos conscientes de los límites de nuestra vida y, al mismo tiempo, despertando en nosotros una intuición de lo que será el cielo y del deseo de estar ya allí.

Baudelaire utiliza la palabra «melancolía» para referirse a lo que sentimos a causa de ese vacío que existe en nuestra vida. Pero ¿es esa la mejor palabra para describirlo? ¿Es melancolía? ¿Es tristeza? ¿O podríamos darle otro nombre? De hecho, a lo largo del tiempo se le han dado muchos nombres.

San Agustín, por ejemplo, no lo llamaría tristeza, sino anhelo, dolor interior, inquietud. Lo expresa en su conocida frase: Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Esa es quizá su expresión más conocida. Pero hay otras.

Diversos autores espirituales franceses lo llaman inquietud, una especie de desasosiego; el autor bíblico del Eclesiastés habla de una eternidad sembrada en nuestro interior que hace que nunca terminemos de encajar del todo en los ritmos naturales del tiempo; la joven Ana Frank, escribiendo en su diario, lo describió sencillamente como una energía que le hacía querer saltar fuera de su propia piel y estar en todas partes al mismo tiempo; la sabia Ruth Burrows lo llamó «complejidad torturante»; el científico y místico Pierre Teilhard de Chardin habló de «un impulso irresistible hacia la plenitud, que hace que todos gritemos: “Señor, haz que seamos uno”»; y Frederick Buechner lo llamó «una presencia subterránea» bajo la superficie, algo que no se anuncia como una banda de música, sino que aparece, nos toca y nos golpea de maneras tan sutiles que podemos no darnos cuenta siquiera de su presencia o, por el contrario, apartarnos de ella.

¿Cuál es su origen? ¿De dónde procede todo esto? Es, como dice san Agustín, ese dolor que nos recuerda que hemos sido creados para Dios y que este mundo no es nuestro hogar definitivo. Pero esto no habita en nosotros como tristeza, melancolía u oscuridad. Al contrario. Está dentro de nosotros como un exceso de energía, un exceso de luz, una luminosidad.

Este es su origen: como cristianos, creemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, con demasiada frecuencia imaginamos esto de una manera demasiado simple, como si dentro de nuestra alma hubiera estampado un hermoso icono, en lugar de comprenderlo como un fuego divino, un toque de infinito, una energía divina insaciable que nos hace saber que somos más que nuestra biología y más que las leyes físicas de este mundo. Y también nos asegura que nunca encontraremos aquí una plenitud completa. Estamos hechos para algo más.

Podemos experimentar esto como tristeza o melancolía, pero, paradójicamente, ocurre porque su luz excesiva proyecta una sombra oscura. Cuando hablamos de esa sombra interior a la que nos da miedo enfrentarnos, en realidad estamos hablando de nuestra propia luminosidad, de la imagen de Dios que llevamos dentro. Nos asusta esa luz divina que habita en nosotros. Es demasiado grande y no sabemos cómo acogerla.

La poeta Marianne Williamson expresa muy bien esta idea en su poema Nuestro miedo más profundo:

Nuestro miedo más profundo no es ser inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es ser poderosos más allá de toda medida.
Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad,
lo que más nos asusta.

Nos preguntamos:
¿Quién soy yo para ser brillante, hermoso, lleno de talento, extraordinario?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo de Dios.

Hacerte pequeño
no ayuda al mundo.
No hay nada iluminado en disminuirte
para que los demás no se sientan inseguros a tu lado.

Todos estamos llamados a brillar,
como brillan los niños.
Hemos nacido para manifestar
la gloria de Dios que habita dentro de nosotros.

No está solo en algunos;
está en todos.

Y cuando dejamos que brille nuestra propia luz,
sin darnos cuenta damos permiso a los demás para hacer lo mismo.
Cuando nos liberamos de nuestro propio miedo,
nuestra presencia libera también a otros.

Esto no es exactamente tristeza, pero sí es, en efecto, una melancolía inquieta que nos hace conscientes de cuánta luz llevamos dentro. Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org

Si te hace caso, has salvado a tu hermano.







Domingo XXIII  del Tiempo Ordinario


El texto evangélico de hoy pertenece al <<discurso eclesial" de Jesús (o discurso sobre la fraternidad). En el evangelio de Mateo se encuentra después de la parábola de la oveja perdida y la solicitud de Jesús con los <<pequeńos", con las personas mas débiles en la fe y, por lo tanto, mas expuestas al peligro del desaliento o la deserción. El presente relato se puede leer como la ilustración práctica de la búsqueda solicita de la oveja perdida.

