Crear y mantener espacio para nuestra aflicción

Hace algunos años asistí en un fin de semana a un retiro dado por una mujer que no escondía el hecho de que no poder tener hijos constituía una profunda herida en su vida. Así que ofrecía retiros sobre el dolor de no poder tener hijos. Siendo yo célibe y no teniendo mis propios hijos, asistí a uno de esos retiros, el único hombre en probar fortuna allí. El resto de participantes eran mujeres, la mayoría en sus 40 y 50 años, que no habían tenido hijos propios.
Nuestra directora del retiro, haciendo uso de la escritura, biografía, poesía y psicología, examinó la cuestión de la esterilidad desde muchos puntos de vista. El retiro llegó a su punto crítico la tarde del sábado con un ritual en la capilla, a la que varios participantes trajeron una gran cruz y expresaron claramente su dolor para que Jesús y todos los demás lo oyeran. Eso fue seguido por nosotros viendo, juntos, la película británica Secretos y mentiras, en la que la angustia de una mujer incapaz de concebir un hijo es destacada poderosamente. Después, hubo una gran y sincera manifestación de sentimientos, ¡y muchas y muchas lágrimas! Pero después de esa dolorosa manifestación de dolor y las generosísimas lágrimas que la acompañaron, todo el ambiente cambió, como si alguna oscura tormenta hubiera hecho lo suyo pero nos hubiera dejado a nosotros aún intactos. Hubo alivio y mucha risa y alegría. En verdad, una tormenta había pasado sobre nosotros pero estábamos a salvo.
Cualquier dolor se puede sobrellevar si se puede compartir. A Art Schopenhauer se le atribuye este dicho, pero, independientemente de quién lo dijo primero, capta lo que sucedió en ese retiro. Un profundo dolor fue hecho más llevadero no porque fuera superado sino porque fue compartido, y compartido de una manera “sacramental”. Sí, hay sacramentos que no tienen lugar en una iglesia, pero aun así tienen poder sacramental. Y necesitamos más de ellos.
Por ejemplo, Rachel Held Evans escribe: “Frecuentemente oigo a lectores que han abandonado sus iglesias porque no tenían canciones para cantar después del fracaso, el disparo, el terremoto, el divorcio, el diagnóstico, el ataque, la bancarrota. La tendencia americana hacia el triunfalismo, del optimismo enraizado en el éxito, el dinero y el privilegio, contagiará y minará de sustancia a cualquier comunidad de fe que ha perdido su capacidad para mantener espacio para aquellos que están en aflicción”.
Tiene razón. Nuestras iglesias no están creando bastante espacio para contener el dolor. En esencia: En la diaria espiritualidad práctica de la comunidad, la oración, la liturgia y la Eucaristía de nuestras iglesias, no nos apoyamos suficientemente en el hecho de que Cristo es a la vez una realidad que muere y resucita. Generalmente no tomamos la parte de Cristo que muere tan seriamente como deberíamos. ¿Cuáles son las consecuencias?
Entre otras cosas, quiere decir que no creamos bastantes celebraciones públicas y rituales en nuestras iglesias en que la gente pueda sentirse libre para reconocer y expresar su aflicción y dolor públicamente y de una manera “sacramental”. Desde luego, nuestras iglesias sí tienen ritos funerarios, sacramentos de los enfermos, servicios de reconciliación, servicios especiales de oración después de una tragedia en una comunidad, y otros rituales y encuentros que son poderosos espacios para contener el dolor y la aflicción. Sin embargo (con la excepción del sacramento de la reconciliación, que, en cambio, es generalmente un ritual privado y uno-a-uno) estos están generalmente unidos a circunstancias especiales y singulares tales como una muerte, una enfermedad seria o una tragedia episódica en una comunidad. Lo que nos falta son rituales regulares eclesialmente basados y públicos, análogos a encuentros de Alcohólicos Anónimos, en torno a los cuales la gente puede venir, compartir su aflicción y experimentar una gracia que sólo puede venir de la comunidad.
Necesitamos diversas clases de celebraciones “sacramentales” en nuestras iglesias, en las que -para usar la terminología de Rachel Held Evans- podamos crear y mantener espacios para aquellos que están sufriendo un corazón roto, un fracaso, un aborto, un cruel diagnóstico médico, una bancarrota, la pérdida de empleo, un divorcio, una jubilación forzada, un rechazo en el amor, la muerte de un preciado sueño, la entrada a una vida asistida, la adaptación a un nido vacío en un matrimonio, la esterilidad y frustraciones de todas clases.
¿Qué parecerán estos rituales? En su mayor parte no existen aún, así que depende de nosotros inventarlos. Charles Taylor sugiere que la batalla religiosa hoy no es tanto una batalla de la fe sino una batalla de la imaginación. Nadie ha vivido nunca en esta clase de mundo anteriormente. Necesitamos algunos rituales nuevos. Somos pioneros en nuevo territorio, y los pioneros tienen que improvisar. Se admite que el dolor y la aflicción siempre han estado con nosotros, pero la pasada generación tuvo medios públicos de crear espacio para contener la pena. Las familias, las comunidades y las iglesias tuvieron entonces menos de una batalla con la clase de individualismo que hoy nos deja generalmente solos para tratar de nuestra aflicción. Hoy ya no hay una suficiente estructura pública y eclesial para ayudarnos a aceptar que, aquí en esta vida, vivimos “gimiendo y llorando en un valle de lágrimas”.
Necesitamos imaginar algunos rituales sacramentales nuevos en los que ayudar a contener nuestra aflicción. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) - 

