Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él







Bautismo del Señor


El pasaje narra el bautismo de Jesús en el Jordán por obra del Bautista. Tal gesto ritual de penitencia para la remisión de los pecados suscitó una vivaz polémica entre los primeros cristianos, que pensaban que Jesús no tenía necesidad de semejante bautismo y además podía parecer que Juan Bautista fuese superior a Jesús. Pero el plan de Dios preveía también esto, y Jesús, Hijo obediente, se somete dócilmente a la voluntad del Padre, haciéndose solidario con los hombres y cargando con sus pecados (v. 15; cf. Mt 26,42; Jn 1,29; 2 Cor 5,21).

Al mismo tiempo, en el gesto de recibir el bautismo, Cristo se revela "Siervo" manso y humilde, que se entrega en adhesión total a la condición de debilidad humana, sin reservas ni privilegios de clase (cf. Is 42,1-3). La teofanía del bautismo, además, evidencia algunos rasgos característicos de la misión de Jesús: la participación celeste en el mundo humano, la bajada del Espíritu sobre Jesús en forma de "paloma" y la proclamación del Padre, que se complace en el Hijo y lo inviste como Mesías (w. 16-17). La imagen de la paloma, símbolo de Israel, se convierte también en símbolo de la generación del nuevo pueblo de Dios, al que Jesús da comienzo y que constituye el fruto maduro de la venida del Espíritu a los hombres. Con Jesús se inicia la época de la purificación, del verdadero conocimiento de Dios por el Espíritu Santo, de la definitiva unión entre Dios y el hombre.


Cuál es la diferencia entre el bautismo de Jesús y nuestro bautismo? El bautismo recibido por Jesús en el Jordán es un rito de penitencia para la remisión de los pecados y, en cuanto tal, Jesús no tenía propiamente necesidad de él. La manifestación del Padre con la bajada del Espíritu Santo, durante la cual es proclamado "Hijo predilecto" (cf. Mt 3,27) y es investido de la misión profética, real y sacerdotal, es la que lo lleva a tomar sobre sí nuestros pecados y los del mundo entero. Es el inicio del bautismo de la Iglesia, del nuevo pueblo de Dios que, con Jesús, sale del agua, sale de la esclavitud del pecado para entrar en la libertad de la vida del Espíritu.

Por su parte el bautismo que nosotros hemos recibido de nińos en el nombre de Cristo es la revelación en nosotros del amor de la Trinidad, es el éxodo del pecado a la nueva vida divina, es entrar a formar parte de la comunidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y así convertirnos en hijos de Dios a todos los efectos.

Todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Seńor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios. Se trata de vivir un nuevo estilo de vida, que es identificación con una vida en Cristo y en el Espíritu, a la que se accede en la fe, que se experimenta en el amor y llena de esperanza, se hace visible en la cotidianidad de la vida eclesial. Por tanto, una vida de auténtica conversión a Dios y a los hermanos, que nos lleva a vivir una existencia guiada por el Espíritu Santo.


Un rey, un Dios y un hombre. Tres maneras de aproximarnos a Jesús.


Epifanía del Señor


PORQUE LLEGÓ NAVIDAD
Por José Luis Perales. “Hacer de nuestra casa un altar”.

MEDITATIO: Epifanía quiere decir "manifestación" y la Palabra de Dios en esta solemnidad está centrada toda sobre Jesús Mesías, Rey y Salvador universal de las naciones. No ha venido sólo para Israel, sino también para los paganos, es decir, para toda la familia humana. La venida de los Magos es el inicio de la unidad de las naciones, que se realizará plenamente en la fe en Jesús, cuando todos los hombres se sientan hijos del mismo Padre y hermanos entre ellos. Los Magos, como primeros "escuchadores" y testigos de Cristo, son tipo y preludio de una más grande multitud de "verdaderos adoradores", que constituirá la mies espiritual de los tiempos mesiánicos. Jesús es el sembrador, que trae la buena semilla, de la Palabra para todos; el Espíritu ha hecho madurar la semilla y la Iglesia está invitada a recoger el abundante fruto sembrado con la revelación de Jesús y fecundado con su muerte.

        Como de la vida de comunión y de amor entre el Padre y el Hijo ha derivado la misión de Jesús, así de la intimidad entre Jesús y la Iglesia surge la misión de los discípulos: crear la unidad entre las razas, pueblos y lenguas. Es la Palabra la que crea la unidad en el amor entre los creyentes de todos los tiempos. A través de ella nace la fe y se establece en el corazón del hombre abierto a la verdad en una existencia vital en Dios, que hace al hombre contemporáneo pertenencia de Cristo. A quienes lo buscan con corazón sincero, Jesús les ofrece unidad en la fe y en el amor. En este ambiente vital todos se hacen "uno" en la medida en que acogen a Jesús y creen en su palabra: "Seremos una sola cosa no por poder creer sino porque habremos creído" (san Agustín).

        En Jesús todos pueden ser una sola cosa y descubrir que la plenitud de la vida consiste en entregarse a Cristo y a los hermanos, y esto es amar en la unidad.

 

ORATIO: Padre santo, que nos has enviado a tu Hijo como salvador universal de los pueblos, te alabamos por la manifestación de Jesús, nuestro rey. Es un rey sin corona, o más aún, con corona de espinas, porque es en su pasión donde se puede comprender el auténtico significado de su soberanía, una realeza bastante distinta de la que buscan los hombres.

