1. ¿Quién es el Ángel de la Guarda?
El Ángel de la Guarda es un espíritu celestial enviado por la bondad de Dios para acompañar, proteger y guiar a cada ser humano desde la cuna hasta la tumba. La Doctrina Católica y la Sagrada Escritura nos enseñan que no estamos solos en el camino de la vida. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que cada fiel tiene a su lado un ángel protector y pastor para conducirlo a la vida eterna.
Dios nos dice: "Yo mandaré un ángel delante de ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto". Éxodo 23, 20
2. Otros tipos de ángeles
En el cielo existe una multitud de espíritus bienaventurados organizados para dar gloria a Dios y servir a su plan de salvación.
- Entre ellos destacan los Arcángeles, como San Miguel, quien defendió con poder el honor de Dios contra Satanás y los ángeles rebeldes.
- Existen también los ángeles custodios de cada una de las personas en la tierra, formando un ejército inmenso de mensajeros divinos.
- El Padre Pío veía con frecuencia no solo a su propio ángel, sino también a los ángeles custodios de sus hijos espirituales, quienes acudían a él para llevarle oraciones y peticiones de auxilio.
- El cuidado de Dios, a través de los ángeles, se extiende a instituciones, comunidades y misiones específicas: Vocación, familia, matrimonio, parroquia, diócesis, país...
3. Aspecto e interacción del Padre Pío con su ángel
El Padre Pío mantenía una relación sumamente familiar, constante y visible con su Ángel de la Guarda. Lo contemplaba como un guía luminoso, noble y lleno de belleza, que permanecía siempre a su lado.
Su interacción diaria abarcaba diversos aspectos:
- Traductor e intérprete: Aunque el Padre Pío no había estudiado idiomas extranjeros, su ángel le traducía cartas escritas en francés o griego y le permitía entender a peregrinos de otras naciones. Por ejemplo, el párroco de Pietrelcina certificó bajo juramento que el Padre Pío pudo explicarle perfectamente el contenido de una carta en griego gracias a las explicaciones de su ángel.
- Enfermero y consolador: Cuando el santo estaba enfermo o agotado, el ángel le prestaba pequeños servicios y le reconfortaba el alma.
- Defensor contra el maligno: El ángel le advertía de las trampas del demonio y consolaba sus heridas tras los combates espirituales.
- Proveedor y auxilio temporal: Siendo un joven soldado sin dinero, su ángel tomó apariencia humana para pagarle el billete del autobús y ofrecerle café caliente (Detalles al final del artículo). En otros casos, como el de Attilio de Sanctis, el ángel condujo un automóvil durante 27 kilómetros mientras el conductor dormía profundamente por el cansancio, evitando un trágico accidente.
4. El nombre que le daba el Padre Pío
El Padre Pío no utilizaba un nombre propio para dirigirse a su ángel, sino que le manifestaba su afecto mediante títulos llenos de cariño y ternura.
En sus cartas lo llamaba con frecuencia:
- "Angelito" o "buen angelito".
- "Pequeño compañero de mi infancia".
- "Inseparable compañero".
- "Celeste personaje" o "mensajero celeste".
- "Buen secretario".
5. ¿Qué puede hacer el Ángel de la Guarda por ti?
El Ángel de la Guarda es un bienhechor constante que realiza múltiples tareas por nuestro bien espiritual y corporal:
- Reza e intercede: Presenta a Dios nuestras buenas obras, nuestros sufrimientos y nuestros deseos puros.
- Nos protege: Nos defiende de las insidias del demonio, del mundo y de los peligros físicos.
- Actúa como mensajero: El Padre Pío recomendaba a las personas que, si no podían ir a visitarlo o tenían una urgencia, le enviaran a su Ángel de la Guarda para encomendarle sus necesidades.
- Diplomacia: Puedes enviarlo a hablar con el ángel de otra persona para "ablandar" un conflicto.
- Iluminación: Te inspira la respuesta correcta cuando estás confundido.