Fiesta de Nuestra Señora del Rosario

Pensamientos sobre el Rosario: Santo Rosario"No encuentro otro medio más poderoso para atraer sobre nosotros el Reino de Dios, la Sabiduría, que unir a la oración vocal la oración mental, rezando el Santo Rosario y meditando sus misterios". San Luis María Griñón de Montfort
"El Padre Pío tenía Rosarios en todas partes, bajo la almohada, en la mesilla de noche, en los bolsillos, dondequiera... Era el religioso del rosario. Consideraba el Rosario como su arma predilecta contra toda clase de enemigos. En alguna ocasión llegó a afirmar: "Quisiera que los días tuvieran 48 horas para poder redoblar los rosarios". Cuando le preguntaban por su herencia espiritual, San Pío de Pietrelcina no dudaba en afirmar que era el Rosario: "¡Amad a la Virgen y hacedla amar. Recitad siempre el Rosario!" San Pío de Pietrelcina
"Entre las devociones aprobadas por la Iglesia ninguna más dulce ni más eficaz que el Santísimo Rosario. San Antonio María Claret.
¡Cuántos por el Rosario han salido del pecado! ¡Cuántos han llegado a la santidad! ¡Cuantos han conseguido con una muerte dichosa, la salvación eterna! San Alfonso María Ligorio.
Con el Rosario, los enfermos recobrarán la salud o no morirán sin los sacramentos. San Francisco Javier
El Rosario es la salvación de los fieles. Papa Clemente VIII
El Rosario aplaca la justa indignación de Dios. Papa Gregorio XIV
El Rosario es una parte y forma de oración, bellísima acomodada a nuestros tiempos, fácil de practicar y muy fructuosa . Papa León XIII.
"En el Rosario se nos hacen visibles las huellas de Jesús en el mundo. <Yo he salido del Padre y he venido al mundo, y ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre>. Del Padre hacia el Padre conduce este camino. Entretanto, el Señor recorrió los muchos caminos de este mundo atravesando en todas direcciones el país.
De perla en perla, de decena en decena, recorremos nosotros los caminos de Jesús. A través de los misterios de su niñez, a través de las estaciones de su pasión redentora, podemos nosotros, con María, caminar hacia su plenitud y glorificación. Sus caminos se convierten en nuestros caminos". Cardenal Joachim Meisner
"El Rosario invita a nuestros dedos, a nuestros labios y a nuestro corazón a entonar una gran sinfonía de súplica y oración, y por estos motivos es la plegaria más grandiosa que jamás haya compuesto el hombre. El Rosario es un sitio de encuentro de los no instruidos y de los sabios; es la escuela donde el amor sencillo se acrecienta en conocimientos y donde los sabios aumentan su amor". Monseñor Fulton J. Sheen
"Rezar el Rosario es revivir con María los mayores sucesos de la Historia. Cuando lo rezamos nos dirigimos precisamente a Dios Padre que nos ha dado a su hijo Jesucristo, pero lo hacemos poniendo de intermediaria a la Virgen Madre de Dios". "El Rosario es una cadena misteriosa formada con eslabones de confianza que nos une indisolublemente al corazón de la Madre de Dios y de los Hombres". P. Anselmo del Álamo
"Si nos dieran un programa más difícil de salvación, muchas almas que se condenarán tendrían el pretexto de que no pudieron realizar dicho programa. Pero ahora el programa es brevísimo y fácil: rezar el Santo Rosario. Con el Rosario practicaremos los Santos Mandamientos, aprovecharemos la frecuencia de los Sacramentos, procuraremos cumplir perfectamente nuestros deberes de estado y hacer lo que Dios quiere de cada uno de nosotros". Sor Lucía de Fátima.
"Para el que es espiritual, para el que ha avanzado por el camino de oración, el Rosario es el modo más simple a vivir la oración de modo concreto y prolongado... No temo en afirmar que quien rece este tipo de oración y se encuentra a gusto recitándolo es un contemplativo o ciertamente está en camino de serlo". Carlo Carretto
"El rezo del Santo Rosario, con la consideración de los misterios, la repetición del Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y de amor, de adoración y reparación". San Josemaría Escrivá de Balaguer.
"La oración es la única fuente posible de toda comprensión. ¿El Rosario? ¡Admirable creación! ¿Rezar meditando los misterios? Este es el camino". Miguel de Unamuno
Amemos a Nuestro Amado Señor Jesús recordando y meditando su vida en cada Misterio, rezando la oración que Él mismo nos enseñó con el Padre Nuestro, saludando a Nuestra Madre Bendita con cada Ave María, Y Glorificando a Nuestro Dios en cada Gloria. Unámonos en oración por Amor a Jesús. Y mientras vamos uniéndonos, todos los que seguimos esta devoción, formaremos en el mundo entero millones de rosas que suben al Cielo recordando a nuestro Señor que somos velas siempre encendidas hacia su Amor. Fuente: Web católico de Javier