        Te bendecimos, Padre, por Jesús salvador universal. Vino para salvar a todos y para reunir a los hijos de Dios dispersos. No más ya una comunidad dividida y contrapuesta, sino una familia reunida, que camina en la luz y el esplendor de tu gloria. Todos, judíos y paganos, estamos "llamados en Cristo a participar de la misma herencia, a formar un mismo cuerpo(Ef 3,6), y la venida de los Magos constituye el inicio de esta paz universal de las naciones.

        Señor, queremos comprender cada vez mejor que la solución de la tensión entre universalidad y elección que tantas veces nos ha puesto unos contra otros se resuelve en el entender que la elección es servicio a todo hombre.

        Haz, Señor, que la Iglesia entera sepa, como los Magos, caminar siempre hacia Belén para adorar al rey universal de las gentes pero, al mismo tiempo, sepa desde Belén dirigirse al mundo para desempeñar la misión que Jesús le ha confiado, esto es, la de ir al encuentro de todos. Para que la comunidad cristiana, mientras va en busca de los alejados y de quienes se sienten excluidos, sepa llamarlos a la esperanza y a la vida, sin olvidar que la violencia que pueda sufrir de parte de los hombres forma parte de la misma misión.

 

CONTEMPLATIO: La estrella se detuvo sobre el lugar en que se encontraba el Niño. Al ver la estrella de nuevo, los Magos se llenaron de inmensa alegría. Acojamos también nosotros en nuestro corazón ese gran gozo. La misma alegría anuncian los ángeles a los pastores. Adorémosle junto con los Magos, démosle gloria con los pastores, exultemos con los ángeles, "porque nos ha nacido un Salvador: Cristo, el Señor" (Le 2,11). "Dios, el Señor, es nuestra luz(Sal 118,27): no en la forma de Dios, para no aterrorizar nuestra debilidad, sino en forma de siervo, para traer la libertad a quien yacía en la esclavitud. Es fiesta para toda la creación: el cielo ha sido dado a la tierra, las estrellas miran desde el cielo, los Magos dejan su país, la tierra se concentra en una gruta. No hay uno que no lleve algún presente, ninguno que no vaya agradecido.

        Celebremos la salvación del mundo, la Navidad del género humano. Unámonos a cuantos acogieron festivos al Señor. Y sea concedido también a nosotros encontrarnos con ellos para contemplar con mirada pura, como reflejada en un espejo, la gloria del Señor, para ser transformados también nosotros de gloria en gloria, por gracia y bondad de nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria y la soberanía por los siglos de los siglos. Amén (San Basilio Magno, Homilías, 6).

!Levántate, brilla, porque viene tu luz!

Tú que estás por encima de nosotros,

Tú que eres uno de nosotros,

Tú que estás también en nosotros,

puedan todos verte también en mí,

pueda yo prepararte el camino,

pueda yo darte gracias por cuanto me sucede.

Pueda yo no olvidar en ello las necesidades de los otros.

Mantenme en tu amor

como quieres que todos vivan en el mío.

Que todo en mi ser se encamine a tu gloria

y que yo no desespere jamás.

Porque estoy en tus manos,

y en ti todo es fuerza y bondad.

Dame sentidos puros, para verte...

Dame sentidos humildes, para oírte...

Dame sentidos de amor, para servirte...

Dame sentidos de fe, para morar en ti... (Dag Hammarskjóld).

La tierna leyenda del cuarto Rey Mago que no llegó al nacimiento de Jesús ni a conocerle, pero...

Podemos encontrar 3 versiones diferentes de esta hermosa leyenda. Te mostramos la siguiente por ser la más breve y también puedes leer la obra completa: El cuarto Rey MagoHenry V.Dyke o
También te ofrecemos otra versión comentada
"...Así, nuestro Cuarto Rey, cabalgó raudo y veloz al encuentro de sus compañeros, sin dejar siquiera que el caballo recuperara fuerzas con las aguas del río Éufrates. Y ocurrió que cuando llegaba a las afueras de la ciudad, Artabán se encontró con un hombre malherido, desnudo, casi agonizante, el cual había sido atracado por unos ladrones que además de robarle sus pertenencias le propinaron una buena paliza. Un comerciante que recibió las atenciones de Artabán, que lavó sus heridas con vino y entablilló sus destrozadas piernas y brazos. Cuando el hombre recuperó el aliento y la consciencia, informó de que había sido totalmente desvalijado, habiéndole robado los malhechores toda la bolsa del dinero. Nuestro rey, como era de esperar, se apiadó del vendedor y le regaló el diamante de Méroe.
Lamentablemente, cuando quiso entrar en la ciudad y acudir al lugar indicado, los Reyes Magos ya se habían marchado, aunque le dejaron una nota en la que podía leerse: “Te hemos estado esperando mucho tiempo y no podemos dilatar más nuestro viaje. Sigue nuestra senda por el desierto y que la estrella te guíe”. Tras leer la corta misiva, arreó su caballo y cabalgó sin descanso, hasta la extenuación, trayendo como resultado la muerte de su brioso alazán. Pero nada podía detenerle y continuó el duro trayecto a pie, soportando tormentas de arena que ajaban el rostro y frenaban el paso.
Cuando quiso llegar a Belén de Judá sus vestimentas habían perdido el lustre y su cuerpo se mostraba enjuto y famélico. Allí, ninguna señal de Melchor, Gaspar y Baltasar, aunque sí se topó con la carnicería que ordenó llevar el legendario y cruel Herodes. Porque, como todo el mundo sabe, el tal Herodes, temeroso por los augurios, mandó asesinar a todos los recién nacidos, en una matanza de inocentes que tiñó de sangre las casas y las calles de Belén. Escenas que presenció Artabán en primera persona y que le llevaron a ofrecer su rubí a un soldado para que no atravesara con su espada a un niño. Pero un capitán se percató de la jugada y ordenó la detención del Cuarto Rey, que fue enviado a las mazmorras del palacio de Jerusalén.
Y más de treinta años estuvo en prisión, lamentándose de su mala suerte, sufriendo todo tipo de vejaciones y llegando a perder casi la cordura. Pero Artabán, en sus escasos y tenues momentos de lucidez, todavía tuvo tiempo para suplicar redención y piedad al procurador Poncio Pilatos, quien finalmente le otorgó la carta de libertad. Encontrado el perdón, dirigió sus pasos torpes por las pobladas calles de la ciudad, tropezándose con miles de personas que se dirigían hacia un lugar llamado el Gólgota. Una masa humana que deseaba presenciar la crucifixión de un falso profeta, un irreverente que había blasfemado contra Dios.
Artabán se dejó arrastrar por la multitud, cruzando por una plaza en la que estaban subastando a una bella doncella de rubios cabellos. Rebuscó entre sus andrajos y con el custodiado trocito de jaspe que todavía conservaba (en la esperanza de entregárselo algún día al Señor), compró la libertad de la joven. La mujer, en agradecimiento, besaba sus manos cuando la tierra tembló, rompiéndose en dos el templo, rasgándose los sepulcros. Con tan mala fortuna, que una piedra golpeó fuertemente la cabeza de Artabán, quedando tumbado en el suelo, desmayado. Y al recobrar el conocimiento vio como un hombre le sujetaba por los hombros y le miraba firmemente. Un joven que probablemente tenía la misma edad que él tenía cuando emprendió el viaje y que le decía: “Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”.
“¿Cuándo hice yo lo que decís”?, preguntó sin apenas respiración mientras miraba sus manos vacías de jaspe, diamantes y rubíes. “Cuanto hiciste por mis hermanos, lo has hecho por mí”, fue la respuesta. Y Artabán expiró, emprendiendo un nuevo viaje que le llevó a la eternidad del universo, al infinito del horizonte, fundiéndose con las estrellas y dejando la estela del que fue el Cuarto Rey Mago de Oriente." Fuente

