¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

 



     Domingo  II de Pascua 

 

*" Estos dos episodios, próximos y relacionados con un mismo tema -el de la fe- son, el eco fiel de cuanto ha sucedido en los corazones de los apóstoles tras la muerte de Jesús.

En el primero de ellos (vv. 19-22), el Resucitado se aparece a los once, que, a pesar del anuncio de María Magdalena (v. 18), están encerrados todavía en el cenáculo por miedo a los judíos. Jesús supera las barreras que se le interponen: pasa a través de las puertas, manifestando que su condición es completamente nueva, aunque no ha desaparecido nada de los sufrimientos que padeció en la carne. La insistente referencia al costado traspasado de Jesús es propia de Juan, que, de este modo, quiere indicar el cumplimiento de las profecías en Jesús (Ez 47,1; Zac 12,10.14). El tradicional saludo de paz asume también en sus labios un sentido nuevo: de augurio -"la paz esté con vosotros"- se convierte en presencia -"la paz está con vosotros". La paz, don mesiánico por excelencia, que incluye todo bien, es, por tanto, una persona: es el Señor crucificado y resucitado en medio de los suyos ("se presentó": vv. 19b.26b y, antes, v. 14). Al verlo, los discípulos quedan colmados de alegría y confirmados en la fe. El Espíritu que Jesús sopla sobre ellos, principio de una creación nueva (Gn 2,7), confiere los apóstoles una misión que prolonga la suya en el tiempo y en el espacio y les concede el poder divino de liberar del pecado.

El segundo cuadro (vv. 24-29) personaliza en Tomás las dudas y el escepticismo que atribuyen los sinópticos, de manera genérica, a "algunos" de los Doce, y que pueden surgir en cualquiera. Tomás ha visto la agonía de su Maestro y se niega a creer ahora en una realidad que no sea concreta, tangible, en cuanto al sufrimiento del que ha sido testigo (v. 25). Jesús condesciende a la obstinada pretensión del discípulo (v. 27), pues es necesario que el grupo de los apóstoles se muestre firme y fuerte en la fe para poder anunciar la resurrección al mundo.

Precisamente a Tomás se le atribuye la confesión de fe más elevada y completa: "!Señor mío y Dios mío!" (v. 28). Aplica al Resucitado los nombres bíblicos de Dios, YHWH y Elohím, y el posesivo "mío" indica su plena adhesión de amor, más que de fe, a Jesús. La visión conduce a Tomás a la fe, pero el Señor declara, de manera abierta, para todos los tiempos: bienaventurados aquellos que crean por la palabra de los testigos, sin pretender ver.

Éstos experimentarán la gracia de una fe pura y desnuda que, sin embargo, es confirmada por el corazón y lo hace exultar con una alegría inefable y radiante (1 Pe 1,8). Los vv. 30s constituyen la primera conclusión del evangelio de Juan: se trata de un testimonio escrito que no pretende ser exhaustivo, sino sólo suscitar y corroborar la fe en que "Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios" (cf. Mc 1,1).


     



Fiesta de la Divina Misericordia. Segundo Domingo de Pascua. Indulgencia plenaria.

La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia."

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia" (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742).
Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.
En el domingo de la Divina Misericordia pueden obtener la indulgencia plenaria de la siguiente forma: confesando, comulgando, rezando una oración por el Papa (padrenuestro, credo o avemaría) y asistiendo a la Misa de celebración de la Divina Misericordia. Detalles
¿En qué consiste esta devoción? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo se reza la Coronilla de la Divina Misericordia? Detalles / Infografía: PíldorasdeFe

La esencia de la devoción
1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.
Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: "Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina".
2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.
"Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad".
3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.
"Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia".
4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.
"Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio".
5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia al día.
"Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas".
La Santa Sede decreta día de la Divina Misericordia
Una propuesta de Santa Faustina Kowalska
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».
Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».
Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.
Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).
Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.
El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano. Fuente Otras publicaciones relacionadas

Coronilla explicada a los niños


Oración de las tres dictada por Jesús a Santa Faustina Kowalska: Oh Agua y Sangre que brotaste del Corazón de Jesús, como una fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío y espero

Expiraste, Jesús, pero Tu muerte hizo brotar un manantial de vida para las almas y el océano de Tu misericordia inundó todo el mundo. Oh, Fuente de Vida, insondable misericordia divina, anega el mundo entero derramando sobre nosotros hasta Tu última gota.
Oh, Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, manantial de misericordia para nosotros, en Ti confío.

