11 de mayo: Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo

Ven y reina, Madre de Dios

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores”.
Oración que la Virgen de Fátima recomendó a los pastorcillos, por medio del Ángel de Portugal.

Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito

 



VI Domingo de Pascua 


En el "discurso de despedida", Jesús ayuda a sus discípulos a comprender el sentido y el valor de su "ir al Padre", y les consuela por la pena que esta separación produce en ellos. Ese consuelo toma el significado concreto de una salida de sí para adherirse plenamente a la voluntad de Dios. La pascua estará completa si también los discípulos hacen su éxodo como Cristo. El éxodo que deben realizar no es ya de naturaleza geográfica, sino de orden espiritual, y se condensa en una actitud de obediencia: "Si me amáis, obedeceréis mis mandamientos" (v. 15).

        El amor a Jesús no es un sentimiento, sino una vida fiel a su Palabra; tampoco es un sentimiento el amor de Jesús por los hombres. El amor es una persona, es Dios mismo, es el Espíritu Santo, que une al Hijo con el Padre en la eternidad y que ha sido derramado en el corazón de los creyentes (cf. Rom 5,5). En el cuarto evangelio se designa al Espíritu con un término tomado del vocabulario forense: Paráclito, "abogado defensor" o, mejor aún -puesto que esta función era desconocida para el derecho judío-, el "testigo a favor". De ahí la traducción: "Consolador". Jesús es el primer "paráclito" enviado por el Padre: tras su partida intercederá ante Dios para que envíe "otro paráclito", que permanecerá para siempre con los suyos. El "mundo" ignora su presencia, porque no es perceptible a los sentidos, aunque quienes están atentos a las cosas de Dios la conocen.

En la vida de la Iglesia todo se mueve al son del Espíritu: él es quien ora en los que oran; él es quien guía a la verdad completa; es también él quien mueve al arrepentimiento a los que han caído en pecado y abre los corazones a la conversión; él es quien hace comprender la inefable unidad entre el Padre y Jesús, y quien introducirá en ella a los discípulos (v. 20). Su presencia es para cada hombre la prenda de la misma vida eterna (v. 19), de la manifestación plena del rostro de Dios y de la comunión total con él: "El que acepta mis preceptos y los pone en práctica, ése me ama... y me manifestaré a él" (v. 21).

En el orden cotidiano de nuestra vida no tenemos siempre presente el motivo de nuestra alegría y de nuestra esperanza. Para que eso ocurra es preciso vivir con la mirada del corazón dirigida a Cristo, que repite más veces: "Si me amáis...". Todo depende de este "si".

Sin embargo, amar es lo que más difícil nos resulta, porque prevalece en nosotros la yesca del egoísmo y del orgullo, del repliegue en nosotros mismos, por encima del impulso a ofrecernos a los otros. A menudo, víctimas de nuestro mismo egoísmo, pecamos contra Dios y contra los hermanos. El amor está herido por nuestros rechazos y por nuestras avaricias. !Cuántas veces nos encontramos haciendo cálculos o dispuestos a amar sólo hasta cierto punto, sólo si vemos alguna utilidad práctica, algún resultado efectivo; en resumidas cuentas, sólo si, en definitiva, podemos sacar alguna ganancia!

Sin embargo, es siempre el amor mismo, en su gratuidad más total, la mayor ventaja. Sólo quien ama vive de verdad. Quien no ama está en la muerte. Así se revela el misterio de la alegría. Vivir la pascua significa redescubrir cada día que estamos llamados al amor y a la comunión. Que aunque somos débiles y con frecuencia nos sentimos aplastados por muchas preocupaciones y sufrimientos, se nos conceda no perder nunca el deseo de ser testigos del amor. Que cada día podamos decirle al Seńor: "Concédeme, hoy, ser motivo de consuelo para mis hermanos, en especial para los más tristes y los que pasan por las pruebas más difíciles". "Concédeme, hoy, hacer brillar un rayo de luz en el camino de quienes no conocen la belleza de la vida". Que cada día podamos decir: he aquí la pascua. Que cada mańana podamos ponernos en camino impulsados por el Espíritu de amor, y así ya nada podrá asustarnos: hasta el dolor y la muerte se volverán acontecimientos de amor, acontecimientos pascuales, pasos a la vida nueva.