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros





II Domingo de Natividad


El prólogo de Juan, a diferencia de los relatos de los evangelios de la infancia, no narra las vivencias históricas del nacimiento y primera infancia de Jesús, sino que describe, en forma poética, el origen de la Palabra en la eternidad de Dios y su persona divina en el amplio horizonte bíblico del plan de salvación que Dios ha trazado para el hombre. Esta presentación de Jesús-Palabra se hace en tres momentos.

Primeramente la "preexistencia" de la Palabra (w. 1-5), real y en comunión de vida con Dios; él nos puede hablar del Padre porque posee la eternidad, la personalidad y la divinidad (v. 1). Después, la venida histórica de la Palabra entre los hombres (w. 6-13) de cuya luz fue testigo el Bautista (w. 6-8); esta luz pone al hombre ante una opción de vida: rechazo o acogida, incredulidad o fe (w. 9-11); sólo la acogida favorable permite la filiación divina, que no procede ni de la carne ni de la sangre, esto es, de la posibilidad humana (w. 12-13). Y finalmente la encamación de la Palabra (v. 14) como punto central del prólogo. Esta Palabra, que había entrado por primera vez en la historia humana con la creación, viene ahora a morar entre los hombres con su presencia activa: "Y el Verbo se hace carne", es decir, se ha hecho hombre en la debilidad, fragilidad e impotencia del rostro de Jesús de Nazaret para mostrar el amor infinito de Dios. En él la humanidad creyente puede contemplar la gloria del Seńor (v. 16), no una gloria como la de Moisés, revelador imperfecto de la Ley que puede hacer esclavos, sino la de Jesús, el Revelador perfecto y escatológico de la Palabra que hace libres, el verdadero Mediador humano-divino entre el Padre y la humanidad, el único que nos manifiesta a Dios y nos lo hace conocer,

Las lecturas bíblicas de este domingo evidencian que Jesús es el icono visible de Dios Padre. El Hijo, en efecto, mira incesantemente al Padre, que es la fuente de su misión. Todo le viene del Padre: la enseńanza, la actividad, el poder sobre la vida y sobre la muerte. "Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me ha enviado" (Jn 7,16). "La Palabra que habéis escuchado no es mía, sino del Padre que me ha enviado" (Jn 14,24). El Hijo no hace nada por sí sólo, sino "como me ha enseńado el Padre, así hablo" (Jn 8,28). Jesús está a la escucha del Padre con mirada de contemplación interior y transmite sus palabras, es más, comunica tan bien la Palabra del Padre que Él mismo es, para el evangelista, la Palabra del Padre (Jn 1,1-2). Así Jesús es el perfecto revelador del amor del Padre, porque está siempre a la escucha de Dios, y es igualmente la Palabra misma del Padre.

El culmen, sin embargo, de la revelación que Jesús ha transmitido no está en lo que ha enseńado con palabras, sino en la obra que ha testimoniado con su vida. Ha cumplido hasta el fondo la obra que el Padre le había confiado. Y la obra que expresa el don de sí, la cumple Jesús entregando su vida sobre la cruz, haciéndonos así hijos adoptivos del mismo Padre. Es desde la colina en que se alza la cruz desde donde la humanidad toma conciencia de la calidad del amor que Jesús de Nazaret le revela: un amor que supera toda lógica humana y viola las fronteras de Dios.


Festividad del dulce y santo nombre de JESÚS, 3 de enero. Jesús significa: Dios salva.

Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer un sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. 
(Lc 2,21-24)
«Se le puso el nombre de Jesús»




Hoy, inmersos en el ciclo de Navidad, celebramos el mismo Nombre de Jesús. La veneración de este Santísimo Nombre surgió en el siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos difundieron esta devoción: «Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, suplicado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, dado al llegar la plenitud de la gracia» (San Bernardino).
Después de diversas vicisitudes litúrgicas, san Juan Pablo II restableció esta celebración en el misal romano. En este día —justamente— los jesuitas celebran el título de su “Compañía de Jesús”.
Es propio de las personas —ángeles y hombres, es decir, seres espirituales— distinguirse en su singularidad única con un nombre propio. Pero el caso de Dios es especial: propiamente, no le encaja ningún nombre. Él, por su infinita perfección está por encima de todo y de todos, está por encima de todo nombre (cf. Fil 2,9), es el Inefable, es el Innombrable…
Sin embargo, por su infinita Misericordia, se ha inclinado hacia el hombre e, incluso, ha aceptado ponerse un “nombre propio”. La primera revelación de su nombre la hizo en el desierto cuando Moisés le pidió: «’Cuando me pregunten cuál es tu nombre, ¿Qué tengo que decirles?’. Dios le dijo a Moisés: ‘Yo soy el que soy’» (Ex 3, 13-14). Mientras que nosotros tenemos que decir que “soy hombre”, “soy mujer”, “soy arquitecto” … (hemos de especificar de muchas maneras lo que somos), Dios —en cambio— simplemente “ES”. Por tanto, podríamos decir que “Yo soy el que soy” es el nombre filosófico que se adapta de alguna manera a Dios. 
Pero en su generosa condescendencia, Dios Hijo se ha encarnado para salvarnos: Él es perfecto Dios y perfecto hombre. Y, como tal, sus padres «le pusieron el nombre de Jesús» (Lc 2,21). “Jeshua” significa “Dios es salvación”. He aquí un Nombre —el Santísimo Nombre de Jesús— que merece toda la veneración y total respeto. Así lo indica el segundo mandamiento de la Ley de Dios… Y así nos lo enseñó el propio Jesús: «Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre…». Rev. D. Antoni CAROL i Hostench Fuente 

Solemnidad de Santa María Madre de Dios y Jornada mundial de la Paz.

 
 

La Iglesia celebra con toda solemnidad el misterio de la maternidad divina de la Virgen el día 1 de enero, fecha en que también se conmemora lo que nos recuerda el evangelio de San Lucas: al cumplirse los ocho días del Nacimiento del Niño, lo circuncidaron y le pusieron por nombre Jesús. La fiesta de hoy está destinada a celebrar la parte que tuvo María en el misterio de la salvación y a exaltar la singular dignidad de que goza la madre de Jesús, Dios y hombre. «Francisco -dice San Buenaventura- amaba con indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, por ser ella la que ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad».- Oración: Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ. El papa Pablo VI quiso que, a partir de 1968, se consagrara este día, el primero del año, a la reflexión y a la oración por la paz, acompañándolas con un Mensaje dirigido ante todo a los jefes de Estado y a los representantes de las naciones. Juan Pablo II y Benedicto XVI han proseguido esta hermosa iniciativa, enviando cada año su mensaje.

Desde hace varios años, el primer día del año civil se celebra en todo el mundo "la jornada de la paz" en nombre de María, madre de Dios y madre de la Iglesia. La paz (= Shalomes el don mesiánico por excelencia que Jesús resucitado ha traído a sus discípulos (cf. Jn 20,19- 21); es la salvación de los hombres y la reconciliación definitiva con Dios. Pero la paz de Cristo es también la paz del hombre, rica en valores humanos, sociales y políticos, que encuentra su fundamento, para decirlo con la Pacem in terris de Juan XXIII, en las condiciones de verdad, de justicia, de amor y de libertad, que son los cuatro pilares sobre los que se erige el edificio de la paz.

La constante bendición de Dios en la primera alianza, la acción de Cristo realizada en favor de toda la humanidad y de cada uno de sus componentes, el mismo nombre impuesto a Jesús, que evoca su misión de salvador, todos son hechos orientados en la línea de la paz, de la alianza, de la fraternidad. Dios no ha creado al hombre para la guerra, sino para la paz y la fraternidad. El mal en todas sus múltiples formas se contrarresta sólo con una constante educación en la paz. Aquella paz que la Virgen María, Reina de la paz, nos puede obtener del Padre: la shalom bíblica viene de Dios y está ligada a la justicia. La raíz de la paz, no obstante, reside en el corazón del hombre, esto es, en el rechazo de la idolatría, porque no hay paz sin verdadera conversión, no hay paz sin tensiones (cf. Mt 10,34). La paz de Cristo no es como la del mundo, porque la de Cristo exige que nos alejemos de la mentalidad mundana. Con la venida de Cristo la paz nos ha sido ofrecida a cada uno de nosotros, porque brota del corazón de Dios, que es amor.

María Virgen, que por el anuncio del ángel acogió al Verbo de Dios en su corazón y en su vientre y entregó la vida al mundo, es conocida y honrada como verdadera Madre de Dios Redentor. Redimida de manera tan eminente, en atención a los futuros méritos de su Hijo y a El unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas. Al mismo tiempo ella está unida a la estirpe de Adán con todos los hombres que han de ser salvados; más aún, es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen

en la Iglesia los fieles, que son «miembros de aquella cabeza», por lo que también es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad y a quien la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como Madre amantísima (LG 53). Fuente: santaclaradeestella.es

Que el Señor te bendiga y te proteja,
que ilumine su rostro sobre ti
y te sea propicio.
Que Dios te de la paz
y la Santísima Virgen María te lleve de su mano hasta el cielo,
cuando Dios lo tenga dispuesto”.

