Cada vez que lo hicisteis con uno de estos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Calendario de Cuaresma(día 6de40)

 

Calendario de Cuaresma. Lunes 19 (día 6de40)

Lecturas de hoy / Comentario

Via Crucis. Meditaciones de San John Henry Newman.

Pasión: Viacrucis de Hakuna


"Yo soy el Señor", repite Dios en el Antiguo Testamento como rúbrica a los preceptos sobre el amor práctico y cotidiano con el prójimo. Yo soy el Señor que ve vuestra conducta, que cuida de la vida de todos exigiendo que se respete y se socorra, de suerte que seáis santos con mi misma santidad.

"Conmigo lo hicisteis", repite Jesús en el Evangelio. Soy el Rey que no veis en cada uno de mis hermanos más pequeños, pero en ellos me podéis socorrer, servirme o quizás ignorarme. Quién cómo el Señor, que yace como cualquier desvalido al borde del camino y se deja mirar con indiferencia o con misericordia (cf. Sal 112)?

El se sentará en el trono de su gloria y a su lado colocará a cada uno de sus hermanos más pequeños y a cuantos la actitud gratuita de compartir el pan, el agua y los bienes les haga sentirse importantes en su corazón y en el corazón de Dios. Hoy comienza mi vida eterna, si te amo como a mí mismo, hermano en Cristo, hermano Cristo.

 

ORATIO: Oh misericordioso, que lloras con nosotros desde las primeras lágrimas de Adán y Eva, rompe con tu mirada la dureza de nuestro corazón. Haznos capaces de recibir y dar tu divina compasión. No permitas que juzguemos a los demás con nuestra medida tacaña y falsa, sino con la tuya, tan longánima y abundante, hasta que nos sintamos deudores de todos, deudores de una caridad cada vez mayor, de una ternura sin límites.

Sí, oh Misericordioso, que lloras por nosotros y con nosotros, tú has venido a nuestra humanidad desnudo y humillado, pobre y enfermo, solo y rechazado. No permitas que pasemos a tu lado sin mirarte, no dejes que vivamos a tu lado sin reconocerte y amarte. Tú, oh Misericordioso, eres el que carga con nuestro pecado desde la primera caída que nos hizo miserables y desgraciados; tú enjugarás nuestras lágrimas, tiernamente, hasta la última lágrima, hasta cambiar en gozo de salvación el llanto de la humanidad entera.

 

CONTEMPLATIO: La misericordia es la imagen de Dios, y el hombre misericordioso es, de verdad, un Dios que vive en la tierra. Como Dios es misericordioso con todos, sin ninguna distinción, así el hombre misericordioso difunde sus actos de amor y generosidad con todos, con la misma medida.

La misericordia no merece alabarse teniendo en cuenta exclusivamente la cantidad de actos de bondad y generosidad, sino mucho más cuando procede de un pensar recto y misericordioso.

Los hay que dan y distribuyen mucho y no son misericordiosos ante Dios. Los hay también que no tienen nada, que no poseen nada, pero tienen un corazón piadoso con todos: pues bien, éstos son ante Dios unos perfectos misericordiosos y lo son de verdad. No digas, pues: "No tengo nada para dar a los pobres", no te aflijas en tu interior por no poder ser misericordioso de este modo.

Si tienes algo, da lo que tienes. Si no tienes nada, da también, aunque no sea más que un mendrugo de pan seco, con una intención misericordiosa: Dios lo considerará misericordia perfecta.

"Dios es amor" (1 Jn 4,8). El hombre que posee el amor es verdaderamente Dios en medio de los hombres (Youssel Bousnaya, cit. en P. Descule, L'Évangile au desoí, París 1965, 244-246, passim).

 

ACTIO: Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quien no ama al hermano al que ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,20).

