Al finalizar la eucaristía del día 21, se procederá al reparto del agua bendita de la hidria.
Entre los días 14 y 20 se celebrará la Eucaristía jubilar a las 18:30h.
- El miércoles 14 de septiembre presidirá la Misa el Sr. D. Reinerio García, Párroco de San Pedro de Grado.
- El jueves 15 de septiembre presidirá la Misa el Sr. D. Alejandro Sanzo, Párroco de Santa María de Salas.
- El viernes 16 de septiembre presidirá la Misa el Sr. D. Alfredo de Diego, Párroco de San Pedro de Tineo.
- El sábado 17 de septiembre presidirá la Misa el Sr. D. Jorge Juan Fernández, Vicario General.
- El domingo 18 de septiembre presidirá la Misa el Sr. D. Javier Suárez, Delegado Episcopal de Peregrinaciones.
- El lunes 19 de septiembre presidirá la Misa el Sr. D. César Gustavo Acuña, Párroco de San Andrés de Allande.
- El martes 20 de septiembre presidirá la Misa el Sr. D. Allan Eduardo Cerdas, Párroco de Grandas de Salime.
Para ganar la Perdonanza es necesario cumplir las siguientes condiciones:
1º Visita piadosa a la Santa Iglesia Catedral de Oviedo y rezo del Padrenuestro y Credo.
2º Confesión sacramental. (Todos los días, a partir de las 18:00 habrá confesores en la Catedral)
3º Comunión eucarística.
4º Oración por las intenciones del Sumo Pontífice: Padrenuestro y Ave María, u otra piadosa oración).
Las condiciones 2ª, 3ª y 4ª pueden practicarse varios días antes o después de la visita a la Catedral. Fuente.
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
Para la Iglesia es una fiesta del Señor, en la que celebramos el misterio de la cruz, la obra realizada por Cristo en ella. La imagen predominante es la de Jesús elevado en la cruz, que marca profundamente la vida y espiritualidad de los cristianos. Según la tradición, hoy es el aniversario del hallazgo de la santa Cruz (14 de septiembre del 320, por Santa Elena, madre del emperador Constantino) y de la dedicación de la basílica constantiniana levantada en el mismo lugar de la crucifixión del Señor. Cada año se celebraban en Jerusalén solemnes ceremonias que culminaban con la elevación del sagrado leño para que lo contemplase y adorase la multitud de fieles que se congregaba. En mayo del 614, Cosroas, rey de los persas, saqueó Jerusalén y se llevó la cruz a su país. Pero el emperador Heraclio derrotó a los persas, recuperó la cruz y la entregó solemnemente al patriarca de Jerusalén el 3 de mayo del 630. Esta recuperación llenó de entusiasmo a la Iglesia y particularmente a los latinos, que no tardaron en celebrar la fiesta de la santa Cruz en esta última fecha.- Oración: Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido
y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo
signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.
Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar
otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma
vida debe estar marcada - y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del
Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y
en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino:
es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con
Cristo muerto y resucitado.



Nada es tan importante como el perdón. Es la clave de la felicidad y el imperativo espiritual más importante de nuestra vida. Necesitamos perdonar, hacer las paces con las heridas e injusticias que hemos sufrido para no morir enfadados y amargados. Antes de morir, necesitamos perdonar, a los demás, a nosotros mismos y a Dios, por lo que nos ha pasado en esta vida.
Un viejo y sabio sacerdote agustino compartió una vez esto en clase. Hay días en mi vida en los que todo, desde las presiones de mi trabajo, hasta el cansancio, la depresión, la distracción o la pereza, me dificultan la oración. Pero, pase lo que pase, siempre intento rezar al menos un Padre Nuestro sincero y concentrado cada día.


En un pasaje particularmente emotivo de su poema La hoja y la nube, Mary Oliver se imagina ante la tumba de su madre y su padre, reflexionando sobre sus vidas. Ellos distaban mucho de ser perfectos, y ella no endulza sus faltas. Señala abiertamente el abatimiento del alma de su madre y la inmadura fe de su padre. Sabe que muchas de sus propias luchas tienen sus raíces ahí. Pero no está visitando sus tumbas para echarles las culpas. Se encuentra ahí para darles un honrado beso de despedida, finalmente en paz con sus vidas menos que perfectas y su influencia sobre ella. Les da gracias por todo, lo bueno y lo malo, les desea todo lo bueno en la tierra profunda, y después dice: “Pero no les daré el beso de la complicidad. No les haré responsables de mi vida”.
Después de su primer arresto, el activista pacífico Daniel Berrigan pasó a la clandestinidad. Tras cuatro meses, fue capturado, pero clandestino durante esos meses, aunque sin ninguna amenaza para nadie, le pusieron en la lista de los Diez más buscados del FBI. Aquí se dio cierta ironía que no pasó desapercibida. Alguien publicó un cartel de él con este pie de foto: ¡Se busca: Notorio consagrante de pan y vino. Perturbador de guerras y perverso quemador de papel! Se ha sabido que el fugitivo lleva el Nuevo Testamento y habría que acercarse a él con extrema precaución. Desarmado y peligroso.
