Fe y Política. A lo largo de la historia del cristianismo, las distintas respuestas a la cuestión de la relación de los dos temas abarcan un amplio abanico de posibilidades. La importancia del problema lleva a Mateo a recoger el episodio del tributo al César que se coloca dentro de las controversias de Jesús con los representantes de los diferentes grupos religiosos y políticos del judaísmo de la época (cf Mt 21,23-22,40).
Jesús no rehúye la trampa tramada por los fariseos y los herodianos (!insólita asociación!) ofreciendo una improbable respuesta que satisfaga a unos, sin inquietar a los otros. Sabe perfectamente que los integristas judíos niegan a los romanos el derecho de cobrar impuestos y que los herodianos, colaboracionistas del régimen imperial, no pueden oponerse al pago del tributum capitis. Jesús sitúa el planteamiento a un nivel mas profundo: Dios y el hombre, el problema de la relación humana con Dios. Pide que le muestren la moneda del tributo un denario, acuńado con la efigie del emperador- y le digan de quién es la imagen y la inscripción grabada (vv. 19ss). Clarísimamente invierte la situación y hace zozobrar las expectativas de sus interlocutores (M 21). Desbaratada la mala intención del increíble consorcio y desplaza la respuesta del plano ideológico al práctico, poniendo en el primerísimo puesto la decisión religiosa de la relación con Dios: sin tal opción, la solución de la interrelación de fe y poder resulta ambigua.
La célebre respuesta de Jesús (<<Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", m 21) recuerda la necesidad de distinguir los dos planos y denuncia cualquier tipo de mezcolanza teocrática, ya sea por divinización (culto al emperador) o por injerencia del dominio religioso en el ámbito político. La reacción de quienes buscaban algún motivo de acusación en sus palabras (<<Al oír esto, se quedaron asombrados, lo dejaron y se fueron", v 22) refleja confusión y perplejidad; han fallado en el intento de encontrar un pretexto para encarcelar a Jesús. Sin embargo, si quieren escuchan han encontrado un mensaje: anteponer a cualquier táctica política la búsqueda de la voluntad de Dios y someterse sinceramente a ella.
La primera lectura nos recuerda que, a pesar de todas las apariencias, las autoridades de este mundo reciben el poder de Dios, que es el Seńor de la historia. Esto no quiere decir que se trate de un poder absoluto, de derecho divino y, por lo tanto, inopinable, sino todo lo contrario: quiere decir que todo poder esta llamado, siempre y en todo momento, a responder ante Dios de la veracidad y justicia de su propio ejercicio. Este es el reclamo de la celebre sentencia evangélica sobre el tributo debido al Cesar y la entrega completa a Dios.
Inspirarse en la Palabra de Jesús para tratar la problemática del poder y la responsabilidad del cristiano en el mundo significa distinguir dos planos distintos, el de Dios y el de los hombres, y saberlos interrelacionar Significa separar la cuestión del poder terreno legítimo e ilegítimo de las exigencias de la voluntad de Dios. El evangelio nos recuerda que no solo se debe responder de las decisiones públicas ante los hombres, sino que todos son responsables de sus decisiones, públicas y privadas, ante Dios.
Como el poder del Cesar alcanza exactamente hasta donde llegan las monedas con su efigie, Así el poder de Dios llega hasta donde alcanza su imagen. Y puesto que el hombre es la criatura modelada por Dios a imagen y semejanza (Gn 1,26), se sigue que, en cuanto <<imagen" de Dios, pertenecemos plenamente a Dios, que cualquier dimensión de nuestra vida se refiere a él, incluida la política. Esto no nos mengua, sino mas bien nos ayuda a liberamos de espejismos ante el poder y de colisiones frente a regimenes económicos, políticos y militares que impidan a la humanidad realizar con libertad y justicia su vocación de ser imagen de Dios. Distinguir los dos planos, indicados claramente por Jesús también nos pone en guardia frente a las recurrentes tentaciones integristas que anidan solapadamente bajo formas de <<fundamentalismo cristiano".
Seńor, tu eres el Rey de la historia y todo lo que haces es para bien de los que te aman: incluso en las pruebas más difíciles. Te pedimos que con la ayuda del Espíritu veamos con la luz de la fe los complejos acontecimientos de la historia y contemplemos la mano amorosa que dirige el maravilloso proyecto de salvación de tu pueblo y de toda la humanidad. Te damos gracias porque nos llamas a colaborar en tus designios y nos pides que asumamos responsabilidades civiles y políticas. La Palabra de tu Hijo es esclarecedora: nos enseńa a tomar conciencia de que el poder humano no puede ser ni <<demonizado" ni divinizado, sino que en él se debe manifestar la orientación de nuestra libertad.
Te damos gracias por crearnos a tu imagen y descubrirnos la grandeza de la vocación cristiana. Gracias porque podemos responderte con pequeńas y grandes cosas en la vida cotidiana, en el trabajo, en la política, en el voluntariado, en los asuntos sociales y mundanos, sin evadirnos del compromiso, la fatiga, ni las pruebas del tiempo: la fidelidad y la perseverancia, Gracias porque con tu ayuda podremos vivir todo esto, dándole al Cesar lo que es del César y a ti, nuestro Dios, cuanto es tuyo: nuestras vidas.