Témporas de acción de gracias y petición

 “Todo tiene su tiempo”, decía el Predicador. Su tiempo, la recolección; y su tiempo, la sementera. Entre una y otra (aunque los agricultores están ya más o menos metidos en el tiempo de la sementera), se nos invita poner una nota teologal a estos dos tiempos. La memoria de San Francisco de Asís, celebrada ayer, nos ha podido preparar para entonarla. Porque él percibió todas las cosas como un regalo espléndido de Dios. Por eso cantaba en su himno de las criaturas:
Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos, y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
En este tipo de civilización en que nos movemos está, por así decir, opacada esta verdad, o están ofuscados nuestros ojos y no la percibimos. En la industria, en los servicios, en la misma agricultura aparecemos nosotros como los protagonistas que manipulan y explotan una materia, entre dócil y rebelde, que tienen ante sí. Concentrados en lo concreto, o en lo sectorial, parece que hemos perdido una visión más envolvente y global de las cosas. El pasaje del Deuteronomio sugiere que, efectivamente, las riquezas que nos creamos son fruto de nuestra inteligencia y nuestra fuerza. Pero nos lleva más allá: la tierra entera, simbolizada en la tierra prometida en que Yahvéh introduce a Israel, es un don de Dios a los hombres; y la fuerza que desplegamos en el dominio de las cosas nos viene dada por Dios. Todo, por tanto, en el orden objetivo y en el orden subjetivo tiene su fuente en Él.
Concentrados en el ras a ras de lo inmediato, caemos fácilmente en el olvido de la realidad omniposibilitante que es Dios. En este tiempo en que celebramos el día sin tabaco, el día sin tráfico, el día de la paz, el día internacional de la mujer, el día del trabajo (o la fiesta del trabajador), el día de los enfermos de Sida, o del cáncer, y tantos más, la Iglesia, que parece haberse adelantado a esta proliferación de días dedicados a uno u otro aspecto de la vida humana, nos invita al día de la acción de gracias y de petición. En él nos mueve a tomar una apropiada distancia de lo inmediato para reconocer ese fundamento que todo lo posibilita: el Dios viviente, que debe ser loado por toda criatura, y en especial loado por los frutos de la tierra y del trabajo del hombre. Fuente: Ciudad Redonda.org

Todo esto viene de Dios: En diversas partes del mundo, nuestra sociedad ha dejado de ser principalmente agrícola. La llamada industria lo ocupa casi todo. De todas las maneras, muchos países siguen siendo predominantemente agrícolas. Es también claro que tanto en las sociedades industriales como en las agrícolas todos sus habitantes seguimos alimentándonos y disfrutando de los frutos del campo.
La fiesta de las témporas de acción de gracias está colocada cuando, en algunos lugares, se ha llegado a la recolección de las cosechas y empiezan a prepararse para las del próximo año. Se nos quiere recordar una verdad clave en nuestra vida: nuestra dependencia de Dios. Sin Dios, no seríamos nada. Sin Dios, para empezar, ni habría mundo ni nosotros existiríamos. Él es el creador del cielo y tierra y también nuestro creador. Le tenemos que estar siempre agradecidos. Un buen momento para actualizar esta acción de gracias es cuando los hombres, trabajando el campo que nos ha sido regalado, recogen los frutos que Dios ha puesto en él.
La actitud de acción de gracias debe ser continua y permanente en nuestra vida  y no solo cuestión de un día, como fin de temporada. Entre otras cosas, como nos recuerda san Pablo en la segunda lectura, le hemos de dar gracias por nuestra segunda creación. No solo nos ha regalado la vida humana sino también la vida divina. “El que es de Cristo es una criatura nueva”. A la gran dignidad de ser personas humanas hay que añadir el don de ser hijos de Dios y hermanos unos de otros.
Además, introduciéndonos en su familia, nuestro Padre Dios nos perdona nuestros pecados y nos pide que perdonemos a los que nos ofenden. “Todos eso viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el servicio de reconciliar”. Qué gran paz nos proporciona Dios sabiendo que su amor y su perdón borran para siempre nuestros pecados.
Jesús, en el evangelio, nos exhorta a que conjuguemos tres verbos, no solo el primero de ellos, para que logremos vivir como lo que somos, hijos de Dios y hermanos entre nosotros: pedir, buscar y llamar. Pedírselo a nuestro Dios; buscarlo con todas nuestras fuerzas y llamar a las puertas de nuestro Dios y de nuestros hermanos para conseguirlo. Jesús nos asegura que nuestro Padre Dios siempre está al acecho para darnos “cosas buenas a los que le piden”. Fuente: Dominicos.org

Santos Ángeles Custodios

Los ángeles velan por los hombres, guardan sus caminos, presentan a Dios sus oraciones y son enviados por Dios para asistir a los seres humanos