 

Los que se acercan al pobre lo hacen movidos por un deseo de generosidad, para ayudarle y socorrerle; se consideran salvadores y con frecuencia se ponen sobre un pedestal. Pero tocando al pobre, llegándose a él, estableciendo una relación de amor y confianza con él, es como se revela el misterio. Ellos descubren el sacramento del pobre y logran llegar al misterio de la compasión. El pobre parece romper la barrera del poder, de la riqueza, de la capacidad y del orgullo; quitan la cáscara con que se rodea el corazón humano para protegerse. El pobre revela a Jesucristo. Hace que el que ha venido para "ayudarle" descubra su propia pobreza y vulnerabilidad; le hace descubrir también su capacidad de amar, la potencia de amor de su corazón. El pobre tiene un poder misterioso; en su debilidad, es capaz de tocar los corazones endurecidos y de sacar a la luz las fuentes de agua viva ocultas en su interior. Es la manita del niño de la que no se tiene miedo pero que se desliza entre los barrotes de nuestra prisión de egoísmo. Y logra abrir la cerradura. El pobre libera. Y Dios se oculta en el niño. Los pobres evangelizan. Por eso son los tesoros de la Iglesia (J. Vanier, Comunidad, lugar de perdón y de fiesta, Madrid 1981, 115s). Gracias a: Santa Clara de Estella y Ciudad Redonda

Convertíos y creed en el Evangelio.

 



Domingo 1º de Cuaresma

Textos

Audio

Lecturas

Que empiece a ser hermano, a ser humano, a ser persona



 La vida puede volver a empezar, hoy. Es una posibilidad real que nos brinda Dios, no es un asunto mía, en el que decido romper con el pasado; si así fuese, no duraría mucho, ahora lo sé bien. Pero puede durar eternamente, en un "hoy" más joven que el alba de la creación, precisamente porque es cosa de Dios. El nuevo comienzo no depende de mi frágil voluntad, sino de su omnipotente voluntad de amor.

Precisamente, esto es lo que me ofrece hoy, como gracia eficaz, la Palabra que he escuchado en la liturgia. Mensaje de novedad que emerge del diluvio y brilla con los colores del arco iris, dando paz al corazón: se ha lavado el pecado que me pesa y me embrutece. Lavado con lágrimas de arrepentimiento en las aguas bautismales, en la sangre de Cristo.

Nadie está del todo perdido, nadie debe perder la esperanza. Jesús ha experimentado mis tentaciones y ha vencido al Maligno. De él puedo obtener fuerza cada día; se ha cumplido el plazo; Dios, si se lo permito, reinará en mi corazón. Sí, hoy, como nueva criatura, comienzo.


Recuerda Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas. Calendario de Cuaresma(día 5de40)

 

Calendario de Cuaresma. Domingo 18 (día 5de40)

Lecturas de hoy / Comentario

Via Crucis. Meditaciones de San John Henry Newman.

No he venido a llamar justos sino a pecadores. Calendario de Cuaresma(día 4de40)

 

Calendario de Cuaresma. Sábado 17 (día 4de40)

Lecturas de hoy / Comentario

Via Crucis. Meditaciones de San John Henry Newman.

Pasión: Viacrucis de Hakuna


Gracias a: Rezando Voy

Lc 5, 27-32: Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Un corazón contrito y humillado, oh Dios no lo desprecias. Calendario de Cuaresma(día 3de40)


Calendario de Cuaresma. Viernes 16 (día 3de40)

Lecturas de hoy / Comentario

Via Crucis. Meditaciones de San John Henry Newman.

Pasión: Viacrucis de Hakuna

ORATIO: Señor, apiádate de mí, que me preocupo más de la mentalidad corriente que de tu crecimiento en mí. Por la salud, si un médico me prescribe una dieta, aunque sea severa, estoy dispuesto a hacer grandes sacrificios, pero para hacer que crezcas en mí, para sentirte "íntimo" como Esposo muy ansiado, para eso no me entusiasmo mucho, ni me preocupo por sacrificarme en demasía.

Señor, apiádate de mí, porque me preocupo más del aspecto exterior que del interior, estoy más atento para agradar a los hombres que para agradarte a ti: con frecuencia soy materialista. "Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias, Señor". Y hoy me siento humillado y confundido por mi doblez de corazón y mis equívocos.