Indulgencia Plenarias para el fin y comienzo de año

Indulgencia Plenaria para el 31 de diciembre:

Rezar un "Te Deum" públicamente en acción de Gracias por el año vivido




Indulgencia Plenaria para el 1 de enero:

Rezar un "Veni Creator" públicamente en acción de Gracias por el año vivido


Recibir devotamente la bendición "Urbi et Orbe"


Cómo ganar una indulgencia plenaria:
1) Tener la intención de no volver a pecar, incluso venialmente.
2) Confesar sacramentalmente todos nuestros pecados.
3) Recibir la Sagrada Eucaristía.
4) Orar por las intenciones del Papa.

Diez villancicos para alegrar la Navidad...


Música con sus letras.

1. Campana sobre campana

2. Con mi burrito sabanero

3. Vamos pastores vamos

...

¿Quién lo hubiera pensado? Artículo.

Tuve una vez el privilegio de visitar Tierra Santa. Es un lugar extrañamente distinto. Empapado de historia, de lucha, de religión, de sangre. Prácticamente cada centímetro de su suelo ha sido regado con sangre, incluida la sangre de Jesús. La historia te asalta desde cada piedra. Allí, las cosas antiguas salen a la superficie y se mezclan con las de hoy. Cuando te paras en sus lugares sagrados, empiezas a entender por qué le dijeron a Moisés que se descalzara y por qué, a lo largo de los siglos, se han librado tantas guerras por esta pequeña franja de desierto. Llamada acertadamente Tierra Santa, caminé por su suelo con el alma descalza.

De todo lo que vi allí, incluida la tumba de Jesús, pocas cosas me conmovieron tan profundamente como la Iglesia de la Visitación. Contrasta enormemente con la mayoría de las otras iglesias del lugar que señalan los acontecimientos clave de la vida de Jesús.

A diferencia de la mayoría de las otras iglesias, la de la Visitación es un edificio muy modesto. No se ve oro ni mármol. Sus paredes de madera y su techo de roble son sencillos y están casi desnudos. Sin embargo, en la pared frontal, detrás del altar, hay una pintura que representa la escena de la Visitación, y fue esta imagen la que me impactó profundamente.

Es una imagen de dos mujeres campesinas, María e Isabel, ambas embarazadas, saludándose. Todo en ella sugiere pequeñez, humildad, anonimato, polvo, pueblo pequeño, insignificancia.

Ves a dos mujeres de aspecto sencillo, de pie en el polvo de una aldea desconocida. Nada sugiere que alguna de ellas, o algo de lo que hacen o llevan, sea extraordinario o tenga importancia alguna. Sin embargo —y esta es la genialidad de la pintura—, toda esa pequeñez, ese anonimato, esa aparente esterilidad y esa insignificancia de pueblo pequeño te llevan automáticamente a hacerte la pregunta: ¿Quién lo hubiera pensado? ¿Quién hubiera imaginado jamás que estas dos mujeres, en este pueblo oscuro, en este lugar perdido, en este tiempo olvidado, llevaban en su interior algo que cambiaría radical y para siempre el mundo entero?

¿Quién lo hubiera pensado? Sí. ¿Quién hubiera pensado que lo que estas humildes campesinas gestaban y llevaban en su interior cambiaría un día la historia más que cualquier ejército, filósofo, artista, emperador, rey, reina o superestrella?

En su interior gestaban a Jesús y a Juan el Bautista, el Cristo y el profeta que lo anunciaría. Estos dos nacimientos cambiaron el mundo tan radicalmente que hoy incluso medimos el tiempo por el acontecimiento de esos nacimientos. Vivimos en el año 2025 después de aquel suceso.

Aquí hay una lección: nunca subestimes, en términos de impacto mundial, a alguien que vive en el anonimato y que está «embarazado» de promesa. Nunca subestimes el impacto en la historia de una gestación silenciosa y oculta. ¿Cómo podemos tener una importancia real en nuestro mundo cuando vivimos en el anonimato, desconocidos, escondidos, incapaces de realizar grandes actos que configuren la historia?

Podemos aprender una lección de María e Isabel. Podemos quedar «embarazados» de promesa, de esperanza, del Espíritu Santo y luego, ocultos al mundo, gestar eso en carne real, la nuestra. Nosotros también podemos remodelar la historia.

Si logramos captar esto, habrá más paz en nuestras vidas porque algunos de los fuegos inquietos de nuestro interior nos atormentarán menos. En resumen, existe una insatisfacción perpetua dentro de nosotros que solo puede calmarse aceptando algo que podríamos llamar el «martirio del anonimato», es decir, el autosacrificio de aceptar una vida en la que nunca tendremos una autoexpresión adecuada y satisfactoria. Esa aceptación puede ayudar a calmar esa presión interior que nos empuja a ser conocidos, a marcar la diferencia, a hacer que nuestras vidas cuenten en el gran esquema de las cosas.

Todos conocemos la sensación de estar sentados dentro de nuestras propias vidas y sentirnos desconocidos, poca cosa, corrientes, y frustrados porque nuestras riquezas son desconocidas para los demás. Tenemos tanto que dar al mundo, pero el mundo no nos conoce. Anhelamos hacer grandes cosas, cosas importantes, cosas que afecten al mundo más allá de los límites de los pueblos pequeños donde vivimos (incluso cuando vivimos en grandes ciudades).