Nota: El Señor le dijo a Santa Faustina Kowalska lo siguiente sobre la oración de las tres:
A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y, aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono en el momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada al alma que Me pida algo en virtud de Mi pasión. Fuente
La Misericordia. Hakuna Group Music

10 aspectos que debes conocer sobre el Domingo de la Divina Misericordia. Domingo 2º de Pascua (27 abril 2025)


1. El Domingo de la Misericordia se basa en revelaciones privadas
Esta celebración se lleva a cabo en el segundo Domingo de Pascua. Se basa en las revelaciones privadas de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca que recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia en el pueblo de Plock, Polonia.
2. Forma parte del calendario de la Iglesia por acción de San Juan Pablo II
En el año 2000 el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. (Homilía, 30 de Abril, 2000)
3. Esta revelación privada tiene efectos válidos en la liturgia
En su comentario teológico sobre el mensaje de Fátima, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Emérito Benedicto XVI, escribió: “podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús”.
4. La Iglesia invita a celebrar la Divina Misericordia de varias formas
Entre otras cosas, ofrece una indulgencia plenaria: “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice (Juan Pablo II) ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos”. [Decreto de la Penitenciaría Apostólica del 2002]
5. La imagen de la Divina Misericordia fue revelada por Jesús mismo
Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara. Luego el Señor le explicaría su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella.
En la mayoría de versiones Jesús se muestra levantando su mano derecha en señal de bendición, y apuntando con su mano izquierda sobre su pecho fluyen dos rayos: uno rojo y otro blanco.
“El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (…). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299). Toda la imagen es un símbolo de la caridad, el perdón y el amor de Dios, conocida como la "Fuente de la Misericordia".
6. Esta devoción cuenta con oraciones particulares
La Coronilla es un conjunto de oraciones utilizadas como parte de la devoción a la Divina Misericordia.
Se suele rezar a las 3:00 pm (el momento de la muerte de Jesús) utilizando las cuentas del Santo Rosario, pero con un conjunto diferente de oraciones. Puede acceder a la Coronilla en el siguiente enlace.
7. La Divina Misericordia está vinculada al Evangelio del segundo Domingo de Pascua
La imagen de la Divina Misericordia representa a Jesús en el momento en que se aparece a los discípulos en el Cenáculo –tras la resurrección–, cuando se les da el poder de perdonar o retener los pecados.
Este momento está registrado en Juan 20: 19-31, que es la lectura del Evangelio de este domingo.
La lectura se coloca en ese día porque incluye la aparición de Jesús al apóstol Tomás (en la que Jesús lo invita a tocar sus llagas). Este evento ocurrió en el octavo día después de la Resurrección (Juan 20:26) y por ello se utiliza en la liturgia ocho días después de la Pascua.
8. Los sacerdotes tienen un empoderamiento especial para administrar la Divina Misericordia
En Juan 20, 21-23 dice: “Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’”.
9. La confesión es la acción de la Divina Misericordia hasta el fin de los tiempos
Jesús capacitó a los apóstoles (y sus sucesores en el ministerio) con el Espíritu Santo para perdonar o retener (no perdonar) los pecados.
Debido a que están facultados con el Espíritu de Dios para hacer esto, su administración del perdón es eficaz: realmente elimina el pecado en lugar de ser solo un símbolo de perdón.
10. En las revelaciones privadas Jesús le da suma importancia a su Segunda Venida
Jesús promete regresar en gloria a juzgar al mundo en el amor, como claramente lo dice en su discurso del Reino en los capítulos 13 y 25 de San Mateo.
Solo en el contexto de una revelación pública como es enseñado por el Magisterio de la Iglesia se puede situar las palabras de la revelación privada dada a Sor Faustina:
“Prepararás al mundo para Mí última venida”. (Diario 429)
“Habla al mundo de mi Misericordia….Es señal de los últimos tiempos después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia”. (Diario 848)
“Habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia”. (Diario 965)
“Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita”. (Diario 1160)
“Antes del Día de la justicia envío el día de la misericordia”. (Diario 1588)
“Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia”. (Diario 1146) Fuente
Frases y curiosidades de Santos y de la Iglesia #33
Recopilación de frases, curiosidades, lemas, dichos y pequeñas inspiraciones espirituales.
Parroquia del Corazón de María de Oviedo.