Acrecienta, Señor, el sentido esponsal de mi vida cristiana, que me aclara tantas cosas de la tradición de la santidad, que de otro modo resultarían inexplicables. Te pido, en este cuaresma, aprender a ayunar de lo que me distrae inútilmente de ti, de todo aquello que me aleja de la contemplación de tu Palabra, de lo que me arrastra a "otros amantes", a otros amores que, poco a poco, pueden llevarme a ser un adúltero e infiel.

 CONTEMPLATIO: Señor, no me has dejado en tierra ensuciándome en el fango, sino que, con entrañas de misericordia, me has buscado, me has sacado de los bajos fondos. Me has arrancado con fuerza y me has alejado de allí hecho una lástima, con los ojos, orejas y boca obstruidos de fango. Tú estabas cerca, me lavaste en el agua, me inundaste y me sumergiste reiteradamente; cuando vi destellos de luz que brillaban en torno a mí y los rayos de tu rostro mezclados con las aguas, me llené de asombro, viéndome asperjado por un agua luminosa. Así tú te has dejado ver después de haber purificado totalmente mi inteligencia con la claridad, con la luz de tu Espíritu Santo. Gracias a: Santa Clara de Estella y Ciudad Redonda

La noche oscura como bloqueo. Artículo

¿Qué nos pasa cuando experimentamos una noche oscura del alma? ¿Qué está sucediendo y cuál tiene que ser nuestra respuesta?

Existen bibliotecas de literatura sobre esto, cada libro o artículo ofreciendo su particular experiencia, pero aquí yo quiero compartir una visión más bien única y altamente significativa sobre esto, debida a Constance FitzGerald, monja carmelita y bien versada en diferentes escritores espirituales clásicos que tratan sobre la noche oscura del alma.

La escritora usa la palabra “impasse” para traducir lo que comúnmente se llama una noche oscura del alma. Para ella, en efecto, lo que sucede en una noche oscura del alma es que llegas a un “bloqueo” en tu vida en lo que respecta a tus emociones, tu entendimiento y tu imaginación. Todas las maneras anteriores en que comprendías, imaginabas y sentías sobre las cosas, especialmente en lo referente a Dios, la fe y la oración, ya no te sirven. Estás, por así decirlo, paralizado, incapaz de volver a la manera como estaban las cosas e incapaz de avanzar. Y parte de la parálisis consiste en que no puedes pensar, imaginar ni sentir el modo de salir de esto. Estás bloqueado, sin camino atrás ni camino adelante. Y así, ¿Qué haces? ¿Cómo vas más allá del bloqueo?

No hay una salida fácil ni rápida de esto. No puedes imaginar, pensar ni sentir tu salida de esto porque la visión, los símbolos, las respuestas y los sentimientos que necesitas, en efecto, aún no existen, por lo menos no existen para ti. Esa es la verdadera razón por la que estás en un bloqueo y tan paralizado emocional e intelectualmente. La nueva visión y sentimientos que pueden recomponer tu visión, pensamientos y sentimientos tienen que ser primeramente  gestados y dados a luz por medio de tu propio dolor y confusión.

En esta fase, no hay respuesta, por lo menos no para ti. Puede ser que hayas leído relatos de otros que han arrostrado el mismo bloqueo y que ahora aconsejan sobre cómo arrostrar la noche oscura. Eso puede ser útil, pero, aun así, son tu corazón, tu imaginación y tu entendimiento los que están en el crisol de fuego. Saber que otros han atravesado el mismo fuego puede ayudar a darte visión y consuelo en tu parálisis, pero aún debes atravesar el fuego  en tu propia vida para volver a componer tu propia imaginación, pensamientos y sentimientos.

Para FitzGerald, hallarse en esta situación resulta el sumo espacio liminal en el que podemos encontrarnos. Esto es un crisol en el que estamos siendo purificados. Y, para ella, la salida es el camino a través. La salida de una semejante noche oscura es a través de la “contemplación”, esto es, permaneciendo en el bloqueo, esperando pacientemente dentro de él y esperando a que Dios rompa ese bloqueo al transformar nuestra imaginación, entendimiento y corazón.

