Haciendo el amor con lo divino. Artículo.

Kabir, un místico hindú del siglo XV, escribe: 

Lo que tú llamas ‘salvación’ pertenece al tiempo anterior a la muerte.
Si no rompes tus amarras mientras estás vivo,
¿crees
que los espíritus lo harán después? …
Lo que se encuentra ahora se encuentra entonces.
Si ahora no encuentras nada,
simplemente acabarás con un apartamento en la Ciudad de la Muerte.
Si ahora haces el amor con lo divino, en la siguiente muerte tendrás
el rostro del deseo satisfecho.

Hacer el amor con lo divino. Sospecho que la mayoría de nosotros se imaginará eso como una intimidad cálida, privatizada y afectiva, como nos imaginamos el amor romántico, exceptuando que aquí el otro compañero es Dios. Por cierto, la literatura mística cristiana abunda en imágenes de este estilo, como también el Evangelio de Juan. No hay nada censurable en eso, excepto que tal concepción está superidealizada y superprivatizada. Hacer el amor con lo divino, si debemos creer a Jesús, es algo más evaluable y más común que nuestra imagen afectiva de la intimidad.

¿Cómo hacemos el amor con lo divino en esta vida? Yo siempre he enseñado que hay cuatro principios no negociables para el discipulado cristiano: la fidelidad moral en nuestras vidas privadas, un compromiso con la justicia social, cierta implicación en la comunidad cristiana y un corazón tierno y bondadoso. Hacemos el amor con lo divino al vivir estos valores en nuestras vidas.

Para hacer esto más evaluable, permitidme sugerir que hacer el amor con lo divino en esta vida exige de nosotros diez cosas.

  1. Fidelidad moral en nuestras vidas privadas

La Escritura nos dice que los que aman a Dios cumplen sus mandamientos, y aquellos que dicen que lo aman pero no cumplen sus mandamientos son unos mentirosos. Además, nos dice que estamos dentro de un cuerpo en el que incluso nuestras acciones más privadas afectan a todos los demás. Hacemos el amor con lo divino al no tener secretos oscuros ni escondidos.

  1. Esfuerzo para vivir nuestras vidas en comunidad

Somos llamados a vivir nuestras vidas y venir a Dios dentro de una comunidad. No podemos hacer el amor con Dios solo. Es siempre Dios, los demás y nosotros. Cuando nos hallemos delante de Dios en el juicio, como sugiere Charles Peguy, se nos preguntará: “¿Dónde están los demás”? Hacer el amor con lo divino significa ser espirituales y religiosos.

  1. Corazón tierno que irradie gratitud y perdón

Como el hermano mayor del hijo pródigo, podemos hacer bien todas las cosas, pero con la energía equivocada. Hacemos el amor con Dios al aprovisionarnos de gratitud más bien que de amargura y al perdonar a otros (y a Dios) la injusticia de la vida y todas las cosas que nos han herido.

  1. Acercamiento proactivo a los pobres y compromiso perenne por la justicia en el mundo

No podemos hacer el amor con Dios en una intimidad que no cuente con los pobres y los abatidos. Igualmente, no podemos hacer el amor con Dios cuando quedamos indiferentes ante la injusticia. Como Jesús deja claro, una relación personal y privada con Dios nunca compensa la indiferencia hacia los pobres y hacia la injusticia.

  1. Vida vivida en verdad que rehúye mentir, sin importar lo inconveniente que sea

Hacer el amor con lo divino es vivir en la verdad. Satanás es el príncipe de la mentira. La cosa más peligrosa que podemos hacer espiritualmente es negarnos a confesar lo que es verdad, y la manera más importante como hacemos el amor con Dios es no mentir nunca.

  1. Infantilidad que nunca cae en la ilusión de la autosuficiencia

La vida nunca puede ser dada por supuesta, sino sólo como concedida. Hacemos el amor con lo divino al no vivir nunca la ilusión de la autosuficiencia, al reconocer siempre que la vida es don y que somos dependientes e interdependientes con los demás y con Dios.

  1. Esfuerzo perenne para amar a los que nos odian, para no responder del mismo modo

Hacemos el amor con lo divino siempre que amamos a los que nos odian, bendecimos a los que nos maldicen y perdonamos a los que nos hacen daño. Esta es su verdadera esencia.

  1. Corazón abierto a todos

La mesa del banquete eternal de Dios está abierta a todos los que quieren sentarse con todos. Como Dios ama a todos y cada uno, hacemos el amor con lo divino al compartir el abrazo universal de Dios.

  1. Apertura habitual para dejar que la energía de Dios florezca en nuestras vidas.

Hacemos el amor con lo divino al permitir que la energía de Dios florezca a través de nuestras vidas, a saber, cuando permitimos a la energía divina que hay dentro de nosotros ser gozosa y generativa para irradiar vida a pesar de las cartas que nos repartan.