Lo que puede ayudar a traer algo de paz es la imagen expresada en esa pintura de la Iglesia de la Visitación: que lo que finalmente cambia el mundo es lo que damos a luz cuando, en el anonimato y el polvo de nuestros pequeños pueblos y en la frustración de unas vidas que siempre nos parecen demasiado pequeñas, quedamos «embarazados» de esperanza y, tras un proceso de gestación silencioso, no anunciado ni conocido por el mundo, llevamos esa esperanza a buen término.

Cuando daba clases en el Newman College de Edmonton, nuestro rector de entonces era un sacerdote de la Santa Cruz que nos aportaba cierto color local de las provincias marítimas. Cuando algo le sorprendía, exclamaba: «¿Quién lo hubiera pensado?».

Sí, dos mujeres embarazadas, hace dos mil años, sin estatus, aisladas, de pie en el polvo, ¿cambiando el mundo para siempre? ¿Quién lo hubiera pensado?  Ron Rolheiser OMI 

Toma al niño y a su madre y huye

  



La Sagrada Familia de Jesús, María y José


El evangelista presenta a la familia de Nazaret como modelo único e irrepetible, bien por la composición del núcleo familiar, bien por el significado que tales personas asumen en la historia de la salvación. El relato de la huida a Egipto y del regreso a Nazaret, aparte los aspectos teológicos y apologéticos, traza un cuadro realista de las muchas experiencias vividas por la santa familia. El texto, en efecto, recuerda los acontecimientos que siguieron al nacimiento de Jesús: la partida de los Magos, la crueldad de Herodes, el sueño de José y el éxodo como prófugo a Egipto.

           Mateo, sin embargo, va más allá de los hechos narrados y pretende mostrar a Jesús como un nuevo Moisés, que experimenta la misma suerte del gran legislador: es perseguido y debe huir (cf. Ex 4,19); después regresa a Israel cumpliendo la Escritura: "De Egipto llamé a mi Hijo" (v. 15; cf. Os 11,1). Pero, a la muerte de Herodes, la orden de establecerse en Nazaret que José recibe del ángel del Señor abre camino a otro proyecto de Dios.

           Los tres hijos de Herodes, Arquelao, Herodes Antipas y Felipe heredaron el reino. Al cruel Arquelao correspondió la Judea y por esto José, por razones de seguridad se trasladó a Galilea, donde reinaba Herodes Antipas. Para Mateo aquí se cumple la profecía: "Será llamado Nazareno" (v. 23), en cuanto el evangelista identifica la palabra "nazareno" = nossri con la palabra "vastago" = nesser (cf. Is 11,1: 53,2). Jesús es el Mesías humilde que cumple las esperanzas del pueblo y las promesas de Dios

Uno de los temas más candentes de la sociedad actual es el de la familia, en el que emergen problemas y dificultades considerables, debidos a la falta de valores y de ideales, unidos, por ejemplo, al materialismo y al hedonismo de la vida, a la permisividad de los responsables en campos educativo y moral, y a la carencia de auténticos guías y formadores en este sector. También la Iglesia siente vivo el problema y se interroga acerca del designio que Dios tiene sobre la familia, animando a todos a vivir según el evangelio en el respeto de las culturas y empeñándose en aliviar las condiciones de pobreza y necesidad de muchos núcleos familiares, a ejemplo de la familia de Nazaret plenamente inserta en la vivencia humana y especialmente en la vida de los pobres y de los que sufren.

           La experiencia actual de la familia cristiana presenta, también ella, notables problemas, porque no todo es pacífico o está resuelto, más bien se ven a menudo familias que portan cruces de distinto género y, a veces, pesadas: las de los exiliados de su propia tierra, las divididas por disensiones familiares o por motivos de trabajo, las que han perdido algún miembro por el empeño puesto en defensa de los derechos humanos y de la promoción humana, las laceradas por la inmigración, las que viven socialmente desahuciadas, incomprendidas, marginadas o en ambientes indignos y depravados que devalúan la condición humana.

           La sagrada familia no era una familia sin problemas, pero la presencia de Dios le comunicó fuerza, serenidad y paz interior. Jesús es el lazo de unión de toda familia cristiana.

Cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana. Sagrada Familia. Primer domingo después de Navidad.

 Es cierto, no existe la familia perfecta, no existen esposos perfectos, padres perfectos ni hijos perfectos, y si no se enojan, yo diría suegras perfectas. Pero eso no impide que no sean la respuesta para el mañana. 

   Dios nos estimula al amor y el amor siempre se compromete con las personas que ama. 
   Por eso, cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana”.
(Mensaje que el Papa Francisco dio a las familias el 22 de septiembre de 2015 durante su visita a Cuba).
BELÉN DE LA VIDA
Por Joan Manuel Serrat.
¡¡Cómo hacer todos juntos un Belén, la Navidad de la vida!!


NAVIDAD
Por José Luis Perales.
“Mientras haya ternura, habrá Navidad”.

Se celebra el Domingo que cae dentro de la octava de Navidad o, en su defecto, el 30 de diciembre. Fiesta en que celebramos el núcleo familiar en el que «Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y antes los hombres». Su finalidad es promover y afianzar el desarrollo de la familia desde sus raíces humanas y cristianas con el ejemplo e intercesión de la Familia de Nazaret. «Nazaret -decía Pablo VI- es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio. Una lección de silencio ante todo. Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable. Una lección de trabajo. ¡Nazaret, oh casa del "Hijo del Carpintero"!». El Catecismo comenta: En nuestros días las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Vaticano II llama a la familia "Iglesia doméstica". En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y su ejemplo. El hogar es la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico humanismo". Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida.- Oración: Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Fuente: Santa Clara de Estella

San Juan, apóstol y evangelista.