La tradición bíblica

La tradición bíblica concibe la corte celestial en torno a Yahvé-Dios a modo de un soberano oriental fastuosamente rodeado de sus servidores: les asigna diversos nombres según su función, por ejemplo: los querubines sostienen su trono, mueven su carro mayestático, guardan la entrada de sus dominios, resguardan al arca sagrada con sus alas, sobre el propiciatorio: los serafines (los ardientes) son los cantores de su gloria, y purifican los labios del profeta (Is 6. 7).
En la concepción primitiva se habla de ángeles buenos y malos, responsables de las buenas o malas obras respectivamente. Más tarde, después de la cautividad (siglo Vl a.C.), por influencia mesopotámica y persa, los ángeles malos son calificados como Satán o demonios.
A los ángeles se les atribuye un papel benefactor: velan por los hombres (Tb 3. 17: Sal 91: «Tú que habitas al amparo del Altísimo... No se te acercará la desgracia.... porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos: te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra...»: Dn 3, 49 s.); presentan a Dios sus oraciones (Tb 12. 12); presiden los destinos de las naciones (Dn 10, 13-21).
En el Nuevo Testamento hallamos 179 textos que mencionan o hacen referencia a los ángeles. Por naturaleza son «espíritus»: «Espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación» (Hb 1, 14).
Cuando son «enviados» a ejercer un servicio, ya a Jesús, ya a las personas humanas, reciben el nombre de «ángeles» porque el «oficio» de ángel es:
  1. anunciar a María... (Gabriel, Lc 1); a José... (Mt 1-2); a los pastores... (Lc 2): anunciar a las mujeres la resurrección (ML 28).
  2. servir a Jesús tras las tentaciones (Mt 4 y ss.).
  3. 'proteger y custodiar: «sus ángeles (de los niños) ten continuamente el rostro de Dios». (Mt 18, 10)
  4. se alegran por la conversión del pecador (Lc 15, 10).
  5. confortan a Jesús en Getsemaní (Lc. 22. 43).
  6. Defienden a Jesús: «... a mi disposición más de doce legiones de ángeles». (Mt 26, 53).
  7. acompañarán a Jesús en su segunda venida… (Mt 16. 27).
  8. liberan a Pedro y Juan de la cárcel (Hch 5. 12).
  9. ejecutan las órdenes de Dios (Ap).
De los Ángeles Custodios, con nombre propio, conocemos a: Rafael, compañero de viaje y guardián de Tobías, y Miguel «arcángel» (Judas 9), defensor Custodio de la iglesia (Ap 12).

Ángeles Custodios

De la tradición bíblica, pues, nace el sentido del ángel protector, guardián o custodio:
Del pueblo (Israel): «He aquí que voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado» (Ex 23. 20).
De las personas: Abrahám dice a Isaac, que marcha en busca de esposa: «... El enviará su ángel delante de ti.... (Gn24, 7). Compañero y guardián de Tobías (5, 4): presenta las oraciones y buenas obras de Tobit ante Dios, le cura... ( 11, 12 ). Pedro es liberado de la prisión por el «ángel del Señor» y se dirige a «casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos», donde los reunidos, extrañados, contestan a la sirvienta Rode que ha acudido a la puerta, «será su ángel» (Hch 12, 7-15).
De los niños: Dice Jesús: «Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños: porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mt 18, 10). El ángel del Señor protege la vida e infancia de Jesús, avisando a José del peligro e indicándole lo que éste ha de hacer (Mt 1, 20; 2, 13.19).

En la liturgia de las horas

La Liturgia de las horas del día, en su oficio de lectura, nos propone un fragmento de uno de los sermones de San Bernardo, abad, sobre el salmo 90, en el que leemos reflexiones como éstas:
«Señor, ¿qué es el hombre para que te ocupes de él?... Para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos...»
«A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia... por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo... Debemos estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden, nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes... Correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquél de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados».
«En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores..., y viviremos así a la sombra del Omnipotente».
Ángel Olivera Miguel. Fuente: Dominicos.org

Santa Teresa del Niño Jesús

Fue una religiosa que no destacó entre las hermanas que convivían con ella. Sin embargo, poco después de su muerte, sus tres manuscritos se convirtieron en clásicos de la literatura espiritual. En especial su Historia de un alma, que recoge una doctrina rigurosamente evangélica y ha sido traducido a múltiples idiomas.
Biografía: Teresa Martin nace el 2 de enero de 1873 en Alencon, una pequeña población de Normandía. Es la novena hija del matrimonio que forman Luis Martin y Celia Guerin. La pequeña es recibida con alegría en un hogar que había sido castigado con la muerte de cuatro de sus hijos, dos de los cuales eran varones. Luis y Celia suspiraban por un niño que llegara a ser sacerdote, pero acogen el regalo que Dios les hace en la pequeña Teresa.
La infancia de nuestra santa transcurre entre la alegría y el amor que le procuran sus padres y las cuatro hermanas mayores (Paulina, María, Leonia y Celina) y el dolor que la muerte siembra en su hogar cuando la madre, Celia, muere de cáncer el 28 de agosto de 1877. Toda la familia se traslada entonces a Lisieux, donde existe un carmelo femenino al que pronto comenzarán a volar las hijas del buen Luis Martin, quien, con generosidad heroica, entrega a sus dos hijas mayores para que sigan los pasos de Teresa de Jesús en la clausura carmelitana de Lisieux.
El año 1887, con sólo 15 años, Teresa hace a su padre una osada petición: ella también quiere ser carmelita. A pesar de su corta edad, Luis Martin, que conoce la piedad y el amor a Cristo que embellecen la vida de su reinecita –como gustaba llamarla–, no sólo no se opone a su decisión, sino que la apoya decididamente, acompañándola en una peregrinación a Roma para obtener un permiso especial del papa León XIII. A pesar de las habladurías que llenan todo Lisieux, acusando a las monjas de querer a la niña como juguete particular de un carmelo en el que ya vivían dos de sus hermanas, el obispo de Bayeux-Lisieux accede al ingreso de Teresa el 9 de abril de 1888.
Poco después, la vida de Luis Martin se convierte en un calvario por causa de varias congestiones cerebrales que le llevan a la demencia. Atendido por Celina y Leonia, muere en 1894. Teresa le dedica su Plegaria de la hija de un santo.
Mientras, en el Carmelo, Teresa afirma haber encontrado la vida religiosa tal y como se la imaginó. La pobreza material no le asusta. Tampoco la pobreza espiritual y mental de algunas de sus hermanas, que hacen insufrible la vida de comunidad. A todas trata Teresa con el mismo amor y respeto, desempeñando pacientemente todos los oficios que se le encargan en la comunidad desde su profesión en 1890.
Desde 1893 Teresa es encargada de las novicias. Recae sobre ella la responsabilidad de educar a las jóvenes que van entrando en la vida carmelitana, a pesar de que sólo cuenta 20 años. En 1895 comienza a redactar los primeros recuerdos de su vida por mandato de la madre Inés de Jesús, nombre en religión de su hermana Paulina.
En 1896, la noche (del Jueves al Viernes Santo, Teresa sufre una hemoptisis; es el preludio de la dolencia –tuberculosis–que le llevará a la muerte. Continúa, pese a la enfermedad, con sus trabajos, sigue recopilando sus recuerdos y escribe algunos poemas. A principios de abril de 1897, la afección se revela en toda su crudeza y en agosto recibe la última comunión. Su hermana Paulina, madre Inés, va recogiendo las últimas palabras de la santa. El 30 de septiembre de 1897, a las 19:20, muere Teresa Martin exclamando: ¡Oh, le amo, Dios mío, os amo!