  1. Buena estado de ánimo para esperar, vivir con paciencia

Hacemos el amor con lo divino siempre que aceptamos vivir con paciencia, esperar que la vida y el amor se desplieguen de acuerdo con sus propios dictados internos. Hacemos el amor con lo divino siempre que llevamos de manera sana la tensión de la castidad, no sólo en el área de la sexualidad, sino también en el área de la vida.

El profeta Miqueas propone todo esto sucintamente: obra con justicia, ama con ternura y camina con humildad. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, CMF) - 

Teología y Espiritualidad: Escribir sobre ella o escribirla. Artículo.

En el mundo de las artes hacen una distinción entre personas que crean una obra artística -un artista, un escultor o un novelista- y personas que escriben sobre artistas y sus obras. Tenemos novelistas y críticos literarios, artistas y críticos de arte, y ambos son importantes. Los críticos preservan el arte y la literatura de la mala forma, del sentimentalismo, de la vulgaridad y de la cursilería; pero son los artistas y los novelistas quienes producen la sustancia; sin ellos, la evaluación crítica no tiene ninguna función.

Por ejemplo, el libro Diario de Ana Frank es una pieza maestra. Se han escrito incontables libros y artículos sobre él, pero estos no son la pieza maestra, la sustancia, la obra artística que tan profundamente tocó el alma de millones. Son comentarios sobre esa obra artística. Naturalmente, a veces una persona puede ser ambas cosas: novelista y crítico literario, artista y crítico de arte, aunque la distinción permanece. Estos son oficios separados y disciplinas separadas.

Esa misma distinción vale en el área de la teología y la espiritualidad, aunque a veces no es reconocida. Algunos escriben teología, y otros escriben sobre teología, de igual manera como algunos escriben espiritualidad, y otros escriben sobre espiritualidad. Ahora mismo, yo estoy escribiendo sobre teología y espiritualidad más bien que haciendo teología o espiritualidad.

Acaso un ejemplo pueda ayudar. Henri Nouwen fue, en los últimos setenta años, uno de los escritores espirituales más populares. Nouwen escribió espiritualidad; nunca escribió sobre espiritualidad, la escribió. No fue un crítico, escribió textos espirituales. Mucha gente, yo incluido, ha escrito sobre Nouwen, sobre su vida, sus obras y por qué influyó en tanta gente. Hablando estrictamente, eso es escribir sobre espiritualidad como opuesto a escribir espiritualidad como Nouwen hizo. A decir verdad, hoy no tenemos abundancia de escritores espirituales del calibre de Nouwen. Lo que tenemos, particularmente a nivel académico, es abundancia de escritos críticos sobre espiritualidad.

Ofrecí el ejemplo de un escritor de espiritualidad contemporáneo, Henri Nouwen, pero la distinción es quizás incluso más clara cuando nos fijamos en los escritores espirituales clásicos. Hemos creado de hecho un cierto “canon” de escritores de espiritualidad que consideramos como clásicos: los Padres y Madres del desierto, el Pseudo-Dionisio, Juliana de Norwich, Nicolás de Cusa, Francisco de Asís, Domingo, Ignacio, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, Francisco de Sales, Vicente de Paul y Teresa de Lisieux, entre otros. Ninguno de estos escribió obras de crítica en sí mismas, escribieron espiritualidad. Se han escrito incontables libros sobre cada uno de ellos evaluando críticamente sus obras. Aun siendo tan valiosos estos libros, en definitiva no son libros de espiritualidad, sino libros sobre espiritualidad.

Lo mismo vale para la teología. Tenemos infinitamente más libros escritos sobre teología que los que tenemos de verdadera teología. La palabra “teología” viene de dos palabras griegas: Theos (Dios) y logos (palabra). Así que, en esencia, la teología es “palabras sobre Dios”. La mayoría de los libros de teología y los cursos sobre teología contienen algunas “palabras sobre Dios”, pero estas están generalmente empequeñecidas por las “palabras acerca de las palabras sobre Dios”.

Esto no es una crítica, sino una aclaración. He enseñado y escrito en el área de teología y espiritualidad durante cerca de cincuenta años; y, por suerte, casi nunca caigo en la cuenta de esta distinción, principalmente porque necesitamos ambas y las dos simplemente fluyen dentro y fuera de la otra. Sin embargo, hay un punto donde viene a ser importante no confundir ni juntar la evaluación crítica de una obra artística con la obra artística misma, y en nuestro caso reconocer que escribir sobre teología y espiritualidad no es lo mismo que hacer de hecho teología y hacer espiritualidad. ¿Por qué? ¿Por qué destacar esta distinción?