Ejemplo: El padre Pierino Galeone envió mentalmente a su ángel de la guarda ante el Padre Pío para pedir por el hijo enfermo de una madre. Al finalizar la Misa, cuando el sacerdote intentó encomendarle el caso en persona, el Padre Pío le respondió: "Hijo mío, ya me lo has dicho", confirmando que el ángel ya le había entregado el mensaje.
6. Condiciones para que se produzca su acción
Para que el Ángel de la Guarda pueda actuar eficazmente en nuestra vida y beneficiarnos de su auxilio, el Padre Pío nos señala las siguientes actitudes morales y espirituales:
- Tomar conciencia de su presencia: Recordar frecuentemente que está a nuestro lado y evitar la frialdad o la indiferencia hacia él.
- Respeto y pureza de vida: Evitar el pecado para no ofender la delicada y pura mirada de nuestro protector celestial.
- Invocación y oración constante: Acudir a él en los momentos de angustia, tentación o dificultad. El santo aconsejaba recitar con frecuencia la oración tradicional: "Ángel de Dios, que eres mi custodio, ilumíname, custódiame, guíame ahora y siempre".
- Docilidad y confianza filial: Escuchar sus inspiraciones interiores, que siempre nos impulsan hacia el bien y la obediencia a la voluntad de Dios.
Bibliografía recomendada: Libros sobre el padre Pío y el Ángel de la guarda que puedes descargar e imprimir legalmente
Detalles del ángel en el autobús: Ocurrió en el año 1917, durante la Primera Guerra Mundial, cuando el Padre Pío —vestido con el uniforme militar— regresaba de Nápoles tras un reconocimiento médico en el hospital militar.
Caridad previa: En el trayecto, gastó las últimas 50 monedas que le quedaban (50 céntimos) para ayudar a un pobre vendedor ambulante que vendía sombrillas de papel para llevar el pan a sus hijos, quedándose él completamente sin dinero.
La noche en la estación: Al llegar con retraso a la estación de Benevento, el autobús para Pietrelcina ya había partido. Tuvo que pasar toda la noche sufriendo de intensa fiebre, frío y agotamiento físico. El billete costaba 1,80 liras, pero él no tenía nada. A pesar de no llevar dinero, subió al autobús confiando plenamente en la Providencia divina y se situó en los últimos asientos para explicarle su situación al cobrador cuando se le acercase.
Caridad previa: En el trayecto, gastó las últimas 50 monedas que le quedaban (50 céntimos) para ayudar a un pobre vendedor ambulante que vendía sombrillas de papel para llevar el pan a sus hijos, quedándose él completamente sin dinero.
La noche en la estación: Al llegar con retraso a la estación de Benevento, el autobús para Pietrelcina ya había partido. Tuvo que pasar toda la noche sufriendo de intensa fiebre, frío y agotamiento físico. El billete costaba 1,80 liras, pero él no tenía nada. A pesar de no llevar dinero, subió al autobús confiando plenamente en la Providencia divina y se situó en los últimos asientos para explicarle su situación al cobrador cuando se le acercase.
El misterioso caballero y el café: A su lado se sentó un hombre alto, de bello aspecto, que llevaba un maletín nuevo sobre sus rodillas. Al arrancar el autobús, este caballero sacó un termo y le ofreció un vaso de café con leche bien caliente. Aunque el Padre Pío intentó rehusar por timidez, ante la insistencia del viajero terminó aceptando y bebiendo. Cuando el cobrador llegó a su puesto, antes de que el Padre Pío pudiera explicar su falta de dinero, el cobrador le dijo: «Militar, su billete ya ha sido pagado». Al llegar a Pietrelcina, el elegante caballero bajó del autobús justo antes que él. Cuando el Padre Pío se volvió para saludarlo y darle las gracias, el hombre había desaparecido por completo. El Padre Pío relató esta experiencia en diversas ocasiones a sus hermanos capuchinos, reconociendo que aquel bondadoso joven había sido su propio Ángel de la Guarda enviado por Dios. Esta hermosa experiencia demuestra la verdad teológica de que el Ángel Custodio actúa como un compañero inseparable, protector en los viajes y consolador en los momentos de mayor debilidad.