Un año más, en la víspera del Día de Nuestra Señora de Covadonga, la Delegación de Pastoral Juvenil convocó una Vigilia de Jóvenes en el Santuario. Cientos de chicos y chicas acudieron desde diferentes puntos de la diócesis para participar en este encuentro anual que en esta ocasión tuvo como punto central el viaje del Papa León XIV a España.
Con este motivo, la primera actividad de la Vigilia se desarrolló en la explanada y contó con una serie de testimonios de personas que habían podido participar en el viaje. Un joven matrimonio, un sacerdote y una periodista presentaron ante los jóvenes asistentes su experiencia, junto con la sorpresa de poder escuchar, a través de la megafonía, las palabras y el testimonio de Sor Elsa Campa, Priora del Monasterio de Carmelitas Descalzas de Oviedo, que había grabado una breve intervención sobre cómo había vivido su comunidad el viaje del Papa.
A continuación, ya en el interior de la Basílica, tuvo lugar un tiempo de Adoración y reflexión ante el Santísimo, acompañado por el coro de Pastoral Juvenil.En su intervención, el Arzobispo de Oviedo agradeció la asistencia de tantos jóvenes que acudieron a esta cita «durante todo el año esperada y cuidada», dijo. Mencionó también la emoción de cada año al vivir la Novena y observar cómo acuden numerosas parroquias de Asturias peregrinando hasta la Santa Cueva y, profundizando ya en la visita del Papa a España, recordó que aquel evento removió «algunas conciencias, encendió más de un entusiasmo y de pronto las calles se llenaron de gente que había recuperado la esperanza», dijo. «Muchos se preguntaron qué secretos tienen los cristianos para vivir como ellos viven», afirmó.
«La visita del Papa León nos llegó cuando más la necesitábamos» dijo Mons. Jesús Sanz. «Llevábamos un tiempo donde las cosas no iban bien por más que algunos se empeñen en decir que esto va fenomenal». «¿Qué hacemos –dijo– los cristianos ante estos panoramas que llevan años sucediendo: incendios, pandemias, descarrilamientos, invasiones de personas que vienen de infiernos, de hambrunas, de dictaduras? ¿Nos desesperamos, nos atrincheramos, nos evadimos, nos deprimimos? Los cristianos cuando estamos ante algo que nos parece irresoluble, imposible, lo que hacemos es escuchar lo que escuchó María: lo imposible para ti es posible para Dios». «El Papa –añadió– ha suscitado en medio de esta orfandad que nos acorrala una figura que nos devuelve la esperanza». «Esas cosas que son imposibles para nosotros. Dios, con sus manos, las quiere abrazar y con su entraña las quiere amar. Cuando se las ofrecemos verdaderamente a Dios, la vida cambia». Fuente: Archidiócesis de Oviedo.