Porque necesitamos que el artista y el crítico hablen a diferentes rangos dentro de nosotros y necesitamos reconocer (explícitamente en ocasiones) dónde necesitamos ser alimentados o guiados. El artista habla al alma con un género de intención, a saber, inspirar, inflamar, profundizar, traer nueva visión y movernos afectivamente. El crítico habla con diferente intención: guiar, mantenernos equilibrados, prudentes, robustos, lúcidos y en los límites de la decencia, la comunidad, la estética oportuna y la ortodoxia. Ambos son importantes. Uno salva al otro del sentimentalismo irrefrenable, y el otro salva al primero de ser simplemente un ejercicio vacío. Simplificándolo mucho, podríamos decirlo de esta manera: Los críticos definen las reglas del juego y someten a los jugadores a esas reglas; pero el arte, la teología y la espiritualidad son el juego. Los juegos necesitan ser dirigidos; si no, degeneran rápidamente.

En nuestras iglesias, hoy se da frecuentemente una tensión entre los que están tratando de crear una nueva visión, generar nuevo entusiasmo y hablar más afectivamente al alma, y los que están guardando los castillos de la academia, la ortodoxia, la liturgia y el buen gusto. La teología académica está con frecuencia en tensión con la vida devocional, los liturgistas están con frecuencia en tensión con los pastores, y los escritores espirituales populares están con frecuencia en tensión con los críticos. Puede ser que uno u otro nos irrite; pero cada uno es, en definitiva, un amigo. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, CMF) - 

Lo que hacemos en privado. Artículo.

Nadie es una isla; en realidad, nadie está solo. Si eres una persona de fe o incluso alguien con un sentido intuitivo altamente afinado, sabrás que no hay cosa como un acto verdaderamente privado, para bien y para mal. Todo lo que hacemos, sin importar lo privado que sea, afecta a los demás. No somos mónadas aisladas cuyos pensamientos y actos privados carezcan de efectos en algún otro. Sabemos esto, y no sólo por nuestra fe. Lo sabemos intuitivamente por lo que sentimos en nuestras vidas.

¿Cómo captamos lo que se halla oculto en la privacidad de las vidas de otras personas? Recíprocamente, ¿Cómo afecta a otros lo que acontece en la privacidad de nuestras propias vidas?

No tenemos una metafísica, una fenomenología ni una ciencia a través de las cuales podamos rastrear esto explícitamente. Sólo sabemos que es verdad. Lo que hacemos en los fondos privados de nuestros corazones y mentes es de alguna manera captado por otros. Cualquier religión digna de tal nombre enseña esto, a saber, que todos estamos en alguna real, mística y simbiótica comunión de unos con otros donde en definitiva nada es verdaderamente privado. Esta creencia es compartida básicamente por todas las grandes religiones del mundo: Cristianismo, Hinduismo, Budismo, Islamismo, Taoísmo y religiones nativas americanas y africanas. Ninguna religión admite un pecado privado que no afecte a la comunidad entera.

 Esto aclara algunas enseñanzas de Jesús. Jesús enseña que no son sólo nuestras acciones externas las que ayudan o hacen daño a otros; son también nuestros pensamientos más recónditos. Para él, no sólo debemos evitar hacer daño a alguien a quien odiamos; ni siquiera debemos tener malévolos pensamientos contra él en nuestros pensamientos privados. De igual modo, es insuficiente educarnos sexualmente para no cometer adulterio; incluso tenemos que educar los pensamientos eróticos que tenemos respecto a otros.

¿Por qué? ¿Qué daño hay en los pensamientos privados? No es sólo el peligro de que, si tenemos ciertos malos pensamientos respecto a otros, al fin los realizamos (por verdadero que esto pueda ser). Lo que está en peligro es algo más profundo, algo contenido explícitamente en la noción cristiana del Cuerpo de Cristo.

Como cristianos, creemos que todos somos miembros de un organismo viviente, el Cuerpo de Cristo, y que nuestra unión con cada uno es más que metafórica. Es real, tan real como la condición física de un cuerpo viviente. No somos una corporación, sino un cuerpo viviente, un organismo viviente, donde todas las partes afectan a todas las otras partes. De aquí que, exactamente como en un cuerpo vivo, las enzimas saludables ayudan a traer salud al cuerpo entero, y las células infectadas y cancerosas amenazan la salud de todo el cuerpo; así también en el Cuerpo de Cristo. Lo que hacemos en privado está aún dentro del cuerpo. Consecuentemente, cuando hacemos cosas virtuosas, aun en privado, al igual que una enzima saludable, ayudamos a fortalecer el sistema inmunitario del cuerpo entero. Por el contrario, cuando somos infieles, cuando somos egoístas, cuando pecamos -no importa que esto sea hecho sólo en privado- al igual que una célula infectada y cancerosa, estamos ayudando a destruir el sistema inmunitario del cuerpo. Así las enzimas saludables, como las células nocivas del cáncer, trabajan en secreto, bajo la superficie.