10 de mayo: El alma que se eleva a Dios arrastra en pos de si a quienes le rodean y la muerte es un dulce despertar cuando se ha vivido en los Corazones de Jesús y de María

Virgen del Carmen.

El alma que se eleva a Dios arrastra en pos de si a quienes le rodean y la muerte es un dulce despertar cuando se ha vivido en los Corazones de Jesús y de María. 
San Damián de Molokai, santo del día 10 de mayo.

10 de mayo

9 de mayo: Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo y Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman

En Fátima apareciste. Ave María

"Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. 
Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.”

Oración que la Virgen de Fátima recomendó a los pastorcillos, 
por medio del Ángel de Portugal.

9 de mayo

8 de mayo: Nuestra Señora de Luján, celestial Patrona de Argentina


Bendita sea tu Pureza

"En este día en el que se celebra Nuestra Señora de Luján, celestial Patrona de Argentina, deseo hacer llegar a todos los hijos de esas queridas tierras mi sincero afecto, a la vez que pongo en manos de la Santísima Virgen todas sus alegrías y preocupaciones". 

Papa Francisco. 
8 de mayo

7 de mayo: Actuad haciendo buenas obras, con vuestro amor por Mí, con vuestro amor por Mi Hijo, ¡es vuestro camino al Cielo!

Salve Marinera

“¡Yo soy la Madre de la Tierra y del Cielo! Todos mis hijos de la tierra están en Mi Corazón… Actuad haciendo buenas obras, con vuestro amor por Mí, con vuestro amor por Mi Hijo, ¡es vuestro camino al Cielo! ¡Os esperamos con los brazos abiertos!”

Revelaciones de María de Nazaret a Giuliana Crescio, mística italiana.
7 de mayo

6 de mayo: María, te doy mi corazón. Jesús y María, sed siempre mis amigos.

Salve Regina

"María, te doy mi corazón.
Jesús y María, sed siempre mis amigos.
Pero, por piedad, hacedme morir antes de que me ocurra la desgracia de cometer un solo pecado"
 Santo Domingo Savio 6 de mayo, conmemoración
6 de mayo

5 de mayo: El Ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo...




El Ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo.
He aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
5 de mayo

4 de mayo: Os envuelvo en mi manto azul, ¡para daros protección y afecto...


'Ave María' de Gounod interpretado por Ainhoa Arteta

“Con Mi manto salvo las almas, libero a los espíritus, protejo del mal a muchas criaturas. Y cuando desciendo a vosotros, invisible pero real, verdadera y maternal, ¡heme aquí envuelta en Mi manto de Cielo! Os cubro también a vosotros y por el breve instante en que permanezco con vosotros, os envuelvo en mi manto azul, ¡para daros protección y afecto!”

Revelaciones de María de Nazaret a Giuliana Crescio, mística italiana.
4 de mayo

Yo soy el camino, la verdad y la vida

 




V Domingo de Pascua 


Se trata de una perícopa tomada de los "discursos de despedida" que Jesús dirigió a los suyos durante la última cena, palabras que ahora se dirigen a la Iglesia.

El clima está cargado de dolorosa sorpresa por la predicción de la traición de uno de los apóstoles y de la triple negación de Pedro, y, al mismo tiempo, está invadido por un atormentado afecto a causa de la inminente separación. De ahí que Jesús consuele a los discípulos invitándoles a que tengan una fe más grande (v. 1) no sólo en Dios, sino también en él, que es el Hijo amado de Dios. Su "éxodo" ha de pasar, ciertamente, a través de la muerte y el descenso a los infiernos, pero tendrá como meta la "casa del Padre". Y precisamente en ella se detiene ahora Jesús. También es posible hacer frente al camino de la pasión con la mirada fija en el cielo. Él "se va", pero su partida no es definitiva; se va a preparar "un lugar" para ellos (v. 2). De este modo explica el sentido de su muerte de cruz y anuncia al mismo tiempo su retorno, aludiendo tanto a la resurrección -que, para los creyentes, ya es desde ahora anticipo de la vida eterna- como a la parusía, o sea, al retorno glorioso al final de los tiempos.