Si hacemos una lectura superficial de las palabras de Jesús, nos puede dar la impresión de que se trata de un discurso duro: enumera detalladamente una serie de normas disciplinares y concluye con una sentencia judicial. En realidad, la enseńanza de Jesús responde a una preocupación pastoral: salvar a los hermanos mas frágiles y exhortar a todos para que se responsabilicen del hermano que ha pecado y le ayuden a volver.

El mandato categórico <<ve" (vt 15) sobreentiende que se requiere coraje para corregir al hermano extraviado, que es necesario vencer una resistencia interior para dar este paso, pues el bien del hermano vale mas que el malestar percibido, y a gusto y por él, se sacrifica el propio “bienestar". Jesús sugiere el itinerario a seguir en la corrección fraterna. Se parte con una primera tentativa admonitoria, cara a cara, con delicadeza y discreción, sin intención de humillar o mortificar; sino con el deseo de comunicar el sufrimiento de la comunidad, causado por el pecado y la separación, y a la espera de abrazar afectuosamente al hermano.

Si este intento fracasa, se recurre a la corrección en presencia de dos o tres testigos; y solo en el caso de un ulterior fiasco se hace participe del problema a toda la comunidad. Si a pesar de la intervención de la comunidad el resultado es negativo, queda el reconocimiento oficial de la separación del hermano de la Iglesia. No se trata, propiamente, de una <<excomunión", sino de la declaración explícita de una situación de hecho ya ocurrida: <<considéralo como un pagano o un publicano" (v. 17), es decir, como alguien extrańo a la comunidad.

El hincapié sobre la comunión es insistente en los versículos finales (vv. 19ss): la concordia de los corazónes -en griego, <<sintonía" o <<sinfonía"- puestos de acuerdo para pedir cualquier cosa asegura la acogida de la petición, la comunión <<en el nombre de Jesús".

Es decir, reunirse en torno a la persona de Jesús, adhiriéndose a su Palabra y a su misión en la historia, asegura la presencia de Dios. El texto evangélico podríamos leerlo ahora a partir de estos versículos finales, con cuya luz se ilumina el rostro auténtico de la Iglesia: una comunidad de amor que hunde sus raíces en el misterio de Cristo, el misterio del amor hasta el extremo.

La Palabra de Dios propuesta por la liturgia orienta nuestros pasos y guía nuestra mente y nuestro corazón hasta el mandamiento evangélico de la corrección fraterna: el profeta Ezequiel proclama la responsabilidad personal, el apóstol Pablo recuerda que en el amor mutuo hunde sus raíces y, por ultimo, el evangelista Mateo enseńa a practicarla con el estilo de Jesús.

        Frente a este tema experimentamos una sensación de malestar una cierta resistencia. Y a menudo -así hay que reconocerlo- eludimos la corrección fraterna. Por tanto, es necesario redescubrir el sentido teológico profundo de la corrección fraterna. Contemplemos con mirada atenta el misterio de la cruz de Jesucristo mediante la cruz nos llega la salvación; la cruz es el signo del gran amor que Dios nos tiene; salvándonos, nos hace portadores de su salvación. La auténtica corrección fraterna nace justo <<en ese punto de encuentro donde la salvación obtenida se convierte en salvación entregada, donde un pecador perdonado se convierte en instrumento de perdón redentor de mediación salvadora, y sale al encuentro del hermano pecador como él, para que acoja el do de Dios, igual que él" (A, Cencini).

Si la cruz de Jesús es el centro de la experiencia religiosa personal, también será el centro de la fraternidad que se reúne en su nombre: por la cruz pasará nuestra interrelación. Sólo la cruz de Jesús tiene el poder de juzgar y reconciliar, y si vivo en la escucha humilde y sincera de la Palabra de la cruz, si me dejo <<radiografiar" en mi verdad y forjar en la verdad de Dios-Amor entonces, y sólo entonces, podré ser un instrumento de corrección y reconciliación, libre de cualquier tipo de juicio. Este camino de corrección fraterna evita tanto los excesos de la impotencia como de la prepotencia, excesos -uno y otro— que revelan un escaso sentido de la comunicación y de la disponibilidad para corregir y dejarse corregir fraternalmente.

