El Silencio Culpable. Cristianos perseguidos





El Silencio Culpable. Cristianos perseguidos.


Hay un gran sufrimiento que muchos no se están atreviendo a gritar. HM Televisión quiere unirse al gemido de tantas almas, especialmente cristianas, que están sufriendo la persecución por causa de su fe.
El clip "Silencio Culpable" da voz a aquellos que están viviendo la persecución en su propia carne y acompañando a los perseguidos en su dolor. Los testimonios que aquí se recogen son extraídos de las entrevistas que puedes ver en la serie de HM Televisión "Tras las huellas del Nazareno". 
¿Seguirás callado después de verlo?. 

El Papa expone sus intenciones del mes de abril en un nuevo vídeo





El Vídeo del Papa 4. 

El Papa pide en este vídeo que los campesinos reciban la justa retribución por un trabajo que considera imprescindible. Francisco considera que los pequeños agricultores son esenciales porque cuidan la tierra y la protegen para las generaciones futuras.


Desde enero de 2016, cada mes, la Red Mundial de Oración del Papa lanza un vídeo donde Francisco pide que los cristianos recen por una intención suya. En enero pidió que se rezara por el diálogo interreligioso, en febrero por la protección de la naturaleza, en marzo para que los niños crezcan en entornos sanos y saludables.

El poder de la oración y del ritual en nuestra impotencia

@Ron Rolheiser, OMI
Fuente:


En la película basada en la clásica novela de Jane Austen Sentido y  sensibilidad, hay una escena muy conmovedora donde una de sus jóvenes heroínas, que sufría de neumonía aguda, yace en cama debatiéndose entre la vida y la muerte. Un joven, muy enamorado de ella, está paseando de acá para allá, altamente agitado, frustrado por su incapacidad de hacer algo útil y fuertemente sobresaltado. Incapaz de contener su agitación por más tiempo, se acerca a la madre de la chica y le pregunta en qué podría ayudar. Ella responde que no hay nada que pueda hacer, la situación les desborda. Incapaz de vivir con esa respuesta, le dice a ella: “Encárgame alguna tarea que hacer o me volveré loco”.
Todos nosotros hemos tenido a veces este sentimiento cuando, ante una situación extrema, necesitamos hacer algo, pero no hay nada con que podamos ayudar, ninguna varita mágica que podamos agitar para mejorar las cosas.
Pero hay algo que podemos hacer.
Recuerdo un suceso en mi propia vida hace varios años: Estaba yo enseñando en una escuela de verano en Bélgica cuando, a última hora de la noche, exactamente cuando estaba a punto de acostarme, recibí un email según el cual dos amigos míos, un hombre y una mujer recientemente comprometidos, se habían visto envueltos ese día en un fatal accidente de coche. Él murió instantáneamente y ella estaba en serias condiciones en el hospital. Yo estaba viviendo por mi cuenta en una habitación de universidad, a miles de millas de donde todo esto había sucedido y a miles de millas de alguien con quien pudiera compartir este dolor. Solo, agitado, lleno de pánico y necesitando desesperadamente hacer algo, pero estando absolutamente incapaz de hacerlo. Me hinqué literalmente de rodillas. Siendo incapaz hacer más, tomé el libro de oración que contiene el Oficio de la Iglesia y recé, por mi cuenta, la oración de Vísperas por los difuntos. Cuando hube concluido, mi dolor había desaparecido, no obstante estar muerto mi amigo; pero mi pánico se había apaciguado, mientras tenía una desesperada necesidad de hacer algo (cuando no había nada que pudiera hacer).