Con todo, el discurso de Jesús sigue estando oscuro para los discípulos, y sus preguntas inician un diálogo que nos ofrece revelaciones significativas por parte de Jesús. En el v. 7, por ejemplo, afirma Jesús su unidad perfecta con el Padre, hasta el punto de que verle a él es ver a Dios. Es Dios quien le ha enviado, y Jesús le obedece en todo (v. 10b), lo que le permite revelarlo de un modo completamente transparente. Sus "obras" dan testimonio de ello (v. 11). Del mismo modo, quien crea en él participará de su mismo poder divino y así se hará manifiesta la plena reconciliación acaecida entre el cielo y la tierra.

Jesús se manifiesta como camino, verdad y vida, y se entrega a nosotros a fin de que podamos alcanzar la verdadera y plena libertad ofrecida a los hijos de Dios para entrar en la heredad eterna. Se dirige a nosotros interrogándonos sobre la profundidad de nuestra relación con él. Es posible, en efecto, ser cristiano, comulgar, participar en todas las peregrinaciones y en todas las iniciativas y, sin embargo, no llegar nunca a conocer a Jesús, permaneciendo siempre en la superficie. Conocer a Jesús significa, más bien, experimentarlo interiormente, reconocer que él es el Hijo enviado por el Padre para salvarnos, la expresión del amor infinito de Dios por nosotros.

Todo eso es posible sólo mediante la fe. Creer es confiarse. No es comprender racionalmente; es acoger, dar crédito, encontrarse con el Seńor y considerarlo en verdad como aquel que mueve los hilos de nuestra vida y dispone el desarrollo de todos los acontecimientos. Hasta que no lleguemos a esta experiencia de comunión -es decir, de abandono de nosotros mismos en aquel que nos ha incorporado a sí mismo en el bautismo- no podremos decir que conocemos plenamente a Jesús y, en él, al Padre. Ahora bien, para esto nos ha sido dado el Espíritu Santo. Él nos permite caminar por el sendero de Dios seguros de que lo dispone todo para nuestro bien.



3 de mayo: La rosa es la reina de las flores y la oración del Rosario es la reina de las oraciones

Ave María de Schubert

“No ha habido santo ni persona distinguida en saber y virtud, ni comunidad observante, ni seminario bien ordenado, que no haya tenido devoción al Rosario.”
Pensamientos de San Antonio María Claret
3 de mayo

2 de mayo: Tengo ahora muchos nombres, pero sigo siendo siempre Yo: la pequeña Myriam de Nazaret.


"Yo, vuestra Madre, la Madre de los santos y de los justos,
y también de los que no lo son. 
Tengo ahora muchos nombres, pero sigo siendo siempre Yo:
la pequeña Myriam de Nazaret." 
Revelaciones de María de Nazaret a Giuliana Crescio, mística italiana.

San Rafael Arnáiz Barón. Burgalés de nacimiento y ovetense de adopción.

Rafael Arnaiz Barón nació en Burgos el 9 de abril de 1911, pero el traslado laboral de su padre, ingeniero de montes, llevó a su familia a establecerse en Oviedo a partir de 1922. En la capital del Principado pasó el final de su infancia, la adolescencia y su primera juventud, cursó estudios en el Colegio San Ignacio, de la Compañía de Jesús, y en 1933 se estableció en Madrid para estudiar Arquitectura. Socio activo de la Adoración Nocturna de Oviedo desde los diecinueve años, sintió muy pronto la llamada de la vida monástica, y a ella se consagró desde 1934, fecha de su ingreso en el monasterio de San Isidro de Dueñas, en Palencia, perteneciente a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, los Trapenses, abandonando la expectativa de una vida acomodada. Allí construyó su legado con escritos espirituales y diarios que tendrían gran difusión después de su muerte, sobre todo en los cuarenta, y en buena medida gracias a las labores de edición que asumió su madre, Mercedes Barón. Esas reflexiones lo han llevado a tener un lugar entre los místicos más destacados del siglo XX. Su precaria salud interrumpió esa actividad en varias ocasiones, en las que regresó a Asturias para ser atendido por su familia, hasta su muerte prematura a los 27 años -el 26 de abril de 1938- a causa de un coma diabético. (Fuente: La Nueva España de Asturias)