Todavía resuenan hoy las proféticas palabras de Pablo VI en su exhortación Paterna cum benevolentia: <<La corrección fraterna es un acto de caridad mandado por el Seńor [...]. Su práctica obliga a quien la rea1iza a sacar primero la viga de su ojo (cf Mt 7,5), para que no se pervierta el orden de la corrección. La práctica de la misma se dirige desde el principio como un movimiento a la santidad, que solo puede obtener en la reconciliación su plenitud; consistente no en una pacificación oportunista que disfrazase la peor de las enemistades, sino en la conversión interior y en el amor unificador en Cristo que se deriva" (cap. VI). En esta línea comprendemos 1a grandeza de la corrección fraterna: un instrumento indispensable que ayuda a crecer a la comunidad y a cimentarla en el amor de Cristo.

Ayúdame, Seńor; a permanecer enmudecido a los pies de tu cruz para escuchar tu Palabra y dejarme alcanzar y modelar por ella. Solo la Palabra de tu cruz revela la verdad de mi vida y desvela el disfraz de mi mentira. Tu Palabra me juzga, Seńor, me juzga severamente; ante ella no puedo, ni quiero, esconderme. Descubro con la delicia y la alegría del nińo que, mientras tu Palabra <<hiere, cura>> (cf Job 5,18), de ella nace una vida nueva.

Descubro que <<el Seńor reprende a quien ama, como un padre a su hija predilecto>> (cf Prov 3,12). Descubro que <<él reprende, corrige, enseńa y conduce como un pastor su rebańo" (cf Sir 18,13). Y aun descubro que la Palabra de la cruz me atrae y su potencia divina acoge mi debilidad palmaria y transforma el mal en bien. Seńor, ayúdame a ser según tu Palabra.

















Santa Madre Teresa de Calcuta (5 de septiembre)

«De sangre soy albanesa.
De ciudadanía, India.
En lo referente a la fe, soy una monja Católica.
Por mi vocación, pertenezco al mundo.
En lo que se refiere a mi corazón...
pertenezco totalmente al Corazón de Jesús».



Lo que hacemos representa menos que una gota en el océano, pero sin esa gota le faltaría algo al océano. Yo soy un lápiz de Dios. Él escribe lo que quiere. Nuestra gente apenas consigue mantenerse en pie. Están hambrientos, o enfermos, o desnudos. Ni siquiera son capaces de sostener la caña de pescar. Lo que yo hago es darles un pescado para comer hasta que estén lo suficientemente fuertes. Entonces los entregaré a vosotros, vosotros les entregaréis la caña y les enseñaréis a pescar...
Me he visto obligada a padecer la celebridad. La uso por amor a Jesús. Cuando hablan de mí, los periódicos y las televisiones hablan de los pobres y de este modo despiertan la atención sobre los pobres. Vale la pena soportar este peso... si no voy al cielo por cualquier otra cosa, iré por toda la publicidad que me rodea, porque con ella me he sacrificado y purificado, y me ha preparado para el paraíso (Madre Teresa de Calcuta).

Recopilación de frases, curiosidades, lemas, dichos y pequeñas inspiraciones espirituales. Parroquia del Corazón de María de Oviedo.



Para comprender mejor el suicidio. Artículo.

Cada año intento escribir un artículo sobre el suicidio porque quizá sea la muerte más incomprendida de todas, además de provocar un destrozo único en la familia y en los seres queridos que se quedan aquí.

A todos ellos les invade una tormenta de sentimientos contradictorios y confusos:

  • vergüenza
    («¡Qué forma tan vergonzosa de morir!»);
  • culpa
    («Debería haber hecho algo más»); dudas interminables («¿Por qué no estuve más atento?»);
  • enfado
    («Ha sido un acto de egoísmo»); y
  • angustia
    («¿Cómo va a ir esta persona al cielo?»). 
Es más, en la práctica, esto termina arruinando el recuerdo de quien se ha ido.