Esto tiene importantes implicaciones para nuestras vidas privadas. Dicho simplemente, nada de lo que pensamos o hacemos en privado deja de tener un efecto en otros. Nuestros pensamientos y acciones privados, como las enzimas saludables o las células infectadas, afectan a la salud del cuerpo, sea fortaleciendo o sea debilitando su sistema inmunitario. Cuando somos fieles, ayudamos a traer salud al cuerpo; cuando somos infieles, somos una célula infectada que desafía al sistema inmunitario que hay en el interior del cuerpo.

Tanto si somos fieles como si somos infieles en privado afecta a otros, y esto no es algo que resulte abstracto ni místico. Por ejemplo, un cónyuge conoce cuando su pareja es infiel, al margen de si el asunto es manifiesto. Además, el cónyuge sabe esto no sólo porque puede ser que haya sutiles delaciones de la infidelidad en el lenguaje y conducta del cuerpo del otro. No, conoce esto a nivel visceral, incipiente y místicamente, porque en cierto modo oscuro e inexplicable, siente la traición como una lesión en la salud e integridad de su matrimonio. Esto puede sonar más metafórica que realmente, pero os invito a examinarlo en la vida. Sentimos la infidelidad.

Algunas cosas las sabemos conscientemente, y otras inconscientemente. Conocemos ciertas cosas por observación, y otras intuitivamente. Conocemos a través de nuestra cabeza, nuestros corazones y nuestras entrañas; y a través de todas estas tres facultades, a veces (porque dentro de un cuerpo todas partes afectan a cada una) conocemos algo porque lo sentimos como una tensión o un alivio en nuestra alma. No hay actos privados. Nuestros actos, tanto los privados como los públicos, traen ya salud ya enfermedad a la comunidad.

Reservo las últimas palabras a los poetas: Si estás aquí fielmente, traes gran bendición (Parker Palmer). Si estás aquí infielmente, traes gran daño (Rumi). 

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) Fuente: Ciudad Redonda.org

En los orígenes de nuestro universo: Jesús y el Big Bang. Artículo.

Recientemente, la NASA lanzó al espacio el James Webb Space Telescope, el telescopio mayor y más caro construido hasta ahora. Le costará seis meses viajar a un millón de millas de la tierra, encontrar su lugar de permanencia en el espacio y después empezar a transmitir imágenes a la tierra. Esas imágenes serán como nunca antes se han visto. Se espera que podamos ver en el espacio mucho más de lo que hemos visto antes, idealmente hasta los límites mismos de nuestro universo aún en expansión, exactamente hasta las primeras partículas que surgieron de la explosión original, el Big Bang, que dio comienzo al tiempo y a nuestro universo.

Los científicos estiman que nuestro universo empezó hace 13’7 mil millones de años. Hasta donde sabemos, antes de eso no existía nada, según lo entendemos hoy (excepto Dios). Entonces, de entre esta aparente nada, hubo una explosión (el Big Bang) más allá de la cual se formó todo en el universo, incluso nuestro planeta tierra. Como con cualquier explosión, las partes más íntimamente entrelazadas, con la fuerza de expulsión, son las más lejos impelidas. Así, cuando los investigadores tratan de determinar la causa de una explosión, están particularmente interesados en encontrar y examinar aquellas piezas que estaban lo más estrechamente unidas a la original fuerza de la explosión, y generalmente aquellas piezas han sido voladas lo más lejos.

La fuerza del Big Bang aún continúa, y aquellas partes del universo que estaban lo más íntimamente entrelazadas con sus orígenes aún están siendo impelidas más y más hacia el espacio. Los científicos son investigadores, indagando esa explosión original. Lo que el James Webb Space Telescope confía ver es algo de las partes originales de esa inimaginable explosión que dio origen a nuestro universo, porque estas partes estaban allí en el principio mismo, en los orígenes de todo lo que existe. Al verlas y examinarlas, la ciencia espera entender mejor los orígenes de nuestro universo.

Contemplar el entusiasmo que los científicos sienten acerca de este nuevo telescopio y sus esperanzas de que nos mostrará imágenes de partículas del comienzo del tiempo, puede ayudarnos a entender por qué el evangelista Juan tiene dificultad de refrenar su entusiasmo cuando habla de Jesús en su primera carta. Está entusiasmado con Jesús porque, entre otras cosas, Jesús estaba allí en los orígenes del universo e incluso en los orígenes de cada cosa. Para Juan, Jesús es un telescopio místico a través del cual podríamos ver esa primordial explosión que creó el universo, ya que él estaba allí cuando eso sucedió.