Una espiritualidad evangélica

Sor Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz fue una religiosa poco menos que ordinaria para muchas de las hermanas que convivían con ella. Sin embargo, los designios de la Providencia harían de ella una de las santas más conocidas en la historia de la Iglesia. Poco después de su muerte, a raíz de la publicación de los recuerdos que de su vida había consignado ella misma en tres manuscritos, se desató en torno a Teresa un auténtico huracán de gloria: su Historia de un alma, se convirtió muy pronto en un clásico de la literatura espiritual, traducido a numerosos idiomas, y al carmelo empezaron a llegar miles de cartas de Francia, Europa y el mundo entero narrando incontables apariciones e intervenciones milagrosas de la santa (en 1918 se recibía una media de 500 cartas al día).
Lísieux era en un intenso foco de irradiación de la doctrina de Santa Teresita, a través de la difusión de su biografía, a cargo de su hermana Paulina (madre Inés), y la producción de retratos y estampas que realizaba otra de sus hermanas: Celina (sor Genoveva). En un espacio de tiempo relativamente breve, la espiritualidad de Teresa había calado hondo en la Iglesia y la devoción popular era muy intensa.
Fue beatificada en abril de 1923; sólo dos años más tarde llegaría su canonización. Hoy, además de mantener una fuerte devoción popular, la teología sigue apreciando los contenidos de su doctrina y eminentes teólogos han dedicado estudios a su espiritualidad o la citan con profusión en sus trabajos, pues la contemplan como último pico de una cordillera mistica que, arrancando en Ignacio de Antioquía y Gregorio de Nisa, corre por la historia en los nombres de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, etc. (E. Biser). Así, parece que Teresa ha salido de la plaza para subir a un areópago reservado a elites.
Los acercamientos rigurosos y actuales a la espiritualidad teresiana resaltan hoy como su mayor valor el de ser una doctrina rigurosamente evangélica. Desde los escritos y la vida de Teresa se puede, sin duda, volver al Evangelio. Su aventura espiritual arranca del descubrimiento de un amor primero de Dios sobre su vida. Para Teresa, lo divino es esencialmente presencia paterna –diríamos materna– que se manifiesta como ternura y misericordia.
Este hallazgo no es para ella fruto de un golpe de conversión, sino corona de un proceso interior apasionante desarrollado entre 1889 –un año después de su entrada en el carmelo— y culminado hacia 1895, en un entorno especialmente agresivo. El ambiente espiritual, en el que se desarrolla la vida de nuestra santa, es absolutamente chocante: la piedad de aquella época se definía esencialmente por la reparación.
Se concebía a Dios como un ser herido por el desprecio del hombre: el auge del ateísmo, el rechazo del catolicismo, la postergación temporal del papa, el liberalismo... Estos y otros cánceres corrompen la vida del hombre y le apartan de un Dios lleno de ira hacia quien de tal modo le rechaza. Esto era especialmente grave en Francia, con sus antecedentes de jansenismo, donde a los católicos parecía increíble que la hija predilecta de Roma volviera la espalda, de un modo tan evidente, a los valores en torno a los cuales se había articulado históricamente como nación.
La respuesta de Teresa fue en aquel momento reivindicación del auténtico rostro de Dios y puede serlo también ahora, cuando la experiencia pastoral nos informa de la pervivencia de una imagen de lo divino como justicia vindicativa que constriñe la vida de los fieles hasta sus aspectos más íntimos. Podemos recuperar para el caudal de la espiritualidad cristiana una imagen de Dios absolutamente evangélica, que imprime en la vida de Teresa un doble movimiento liberador del que está necesitada nuestra Iglesia: de una parte, en su relación personal con el Padre, confianza en la misericordia absoluta; de otra, en las relaciones con los demás, compasión y ternura sin límites, comprensión para todas las faltas que ha sido aprendida en la escuela de la misericordia divina, y pequeños gestos de amor que refrescan la vida en el plano de las relaciones interpersonales. Emilio Martínez O.C.D. Fuente: dominicos.org