Nació en Betsaida, junto al lago de Tiberíades. Fue primero discípulo de Juan Bautista, quien orientó a él y a Andrés hacia Jesús. Era hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Santiago el Mayor. Pasando junto al lago de Galilea, Jesús vio a los dos hermanos, que estaban repasando las redes, y los llamó a su seguimiento. Fue el discípulo predilecto de Jesús y, junto con su hermano y con Pedro, uno de los tres apóstoles más cercanos a Jesús, que le acompańaron en la transfiguración y en la agonía de Getsemaní. Durante la última Cena, reclinó su cabeza sobre el pecho del Seńor. Estando con María al pie de la cruz, oyó que Jesús les decía: <<Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre>>. Según la tradición vivió mucho tiempo en Éfeso. Escribió el cuarto Evangelio, el Apocalipsis y tres cartas. Siendo ya mayor, fue deportado a Patmos, y murió de edad avanzada a finales del siglo I.-Oración: Dios y Seńor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol san Juan el misterio de tu Palabra hecha carne, concédenos, te rogamos, llegar a comprender y a amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer. Por Jesucristo, nuestro Seńor. Amén. 

Primera lectura: 1 Juan 1,1-4 Queridos hermanos:

1 Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida,

2 -pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó

3 Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo.

4 -0s escribimos estas cosas para que vuestro gozo sea completo.

         *+ El breve prólogo de la carta de Juan, que expone los diversos criterios para entrar en comunión con Dios, nos presenta un itinerario de fe sobre los compromisos de la vida cristiana que emanan de la caridad y sobre las precauciones contra el pecado.

        El evangelista fundamenta la fe cristiana sobre el argumento de su testimonio ocular que es la "palabra de la vida" y sobre algunos episodios esenciales descritos de modo sintético y concreto. Juan, sin embargo, aquí pone el acento no tanto sobre la "Palabra", como en el prólogo de su evangelio (cf. Jn 1,1-18), sino sobre la "vida" que Jesús posee y dona. Todo tiene comienzo en la experiencia del apóstol vivida en contacto directo con Jesús, que Juan presenta con hechos históricos documentables: "Nosotros hemos oído... visto... tocado... contemplado la palabra de la vida" (v. 1). Esta experiencia llega a ser más tarde en el Apóstol testimonio y ejemplo coherente (v. 2 a); este testimonio se hace anuncio valiente a los otros para que participen del mismo don (v. 2b); además, el anuncio genera la comunión entre los hermanos de la comunidad, comunión que, en realidad, es auténtica participación en la vida trinitaria con el Padre y el Hijo Jesús (v. 3). Por último, esta comunión hace brotar el fruto de la alegría que colma el corazón (v. 4). Pero un elemento importante, subrayado por Juan, es el reiterativo "nosotros", que nos pone ante la tradición de la escuela de Juan: tradición que desarrolla el testimonio del discípulo amado, basado en la "vida divina" hecha visible en Jesús y que el testigo nos ha hecho conocer.

 Salmo 96.R. Alegraos, justos, con el Seńor.

1El Seńor reina, la tierra goza,

se alegran las islas innumerables.
2Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
 R.

9porque tú eres, Seńor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
 R.

10El Seńor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
 R.

11Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
12Alegraos, justos, con el Seńor,
celebrad su santo nombre.
 R.

 Evangelio: Juan 20,2-8 1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.

2 se volvió corriendo a la ciudad para contárselo a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús tanto quería. Les dijo: -Se han llevado del sepulcro al Seńor, y no sabemos dónde lo han puesto.

3 Pedro y el otro discípulo se fueron rápidamente al sepulcro.

4 Salieron corriendo los dos juntos, pero el otro discípulo adelantó a Pedro y llegó antes que él.

5 Al asomarse al interior vio que las vendas de lino estaban allí; pero no entró.

6 Siguéndole los pasos llegó Simón Pedro que entró en el sepulcro,

7 comprobó que las vendas de lino estaban allí. Estaba también el pańo que habían colocado sobre la cabeza de Jesús, pero no estaba con las vendas, sino doblado y colocado aparte.

8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó.

        En estos pocos versículos se nos narran los hechos ocurridos la mańana de Pascua, que tienen como protagonista primera a María Magdalena y después a Pedro y Juan. La noche espiritual en la que los discípulos están hundidos cederá el puesto a la experiencia de la fe, que toma el relevo junto a la tumba vacía, signo de la presencia del Resucitado (v. 2). Ante la noticia de que la piedra ha sido retirada del sepulcro y de que el cuerpo de Jesús no estaba allí, Pedro y el discípulo amado corren al sepulcro (w. 3-4). Su carrera revela su amor y veneración y hace pensar en el ansia de la Iglesia que busca signos visibles del Seńor, especialmente cuando se encuentra en dificultades por su ausencia y no logra verlo. Los responsables de la Iglesia de los orígenes viven la experiencia de la búsqueda de los signos visibles del Seńor. Juan llega antes que Pedro al sepulcro por su intuición de discípulo amado, pero Pedro entra primero por su función eclesial (w. 5-7). Observados el orden y la paz que reinaban en él, el discípulo amado se abre a la visión de la fe, creyendo en los signos visibles del Seńor: "Vio y creyó" (v. 8). No es aún la fe perfecta en la resurrección. Para esto será necesario que el espíritu del discípulo se abra a la inteligencia de la Escritura (cf. Le 24,45), que vea al Seńor en persona y que reciba de él el don del Espíritu Santo.