Tanto en mis artículos como en mi libro (Heridos y fracturados: Reflexiones para comprender el suicidio), he intentado remarcar que, en la gran mayoría de los casos:

  • Nos encontramos ante una persona extremadamente sensible y herida; alguien que, en cierto modo, está demasiado llagado como para que se le pueda tocar.
  • En el suicidio, la persona muere contra su propia voluntad. Es algo muy parecido a saltar por la ventana de un rascacielos porque la ropa se te ha prendido fuego.
  • La muerte por suicidio es el equivalente emocional y psicológico a un cáncer, un derrame cerebral o un infarto. Por esta razón, ya no utilizamos la expresión «cometer suicidio», igual que jamás diríamos que alguien «cometió un cáncer» o un infarto. En la mayoría de los casos, no es un acto voluntario.
  • Asimismo, en muchas ocasiones, la depresión suicida tiene una raíz bioquímica.
  • No debemos preocuparnos por la salvación eterna de esa persona. Tenía un buen corazón, y Dios ve el corazón. A veces uno puede caer en un pozo donde ni el mejor amor humano, ni la medicina, ni la psiquiatría logran llegar; pero la fe nos asegura que no hay infierno depresivo al que Dios no pueda bajar para infundir su paz.
  • Necesitamos darnos permiso para sentir todas las emociones encontradas que nos asaltarán respecto a nuestro ser querido y a su forma de morir. Forma parte de un proceso de duelo sano que no debemos acortar a la fuerza. Con el tiempo, su recuerdo y su espíritu vendrán a nosotros entre la paz y la comprensión.
  • Nuestra tarea, tras pasar el duelo, es rescatar la memoria de quien perdimos, para que su vida no quede juzgada ni vista únicamente a través del prisma de su muerte. Volvamos a colgar sus fotos en las paredes, dejemos de hablar de ellos con voz apagada, celebremos su vida y hablemos con naturalidad del espíritu tan especial que trajeron al mundo.

Margaret Atwood dijo una vez que hay cosas que necesitan decirse una, y otra, y otra vez, hasta que ya no haga falta repetirlas más. Y todas estas ideas sobre el suicidio aún necesitan seguir diciéndose.

Más allá de estas afirmaciones, me gustaría añadir dos perspectivas sobre el suicidio que a mí me han ayudado mucho.

La primera es una lección de la naturaleza. El botánico Elif Shafak, recordando el suicidio de la madre de un amigo, lo explicaba así: «Cuando era un joven botánico, me pidieron que examinara un árbol que no iba bien; parecía estar muriéndose. Tras muchas pruebas sin llegar a nada claro, cogí una pala y me puse a cavar. Allí aprendí una lección que nunca he olvidado: por debajo de la superficie se estaba produciendo un estrangulamiento. Las propias raíces del árbol lo estaban ahogando. Si esas raíces que se enrollan no se detectan a tiempo, empiezan a presionar tanto al árbol que la carga se vuelve insoportable… La muerte de tu madre no tiene nada que ver con la falta de amor. Ella florecía y salía adelante gracias a tu amor, y me gusta pensar que también gracias al mío; pero por dentro había algo que la estrangulaba: el pasado, los recuerdos, sus propias raíces».

A veces nuestras propias raíces (la complejidad, los traumas, la confusión, la frustración o la propia biología) pueden ser tan abrumadoras que terminan por matar al cuerpo. Como escribe James Hillman en su libro El suicidio y el alma, a veces albergamos realidades tan profundas en nuestro interior que no logran hacerse oír, y su frustración acaba ahogando al cuerpo. Nuestras raíces son, en ocasiones, una mezcla tan compleja de alma y biología que nos empezamos a asfixiar.

La segunda idea proviene de Jeffrey Monroe en su libro Reading Buechner. Frederick Buechner, un pastor cristiano, tuvo que afrontar el suicidio de su padre. Como hijo, como hombre de fe y como pastor que intentaba ayudar a otros a comprender, buscó respuestas sin descanso. Pero las respuestas no llegaban con facilidad; de hecho, parecía que no llegaban en absoluto. Con el tiempo, Buechner llegó a esta conclusión sobre la muerte de su padre:

La mejor respuesta pastoral ante una tragedia inexplicable no es una respuesta; es una presencia. A este lado de la eternidad no obtendremos todas las respuestas, y menos aún sobre el suicidio. En nuestros momentos más oscuros, como cuando perdemos a un ser querido de esta manera, a veces no hay explicación que nos satisfaga. Lo que realmente importa en esa oscuridad es poder confiar en que Dios no abandonó a nuestro ser querido. Y es que, por encima de cualquier respuesta, a quien deseamos es a Dios. Ron Rolheiser OMI en ciudadredonda.org