Jesucristo: la persona y el misterio

Tendemos bastante naturalmente a pensar en la palabra “Cristo” como el segundo nombre de Jesús. Pensamos en el nombre “Jesucristo” como pensamos en nombres como “Susan Parker” o “Jack Smith”. Pero eso es una malsana confusión. Jesús no tuvo un segundo nombre. La palabra “Cristo” es un título que, a la vez que incluye la persona de Jesús, habla de algo más amplio que Jesús sólo. ¿Cuál es la diferencia entre “Jesús” y “Cristo”?
Jesús hace referencia a una persona concreta que, aun siendo la Segunda Persona de la Divinidad, anduvo por esta tierra durante 33 años y es todavía hoy alguien al que entendemos y nos referimos como una persona individual. Cristo hace referencia a algo más grande, a saber, al inmenso misterio de la creación y la salvación en el cual Jesús, como el Cristo, juega el papel fundamental pero que incluye la Eucaristía, la comunidad cristiana, las iglesias cristianas históricas, la comunidad de toda la gente sincera que camina en este planeta, y la creación física misma. Jesús es una persona con la que buscamos estar en una relación en amistad e intimidad, mientras Cristo es un misterio del cual nosotros y toda la creación somos parte y en  el que participamos.
Esto tiene enormes implicaciones, no la menor cómo entendemos la espiritualidad y la iglesia. En esencia, esto es lo que está en juego: ¿Qué es lo más importante para nosotros: lo que Jesús ha hecho y pide de nosotros o la persona de Jesús mismo? Es interesante mirar a las diferentes iglesias cristianas en términos de esa cuestión: ¿Están más enfocadas en la enseñanza de Jesús o en la persona de Jesús? ¿Están más enfocadas en Jesús o en Cristo?
En términos de una gran sobre-generalización, podríamos decir que el Catolicismo Romano y el Protestantismo principal han tendido a centrarse en las enseñanzas de Jesús y las demandas del discipulado que dimanan de aquellas enseñanzas más de lo que se han centrado en la persona de Jesús mismo. Lo contrario es verdad para la tradición Evangélica, donde el énfasis ha estado y continúa estando en la persona de Jesús y nuestra relación individual con él. Para ser justos, ambas tradiciones, claramente, incluyen también la otra dimensión. Los Católicos Romanos y los Protestantes principales no han ignorado la persona de Jesús, y los Evangélicos no han ignorado las enseñanzas de Jesús; pero, en ambos casos, uno ha sido más central que el otro. El Catolicismo Romano, por su parte, también enfatizó la dimensión de la intimidad uno-a-uno con Jesús, pero situó eso en su práctica devocional más que en su teología principal, que está centrada más en el misterio de Cristo que en la persona de Jesús.
La espiritualidad, como se esperaba, tendía a seguir el mismo patrón. Los Católicos Romanos y los Protestantes principales, a diferencia de los Evangélicos, no han hecho de la intimidad uno-a-uno con Jesús la pieza central de la espiritualidad, aun manteniéndolo como el ideal supremo. Su énfasis está en Cristo. Los Evangélicos, por otro lado, se centraron en una afectiva, uno-a-uno, intimidad con Jesús, de un modo que dejaron frecuentemente a los Católicos Romanos y a los Protestantes principales  preguntándose justamente lo que los Evangélicos querían decir cuando nos preguntaban: “¿Te has encontrado con Jesucristo?” “¿Es Jesucristo tu Señor y Salvador personal?” “¿Has nacido de nuevo?”. Por el contrario, los Católicos Romanos y los Protestantes principales con frecuencia miraron   críticamente a sus hermanos y hermanas Evangélicos, preguntando si su énfasis primordial en la salvación personal y la intimidad personal  con Jesús no los distrae de tener que tratar con algunas enseñanzas centrales de Jesús que tienen que ver con la justicia social y con el amplio abrazo de la fe.
Se admite que ambos énfasis son necesarios. Vemos eso claramente en la predicación de la iglesia primitiva. El renombrado erudito escriturista  Raymond Brown nos dice que, empezando ya con san Pablo, los primeros predicadores cristianos cambiaron el enfoque primero de su proclamación a Jesús mismo, casi como si ellos no pudieran anunciar el reino sin hablar  primero de aquel por el que el reino se hacía presente.
Proclamar a la persona misma (más bien que sólo el mensaje de esa persona) fue nuevo para los primeros predicadores cristianos. Su proclamación de la persona de Jesús fue radicalmente diferente de la manera que las Escrituras Hebreas honran a Moisés; ellos honran  su mensaje, pero nunca ponen atención a su persona en términos de pedir a alguien relacionarse con él. Como un aparte: Hay una lección aquí en términos de cómo tratamos con frecuencia a nuestros santos y personas santas. Los honramos por admiración, cuando lo que nos piden en realidad es que imitemos sus acciones.
El discipulado cristiano, claramente, pide ambas cosas: intimidad con Jesús y atención a lo que él enseñó, piedad personal y justicia social, firme lealtad a la propia familia eclesial de uno y la capacidad de abrazar también a todos los otros de sincero corazón como familia de fe de uno. Soren Kierkegaard sugirió una vez que lo que Jesús quiere de verdad es seguidores, no admiradores. Eso es hablar como un verdadero Protestante principal. Los  Evangélicos no estarían en desacuerdo, pero argüirían que lo que Jesús quiere de verdad es una íntima relación con nosotros. Los primeros predicadores del Evangelio estarían de acuerdo con ambos: Kierkegaard y los Evangélicos. Necesitamos proclamar ambas cosas: el mensaje de Jesús y a Jesús mismo.
Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) - Lunes, 30 de septiembre de 2019. Fuente: Ciudad Redonda.org