 MEDITATIO    La figura de Juan es de fundamental importancia en la Iglesia primitiva, no sólo por su condición de discípulo amado por el Seńor, sino sobre todo por habernos dado con su contemplación el Jesús más íntimo, el que se revela Hijo de Dios hecho carne, venido a desvelarnos el rostro del Padre y el camino que lleva a la comunión con él. Entre los varios títulos que la tradición antigua atribuye a Juan destaca el de teólogo, porque el objetivo de sus escritos es creer en Jesús, Mesías e Hijo de Dios (cf. Jn 20,31). El símbolo del evangelista es el águila, porque, como declara un dicho rabínico, es como el único pájaro que puede mirar el sol (que para Juan es Cristo) sin quedar deslumbrado. Y su presencia en la comunidad cristiana, que en todo tiempo debe estar a la búsqueda de los signos visibles del Seńor, es la de la contemplación y la comprensión penetrante de la Palabra de vida.

        Son muchos los carismas en la Iglesia, todos preciosos y necesarios, como, por ejemplo, el carisma de la institución de Pedro o el de la profecía de Juan. Sólo el respeto recíproco y la búsqueda común en el compartir sincero y atento a los dones del Espíritu, permite adentrarse en el misterio. El ejemplo de la búsqueda común y de la ayuda entre hermanos de la misma fe, de que claramente nos habla el discípulo amado, lleva necesariamente a reencontrarse juntos, reunidos en el reconocimiento de los signos del Resucitado.

 ORATIO Señor Jesús, que revelaste los misteriosos secretos de la Palabra al discípulo amado, Juan, da también hoy a tu Iglesia una nueva inteligencia espiritual de las Escrituras.

        El Espíritu Santo, a través de las palabras del concilio, nos ha recordado que "la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras como el Cuerpo mismo de Cristo" y que la Palabra de Dios es "fuente pura y perenne de la vida espiritual" (DV 21). Por esto nosotros queremos iluminar cada vez más nuestra vida espiritual con tu Palabra, para aprender "la sublime ciencia de Jesucristo " (Flp 3,8). Sentimos cada vez más verdadera, sin embargo, la afirmación conciliar según la cual la Escritura "debe ser leída e interpretada con la ayuda del mismo Espíritu con que ha sido inspirada" (DV 12).

        Da, Señor, a tu Iglesia pastores sabios y santos que sepan captar el sentido espiritual y profundo de tus Escrituras e introducir al pueblo entero de Dios en tu intimidad para conocer mejor tu pensamiento, las profundidades del Espíritu y como guías a tu Iglesia. Pero haznos comprender también que tantas crisis de nuestras comunidades religiosas se superan sólo con la frecuente lectura y meditación de tu Palabra "acompañadas por la oración, para que pueda brotar el coloquio entre Dios y el hombre" (DV 25), lugar donde se opera en nosotros la conversión del corazón nuevo y la apertura a la fraternidad universal.

 CONTEMPLATIO Seńor Jesús, quien escoge amarte no queda defraudado porque nada se puede amar mejor y más provechosamente que a ti, y esta esperanza nunca decae. No hay miedo de excederse en la medida, porque en amarte a ti no está prescrita ninguna medida. No hay que temer a la muerte, que pone fin a las amistades del mundo, porque la vida no puede morir. En el amarte a ti no hay que temer ofensa alguna, porque no puede haberlas, si no se desea otra cosa que el amor. No se insinúa sospecha alguna, porque tu juzgas según el testimonio de la conciencia que ama. Ésta es la suavidad que excluye el temor.

        !Verbo devorador, ardiente de justicia, Verbo de amor, Verbo de toda perfección, Verbo de ternura. Verbo devorador a quien nada puede escapar! Verbo que compendias en tí toda la ley y los profetas. Del que tiene tal amor, dice abiertamente la Verdad estas palabras: "El que acepta mis mandatos y los cumple, este me ama" (Jn 14,21). Se debe saber también que el amor de Dios no se mide por sentimientos momentáneos, sino por la perseverancia de la voluntad. El hombre debe unir su voluntad a la de Dios, de modo que la voluntad humana consienta todo lo que dispone la voluntad divina, sin querer esto o aquello si no es porque sabe que lo quiere Dios.

        Esto significa amar a Dios de modo absoluto. En efecto, la misma voluntad no es otra cosa que amor (Elredo de Rievoulx, Discurso sobre el amor de Dios).

LECTURA ESPIRITUAL Sentirse amado es el origen y la plenitud de la vida del Espíritu. Digo esto porque, apenas comprendemos un destello de esta verdad, nos ponemos a la búsqueda de su plenitud y no descansamos hasta haber logrado encontrarla. Desde el momento en que reivindicamos la verdad de sentirnos amados, afrontamos la llamada a llegar a ser lo que somos. Llegar a sentirnos los amados: he aquí el itinerario espiritual que debemos hacer. Las palabras de san Agustín: "Mi alma está inquieta hasta reposar en ti, Dios mío", definen bien este itinerario.

        Sé que el hecho de estar a la constante búsqueda de Dios, en continua tensión por descubrir la plenitud del amor, con el deseo vehemente de llegar a la completa verdad, me dice que he saboreado ya algo de Dios, del amor y de la verdad. Puedo buscar sólo algo que, de algún modo, he encontrado ya (H. J. M. Nouwen, Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular, Madrid s.f.). Gracias a Santa Clara de Estella