BIOGRAFÍA


Yo soy la puerta de las ovejas





IV Domingo de Pascua 


El capítulo 10 del evangelio de Juan, un capítulo dominado por la figura del buen pastor, deber ser leído en el contexto que le corresponde para comprenderlo más a fondo. En efecto, en el capítulo 9, se había revelado Jesús como "luz del mundo" a través de la curación del ciego de nacimiento, y, al realizar ese milagro, puso asimismo de relieve la ceguera espiritual de los jefes de los judíos (9,40s). Ahora bien, el Henoc etíope -un texto apócrifo contemporáneo- describe toda la historia de Israel hasta la venida del Mesías como una alternación de momentos de ceguera y de posesión de la vista por parte de las ovejas, en virtud de los sucesivos representantes de Dios, los pastores de su pueblo. Eso significa que Jesús, después de haber mostrado que tiene el poder de devolver la vista, puede afirmar que es el único pastor que lleva las ovejas a la salvación, el Mesías esperado.

Todo el pasaje está compuesto con materiales tradicionales y heterogéneos. En su origen debieron figurar fragmentos inconexos y unidos sólo con sistemas mnemónicos: eso explica la fluidez de las imágenes y la dificultad para coordinar los discursos en una secuencia lógica. En este primera perícopa se identifica Jesús, de manera implícita, con el pastor de las ovejas que entra en el recinto (en griego, aulé) pasando por la puerta. Dado que el término aulé significa también el patio del templo donde se reúne el pueblo de Dios, Jesús asume legítimamente la guía del mismo con una autoridad que le viene de Dios, a diferencia de los "ladrones y salteadores". Como los pastores de Palestina, que lanzaban una llamada característica para hacerse reconocer por su propio rebańo, también Jesús conoce a sus ovejas, y estas reconocen su voz. El buen pastor las saca fuera el Mesías guía al pueblo en un éxodo salvífico- "y las ovejas le siguen" con una intuición segura (vv. 4s). Dado que los oyentes no le comprenden, recurre Jesús a una nueva imagen (vv. 6-10): él es "la puerta de las ovejas", del mismo modo que es el camino, esto es, "el único mediador entre Dios y los hombres" (1 Tim 2,5).

Quien pasa a través de su mediación encontrará la salvación, la seguridad y el "sustento", o sea, la plenitud de la vida. La misión del pastor es precisamente ponerse al servicio de las ovejas, en contraposición a cuantos se arrogan una autoridad sobre el pueblo que Dios no les ha conferido (vv. 9s) y, por eso, se convierten en una explotación egoísta, en atropello, en violencia.

Todas las lecturas de hoy tienen como fondo la presencia de Cristo, buen pastor, enviado por el Padre a reunir la grey. El Evangelio define también al pastor como la "puerta" que introduce en el redil. Él es quien hace entrar en la intimidad y en la comunión de vida con el Padre. Ésta es la orientación de toda la vida de los hombres: volver a casa, al seno del Padre, de donde ha venido Cristo y a donde ha vuelto tras haber realizado su misión de salvarnos.

En consecuencia, el tiempo presente es un tiempo de camino, de retorno, de búsqueda, de nostalgia, y lodo lo que nos sucede tiene un sentido referido a la meta que debemos alcanzar. Pues bien, el designio de Dios se presenta, justamente, como un ir a buscar a los hombres dispersos para llevarlos a la salvación, a la vida. Y Jesús es la puerta por la que es preciso que entremos: la puerta de la salvación, de la vida, de la esperanza. Es todo eso y mucho, mucho más.

Sin embargo, !qué difícil resulta tener la humildad de reconocer su voz de verdadero pastor, que nos invita a salir de las estrecheces de nuestro egoísmo para introducirnos en el Reino de la verdadera libertad! Toda nuestra vida se juega en nuestra decisión de escuchar, seguir y entrar en Jesús.