Dame Señor "entrañas de Misericordia"


 Domingo 26º del  tiempo ordinario

El sueño del rico epulón

Una noche un rico, mientras dormía, tuvo un sueño. Se encontraba en un lugar oscuro, lleno de gritos, lágrimas y ausencia de felicidad. De pronto, miró hacia arriba y reconoció la silueta de un pobre mendigo que saltaba de felicidad y alegría, y todos los que estaban con él tenían una sonrisa eterna en sus rostros. El rico empezó a gritar pidiéndole ayuda, pero la distancia era tan grande que no podía llegar su voz a los oídos del pobre. Sudando, se despertó repentinamente de la pesadilla… y se quedó pensando en lo que había soñado. De repente recordó que a su puerta siempre dormía un pobre hombre con hambre y lleno de heridas. Se dijo que se parecía mucho al que había visto en sueños. Se acercó al portal de su casa. Le invitó a entrar y le preguntó por su nombre. Llamó al médico para que lo curara y le dijo a la sirvienta que le preparara una buena comida. Después de una semana, ya casi recuperado, le invitó a quedarse con él en su mansión como personal de mantenimiento de la casa y el jardín. El rico descubrió entonces que la alegría comenzaba a sonreír en su corazón y que había llegado a través de la misericordia y la compasión. Desde entonces, el rico se hizo cada vez más pobre porque comenzó a compartir y promover la justicia, pero su corazón se había convertido en el más rico y entrañable del mundo porque ya vivía feliz haciendo felices a los demás. (Fermín Negre) Fuente Rezandovoy
Gracias a: Rezando Voy 

Familias del Corazón de María. Inauguración del curso

Parrillada el sábado 28 en el área recreativa "La Tejera" en Lamuño.
Salida frente a la iglesia a las 10.
Paseo a pie hasta la ermita y Eucaristía.
Comida a las 14:30.
Abierto a todas las familias
Menú


