La parábola de los labradores homicidas, en el evangelio de Mateo (presente en los tres sinópticos, aunque con algunas diferencias y con elementos Comunes; por ejemplo, la muerte del hijo fuera de la vińa), viene a continuación de aquella de los dos hijos que el padre envía a trabajar en la vińa, la lectura del domingo anterior propuesta por la liturgia.
El dueńo tiene la vińa extraordinariamente cuidada. Ha transformado un terreno laborable en un auténtico jardín. Seto, lagar y torre no son precisamente elementos frecuentes en una vińa (cf v. 33). En ésta, si. Y aún hay más. Arrienda la vińa a unos labradores para que la gestionen con plena libertad. Confía en ellos y se ausenta. Y en el tiempo de la vendimia, prudentemente, envía unos criados (según el texto, en numero de tres) a los labradores <<para recoger los frutos" (v 34), pero a uno lo hirieron, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. E1 dueńo vuelve a enviar a otros criados, <<en mayor número que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo" (v. 36). Entonces, el dueńo de la vińa tomó la decisión, do1orosa y responsable, y mas arriesgada, si se considera el comportamiento precedente de los labradores, de enviar a <<su hijo". <<A mi hijo lo respetarán>> (v. 37), pensaba. A1 verlo, los labradores manifiestan la intención que inicialmente les había movido y que ahora les empuja hasta el extremo de matar al hijo. <<Este es el heredero. Vamos a matarlo" (v. 38).
En este punto, Jesús, mediante una inflexión, involucra a los presentes y pasa de la parábola a la historia: <<Que os parece? Cuando vuelva el dueńo de la vińa, qué hará con esos labradores?" (v. 4o). Y honestamente, aunque, quizá, sin pensar en las consecuencias, se la dan: <<Acabará de mala manera con esos malvados y arrendará la vińa a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo" (v. 41). Entonces Jesús trae a colación la Palabra de Dios para que dé testimonio. La vińa es el Reino de Dios. Los jornaleros homicidas son los oyentes que se le acercaron, los representantes de los judíos. La piedra rechazada será él mismo, Jesús. En el horizonte, <<un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino corresponde>> (v. 43). Los presentes, sumos sacerdotes y fariseos, comprendieron el sentido de la parábola de Jesús y querían <<echarle mano" (v. 46). Pero no lo hicieron por temor a la gente (cf v. 45).
Releamos dos frases que resumen la lectura profética y el pasaje evangélico: <<La vińa del Seńor todopoderoso es el pueblo de Israel, y los hombres de Judá, su plantel escogido. Esperaba de ellos derecho y no hay mas que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos" (Is 1,7). <<Jesús les dijo: No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular; esto es obra del Seńor y es realmente admirable? Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino corresponden" (Mt 21, 42-43).
Dios se ha manifestado y ha hablado con los patriarcas, les ha propuesto establecer una alianza con ellos y, para proveer al pueblo, le ha elegido un terreno, la tierra prometida, y una descendencia futura, numerosa, <<como las estrellas del cielo y la arena del mar".
Abrahán, Isaac y Jacob, a pesar de sus <<crisis", pero confiando en Dios y guardando la alianza, han encaminado los pasos de su vida hacia la constitución del <<pueblo de Israel". con el Éxodo, guiado por Moisés, y la instalación en la tierra prometida, realizada por Josué, aparece visiblemente el <<pueblo de Israel". Superado el periodo de los jueces, surge David y, con él, el reino unido de Judá e Israel, tipo del <<Reino mesiánico". Rápidamente sobreviene la división y con ella, la débil fidelidad a la alianza del pueblo elegido. El <<pueblo de Israel " y el <<Reino de Dios" siempre han mantenido una relación difícil y conflictiva. Los profetas en vano han vociferado apasionadamente la fidelidad de Dios y la infidelidad del pueblo. Después de la caída del Reino del Norte y posteriormente, la del Reino del Sur la situación ha sido de un sufrimiento difícil de aliviar.
La responsabilidad colectiva de los labradores y, según la conclusión de la parábola, de Israel, emerge con fuerza. Dios, el <<amigo" y el <<dueńo", ha dicho y ha hecho cuanto podía para que fructificase la vińa y los labradores asumieran la responsabilidad. Los resultados son amargos e Israel es responsable. Sin embargo, Dios no se da por vencido: como en otras ocasiones, no se rinde ante el pasado.
Jesús denuncia el pecado del pueblo elegido con la parábola de los labradores homicidas. El auténtico final, expresión de la misericordia del Padre celeste, es la urgencia y apremio de la invitación de Oseas: <<Vuelve, Israel, al Seńor; tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer. Buscad las palabras apropiadas y volved al Seńor decidle: Perdona todos nuestros pecados; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios"" (Os 14,2-3).
Seńor, Seńor, tu que abarcas con tu mano inmaculada el orbe entero, ten paciencia. con nosotros y compadécete de nuestras iniquidades, recuerda tu compasión y piedad. Visiíanos con tu bondad y concédenos, ayudados con tu gracia, huir el resto de este día de las múltiples tramas del Maligno y, con la gracia del Espíritu Santo, ampara nuestras vidas de sus insidias.
Por la misericordia y la bondad de tu Hijo unigénito, con el que eres bendecido, junto con el Espíritu Santo vivificante. Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén (<<La liturgia delle ore. Quinta preghiera", en S. Pricoco - M. Simonetti [eds.], La preghiera dei cristiani, Milán 2000, 305).