Permitidme el riesgo de parafrasear el comienzo de la primera carta de Juan (1,1-4), como él lo podría haber escrito para nuestra generación a propósito de nuestra curiosidad sobre los orígenes de nuestro universo:

Necesitáis comprender de quién y de qué estoy hablando:
Jesús no sólo fue una persona extraordinaria que realizó algunos milagros
o incluso el que resucitó de entre los muertos.
Estamos hablando de alguien que estaba presente en los orígenes mismos de la creación,
el mismo que es el fundamento para esa creación,
el que estaba con Dios cuando ocurrió “el Big Bang”,
y aun antes de eso.
Increíblemente, nosotros logramos verlo en la carne, con ojos humanos,
¡el Dios que creó “el Big Bang”, caminando entre nosotros!
En efecto, lo tocamos corpóreamente.
En efecto, hablamos con él y le oímos hablar,
él que estaba allí en los orígenes de nuestro universo,
¡allí cuando tuvo lugar “el Big Bang”!
En verdad, él es Aquell que le dio al interruptor para hacerlo saltar,
con un plan en mente como a dónde debería ir,
un plan que nos incluye a nosotros.
¿Queréis indagar más profundamente qué sucedió en nuestros orígenes?
Bueno, Jesús es un telescopio místico para inspeccionar a través de él.
Después de todo, él estaba allí en el principio
¡e increíblemente logramos verlo, oírlo y tocarlo corpóreamente!
Excusad mi exuberancia, pero
logramos caminar y conversar con alguien que estaba allí al principio de los tiempos.

Hay diferentes clases de conocimiento y diferentes clases de sabiduría, juntamente con diferentes vías de acceso a cada una de ellas. La ciencia es una de esas vías, y es importante. Durante demasiado tiempo, ni la teología ni la religión la reconocieron como amiga. Eso fue (y continúa siendo) un trágico error, dado que la ciencia tiene el mismo fundador y el mismo intento que la teología y la religión. La teología y la religión se han equivocado cada vez que han buscado socavar la importancia de la ciencia o sus reclamaciones por la verdad. Por desgracia, la ciencia ha devuelto con frecuencia el favor y ha visto a la teología y la religión como una adversaria más bien que como una compañera. Las dos se necesitan mutuamente, sobre todo en la comprensión de los orígenes y el intento de nuestro universo.

¿Cómo entendemos los orígenes y el intento de nuestro universo? La ciencia y Jesús. La ciencia está indagando esos orígenes, interesada en decirnos cómo sucedió y cómo se está desenvolviendo, mientras Jesús (que estaba allí cuando ocurrió) está más interesado en decirnos por qué sucedió y lo que ello significa. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) - 

Discriminación y persecución religiosa – El Video del Papa 01 – Enero 2022


El 67% de la población mundial vive en países donde se niega el derecho a la libertad religiosa. “¿Cómo permitimos en esta sociedad tan civilizada que haya personas que sean perseguidas simplemente por profesar públicamente su fe?”. Si dejamos que lo que nos hace diferentes nos separe estaremos perdiendo de vista algo fundamental: “Como seres humanos tenemos tantas cosas en común que podemos convivir acogiendo las diferencias con la alegría de ser hermanos”. Sigamos el consejo que nos da el Papa en su intención de oración de enero: “Elijamos el camino de la fraternidad”. 

“¿Cómo puede ser que actualmente muchas minorías religiosas sufran discriminaciones o persecuciones? 

¿Cómo permitimos en esta sociedad tan civilizada que haya personas que sean perseguidas simplemente por profesar públicamente su fe? No solo es inaceptable, es inhumano, es una locura.  

La libertad religiosa no se limita a la libertad de culto, es decir a que puedan tener un culto el día prescrito por sus libros sagrados, sino que nos hace valorar al otro en su diferencia y reconocer en él a un verdadero hermano.

Como seres humanos tenemos tantas cosas en común que podemos convivir acogiendo las diferencias con la alegría de ser hermanos.

Y que una pequeña diferencia, o una sustancial diferencia como es la religiosa, no opaque la gran unidad de ser hermanos.

Elijamos el camino de la fraternidad. Porque o somos hermanos, o perdemos todos.

Recemos para que las personas que sufren discriminación y que sufren persecución religiosa encuentren en las sociedades en las que viven el reconocimiento y la dignidad que proviene de ser hermanos y hermanas.”

Eres hijo de Dios y eres profundamente amado... Artículo.

Ser hijo de Dios no te hace libre de las tentaciones. Podrás tener momentos en que te sientas tan bendecido por Dios, tan en Dios, tan amado, como para olvidar que vives aún en un mundo de potencias y de principados. Pero tu inocencia de hijo de Dios tiene necesidad de ser protegida. De otro modo serás fácilmente catapultado fuera de tu verdadero yo y experimentarás la fuerza devastadora de las tinieblas que te rodean.