Así, en definitiva, ese bloqueo es un desafío para que lleguemos a ser místicos, no que empecemos a buscar una extraordinaria experiencia religiosa, sino que permitamos a nuestra desilusión, símbolos rotos y significados frustrados convertirse en el espacio donde Dios pueda volver a componer nuestra fe, sentimientos, imaginación y entendimiento dentro de un nuevo horizonte en el que todo sea radicalmente reinterpretado.

¿Cómo hacemos esto en concreto? ¿Cómo contemplamos? Lo hacemos al estar situados en la tensión, desvalidos, pacientes, abiertos, esperando y permaneciendo allí a pesar del tiempo que se precise para que recibamos, en la profundidad de nuestras almas, una nueva manera de imaginar, pensar y sentir acerca Dios, la fe y la oración, más allá del bloqueo.

Además, los símbolos rotos, la desilusión y nuestro desvalimiento para pensar o sentir nuestra salida del bloqueo es precisamente lo que nos asegura que la nueva visión que nos es dada procede de Dios y no es el producto de nuestra imaginación, ni proyección, ni interés propio.

Una de las más penetrantes críticas jamás dada de la experiencia religiosa fue realizada por  Friedrich Nietzsche, quien afirmó que una experiencia religiosa, toda ella, es en definitiva una proyección humana. Arguyó que nosotros creamos a Dios a nuestra autoimagen y semejanza para nuestro propio autointerés, y que, por eso, muchas expresiones de sincera fe y religión pueden ser hipócritas y falsas. Reaccionando a esto, Michael Buckley, el renombrado filósofo y teólogo jesuita, hizo esta contrarreclamación: Nietzsche tiene razón en un 95%. El noventa y cinco por ciento de lo que afirma ser experiencia religiosa es, de hecho, proyección humana. Pero Buckley añade que Nietzsche está equivocado en un 5%, y ese 5% marca toda la diferencia, porque en ese 5% la revelación de Dios fluye incontaminada en nuestras vidas.

Ahora bien -y este es el punto esencial aquí- ese 5% sucede exactamente cuando estamos en una noche oscura del alma, cuando nuestros símbolos están rotos, nuestro entendimiento se halla impotente, nuestra imaginación se encuentra vacía y nuestros corazones están perdidos. Es cabalmente entonces, cuando somos incapaces de ayudarnos, el momento en que también somos incapaces de contravenir y echar a perder la manera como Dios entra en nosotros.

Dios puede afluir puro y sin mancha dentro de nuestras vidas cuando nosotros estamos en un bloqueo y somos incapaces de sustituir nuestra visión por la visión de Dios. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) Fuente: Ciudad Redonda.org

¿De qué le sirve haber ganado el mundo, si él mismo se pierde? Calendario de Cuaresma(día 2de40)


Calendario de Cuaresma. Jueves 15 (día 2de40)

Lecturas de hoy / Comentario

Via Crucis. Meditaciones de San John Henry Newman.

Pasión: Viacrucis de Hakuna


LECTURA ESPIRITUAL: Por encima de la finitud, del espacio y del tiempo, el amor infinitamente infinito de Dios viene y nos toma. Llega justo a su hora.

Tenemos la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo. Si permanecemos sordos, volverá una y otra vez como un mendigo, pero también como un mendigo llegará el día en que ya no vuelva. Si aceptamos, Dios depositará en nosotros una semillita y se irá. A partir de ese momento, Dios no tiene que hacer nada más, ni tampoco nosotros, sino esperar. Pero sin lamentarnos del consentimiento dado, del "sí" nupcial. Esto no es tan fácil como parece, pues el crecimiento de la semilla en nosotros es doloroso. Además, por el hecho mismo de aceptarlo, no podemos dejar de destruir lo que le molesta; tenemos que arrancar las malas hierbas, cortar la grama. Y, desgraciadamente, esta grama forma parte de nuestra propia carne, de modo que esos cuidados de jardinero son una operación cruenta. Sin embargo, en cualquier caso la semilla crece sola. Llega un día en que el alma pertenece a Dios, en que no solamente da su consentimiento al amor, sino en que, de forma verdadera y afectiva, ama. Debe entonces, a su vez, atravesar el universo para llegar hasta Dios. El alma no ama como una criatura, con amor creado. El amor que hay en ella es divino, increado, pues es el amor de Dios hacia Dios que pasa por ella. Sólo Dios es capaz de amar a Dios. Lo único que nosotros podemos hacer es renunciar a nuestros propios sentimientos para dejar paso a ese amor en nuestra alma. Esto significa negarse a sí mismo. Sólo para este consentimiento hemos sido creados (S. Weil, A la espera de Dios, Madrid 1993, 84).  Gracias a: Santa Clara de Estella y Ciudad Redonda