Infografía: PíldorasdeFe

El Regina Coeli es el ángelus del tiempo pascual

El Regina Coeli se reza durante los 50 días siguientes al Domingo de Resurrección hasta el día de la Ascensión del Señor. (Pascua de Resurrección)

Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque el Señor, a quien mereciste llevar, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega a Dios por nosotros, aleluya.
Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya.
Porque resucitó verdaderamente el Señor, aleluya.

Video del Papa Benedicto XVI cantando "Regina Coeli"

V. Regina coeli, laetare, alleluia.
R. Quia quem meruisti portare, alleluia.
V. Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
R. Ora pro nobis Deum, alleluia.
V. Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
R. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.
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No debe confundirse con la Salve en latín
El Papa Juan Pablo II canta Salve Regina 
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Salve Regina (tono simple) 450 voces – coro virtual

Vio y creyó.

 



     Domingo de Resurrección del Señor 

 

Los discípulos, antes de encontrar al Señor resucitado, pasan por la dolorosa experiencia de la tumba vacía: constatan la ausencia del cuerpo de Jesús. El cuarto evangelista subraya sobremanera este elemento, introduciendo una dialéctica de visión-fe-visión espiritual que recorre de manera creciente los capítulos 20-21, interpelando también al lector y a todos aquellos que creen sin haber visto (20,29). En esta perícopa se expresa esto mismo mediante el uso de tres verbos diferentes, traducidos en nuestro texto por "ver y comprobar", y que indican matices diferentes (vv. 1.5; v. 7; v. 8).

Los relatos de la resurrección se abren con dos precisiones cronológicas: "El domingo por la mañana" "muy temprano, antes de salir el sol". El día inicial de una nueva semana se convertirá así en el comienzo de una creación nueva, en verdadero "día del Señor" (dies dominica), en el que la fe amorosa, no iluminada todavía por la luz del Resucitado, camina, a pesar de todo, en la oscuridad y va más allá de la muerte.

María Magdalena es el prototipo de esta fidelidad. Al llegar al sepulcro -probablemente no sola, como muestra el plural del v. 2b- "captó con la mirada" (blépei, v. 1) que la piedra que tapaba la entrada había sido rodada.

Como dominada por la realidad que ve, no se da cuenta de nada más, y corre enseguida a denunciar la ausencia del Señor a Pedro -cuya importancia en los acontecimientos pascuales es realzada por toda la tradición y "al otro discípulo a quien Jesús tanto quería", probablemente el mismo Juan a quien remonta la tradición del cuarto evangelio. Este último fue el primero en llegar al sepulcro, pero no entró enseguida; también él "captó con la mirada" (blépei, v. 5) primero las vendas mortuorias de lino. Llega Pedro, entra y "se detiene a contemplar" {theoréi, v. 6) las vendas "mortuorias" -lo que permite pensar que se habían quedado en su sitio, aflojadas por estar vacías del cuerpo que contenían- y el sudario que cubría el rostro, enrollado en un lugar aparte.

El evangelista nos suministra unas notas preciosas. Resulta significativa la diferencia entre estos detalles y los correspondientes a la resurrección de Lázaro (11,44). El lento examen a que somete la mirada de Pedro cada detalle particular dentro del sepulcro vacío crea un clima de gran silencio, de expectante interrogación... "Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó" (v. 8). El verbo usado aquí es éiden; para comprender su significado basta con pensar que de él procede nuestra palabra "idea". Ahora el discípulo, al ver, intuye lo que ha sucedido. Pasa de la realidad que tiene delante a otra más escondida, llega a la fe, aunque se trata aún de una fe oscura, como muestran el v. 9 y la continuación del relato. De éste se desprende que la fe no es, para el hombre, una posesión estable, sino el comienzo de un camino de comunión con el Señor, una comunión que ha de ser mantenida viva y en la que hemos de ahondar más y más, para que llegue a la plenitud de vida con él en el reino de la luz infinita.


     



Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

 


     Domingo de Ramos en la Pasión del Señor 

 

Renovamos nuestro propósito de seguir a Jesús con una fe pura y sencilla. Los episodios evangélicos que la liturgia quiere que revivamos hoy nos ponen frente a dos escenas claramente opuestas entre sí. La multitud que sigue a Jesús con entusiasmo, poco después cae en la desilusión y se muestra indiferente o temerosa al cambiar la situación. Antes, cantaba gozosa: "Hosanna", y luego, en el momento de la pasión, mira desde lejos, muda, impotente, incluso a veces grita: "!Crucifícalo!".