Este salir de ti mismo puede sobrevenirte como una gran sorpresa. Antes que seas plenamente consciente podrás encontrarte derrotado por la concupiscencia, por la ira, por el resentimiento o por la avidez. Un cuadro, una persona, un gesto, pueden desencadenar estas emociones fuertes y destructivas y seducir tu yo ¡nocente.

Como hijo de Dios, debes ser prudente. No puedes andar sencillamente por el mundo como si nada o nadie pudiese hacerte daño. Continúas siendo extremadamente vulnerable: La mismas pasiones que te hacen amar a Dios pueden ser utilizadas por las potencias del mal.

Los hijos de Dios necesitan apoyo, protección, ayudarse unos a otros cercanos al corazón de Dios. Tú perteneces a una minoría en un mundo grande y hostil. Haciéndote más consciente de tu verdadera identidad de hijo de Dios, distinguirás también más claramente las muchas fuerzas que tratan de convencerte de que todas las realidades espirituales son un falso sustituto de las cosas reales de la vida (...).

No te fíes de tus pensamientos ni de tus sentimientos cuando te encuentras fuera de ti mismo. Vuelve rápidamente a tu centro verdadero y no prestes atención a lo que te ha llevado a engaño. Gradualmente llegarás a estar mejor preparado para estas tentaciones y ellas tendrán cada vez menos poder sobre ti. Protege tu inocencia ateniéndote a la verdad: eres hijo de Dios y eres profundamente amado (H. J. M. Nouwen, La voz interior del amor, Madrid 1998). Fuente: santaclaradeestella.es (LECTIO DIVINA correspondiente al Jueves dentro de la Octava de Navidad)

No hubo lugar en la posada. Artículo.

Jesús nació fuera de la ciudad, fuera de un hospital, fuera de una casa normal. Los Evangelios nos dicen que nació en un establo, fuera de la ciudad, porque no había lugar para ellos en la posada.

Nosotros siempre hemos vilipendiado al infame posadero que despidió a María y José; y la lección que asumimos de esto fue la necesidad de menos autopreocupación en nuestras vidas, que no deberíamos estar tan ocupados y preocupados que no hubiera lugar para que lo divino naciera en nuestras vidas.

Verdaderamente, hay una lección aquí, una que necesito para mi propia vida. Dadas las presiones de las pasadas semanas, hasta este momento del año no he tenido ocasión de dar a la Navidad más que una reflexión pasajera. ¡No hay ningún lugar en mi posada exactamente ahora! Y así, fomento mucha simpatía por ese curioso posadero sabiendo qué fácilmente podemos sobrecargar nuestras vidas de modo que no haya ningún lugar reservado para acoger a un visitante divino.

Ahora, aun cuando ese es un desafío importante, los eruditos bíblicos sugieren que hay una lección más profunda en el hecho de que Jesús nació en un establo fuera de la ciudad porque no había lugar para él en la posada. La verdadera indicación que los Evangelios está haciendo no es tanto la aparente dureza de un posadero, sino más bien el hecho de que Jesús nació fuera de una ciudad, fuera de lo que es cómodo, fuera del glamour y la fama, fuera del reconocimiento por parte del rico y del poderoso, fuera de ser noticia del mundo cotidiano. Jesús nació en el anonimato, pobre, fuera de toda noticia, a no ser por la fe y Dios.

Su nacimiento fuera de la ciudad también prefiguró su muerte y sepultura. La vida terrena de Jesús acabará como empezó, como un extraño, un forastero, crucificado fuera de la ciudad, enterrado fuera de la ciudad, así como nació fuera de la ciudad.

Thomas Merton hizo una vez un comentario particularmente emocionante sobre esto: En este mundo, esta posada loca, en la que no hay absolutamente ni el menor espacio para Él, Cristo ha venido sin invitación. Pero como no puede estar en casa en este mundo, como está fuera de lugar y aun así debe estar en él, su lugar está con aquellos otros para los que tampoco hay sitio. Su lugar está con los que no pertenecen, los que son rechazados por el poder porque son considerados como débiles, aquellos que están desacreditados, aquellos a los que les niegan el status como personas, los que son torturados, bombardeados y exterminados. Con esos para los que no hay lugar, Cristo está presente en el mundo. Está misteriosamente presente en aquellos para los que parece no haber nada a no ser el mundo en su peor situación.

Cristo nació en este mundo de forma inadvertida, fuera de la ciudad, al margen de todas personas y eventos que parecían importantes entonces. Dos mil años después, ahora reconocemos la importancia de ese nacimiento. Por cierto, el mundo mide el tiempo por él. Estamos en el año 2021 desde ese nacimiento inadvertido. Pero entonces apenas nadie se dio cuenta.