Si quieres, puedes limpiarme.

 


Domingo 6º del Tiempo Ordinario

Textos

Audio

Lecturas

Si quieres, puedes sanarme

Comentario


 Cristo se nos presenta en la curación del leproso como alguien que "rompe" y abate con autoridad todas las barreras que suponen un obstáculo para una encarnación de amor más completa y total. El término griego que emplea el evangelista invita a la meditación. Expresa una ternura, una compasión, una sensibilidad "materna " y "de mujeres": la que siente la madre por su hijo. Las vibraciones del corazón de Cristo respecto a los dolores y las tribulaciones que afligen al hombre son "sentidas" hasta tal punto que se parecen más a las de la Mujer, que se hace víctima-esclava, sierva del Hijo que sufre. Ninguna madre ha sufrido y se ha dejado implicar por el sufrimiento humano más profundamente que Jesús.

        Nos viene a la mente el célebre capítulo 53 de Isaías, donde describe el profeta -en una de sus páginas más sugestivas- al "abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento", que verdaderamente "llevaba nuestros dolores, soportaba nuestros sufrimientos" y nuestras angustias. De este modo, el dolor, "tocado" por Cristo, se vuelve -por así decirlo- un hecho "sacramental" y un acontecimiento de gracia: útil y santificador no sólo para quien sufre, sino también para todo el cuerpo de la comunidad eclesial. Se convierte en acontecimiento de salvación y de resurrección "personal-colectivo": el "toque" de Cristo lo ha cargado de energía divina.


Destrozarnos la fe mutuamente. Artículo.

¿Es nuevo esto o solamente somos conscientes de ello? El odio y el desprecio están por dondequiera: en nuestras casas de gobierno, en nuestras comunidades, en nuestras iglesias y en nuestras familias. Estamos luchando, mayormente sin éxito, por ser afables unos con otros; mucho menos, por respetarnos mutuamente. ¿Por qué?  ¿Por qué está sucediendo e intensificándose esto?

 Además, por ambos lados, frecuentemente justificamos este odio con fundamentos  morales, incluso bíblicos, alegando que el Evangelio mismo nos da pie para nuestra descortesía: ¡Mi verdad es tan cierta y tú estás tan equivocado que te puedo faltar al respeto y tengo razones bíblicas para odiarte!

Bueno, una rápida ojeada a la Escritura sería bastante para permitirnos ver lo que es esto: reducción a sólo normas racionales, egoísmo y la mayor lejanía de Jesús.

Comencemos con algo ya enseñado mucho antes de Jesús. En las Escrituras judías, ya encontramos este texto: “Te he hecho despreciable y ruin ante todo el pueblo, ya que no guardas mis caminos, sino que muestras parcialidad en tus decisiones. ¿No tenemos todos el único Padre? ¿No nos ha creado el único Dios? ¿Por qué nos destrozamos la fe mutuamente?” (Malaquías, 2, 8-10). Mucho antes de Jesús, la espiritualidad judía ya demandaba que fuéramos honrados y nunca mostráramos parcialidad. Con todo, incluso nos dio permiso para odiar a nuestros enemigos y tomar venganza cuando hubiéramos sido agraviados: “ojo por ojo”.