Algunos consejos sobre la fe y la religión para la generación actual

No es ningún secreto que hoy estamos siendo testigos de una disminución masiva en la asistencia a la iglesia y, aparentemente, de una pérdida paralela de interés en la religión. La mentalidad tradicional, dentro de la cual nos preocupábamos, a veces obsesivamente, por el pecado, por ir a la iglesia, y por el cielo y el infierno, ya no tiene influencia para millones de personas. Un padre, preocupado por el estado religioso de sus hijos, compartió conmigo recientemente, "nuestras viejas  preocupaciones religiosas nunca oscurecen sus mentes". ¿Qué se puede decir al respecto?
Ciertamente, puede que yo no sea la persona más adecuada para ofrecer este consejo. Tengo más de 70 años, soy un escritor espiritual cuyo interés principal de investigación y enseñanza se centra ahora mismo en la espiritualidad del envejecimiento, y soy un sacerdote católico romano, un miembro de una comunidad religiosa, que puede ser percibido como un simple representante de la religión y de la iglesia.
Pero, a pesar de eso, aquí hay algunos consejos sobre la fe y la religión para la generación de hoy.
Primero: Busca honestamente. La primera preocupación de Dios no es si vas a la iglesia o no, sino si eres honesto en tu búsqueda de la verdad y del sentido. Cuando el apóstol Tomás duda de la veracidad de la resurrección, Jesús no le regaña, sino que simplemente le pide que extienda su mano y continúe buscando, confiando en que si busca honestamente, finalmente encontrará la verdad. Lo mismo ocurre con nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es ser honestos, no mentir, reconocer la verdad a medida que se nos revela. En el Evangelio de Juan, Jesús establece una sola condición para venir a Dios: Se honesto y nunca te niegues a reconocer lo que es verdad, sin importar lo inconveniente que sea. Pero la clave es ser honesto! Si somos honestos, eventualmente encontraremos un sentido y eso nos llevará a donde tenemos que ir - quizás incluso a la puerta de una iglesia en algún lugar. Pero aunque no lo haga, Dios nos encontrará. El misterio de Cristo es más grande de lo que imaginamos.
Segundo: Escucha lo más profundo en tu interior. El alma es un bien precioso. Asegúrate de respetar la tuya. Respeta la voz dentro de tu alma. Más profunda que las muchas voces tentadoras que oís en el mundo y que os llaman en todas direcciones, es una voz dentro de vosotros que, como una sed insaciable, os recuerda siempre la verdad de esta oración de san Agustín: Nos has hecho para ti, Señor, y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en ti. Mantente en contacto con esa voz. La oirás en tu inquietud y, en palabras de Karl Rahner, te enseñará algo que al principio es difícil de soportar pero que finalmente te hará libre: En la tormenta de la insuficiencia de todo lo que se puede lograr, aprendemos finalmente que esta vida es una sinfonía inacabada.
Tercero: ¡Cuidado con la masa! En los Evangelios la palabra "multitud" es casi siempre peyorativa. Por una buena razón: Las multitudes no tienen mente y la energía de una multitud es a menudo peligrosa. Así que ten cuidado con lo que Milan Kundera llama "la gran marcha", es decir, su propensión a ser liderada por la ideología, el pensamiento de grupo, la última moda, la persona o cosa popular, el falso sentimiento de estar en lo cierto, porque la mayoría de la gente se siente de esa manera, y las presiones sociales que vienen tanto de la derecha como de la izquierda. Sé fiel a ti mismo. Sé el profeta solitario que no teme estar solo en el mundo exterior. Sueña. Sé idealista. Protege tu alma. No la regales a precio de ganga.
Cuarto: No confundir la fe con la Iglesia - pero no descartes a la iglesia demasiado rápido. Cuando preguntan a los que no son creyentes hoy en día por qué no lo son, sistemáticamente, su respuesta es: "Ya no creo". Pero, ¿qué es eso en lo que ya no creen? Lo que ya no creen no es en realidad la verdad sobre Dios, la fe y la religión, sino más bien lo que han oído sobre Dios, la fe y la religión. Aclara esto y descubrirás que tienes fe. Además, no descartes las iglesias demasiado rápido. Tienen deficiencias reales; no te equivocas al respecto, pero siguen siendo el mejor GPS disponible para ayudarte a encontrar tu camino hacia el sentido. Son una hoja de ruta elaborada por multitud de exploradores que han recorrido el camino antes que tú. Tu puedes ignorarlos, pero entonces mantente atento a la suave voz de Dios que a menudo dice: "Recalculando". Dios te llevará a casa, pero las iglesias pueden ayudarte.
Cuarto: No te olvides de los pobres. Cuando tocas a los pobres, tocas a Dios y, como dice Jesús, en el día del juicio seremos juzgados por cómo servimos a los pobres. Entrégate en alguna forma de altruismo, sabiendo, como dice Jesús, que no son los que dicen Señor, Señor, los que van al cielo, sino los que sirven a los demás. En su búsqueda, tu necesitas obtener un carta de recomendación de parte los pobres.
Quinto: Busca entre tus contemporáneos un modelo que te inspire. Jean Vanier, Henri Nouwen, Thomas Merton, Dorothy Day, Oscar Romero, Dietrich Bonhoeffer, Simone Weil, Etty Hillesum, y Dag Hammarskjold, entre otros - todos han afrontado tus problemas. Ron Rolheiser - Lunes, 23 de septiembre de 2019. Fuente: CiudadRedonda.org

Informaciones, fechas e inscripciones en el nuevo curso parroquial

Catequesis de comunión, postcomunión y confirmación

 Inscripciones: de lunes a viernes y de 17 a 19 (de 16 a 28 septiembre)
Comienzo: Viernes, día 4 de octubre, a las 18,00 h.,
comunión-postcomunión- 
confirmación (de 6. E.P a 3º ESO).  
a las 20,30, confirmación (de 3º ESO a 1º Bachiller).

 

Catequesis y Confirmación

puedes comenzar
 ü   en  3º de ESO  (14 años)
V  Confirmación:  inicio de 2º bachillerato
ü   con  Postcomunión  (al menos desde 6º E.P. )
V  Confirmación:  inicio de 4º ESO
ü   a partir de los 18 años:  CATEQUESIS de ADULTOS
J  HORARIO
F   a partir de 3º ESO: viernes, de 20,30 a 21,30
F   con Postcomunión/preadolescentes: viernes, de 18 a 19,15 h.
F   a partir de 18 años y adultos:  ¡Infórmate!
 J  INSCRIPICIONES
ü  de lunes a viernes, de 5 a 7 de la tarde
(del 16 al 28 de septiembre).

niños * jóvenes * adultos

Niños
Comunión: 1º,2º y 3º de E.P.
Postcomunión-preconfirmación: 4º, 5º y 6º de E.P
Horario: viernes, de 6 - 7,15
Grupos y activivades infantiles (“Amigos Claret”, Coro, Adoración), ¡infórmate!

Adolescentes
Confirmación: 6º, 1º, 2º y 3º ESO 
Confirmación: inicio 4º ESO
Horario: viernes, de 6-7,15

Jóvenes
Confirmación: a partir de 3º de la ESO  
Confirmación:  inicio 2º bachillerato
horario: viernes, de 8,30-9,30

Mayores de 18 años:
CATEQUESIS de ADULTOS.
Grupos y actividades juveniles
    (catequista, solidaridad, coro, misiones, oración, etc.)
Padres/familias/adultos
Familias Corazón de María
Formación de Adultos


Para inscribirse y para cualquier inquietud e información:
P. Sotillo, de 17,00 a 19,00 h.
    (y siempre que pueda, o bien, llamando al tfno. 985230496)
y del
16 al 28 de septiembre.
    Comenzaremos el viernes, 4 de octubre,
menos
1º Confirmación (se avisará).