Pues bien, si por nuestra debilidad, en tantos momentos de nuestra existencia nos hemos quedado también nosotros mirando al Señor de lejos, en vez de seguirle animosamente por el camino de la cruz, por lo menos ahora deseemos renovarnos interiormente, pidiendo participar intensamente en su pasión. Y si no se nos ha concedido llevar en el cuerpo los signos de esta comunión, que podamos al menos aceptar en silencio, por su amor, cualquier humillación y aceptar con mansedumbre todas las pruebas de la vida

Mantengamos viva en el corazón la esperanza, como María, que permaneció firme a los pies de la cruz, segura de que las tinieblas del Viernes Santo se desgarrarían en el alba de la resurrección.


     



Noches oscuras del corazón. Artículo.

Hay momentos en que nuestro mundo se desmorona. ¿Quién no ha tenido esa sensación? «¡Me estoy desmoronando! ¡Esto me supera! ¡Mi corazón está roto! ¡Me siento traicionado por todo! ¡Nada tiene sentido! ¡La vida está patas arriba!»

Jesús tenía una imagen cósmica para esto. En los Evangelios, habla de cómo el mundo tal como lo experimentamos algún día terminará: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y los poderes del cielo serán sacudidos». Cuando Jesús dice esto, no está hablando tanto de cataclismos cósmicos como de cataclismos del corazón. A veces, nuestro mundo interior se sacude, se pone patas arriba; se oscurece en pleno día, hay un terremoto en el corazón; experimentamos el fin del mundo tal como lo conocíamos.

Sin embargo, en esta agitación, Jesús nos asegura que una cosa permanece segura: la promesa de fidelidad de Dios. Eso no se pone patas arriba y en nuestra desilusión se nos da la oportunidad de ver lo que realmente es sustancial, permanente y digno de nuestras vidas. Así, idealmente al menos, cuando nuestro mundo de confianza se pone patas arriba, se nos da la oportunidad de crecer, de ser menos egoístas y de ver la realidad con mayor claridad.

Los místicos cristianos llaman a esto «una noche oscura del alma» y lo expresan como si Dios estuviera activamente poniendo nuestro mundo patas arriba y causando deliberadamente todo el dolor para purificarnos y limpiarnos.

El gran místico español Juan de la Cruz lo expresa de esta manera: Dios nos da temporadas de fervor y luego las quita. En nuestras temporadas de fervor, Dios nos da consuelo, placer y seguridad dentro de nuestras relaciones, nuestra oración y nuestro trabajo (a veces con considerable pasión e intensidad). Este es un regalo de Dios y está destinado a ser disfrutado. Pero Juan nos dice que, en cierto punto, Dios quita el placer y el consuelo y experimentamos una cierta noche oscura en la que, donde una vez sentimos fuego, pasión, consuelo y seguridad, ahora sentiremos sequedad, aburrimiento, desilusión e inseguridad. Para Juan de la Cruz, todas las lunas de miel eventualmente terminan.

¿Por qué? ¿Por qué haría Dios esto? ¿Por qué no puede durar una luna de miel para siempre?

Porque eventualmente, aunque no inicialmente, nos impide ver con claridad. Inicialmente, todos esos sentimientos maravillosos que sentimos cuando nos enamoramos por primera vez, cuando comenzamos a orar profundamente por primera vez y cuando comenzamos a encontrar nuestro camino en el mundo por primera vez. Estos son parte del plan de Dios y la forma en que Dios nos atrae hacia adelante. La pasión y el consuelo que sentimos nos ayudan a salir de nosotros mismos, más allá del miedo y el egoísmo. Pero, eventualmente, los buenos sentimientos mismos se convierten en un problema porque podemos quedarnos atascados en ellos en lugar de en lo que hay detrás de ellos.

Las lunas de miel son maravillosas; pero, en una luna de miel, con demasiada frecuencia estamos más enamorados de estar enamorados y de toda la energía maravillosa que esto crea, que enamorados de la persona detrás de todos esos sentimientos. Lo mismo ocurre con la fe y la oración. Cuando comenzamos a orar seriamente por primera vez, a menudo estamos más enamorados de la experiencia de orar y de lo que está haciendo por nosotros, que enamorados de Dios. En cualquier luna de miel, no importa cuán intensos y puros parezcan los sentimientos, esos sentimientos todavía son en parte sobre nosotros mismos en lugar de puramente sobre la persona que creemos amar. Lamentablemente, es por eso que muchas lunas de miel cálidas y apasionadas eventualmente se convierten en una relación fría y sin pasión.