Jesús da un vuelco a esto. En toda su persona y su enseñanza, lo más explícitamente en el Sermón de la Montaña, nos desafía de una manera radicalmente nueva, diciéndonos que, si queremos ir al cielo, nuestra virtud necesita llegar a ser más profunda que la de los escribas y fariseos. ¿Cuál era su virtud?

Los escribas y fariseos de su tiempo se parecían mucho a los cristianos de hoy que van a la iglesia. Eran sinceros, esencialmente honrados, básicamente buena gente, que cumplían los mandamientos y practicaban la estricta justicia. Pero, según Jesús, eso no es suficiente. ¿Por qué? Si eres una persona sincera y honrada, cumples los mandamientos y eres justo con todos, ¿qué te falta aún? Lo que aún te falta se halla en el corazón mismo de la enseñanza moral de Jesús, esto es, la práctica de un amor y perdón que va más allá del odio y el agravio. ¿Qué es esto exactamente?

Viviendo en justicia e imparcialidad, aún estáis autorizados para odiar a alguien que os odia y derivar a una apropiada venganza contra alguien que te haya agraviado. Pero Jesús espera algo más de nosotros: “Habéis oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo’. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, de modo que podáis ser hijos de vuestro Padre del cielo. … Si amáis sólo a los que os  aman, ¿qué galardón obtendréis? ¿No hacen eso mismo incluso los recaudadores de impuestos? Y si saludáis sólo a vuestra gente, ¿qué hacéis más que los otros? ¿Acaso no hacen eso mismo los paganos? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. (Mateo, 5, 43-48).

Esta es la auténtica esencia de la moral cristiana. ¿Podéis amar a alguien que os odia? ¿Podéis hacer el bien a alguien que os desea el mal? ¿Podéis perdonar a alguien que os ha agraviado? ¿Podéis perdonar a un asesino? Es esto, y no alguna cuestión particular en teología moral, lo que resulta la prueba de fuego para distinguir al que es cristiano del que no. ¿Podéis amar a alguien que os odia? ¿Podéis perdonar a alguien que os ha hecho daño? ¿Podéis superar vuestra natural tendencia a la venganza?

Tristemente, hoy estamos fallando esa prueba en ambos campos del espectro ideológico y religioso. Vemos esto por dondequiera: desde los más altos niveles del  gobierno, desde los más altos niveles de nuestras iglesias y en las conversaciones públicas y privadas de cualquier lugar, esto es, la gente defiende abiertamente la descortesía, la división, el odio y la venganza, e intenta reclamar la alta razón moral al hacer esto. Los políticos más influyentes hablan abierta y explícitamente de odiar a los otros y de exigir venganza sobre aquellos que representan la oposición. Peor aún, las iglesias y sus líderes de todo tipo van dejando instrucciones tras de sí y dándoles el apoyo del “Evangelio” para su adhesión a la causa del odio y la venganza.

Es necesario dar nombre a esto y desafiarlo: cualquiera que defienda la división, la falta de respeto, el odio o la venganza es contrario a Jesús y los Evangelios. Igualmente, cualquiera que apoye a semejante persona apelando a Jesús, los Evangelios o la auténtica moral es también contrario a Jesús y los Evangelios.

Dios es amor. Jesús es el amor hecho carne. Nunca deberían predicarse en nombre de Dios ni de Jesús la descortesía, el odio, la división ni la venganza, y no lo justifican la causa, la ira ni el agravio. Esto no significa que no podamos tener discrepancias, vivas discusiones y amargos debates. Pero la descortesía, el odio, la división y la  venganza (sin importar lo profundamente que de hecho se puedan sentir dentro de nosotros) de ninguna manera pueden ser defendidas en nombre de la bondad y de Jesús. La división, la descortesía, el odio y la venganza son el Anticristo. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) Imagen de roswitha Senia en Pixabay

Todo el mundo te busca.





Domingo 5º del Tiempo Ordinario

Textos

Audio

Lecturas

¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!

Comentario


 El primer episodio que nos cuenta el evangelio nos muestra a Jesús entrando en una casa privada, en la casa de la suegra de Pedro. En él podemos contemplar el Reino de Dios, que viene a nuestra humanidad para reconfigurarla también allí donde entran en juego los afectos, las relaciones de proximidad y las adhesiones profundas. El Reino es la venida a nosotros de un Dios que quiere llevar a cabo un intercambio íntimo con cada uno, estableciendo una relación de proximidad, de comunión. Los gestos realizados por Jesús se caracterizan precisamente por este rasgo de la proximidad; así se explica su visita a la suegra de Pedro, que está enferma; el hecho de escuchar a quienes le hablan de ella, el cogerla por la mano y levantarla.

        Se nota en él un amor que se aproxima a nosotros en el momento del dolor, que nos coge por la mano, infundiéndonos una renovada seguridad; se advierte sobre todo una proximidad que reanima. Se realiza aquí, de modo sumo, esa caridad que la Palabra de Dios nos pide que hagamos nuestra, proponiéndonos asimismo el  ejemplo de Pablo y sus demandas a los cristianos "maduros" de Corinto. Nuestra verdadera madurez en la fe se muestra en la acogida del camino de la caridad, esa caridad que Dios ha usado en Cristo con nosotros, respondiendo a nuestro grito como a Job, porque nuestra vida es como un soplo (Job 7,7).

        Con todo, el rasgo de la proximidad no debe hacernos perder el sentido del misterio ni la conciencia de que Dios, aunque se aproxima a nosotros, no puede ser manipulado por nuestros deseos ni circunscrito a nuestros conocimientos y a nuestras vivencias. Nos ilumina el ejemplo de Jesús, que "salió" hacia el desierto para orar cuando aún era de noche. Jesús no sucumbe a la tentación del éxito y de la notoriedad como nosotros, a riesgo de ser devorado por quien reclama una "proximidad " que se convierte en pretensión de poseer a Dios y domesticarlo. Jesús, por el contrario, "salió" para retirarse a orar; no se pone en el centro a sí mismo, sino al Padre. Jesús realiza verdaderamente su propio "éxodo" desde las expectativas de la gente, aceptando, en cambio, la difícil voluntad del Padre. Nuestra plegaria debe ser, por eso, una búsqueda de la voluntad de Dios a ejemplo y con la ayuda de Jesús.


Fiesta de la Presentación del Señor. 2 de febrero y fiesta de "los consagrados"

La fiesta de hoy ha sufrido un giro en la época posconciliar: de ser entendida como celebración mariana ha pasado a ser Fiesta del Señor, y, de un origen o fundamento  biológico (purificación puerperal, 40 días desde el nacimiento de Jesús), se ha convertido en la gran fiesta de la fe, la consagración del creyente a Dios, haciendo memoria de la ofrenda de sí mismo que Jesús hace al Padre. Es día de rememorar que, por la fe y el bautismo, nuestras vidas están consagradas al Señor. Los religiosos y religiosas de todo tipo, monjes y monjas, frailes, hermanas, vírgenes consagradas… celebran hoy una fiesta especial; se les llama “los consagrados”. Pero eso no debiera llevarnos a olvidar que todos somos consagrados, seguidores de Jesús el consagrado a las cosas del Padre, y que una importante función eclesial de esos consagrados es recordarnos que todos los creyentes gozamos de esa condición. Seguir leyendo Comentario en @Ciudad Redonda.

Esta fiesta, que cierra las solemnidades de la Encarnación, conmemora la Presentación del Señor, el encuentro con Simeón y Ana, (el encuentro del Señor con su pueblo) y la purificación ritual de la Virgen María.
Un Niño «signo de contradicción», una Madre llamada a una maternidad mesiánica de dolor junto a su redentor, y un anciano temeroso de Dios son los protagonistas del resumen de todo el Evangelio. Antigua y nueva alianza, Navidad y Pascua: aquí se encuentran en figura todos los misterios de la salvación, aquí se recapitula la historia, se le da cumplimiento en el tiempo, respondiendo a la colaboración y a la expectativa de los justos de todos los tiempos: José y Ana.

Lecturas y comentario en @Dominicos.org

Presentación del Señor: Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como "La fiesta del Encuentro" (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo.

A esta fiesta la solíamos llamar antiguamente -quiero decir, antes del Concilio- la Candelaria o Fiesta de la Purificación de la Virgen. Venía considerada como una de las fiestas importantes de Nuestra Señora. Lo más llamativo era la procesión de las candelas. De ahí el nombre de «Candelaria». Era una procesión clásica, tradicional, atestiguada ya en antiguos documentos romanos. En concreto, el Liber Pontificalis nos asegura que fue el papa Sergio I, a finales del siglo VII, quien dispuso que se solemnizaran con una procesión las cuatro fiestas marianas más significativas por su antigüedad: la Asunción, la Anunciación, la Natividad y, por supuesto, la Purificación. Éste sería seguramente el origen de la procesión de las candelas.
Esta fiesta había sido importada de Oriente. Su nombre original -hypapante-, de origen griego, así lo indica. Esa palabra, que significa «encuentro», nos desvela el sentido original de esa fiesta: es la celebración del encuentro con el Señor, de su presentación en el templo y de la manifestación del día cuarenta. Los más antiguos libros litúrgicos romanos aún siguieron conservando durante algún tiempo el nombre original griego para denominar esta fiesta.
Todo esto ya quedó aclarado en el volumen anterior en el que se intentó, con toda lógica, vincular esta fiesta al ciclo navideño de la manifestación del Señor. Allí quedó señalado que esta fiesta, tal como ha quedado diseñada en el actual calendario de la Iglesia a raíz del Concilio Vaticano II, recuperando de este modo su sentido original, no es precisamente una fiesta de la Virgen, sino del Señor.
Sin embargo, hay que reconocer el carácter tradicional de la Candelaria, cercana además a la fiesta de San Blas, de indudable raigambre popular y rodeada de importantes elementos tradicionales de carácter cultural y folklórico, como la bendición de los roscos de San Blas, y en algunas regiones la ofrenda de un par de tórtolas o dos pichones. Este hecho nos invita a diseñar, aunque sea de forma esquemática, la evolución histórica de la fiesta que, ya a partir de la Edad Media, se reviste de un carácter marcadamente mariano. Eso lo demuestra el contenido de las viejas oraciones y antífonas, recogidas en el viejo Misal Romano, para ser utilizadas en la bendición y procesión de las candelas y que aparecen por vez primera en libros litúrgicos de los siglos XIII y XIV. El protagonismo de la Virgen en casi todos esos textos es altamente significativo y responde, sin duda, al carácter mariano que la fiesta adquiere en esa época.
El nuevo calendario litúrgico, establecido a raíz de la reforma del Vaticano II, considera de nuevo esta solemnidad como fiesta del Señor. Sin embargo, sin renunciar a este carácter fundamental de la fiesta, la piedad popular bien puede alimentar su devoción mariana y seguir celebrando a María, íntimamente vinculada al protagonismo de Jesús, en este acontecimiento emblemático de la presentación en el Templo, por el que Jesús es reconocido como Salvador y Mesías por los dos ancianos Simeón y Ana, representantes singulares del pueblo elegido.
Nuestra Sra. de Candelaria. Patrona del Archipiélago Canario: Los Canarios celebran hoy a su patrona la virgen de candelaria custodiada por los dominicos en su Santuario de Tenerife desde 1530.
Jornada de la vida consagrada: 
Cada año, coincidiendo con la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor en el templo, se celebra también la Jornada de la Vida Consagrada. En palabras de Juan Pablo II, la vida consagrada «está en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión ya que indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana y la aspiración de toda la Iglesia esposa hacia la unión con el único Esposo, Cristo Jesús'. Por ser la vocación a una vida consagrada algo vital, y en este sentido imprescindible, para la Iglesia, la jornada se creó para que fuera celebrada por toda la comunidad eclesial, no sólo por el sector de las personas consagradas. Tiene, por tanto, carácter universal para todas las iglesias particulares y locales. Efectivamente, en el texto de institución de la jornada se lee: «la misión de la vida consagrada no se refiere sólo a quienes han recibido este especial carisma, sino a toda la comunidad cristiana.
Fuente