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La pregunta del escriba, <<experto en la Ley" (v. 34), no es solo un recuerdo histérico de la confrontación entre Jesús y sus adversarios, siempre dispuestos a acabar con él, sino un reflejo de las preocupaciones de la comunidad a la que se dirige Mateo. La comunidad a la que Mateo escribe el evangelio quiere saber qué precepto resume todas las enseńanzas de la Ley y los profetas y evitar la confusión que supone el cumplimiento de una miríada de obligaciones y deberes. Los interlocutores de Jesús no le preguntan, como en Marcos, cuál es el primer mandamiento, sino cuál es <<el mas grande" (v 30), un semitismo para expresar <<el más importante".
La respuesta de Jesús a la pregunta del escriba se articula en dos momentos: primero, se refiere al shemá Israel (<<Escucha, Ismel", Dt 6,4ss,), la oración cotidiana de los judíos; después, la asocia con el precepto del amor al prójimo (Lv 19,18). Al final, ańade: <<En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los profetas>>, (v. 40). El amor es la única respuesta verdaderamente adecuada que el creyente puede darle al Dios que lo ha amado primero y que le ofrece su amistad. Un amor, como ya enseńaba el Antiguo Testamento, único e indiviso, aglutinador de todos los componentes del ser: la inteligencia, la voluntad y las fuerzas vitales. Un amor Así necesita salir de la dispersión y encontrar la integración, una unidad de vida consciente y libre.
El verdadero amor a Dios, síntesis de la Ley, posee un nexo inseparable con el amor al prójimo; <<El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo coma a ti mismo" (wz 39). En caso contrario, hay que denunciar el carácter hipócrita, tal como lo han hecho con insistentes avisos los profetas de Israel, de un culto formalista que no practique la justicia y la misericordia con el prójimo. La unidad inherente entre los dos mandamientos es indudablemente el corazón de la predicación profética y de la Torah, como muestra, por ejemplo, la primera lectura, tomada del antiguo código de la alianza.
La respuesta de Jesús al escriba con la cita del <<Escucha, Israel" nos ayuda a aclarar qué conlleva amar a Dios, una actitud que no puede entenderse como el mero sentimiento con el que una persona ama a otra para hacerle el bien. En el Antiguo Testamento, <<amar a Dios" es escucharlo, es confiar en su palabra prometedora, es condicionar la vida a la Palabra. Amar a Dios equivale a decidirse por Dios con la totalidad del ser; sin reservas. La actualidad de la respuesta de Jesús a la cuestión propuesta por el escriba sobre el precepto mas importante de la Ley ilustra aspectos de hoy día. Por ejemplo, numerosos bautizados vacilan y se preguntan qué hacer en situaciones particulares, y todo porque no han decidido en realidad qué es lo mas urgente o conveniente en la vida. Solo Dios es la causa por la cual vale la pena invertir todos los recursos vitales, la única en la que tiene sentido gastar la existencia.
La verdad del primer mandamiento depende de cómo se viva el segundo, el amor al prójimo. Y qué es amar al prójimo según la perspectiva de Jesús? Jesús introduce una novedad en el concepto del prójimo que supera toda barrera: no es solo el amigo o el consanguíneo, sino también el extrańo o extranjero, e incluso el enemigo (cf Mt 5,43-48). El prójimo no viene determinado ni definido por un listado de principios generales, sino por el amor concreto que descubre al otro y lo que puede hacer por él. Jesús nos enseńa la realización perfecta de este amor concreto con su profunda compasión por cualquier persona necesitada, sana o enferma. En Jesús descubrimos el modelo supremo para hacemos próximos, el ejemplo donde inspiramos en las situaciones de <<proximidad". Podemos enumerarlas bajo una triple tipología: el amor al prójimo como atención solicita ante las necesidades del otro, como perdón y reconciliación con el enemigo, y como servicio al amigo o al hermano.
Seńor, te bendecimos porque nos muestras el sendero de la vida con el mandamiento del amor cuya practica nos acerca cada vez mas a ti y nos conforma mejor con Jesucristo, tu amadísimo Hijo.
Ayúdanos a amarte, destronando de nuestro corazón los ídolos y dejando que tu Palabra plasme en nosotros la criatura nueva, que te pertenece por entero. Te hacemos hueco en nuestra vida. Queremos amarte, Dios nuestro, como el único y reconocer que eres el guía de la vida. Tu nos permites superar las indecisiones en las pequeńas y grandes elecciones y nos ayudas a vencer nuestro pequeńo yo <<autárquico", que continuamente nos dice que para vivir hasta con nuestros propios recursos y que somos autónomos para amar. Que tu Palabra nos libere de la seducción de este yo <<diminuto", chato de ideales, encorvado sobre si mismo y privado de amor y solidaridad con el prójimo.
Te pedimos que nos concedas la gracia de tu Espíritu para que podamos servirte fielmente amando a nuestros hermanos, especialmente a los necesitados y humildes, tus preferidos.