Hasta que somos purificados, y somos purificados precisamente a través de noches oscuras de desilusión, todavía nos buscamos demasiado a nosotros mismos en el amor y en todo lo demás. Teresa de Lisieux solía advertir: «¡Ten cuidado de no buscarte a ti mismo en el amor, terminarás con el corazón roto de esa manera!» Tendríamos menos dolores de corazón si entendiéramos eso. Además, antes de que seamos purificados por la desilusión, la mayoría de las lágrimas que derramamos, no importa cuán real sea el dolor o la pérdida, a menudo dicen más sobre nosotros que sobre la persona o situación que supuestamente estamos lamentando.

En todo esto, hay malas y buenas noticias: La mala noticia es que casi todo lo que sentimos como precioso algún día nos será arrebatado. Todo es crucificado, incluyendo cada sentimiento de calidez y seguridad que tenemos. Pero la buena noticia es que todo será devuelto de nuevo, más profundamente, más puramente e incluso con más pasión que antes.

Lo que hacen las noches oscuras del alma, los cataclismos del corazón, es quitar todo lo que se siente como tierra sólida para que terminemos en una caída libre, incapaces de aferrarnos a nada que alguna vez nos sostuvo. Pero, al caer, nos acercamos a la roca madre, a Dios, a la realidad, a la verdad, al amor, a los demás, más allá de las ilusiones, más allá del egoísmo y más allá del amor interesado que puede disfrazarse de altruismo. La claridad en la vista viene después de la desilusión, la pureza de corazón viene después del desamor y el amor real viene después de que la luna de miel ha pasado. Ron Rolheiser OMI / Tradujo al Español para CiudadRedonda Bejamín Elcano, cmf / Artículo original en inglés / Imágen: Depositphotos  

El amor y la fe como fidelidad. Artículo.

Hace varios años, un amigo mío hizo una propuesta de matrimonio muy poco romántica a su prometida. Tenía poco más de cuarenta años y había sufrido varias desilusiones amorosas, algunas de ellas, según su propia confesión, fueron su culpa, resultado de cambios inesperados en sus sentimientos. Ahora, en la mitad de su vida y luchando por no desilusionarse del amor y el romance, conoció a una mujer a la que respetaba y admiraba mucho, con quien sentía que quería construir una vida. Pero, inseguro de sí mismo, fue humilde en su propuesta.

En esencia, esta fue su propuesta: «Quisiera pedirte que te cases conmigo, pero necesito poner las cartas sobre la mesa. No pretendo saber lo que significa el amor. Hubo un tiempo en mi vida en el que pensé que lo sabía, pero he visto mis propios sentimientos y los de los demás cambiar con demasiada frecuencia, de formas que me han hecho perder confianza en mi comprensión del amor. Así que seré honesto: no puedo prometerte que siempre sentiré amor por ti. Pero sí puedo prometer que siempre seré fiel, que siempre te trataré con respeto, que siempre haré todo lo posible por estar a tu lado para ayudarte a alcanzar tus propios sueños y que siempre seré un compañero honesto en la construcción de una vida juntos. No puedo garantizar cómo me sentiré siempre, pero sí puedo prometer que nunca te traicionaré con infidelidad.»

Esta no es precisamente el tipo de propuesta de matrimonio que vemos en nuestras películas y novelas románticas, las cuales se basan en la creencia ingenua de que la pasión y la emoción que experimentamos cuando nos enamoramos permanecerán así para siempre. Su propuesta es madura, una que no promete ingenuamente algo que no puede cumplir.

Además de guiarnos hacia una comprensión más madura del amor, esta historia también es una buena imagen de cómo funciona la fe. La fe, al igual que el amor, al final es más cuestión de fidelidad en nuestras acciones que de fervor en nuestros sentimientos. Aquí hay un ejemplo.

Cuando estaba en el seminario, un compañero mío se fue un verano a hacer un retiro de treinta días. Su objetivo era intentar adquirir una fe que sintiera con más fervor, que afectivamente le calentara el corazón. Sufría de lo que describía como una fe «estoica», una sensación interna de la realidad y el amor de Dios, pero que no se traducía en sentimientos cálidos de seguridad sobre la existencia y el amor de Dios. Según su propia confesión, le faltaba afectividad, fuego, emoción y calidez en su fe, y se fue en busca de eso.

Regresó del retiro aún estoico, aunque cambiado de todos modos: «Nunca obtuve lo que pedí,» dijo, «pero obtuve otra cosa. Aprendí a aceptar que mi fe tal vez siempre será estoica, y aprendí también que esto está bien. No necesariamente tengo que tener sentimientos cálidos e imaginativos sobre mi fe. No necesito estar lleno de emoción y fuego. Solo necesito ser fiel en mis acciones, no traicionar lo que creo. Para mí, la fe ahora significa que debo vivir mi vida con caridad, respeto, paciencia, castidad y generosidad. Solo tengo que hacerlo; no necesito sentirlo siempre.»

La fe y el amor se identifican con demasiada facilidad con sentimientos emocionales, pasión, fervor, afectividad y fuego romántico. Y esos sentimientos son parte del misterio del amor, una parte que estamos llamados a abrazar y disfrutar. Pero, por maravillosos que sean esos sentimientos, como la experiencia lo demuestra, son frágiles y efímeros. Nuestro mundo puede cambiar en quince segundos, porque podemos enamorarnos o desenamorarnos en ese tiempo. Los sentimientos apasionados y románticos son parte del amor y de la fe, aunque no la parte más profunda, y no una parte sobre la que tengamos mucho control emocional.

Así que, aunque no sea romántico, me gusta el enfoque estoico que expresa la propuesta de matrimonio de mi amigo, especialmente en lo que respecta a la fe. Para algunos de nosotros, la fe nunca será, excepto en períodos breves, algo que encienda nuestras emociones y nos llene de calidez. Sabemos cuán efímeros pueden ser los sentimientos.

Al igual que mi compañero con la fe «estoica», algunos de nosotros tal vez tengamos que conformarnos con una fe que le diga a Dios, a los demás y a nosotros mismos: «No puedo garantizar cómo me sentiré en un día cualquiera. No puedo prometer que siempre tendré pasión emocional por mi fe, pero sí puedo prometer que siempre seré fiel, que siempre actuaré con respeto y que siempre haré todo lo posible, dentro de mis limitaciones humanas, para ayudar a los demás y a Dios.»

El amor y la fe se manifiestan más en la fidelidad que en los sentimientos. No podemos garantizar cómo nos sentiremos siempre, ¡pero sí podemos vivir con la firme determinación de no traicionar lo que creemos!  Ron Rolheiser OMI / Tradujo al Español para CiudadRedonda Bejamín Elcano, cmf / Artículo original en inglés / Imágen: Depositphotos

Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

 



     Domingo V de Cuaresma

 

El quinto domingo de cuaresma tiene como característica peculiar la intensidad de la voz del Justo rodeado por sus perseguidores. Es un presagio de la pasión. Jesús está cada vez más solo. Está solo sobre todo porque ha decidido llevar a cabo su misión hasta sus últimas consecuencias llegando donde nadie ha llegado y nadie le puede ayudar fuera del Padre. Es admirable que, precisamente en esta hora de mayor soledad, él manifieste plenamente la grandeza de su amor por los hermanos, su capacidad de cargar con todo el peso del pecado de los hombres para expiarlo. Tenemos una prueba patente en el evangelio que nos ofrece la liturgia de hoy, y que podemos vivirlo como protagonistas.

La escena es impresionante: escribas y fariseos someten a Jesús a una especie de proceso poniéndole delante la mujer adúltera. En el silencio se oyen graves palabras..., los acusadores se alejan bajo el peso de su orgullo y su mentira. Sólo se queda la mujer, pobre pecadora, bajo la mirada misericordiosa de Jesús. Así puede recibir el perdón y ser renovada en su amor: "Anda, y no peques más".

También nosotros debemos presentarnos a él, junto con nuestros hermanos, para pedir no la condena, sino el perdón. El perdón nos hace fieles al "mandamiento nuevo", nos hace pasar a la "novedad" de vida, convirtiéndonos en testigos de esperanza, fuertes por la ayuda del Señor. Nos es necesaria la constancia para perseverar en nuestro camino de conversión y llegar a la pascua con plenitud de gozo.