¿Cuál es la lección? ¿Qué sacamos de esto? Entre otras cosas, esto pretende darnos una perspectiva diferente frente a lo que en definitiva es importante en este mundo y lo que no es. ¿Quién modela en definitiva la historia? ¿Los grandes motores y agitadores o los que están en el exterior?

Bíblicamente hablando, casi todos nosotros nacimos fuera de la ciudad, lo cual significa que en nuestras vidas seremos para siempre los forasteros, desconocidos, anónimos, insignificantes, de pueblo pequeño, personas que son incidentales al panorama general y la gran acción. Nuestra foto y nuestra historia nunca adornarán los titulares. Nuestros nombres nunca estarán iluminados, y viviremos y moriremos en el anonimato básico, no conocidos por muchos de fuera de nuestros propios círculos minúsculos.

Casi todos nosotros viviremos nuestras vidas en callada oscuridad, en áreas rurales, en pequeñas ciudades y en los parajes desconocidas de nuestras ciudades, mirando los grandes eventos de nuestro mundo desde fuera y viendo siempre a algún otro, además de nosotros, tan importante. Aparentemente, nosotros permaneceremos desconocidos para siempre y nuestros talentos y aportaciones no serán conocidas particularmente por nadie, quizás ni siquiera por nuestros propios familiares. Hablando en sentido figurado, siempre estaremos “fuera de la ciudad”. Viviremos, trabajaremos y daremos a luz al amor y a la vida en lugares humildes.

Tal vez lo más doloroso de todo: conoceremos la frustración de ser incapaces de dar verdaderamente nuestros talentos y dones al mundo; pero, en vez de eso, encontraremos que las más profundas sinfonías y melodías que viven en nosotros nunca encontrarán mucha expresión en el mundo de fuera. Nuestros sueños y nuestras más profundas riquezas nunca encontrarán mucho de un escenario terrenal. Nunca habrá un lugar en la posada para que nazca lo que hay mejor en nosotros. Nuestras profundas riquezas, como el nacimiento de Jesús en nuestro mundo, permanecerán “fuera de la ciudad”, muriendo al fin por el martirio del anonimato y la inadecuada autoexpresión (también “fuera de la ciudad”).

María dio a luz al Cristo en un establo fuera de la ciudad porque no había lugar en la posada. Este comentario se refiere a algo más que la simple negación de la hospitalidad de un posadero sobrecargado. Es una importante enseñanza sobre la necesidad de apreciar lo que en definitiva determina la vida. En esencia, eso nos dice que no son necesariamente aquellos que en apariencia ocupan la presidencia en el centro de las cosas (los poderosos, los ricos, los famosos, los líderes de gobierno, las celebridades de entretenimiento, las cabezas corporativas, los eruditos, los académicos) quienes tendrán el tiempo medido por sus vidas. Lo que es más profundo, más significativo y más importante de la vida nace con frecuencia en el anonimato, inadvertido por los poderosos, tiernamente envuelto en la fe, fuera de la ciudad. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) - 

Que todos seamos una sola familia en ti


La Sagrada Familia

Textos
Audio medio

Se celebra el Domingo que cae dentro de la octava de Navidad o, en su defecto, el 30 de diciembre. Fiesta en que celebramos el núcleo familiar en el que «Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y antes los hombres». Su finalidad es promover y afianzar el desarrollo de la familia desde sus raíces humanas y cristianas con el ejemplo e intercesión de la Familia de Nazaret. «Nazaret -decía Pablo VI- es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio. Una lección de silencio ante todo. Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable. Una lección de trabajo. ¡Nazaret, oh casa del "Hijo del Carpintero"!». El Catecismo comenta: En nuestros días las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Vaticano II llama a la familia "Iglesia doméstica". En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y su ejemplo. El hogar es la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico humanismo". Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida.- Oración: Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Gracias a: Gracias a: Rezando VoySanta Clara de Estella y Ciudad Redonda

Feliz Navidad y Año Nuevo.

 La Parroquia Corazón de María

y la Comunidad de Misioneros Claretianos

les desea a todos ustedes

Feliz Navidad y Año Nuevo.

Prestar oído a nuestras almas. Artículo.

Durante la ocupación nazi de Francia en la Segunda Guerra Mundial, un grupo de teólogos jesuitas que oponía resistencia a la ocupación publicó un periódico clandestino, Cahiers du Temoignage Chretien, que tuvo una famosa línea de apertura en su primer número: “Francia, ten cuidado de no perder tu alma”. Eso trajo a mi memoria un comentario que oí una vez a Peter Hans Kolvenbach, entonces Superior General de los jesuitas. Hablando sobre globalización, comentó que una de las cosas que él temía de ella era la globalización de la trivialidad. ¡Clara advertencia!