Aquella noche, mi oración me dio la sensación de que el joven que había muerto ese día estaba bien, a salvo de alguna manera en un lugar más allá de nosotros, y eso también me liberó de la agitación y el pánico de necesitar hacer algo ante la agitada impotencia. Había hecho la única cosa que podía hacer, lo que se ha hecho ante la impotencia y muerte desde el comienzo de los tiempos; me había entregado a la oración y a los rituales y fe de la comunidad.
Son  éstos, la oración y el ritual, los que tenemos a nuestra disposición en esos momentos cuando, como aquel joven en Sentido y sensibilidad, necesitamos hacer algo o nos volveremos locos. Eso es no sólo válido para tiempos difíciles y dolorosos, cuando los seres queridos están enfermos o agonizantes o muertos en accidentes, y nosotros necesitamos hacer algo pero no hay nada que podamos hacer. Necesitamos también el ritual para ayudarnos a celebrar con propiedad los momentos felices.
¿Qué deberíamos hacer cuando nuestros propios hijos se casan? Entre otras cosas, necesitamos celebrar el ritual del matrimonio, porque ninguno que proyecte una boda en el mundo puede hacer por nosotros lo que el ritual de  la boda -especialmente el ritual eclesiástico- puede hacer. Las bodas, al igual que los funerales, son un primer ejemplo de dónde necesitamos el ritual para hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos.
Tristemente, hoy, vivimos una cultura que en su mayoría es ritualmente dura de oído. No entendemos el ritual y, por lo tanto, la mayoría no sabe qué hacer cuando necesitamos estar haciendo algo pero no sabemos qué. Eso es un fallo, una dolorosa pobreza, en nuestro conocimiento.
Los monjes trapenses que fueron martirizados en Argelia en 1996 fueron primeramente visitados por los extremistas islámicos que más tarde los secuestrarían y matarían, la víspera de Navidad, exactamente mientras estaban preparándose para celebrar la misa de Nochebuena. Después de algunas amenazas iniciales, los que finalmente serían sus asesinos se marcharon. Los monjes quedaron profundamente estremecidos. Se juntaron en grupo durante un rato para asimilar lo que había sucedido.
Entonces, no sabiendo qué más hacer ante esta amenaza y su temor, cantaron la misa de Navidad. En palabras de su abad: “Era lo que teníamos que hacer. ¡Era todo lo que podíamos hacer! Era lo correcto”. Compartió también, como hicieron varios de los otros monjes (en sus diarios), que encontraron esto -la celebración del ritual de la misa a pesar de su miedo y pánico- como algo que calmó su miedo y devolvió algo de entereza y regularidad en sus vidas.
Hay una lección que aprender aquí, lección que puede traer entereza y calma a nuestras vidas en esos momentos en los que necesitamos desesperadamente hacer algo pero no hay nada que hacer.
El ritual: Es lo que tenemos que hacer. ¡Es todo lo que podemos hacer! Es lo correcto. 
Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) - 

Cursillo Prematrimoniales Abril 2016




El próximo lunes 18 de este mes de Abril da comienzo el "Cursillo  Prematrimonial," en la Parroquia del Corazón de María de Oviedo, con el fin de ayudar a la formación de los Novios que se preparan para recibir el Sacramento del Matrimonio.

Horario de 20:00 h a 21:15h.

Inscripciones en el teléfono 985230496.

Homilía del papa Francisco en el Domingo de la Misericordia

Homilía en el Domingo de la Divina Misericordia
Francisco En La Homilía En El Domingo De La Divina Misericordia
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El santo padre Francisco celebró la santa misa en este segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, en la explanada anterior de la basílica de San Pedro, con motivo del Jubileo de las personas que siguen la espiritualidad de la Divina Misericordia.
Después de la proclamación del Evangelio el Papa en su homilía dijo que existe un evangelio de la misericordia, un libro abierto, donde los seguidores de Jesús se siguen escribiendo gestos concretos de amor, que son el mejor testimonio de la misericordia para los hombres y mujeres de hoy.
El Santo Padre quiso precisar que al curar las heridas de nuestros hermanos, confesamos a Jesús, lo hacemos presente y vivo; permitimos a otros que lo reconozcan como «Señor y Dios» y que esta es la misión que se nos confía.
E invitó a pedir la gracia de no cansarnos nunca de acudir a la misericordia del Padre y de llevarla al mundo, de ser misericordiosos, para difundir en todas partes la fuerza del Evangelio.
A continuación el texto completo de la homilía:
«Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos» (Jn 20,30). El Evangelio es el libro de la misericordia de Dios, para leer y releer, porque todo lo que Jesús ha dicho y hecho es expresión de la misericordia del Padre.
Sin embargo, no todo fue escrito; el Evangelio de la misericordia continúa siendo un libro abierto, donde se siguen escribiendo los signos de los discípulos de Cristo, gestos concretos de amor, que son el mejor testimonio de la misericordia. Todos estamos llamados a ser escritores vivos del Evangelio, portadores de la Buena Noticia a todo hombre y mujer de hoy.
Lo podemos hacer realizando las obras de misericordia corporales y espirituales, que son el estilo de vida del cristiano. Por medio de estos gestos sencillos y fuertes, a veces hasta invisibles, podemos visitar a los necesitados, llevándoles la ternura y el consuelo de Dios. Se sigue así aquello que cumplió Jesús en el día de Pascua, cuando derramó en los corazones de los discípulos temerosos la misericordia del Padre, el Espíritu Santo que perdona los pecados y da la alegría.
Sin embargo, en el relato que hemos escuchado surge un contraste evidente: por un lado, está el miedo de los discípulos que cierran las puertas de la casa; por otro lado, el mandato misionero de parte de Jesús, que los envía al mundo a llevar el anuncio del perdón. Este contraste puede manifestarse también en nosotros, una lucha interior entre el corazón cerrado y la llamada del amor a abrir las puertas cerradas y a salir, salir de nosotros mismos.
Cristo, que por amor entró a través de las puertas cerradas del pecado, de la muerte y del infierno, desea entrar también en cada uno para abrir de par en par las puertas cerradas del corazón. Él, que con la resurrección venció el miedo y el temor que nos aprisiona, quiere abrir nuestras puertas cerradas y enviarnos. El camino que el Señor resucitado nos indica es de una sola vía, va en una única dirección: salir de nosotros mismos, para dar testimonio de la fuerza sanadora del amor que nos ha conquistado.
Vemos ante nosotros una humanidad continuamente herida y temerosa, que tiene las cicatrices del dolor y de la incertidumbre. Ante el sufrido grito de misericordia y de paz, escuchamos hoy la invitación esperanzadora que Jesús dirige a cada uno: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (v. 21).
Toda enfermedad puede encontrar en la misericordia de Dios una ayuda eficaz. De hecho, su misericordia no se queda lejos: desea salir al encuentro de todas las pobrezas y liberar de tantas formas de esclavitud que afligen a nuestro mundo. Quiere llegar a las heridas de cada uno, para curarlas.
Ser apóstoles de misericordia significa tocar y acariciar sus llagas, presentes también hoy en el cuerpo y en el alma de muchos hermanos y hermanas suyos. Al curar estas heridas, confesamos a Jesús, lo hacemos presente y vivo; permitimos a otros que toquen su misericordia y que lo reconozcan como «Señor y Dios» (cf. v. 28), como hizo el apóstol Tomás.
Esta es la misión que se nos confía. Muchas personas piden ser escuchadas y comprendidas. El Evangelio de la misericordia, para anunciarlo y escribirlo en la vida, busca personas con el corazón paciente y abierto, “buenos samaritanos” que conocen la compasión y el silencio ante el misterio del hermano y de la hermana; pide siervos generosos y alegres que aman gratuitamente sin pretender nada a cambio.
«Paz a vosotros” (v. 21): es el saludo que Cristo trae a sus discípulos; es la misma paz, que esperan los hombres de nuestro tiempo. No es una paz negociada, no es la suspensión de algo malo: es su paz, la paz que procede del corazón del Resucitado, la paz que venció el pecado, la muerte y el miedo.
Es la paz que no divide, sino que une; es la paz que no nos deja solos, sino que nos hace sentir acogidos y amados; es la paz que permanece en el dolor y hace florecer la esperanza. Esta paz, como en el día de Pascua, nace y renace siempre desde el perdón de Dios, que disipa la inquietud del corazón.
Ser portadores de su paz: esta es la misión confiada a la Iglesia en el día de Pascua. Hemos nacido en Cristo como instrumentos de reconciliación, para llevar a todos el perdón del Padre, para revelar su rostro de amor único en los signos de la misericordia.
En el Salmo responsorial se ha proclamado: «Su amor es para siempre» (117/118,2). Es verdad, la misericordia de Dios es eterna; no termina, no se agota, no se rinde ante la adversidad y no se cansa jamás. En este “para siempre” encontramos consuelo en los momentos de prueba y de debilidad, porque estamos seguros que Dios no nos abandona. Él permanece con nosotros para siempre. Le agradecemos su amor tan inmenso, que no podemos comprender.
Pidamos la gracia de no cansarnos nunca de acudir a la misericordia del Padre y de llevarla al mundo; pidamos ser nosotros mismos misericordiosos, para difundir en todas partes la fuerza del Evangelio. Para escribir esas páginas del Evangelio que el apóstol Juan no escribió».
Fuente: https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-el-domingo-de-la-misericordia/

El triunfo de la bondad

@Ron Rolheiser, OMI
Fuente:

La piedra que rodó de la tumba de Jesús continúa rodando de toda suerte de tumbas. La bondad no puede ser retenida, capturada ni expuesta a la muerte. Se evade de sus perseguidores, esquiva la captura, se escapa, se mantiene escondida, incluso a veces abandona las iglesias, pero se levanta siempre, una y otra vez, por todo el mundo. Tal es el significado de la resurrección.
La bondad no puede ser capturada ni eliminada. Esto lo vemos ya en la vida terrena de Jesús. Hay varios pasajes en los Evangelios que dan la impresión de que Jesús era en cierto modo altamente evasivo y difícil de capturar. Parece que hasta que Jesús permite su propia captura, nadie puede echarle mano. Vemos esto en escena varias veces: Al comienzo de su ministerio, cuando sus propios paisanos quedan molestos con su mensaje y lo llevan hasta el precipicio de un monte con intención de despeñarlo, se nos dice que “se abrió paso entre la multitud y se alejaba”. Más tarde, cuando las autoridades tratan de arrestarlo, se nos dice simplemente que “se escabulló”. Y, en otro incidente, cuando está en el área del templo y tratan de arrestarlo, el texto dice simplemente que  abandonó el área del templo y “nadie le echó mano porque aún no había llegado su hora”. ¿Por qué esa  incapacidad para detenerlo? ¿Era Jesús tan físicamente hábil y evasivo que nadie podía arrestarlo?
Estas historias de su escapada son altamente simbólicas. La lección no es que Jesús fuera físicamente hábil y evasivo, sino más bien que la palabra de Dios, la gracia de Dios, la bondad de Dios y el poder de Dios nunca pueden ser capturados, detenidos ni finalmente ejecutados. Son expertos. Nunca pueden ser detenidos, nunca pueden ser eliminados, e incluso, cuando aparentemente son eliminados, la piedra que los sepulta vuelve siempre a rodar casualmente y los suelta. La bondad persiste en resucitar desde toda clase de tumba.
Y es esto -la constante resurrección y bondad, no la del vicio y el mal- lo que explica la más profunda verdad sobre nuestro mundo y nuestras vidas. El escritor judío-húngaro Imre Kertesz, que ganó el Premio Nobel de literatura en 2002, da un agudo testimonio de esto. De joven, había estado en un campo de muerte nazi, pero lo que más recordaba pasada esta experiencia no era la injusticia, crueldad y muerte que vio allí, sino más bien algunos actos de bondad, benevolencia y altruismo de que fue testigo en medio de aquella depravación. Pasada la guerra, aquello lo dejó con ganas de leer las vidas de santos más bien que las biografías de guerra. La aparición de la bondad le fascinaba. En su opinión, el mal es explicable, pero ¿la bondad? ¿Quién puede dar explicación de ella? ¿Cuál es su fuente? ¿Por qué irrumpe una y otra vez sobre toda la tierra y en toda clase de situación?
Irrumpe en todas partes porque la bondad y el poder de Dios subyacen en el origen de todo ser y vida. Esto es lo que se revela en la resurrección de Jesús. Lo que la resurrección de Jesús revela es que el último origen de todo lo que existe, de todo ser y vida, es gracioso, bueno y amoroso. Además, revela también que la gracia, la bondad y el amor son el último poder que hay dentro de la realidad. Éstos tendrán la palabra final y nunca serán capturados, descarrilados, eliminados ni finalmente ignorados. Se abrirán camino incesantemente, por siempre. A fin de cuentas, también, como Imre Kertesz sugiere, son más fascinantes que el mal.
Y así, estamos en manos salvadoras. Por muy malas que sean las noticias en un día dado, por muy amenazadas que sean nuestras vidas en un día determinado, por muy intimidatoria que sea la vecindad o la pelea global,  por más injusta y cruel que sea una situación, y por más omnipotentes que sean la ira y el odio, el amor y la bondad aparecerán y finalmente triunfarán.
Jesús enseñó que el origen de toda vida y ser es benigno y amoroso. Prometió también que nuestro fin será benigno y amoroso. En la resurrección de Jesús, Dios mostró que el mismo Dios tiene el poder de llevar a cabo esa promesa. ¡La bondad y el amor triunfarán! El final de nuestra historia, el del mundo y el de nuestras vidas individuales, está ya escrito, ¡y es un final feliz! Estamos ya salvados. La bondad está garantizada. La benevolencia nos encontrará. Sólo necesitamos vivir ante esa maravillosa verdad.
No pudieron arrestar a Jesús, hasta que él mismo lo permitió. Su cuerpo muerto lo colocaron en una tumba y la sellaron con una piedra, pero la piedra rodó. Sus discípulos lo abandonaron en sus pruebas, pero al fin volvieron más comprometidos que nunca. Persiguieron y mataron a sus primeros discípulos, pero eso sólo sirvió para extender su mensaje. Las iglesias han sido a veces infieles, pero Dios se escapó de esos particulares recintos del templo. Dios ha sido declarado muerto incontables veces, pero aun así, un millón de millones celebró la Pascua.
La bondad no puede ser eliminada. ¡Creedlo!     
Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) - 

Domingo de la Divina Misericordia: “Jesús, en ti confío”

Domingo de la Divina Misericordia. Una cosmovisión en cuatro palabras: “Jesús, en ti confío”

Domingo de la Divina Misericordia. Una cosmovisión en cuatro palabras: “Jesús, en ti confío”
  • Cuatro palabras que dan sentido a la existencia y una razón para vivir.
  • Faustina Kowalska, como todas las innovadoras del alma, no dijo nada nuevo: sólo recordó lo olvidado.
  • Es decir, que el hombre sólo puede realizarse cuando se abandona, confiado, en las manos de Dios.
  • Y en 2016 toca, además, el Año Santo de la Misericordia: doble indulgencia plenaria.
  • Indulgencia: Confesar, comulgar, hacer la profesión de fe, el Padrenuestro y rezar por el papa actual.
  • Y es que el Papa Francisco, llamado al martirio, sabe leer los signos de los tiempos.
  • “La misericordia de Dios supera el pecado del hombre”, asegura Francisco, en la sabiduría de lo que hoy ocurre en la Iglesia.
  • Urge aprovechar este domingo 3 de abril de 2016. ¿Para qué? Para volver a empezar, naturalmente.
Calla cuando no quieran reconocer tu verdad, ya que así eres más convincente”. Son palabras deSanta Faustina Kowalska, a quien Hispanidad ha dedicado los 30 artículos ahora en la red y que pueden leer aquí. Pero, al parecer, debía callar… sólo después de hablar, a tiempo y a destiempo. Es decir, una vez cumplido el deber de hablar, y como todo lo que viene de Cristo, la libertad humana puede despreciarlo. Hablar si, insistir no.
Un día tal como hoy, hace 11 años, sábado dos de abril, ya en la festividad litúrgica de la Divina Misericordia (se celebraba al día siguiente) moría Juan Pablo II, en 2005. En 2016, el Domingo de la Divina Misericordia cae, de nuevo, en 3 de abril. Y resulta que el Pontificado más fecundo de la historia moderna, el de Juan Pablo II, no se comprende sin el misticismo de aquella monja polaca sin estudios, llamada Kowalska, hija de unos campesinos impecunes de la Polonia de entreguerras. Su Diario de la Divina Misericordia, se ha convertido en un hito de la literatura ascética del siglo XX.
Pues bien, cinco años antes de su fallecimiento, San Juan Pablo II había proclamado Santa a su compatriota Faustina que, como todas las innovadoras del alma, no dijo nada nuevo sino que recordó lo que estaba olvidado: el hombre sólo puede realizarse cuando se abandona, confiado, en las manos de Cristo. Todas las grandes devociones de la historia (Sagrado Corazón de Jesús, por ejemplo) y todos los grandes místicos de la historia, así todos los grandes fundadores… coinciden en un programa de vida que la polaca Faustina, fallecida en 1938, resumió en este programa de vida: “Jesús, en ti confío”, un ‘eslogan’ inserto en los retratos de la Divina Misericordia, que aconsejo tener en el hogar. Cuatro palabras que resumen una cosmovisión y que dan sentido a una existencia y facilitan un plan, el único plan, que puede saciar una vida.
Total, que desde el año 2000, Kowalska,  quien por varias décadas estuvo bajo interdicto del Vaticano -no exactamente condenada pero casi- es rehabilitada en 1978, canonizada en el 2000 y en esa misma fecha-fin de siglo, San Juan Pablo II promulga la nueva festividad litúrgica de la Divina Misericordia, que se celebra el domingo siguiente al de Pascua. La única nueva festividad de la Iglesia actual, que yo recuerde.
Dotada con indulgencia plenaria total, es decir, de pena y de culpa, para quien cumpla los requisitos habituales: confesar (siete días antes o siete después del domingo después de Pascua, comulgar, rezar el Credo y el Padrenuestro y rezar por el Papa)Hace 50 años no hubiera resultado necesario recordar las condiciones de una indulgencia, de ese volver a empezar que implica la indulgencia plenaria, o sea, un derroche de gracia, pero hoy me temo que sí.
Y en 2016, además, el Papa Francisco recoge el guante de Santa Faustina que pone en marcha el Año Santo de la Misericordia al grito de una proposición, una idea, una propuesta, que pone el broche de oro a toda la mística kowalskiana. Ahí va: “la misericordia de Dios es más fuerte que el pecado del hombre”. Sólo  le ha faltado añadir… afortunadamente. Este Papa actual, llamado al martirio, sabe lo que se trae entre manos.
Para mí que no deberíamos despreciar esta fecha de domingo 3 de abril de 2016. ¿Para qué? Paravolver a empezar, naturalmente.
Fuete: Eulogio López

Santoral del mes de abril



¡Feliz Pascua de Resurrección del Señor-Jesús! En medio de un mundo y de un tiempo tan convulsos, la Iglesia vuelve a decirnos:¡Cristo ha resucitado verdaderamente, aleluya! Una buena noticia que, “saltando” de generación en generación, ha llegado hasta nuestros días. ¡Nada ha habido tan grande como este acontecimiento histórico!
Los santos y los mártires son los mejores testigos de esta esperanza tan necesaria. Os anticipamos el santoral de Abril...
Fuente: evangeli.net

Comprensión y compasión del Viernes Santo

@Ron Rolheiser, OMI
Fuente:

(Trad. Benjamín Elcano) - 
Mientras Jesús está siendo crucificado, dice estas palabras: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. No es fácil decir estas palabras, y es quizás aun más difícil entenderlas en su profundidad. ¿Qué significa, en realidad, comprender y perdonar una acción violenta contra ti?
Hay varias respuestas aquí: Por ejemplo, en una trágica nota, compartida incontables veces en los medios sociales, un hombre que perdió a su esposa en los ataques terroristas de París en 2015, escribió estas palabras, dirigidas a aquellos que habían matado a su esposa:
El viernes por la tarde, robasteis la vida de una persona excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo, pero no tendréis mi odio. No sé quiénes sois, ni quiero saberlo: sois almas muertas. Si este Dios por el que matáis ciegamente nos hizo a su imagen, cada bala del cuerpo de mi esposa es una herida en mi corazón. Así que no, no os daré la satisfacción de odiaros. Vosotros lo queréis, pero responder al odio con ira sería ceder a la misma ignorancia que os hizo lo que sois. … Somos solamente dos, mi hijo y yo, pero somos más poderosos que todos los ejércitos del mundo… cada día de su vida este niño pequeño os insultará con su felicidad y libertad”.
A la vez que esta respuesta es admirablemente heroica, no resulta -creo yo- lo bastante profunda en su comprensión y compasión. Virtuosa y todo como es, carga no obstante una nota de separación moral, de una cierta superioridad. Además, le falta todo reconocimiento de ser de alguna manera cómplice en las desafortunadas circunstancias de cultura e historia que ayudó a provocar este horrible acto porque evita la pregunta: ¿Por qué me odias? Es una nota muy positiva y útil en su rechazo del odio; pero -me temo- puede tener exactamente el efecto opuesto en aquellos a quienes se acusa. Aún encenderá más su odio.
Contrastad esto con la carta que el abad trapense Christian de Cherge, escribió a su familia, poco antes de que fuera ejecutado por terroristas islámicos. Escribe:
“Si sucediera un día -y puede ser hoy- que llegara a ser víctima del terrorismo que ahora parece dispuesto a cercar a todos los extranjeros que vivimos en Argelia, me gustaría que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia recordaran que mi vida fue entregada a Dios y a este país. Les pido que acepten que el Único Maestro de toda vida no fue extraño a esta brutal partida. … Les pido poder asociar tal muerte a las otras muchas muertes que fueron tan violentas, pero olvidadas por la indiferencia y el anonimato. … He vivido suficiente tiempo para saber que tengo parte en el mal que, por desgracia, parece prevalecer en el mundo, incluso en el que me golpearía ciegamente. Querría, cuando llegue el momento, tener un momento expreso que me permitiera pedir perdón a Dios y a todos mis compañeros seres humanos; y, al mismo tiempo, perdonar con todo mi corazón a aquel que me matara. … No veo, de hecho, cómo podría gozar si esta gente a la que quiero fuera acusada indiscriminadamente de mi asesinato. Sería pagar demasiado caro lo que, quizás, será llamado “la gracia del martirio”, para deberlo a un argelino -cualquiera que pueda ser- especialmente si dice que está actuando en fidelidad a lo que él cree que es el Islam. Conozco el desdén con el que los argelinos en conjunto pueden ser mirados. Conozco también la caricatura del Islam que un cierto género de Islamismo anima. Es demasiado fácil dar a uno mismo una buena conciencia identificando esta conducta religiosa con las ideologías fundamentalistas de los extremistas. … Esto es lo que podré hacer, si Dios quiere: sumergir mi mirada en la del Padre, contemplar con él a sus hijos del Islam exactamente como él los ve, todos brillando con la gloria de Cristo, el fruto de su Pasión, lleno del Don del Espíritu, cuyo secreto gozo estará siempre para establecer comunión y formar de nuevo la semejanza, deleitándose en las diferencias. … Y tú también, amigo de mi momento final, (mi ejecutor), que no serías consciente de lo que estabas haciendo. Sí, para ti también deseo este “gracias” -y este “adieu”- para encomendarte al Dios cuyo rostro veo en el tuyo. Y que nos encontremos unos con otros, felices “buenos ladrones”, en el Paraíso, si a Dios place, el Padre de nosotros dos. Amén.
¡Ah, tener la gracia y compasión de contar con echar un trago, un día, con nuestros enemigos en el cielo, riéndonos juntos de nuestro antiguo y desviado odio, bajo la amorosa mirada del mismo Dios!