Hoy estamos siendo testigos de una trivialización del alma en nuestra cultura. Ya pocas cosas son sublimes, lo cual significa que ya pocas cosas nos conmueven profundamente. Las cosas que solían tener significado profundo están relacionadas ahora más casualmente. El sexo, por ejemplo. Más y más, (con unas pocas iglesias que resisten con firmeza), la cultura cree que el sexo no necesita ser conmovedor, a no ser que quieras que lo sea y lo rodees con tal significado. Por ejemplo, oí recientemente un argumento en el que alguien quitó importancia a la gravedad moral de un maestro que se acostó con uno de sus estudiantes, con esta lógica: ¿cuál es la diferencia entre esto y un profesor que juegue un partido de tenis con su estudiante? ¿Su punto? El sexo no necesita ser especial, a no ser que quieras que sea especial. ¿Qué hace al sexo ser diferente de un partido de tenis?

Sólo alguien peligrosamente ingenuo no ve aquí una enorme diferencia conmovedora. Un partido de tenis no toca el alma en profundidad. El sexo, sí; y no precisamente porque algunas iglesias lo digan. Vemos esto cuando se da violación. Freud dijo una vez que entendemos las cosas de la manera más clara cuando las vemos rotas. Tiene razón, y en nada es más claro que en la manera como la violencia sexual y el sexo explotador afectan a una persona. Cuando el sexo es reprochable, hay violación del alma que empequeñece cualquier cosa que resulta de un partido de tenis. El sexo no es conmovedor porque lo dicen algunas iglesias. Es conmovedor porque está conectado al alma de un modo que el tenis no lo está. Irónicamente, sólo cuando la cultura está trivializando la visión tradicional de la sociedad sobre el sexo como innatamente conmovedor, las personas que trabajan con los que sufren trauma sexual están viendo mucho más claramente cómo el sexo explotador está en un plano radicalmente diferente, en términos de alma, que jugando al tenis con alguien.

Sin embargo, no es sólo que estemos trivializando lo conmovedor; estamos también luchando por prestar oído a nuestras almas. Es digno de observa que hoy este aviso procede no tanto de las iglesias como de una serie de voces, desde filósofos agnósticos hasta de analistas junguianos. Por ejemplo, el tema dominante en los escritos del filósofo agnóstico del alma James Hollis, es que la tarea de la vida es vivir conmovedoramente, y sólo podemos hacer eso prestando oído de verdad a nuestras almas. Y, señala que hay mucho en juego aquí. En un libro titulado El suicidio y el alma, sugiere que lo que a veces sucede en un suicidio es que el alma, incapaz de hacer oír sus gritos, al fin mata al cuerpo.

La psicología profunda ofrece puntos de vista semejantes y sugiere que la presencia en nuestras vidas de ciertos síntomas como la depresión, la ansiedad excesiva, los trastornos de culpa y la necesidad de automedicación son con frecuencia los gritos del alma para que sean tenidos en cuenta. James Hollis sugiere que a veces, cuando tenemos malos sueños es porque nuestra alma está airada con nosotros, y sugiere que ante estos síntomas (depresión, ansiedad, culpa, malos sueños) necesitamos preguntarnos: “¿Qué quiere mi alma de parte mía?”

Verdaderamente, ¿qué quieren de nosotros nuestras almas? Quieren muchas cosas, aunque en esencia, quieren tres: ser protegidas, ser honradas y ser escuchadas.

Primero, nuestras almas necesitan estar protegidas de la violación y la trivialización. Lo que subyace más profundo dentro de nosotros, en el centro de nuestras almas, es algo que Thomas Merton describió una vez como le point vierge (el “punto virgen”). Todo lo más sagrado, tierno, verdadero y vulnerable que hay en nosotros es alojado ahí, y mientras nuestras almas nos envían constantes gritos requiriendo protección, no pueden protegerse a sí mismas. Nos necesitan para proteger su point vierge.

Segundo, nuestras almas necesitan ser tratadas con honradez, su inviolabilidad totalmente respetada, su profundidad debidamente reconocida. Nuestra alma es la “zarza ardiente” ante la cual necesitamos detenernos descalzos, reverentes. Perder esa reverencia es trivializar nuestra propia profundidad.

Finalmente, nuestras almas necesitan ser tenidas en cuenta. Sus gritos, sus llamadas de atención, sus resistencias y los sueños que nos dan mientras dormimos necesitan ser escuchados. Además, necesitan ser tenidas en cuenta no sólo cuando están animadas, sino también cuando están pesadas, tristes y airadas. Igualmente, necesitamos escuchar no sólo su ruego por motivo de protección, sino también su desafío para que asumamos riesgos.

El alma es una cosa preciosa digna de protección. Es la voz más profunda que hay en nuestro interior, hablando por lo que es más importante y más conmovedor de nuestras vidas, y así necesitamos siempre hacer caso de la advertencia: tened cuidado de no perder vuestra alma. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -