El sabor de la energía de Dios
Visto todo, yo creo que crecí con un concepto relativamente sano de Dios. El Dios de mi juventud, el Dios en que fui catequizado, no era indebidamente castigador, arbitrario ni crítico. Era omnipresente, de modo que todos nuestros pecados eran conocidos y anotados, pero al final del día era acogedor, amable, personalmente interesado por cada uno de nosotros y maravillosamente protector, hasta el punto de proporcionarnos a cada uno de nosotros un particular ángel de la guarda. Ese Dios me permitió vivir sin demasiado miedo y sin ninguna neurosis religiosa especialmente mutilante.
Pero eso no te lleva más allá en la vida. No tener una noción malsana de Dios no significa necesariamente que la tengas particularmente sana. El Dios en el que fui educado no fue excesivamente severo ni crítico, pero tampoco era muy alegre, bullicioso, agudo ni humorista. Especialmente, no era sexual, y tenía un ojo particularmente vigilante e intransigente en esa área. Esencialmente, era gris, un poco severo y no muy contento de estar alrededor. Junto a él, tenías que estar solemne y reverente. Recuerdo que el Subdirector de nuestro noviciado oblato nos decía que no hay ningún suceso recogido de Jesús en que se diga que éste hubiera reído alguna vez.
Bajo tal Dios se te permitía ser esencialmente sano, pero, en la medida en que lo tomaras en serio, aún no caminabas por la vida totalmente vigoroso y tu relación con Él sólo podía ser solemne y reverente.
Luego, hace ya una generación, hubo una fuerte reacción a este concepto de Dios en muchas iglesias y en la cultura en general. La teología popular y la espiritualidad empezaron a corregir esto, a veces con un excesivo vigor. Lo que presentaron en su lugar fue un Jesús risueño y un Dios danzante, y aunque esto no estaba desvalorado, aún nos dejó pidiendo una literatura más profunda sobre la naturaleza de Dios y lo que eso podía significar para nosotros respecto a salud y relación.
Esa literatura no será fácil de escribir, no sólo porque Dios es inefable, sino porque la energía de Dios es también inefable. ¿Qué es, en verdad, la energía? Raramente hacemos esta pregunta, porque tomamos la energía como algo tan primordial que no puede ser definido sino sólo tomado como es dado, como autoevidente. Vemos la energía como la fuerza original que descansa en el corazón de todo lo que existe, animado e inanimado. Además, nosotros sentimos la energía, de manera poderosa, en nosotros mismos. Conocemos la energía, sentimos la energía, pero raramente reconocemos sus orígenes, su inmensidad, su gozo, su bondad, su efervescencia y su exuberancia. Raramente reconocemos lo que ella nos dice sobre Dios. ¿Qué nos dice?
La primera cualidad de la energía es su inmensidad. Es inmensa más allá de nuestra imaginación y esto revela algo sobre Dios. ¿Qué clase de creador hace billones de universos desechables? ¿Qué clase de creador hace trillones sobre trillones de especies de vida, millones de ellas para no ser nunca vistas por el ojo humano? ¿Qué clase de padre o madre tiene billones de hijos?
¿Qué dice sobre su creador la exuberancia en la energía de los niños pequeños? ¿Qué sugiere su jovialidad acerca de aquello que también debe descansar dentro de la energía sagrada? ¿Qué nos dice la energía de un joven cachorro acerca de lo que es sagrado? ¿Qué nos dicen sobre Dios la risa, el ingenio, la ironía?
Sin duda, la energía que vemos a nuestro derredor y sentimos indomablemente en nosotros nos dice que, debajo, delante y detrás de todo lo demás, fluye una fuerza sagrada, a la vez física y espiritual, que está en su raíz, alegre, feliz, jovial, exuberante y profundamente personal y amable. Esa energía es Dios. Esa energía habla de Dios y esa energía nos dice por qué Dios nos hizo y qué clase de permiso nos está dando Dios para vivir hasta el fin de nuestras vidas.
Cuando tratamos de imaginar el corazón de la realidad, podríamos pintar las cosas así: En el centro mismo de todo, hay dos tronos; en uno se sienta un Rey y en el otro se siente una Reina y de estos dos tronos se emite toda la energía, toda la creatividad, todo el poder, todo el amor, todo el aliento, todo el gozo, toda la jovialidad, todo el humor y toda la belleza. Todas las imágenes de Dios son inadecuadas, pero confiamos en que esta imagen puede ayudarnos a entender que Dios es perfecta masculinidad y perfecta feminidad haciendo perfecto amor todo el tiempo y que de esta unión emana toda la energía y toda la creación. Además, esa energía, en su sagrada raíz, es no sólo creativa, inteligente, personal y amable; es también gozosa, colorida, ingeniosa, jovial, humorística, erótica y exuberante en su centro mismo. Sentir esto es una invitación a la gratitud.
El desafío de nuestras vidas es vivir dentro de esa energía de un modo que la honre y honre sus orígenes. Eso supone descalzarnos ante la zarza ardiendo mientras respetamos su sacralidad, aun cuando tomamos de ella permiso para ser más robustos, libres, alegres, humoristas y joviales; y especialmente, más agradecidos.
Pero eso no te lleva más allá en la vida. No tener una noción malsana de Dios no significa necesariamente que la tengas particularmente sana. El Dios en el que fui educado no fue excesivamente severo ni crítico, pero tampoco era muy alegre, bullicioso, agudo ni humorista. Especialmente, no era sexual, y tenía un ojo particularmente vigilante e intransigente en esa área. Esencialmente, era gris, un poco severo y no muy contento de estar alrededor. Junto a él, tenías que estar solemne y reverente. Recuerdo que el Subdirector de nuestro noviciado oblato nos decía que no hay ningún suceso recogido de Jesús en que se diga que éste hubiera reído alguna vez.
Bajo tal Dios se te permitía ser esencialmente sano, pero, en la medida en que lo tomaras en serio, aún no caminabas por la vida totalmente vigoroso y tu relación con Él sólo podía ser solemne y reverente.
Luego, hace ya una generación, hubo una fuerte reacción a este concepto de Dios en muchas iglesias y en la cultura en general. La teología popular y la espiritualidad empezaron a corregir esto, a veces con un excesivo vigor. Lo que presentaron en su lugar fue un Jesús risueño y un Dios danzante, y aunque esto no estaba desvalorado, aún nos dejó pidiendo una literatura más profunda sobre la naturaleza de Dios y lo que eso podía significar para nosotros respecto a salud y relación.
Esa literatura no será fácil de escribir, no sólo porque Dios es inefable, sino porque la energía de Dios es también inefable. ¿Qué es, en verdad, la energía? Raramente hacemos esta pregunta, porque tomamos la energía como algo tan primordial que no puede ser definido sino sólo tomado como es dado, como autoevidente. Vemos la energía como la fuerza original que descansa en el corazón de todo lo que existe, animado e inanimado. Además, nosotros sentimos la energía, de manera poderosa, en nosotros mismos. Conocemos la energía, sentimos la energía, pero raramente reconocemos sus orígenes, su inmensidad, su gozo, su bondad, su efervescencia y su exuberancia. Raramente reconocemos lo que ella nos dice sobre Dios. ¿Qué nos dice?
La primera cualidad de la energía es su inmensidad. Es inmensa más allá de nuestra imaginación y esto revela algo sobre Dios. ¿Qué clase de creador hace billones de universos desechables? ¿Qué clase de creador hace trillones sobre trillones de especies de vida, millones de ellas para no ser nunca vistas por el ojo humano? ¿Qué clase de padre o madre tiene billones de hijos?
¿Qué dice sobre su creador la exuberancia en la energía de los niños pequeños? ¿Qué sugiere su jovialidad acerca de aquello que también debe descansar dentro de la energía sagrada? ¿Qué nos dice la energía de un joven cachorro acerca de lo que es sagrado? ¿Qué nos dicen sobre Dios la risa, el ingenio, la ironía?
Sin duda, la energía que vemos a nuestro derredor y sentimos indomablemente en nosotros nos dice que, debajo, delante y detrás de todo lo demás, fluye una fuerza sagrada, a la vez física y espiritual, que está en su raíz, alegre, feliz, jovial, exuberante y profundamente personal y amable. Esa energía es Dios. Esa energía habla de Dios y esa energía nos dice por qué Dios nos hizo y qué clase de permiso nos está dando Dios para vivir hasta el fin de nuestras vidas.
Cuando tratamos de imaginar el corazón de la realidad, podríamos pintar las cosas así: En el centro mismo de todo, hay dos tronos; en uno se sienta un Rey y en el otro se siente una Reina y de estos dos tronos se emite toda la energía, toda la creatividad, todo el poder, todo el amor, todo el aliento, todo el gozo, toda la jovialidad, todo el humor y toda la belleza. Todas las imágenes de Dios son inadecuadas, pero confiamos en que esta imagen puede ayudarnos a entender que Dios es perfecta masculinidad y perfecta feminidad haciendo perfecto amor todo el tiempo y que de esta unión emana toda la energía y toda la creación. Además, esa energía, en su sagrada raíz, es no sólo creativa, inteligente, personal y amable; es también gozosa, colorida, ingeniosa, jovial, humorística, erótica y exuberante en su centro mismo. Sentir esto es una invitación a la gratitud.
El desafío de nuestras vidas es vivir dentro de esa energía de un modo que la honre y honre sus orígenes. Eso supone descalzarnos ante la zarza ardiendo mientras respetamos su sacralidad, aun cuando tomamos de ella permiso para ser más robustos, libres, alegres, humoristas y joviales; y especialmente, más agradecidos.
Ron Rolheiser (Trad. Benjamin Elcano, cmf) - Lunes, 13 de marzo de 2017
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Programa de la Semana Misionera Claretiana de la parroquia
JUEVES, día 16, a las 8,30 tarde, en la
Capilla Penitencial:
Encuentro con el delegado misionero de los Misioneros Claretianos,
“Las Misiones Claretianos y la labor de PROCLADE”
Encuentro con el delegado misionero de los Misioneros Claretianos,
“Las Misiones Claretianos y la labor de PROCLADE”
VIERNES: Motivación misionera y testimonios en las catequesis.
SÁBADO, día 18, a las 5,30 de la tarde,
en el salón de Usos Múliples:
“El VOLUNTARIADO en los misioneros claretianos”
En países de misión, en Proclade y en grupos misioneros de jóvenes y adultos.
“El VOLUNTARIADO en los misioneros claretianos”
En países de misión, en Proclade y en grupos misioneros de jóvenes y adultos.
TESTIMONIOS MISIONEROS en las misas de fin de semana.
CONSTRUCCIÓN DE UN INTERNADO PARA NIÑAS
“Santalis” en Basmata (India): Nuestro proyecto misionero
“Santalis” en Basmata (India): Nuestro proyecto misionero
COMERCIO JUSTO: sábado y domingo, de 12 a 14,30 y de 18,30-21
horas.
A N I M A N
P. Javier Goñi, cmf.,
delegado claretiano para las Misiones Claretianas
delegado claretiano para las Misiones Claretianas
Anaclara, secretaria de PROCLADE (ONG, claretiana)
Rayapa, seminarista claretiano de la India
Jorge, voluntario de Proclade en Madrid
Voluntarios misioneros de esta parroquia
Cursillo Prematrimonial Marzo 2017
El próximo lunes 20 de marzo, hasta el viernes 24,
dará comienzo el "Cursillo Prematrimonial," en la
Parroquia del Corazón de María de Oviedo, con el fin de ayudar a la
formación de los Novios que se preparan para recibir el Sacramento del
Matrimonio.
Horario de 20:00 h a 21:15h.
Inscripciones en el teléfono 985 23 04 96.
Reza el Padre Nuestro desde el corazón. Detente en cada frase y hazla nueva en ti.

Calendario de Cuaresma.
Gracias a Patricia y Nacho en Odres Nuevos
Gracias a Patricia y Nacho en Odres Nuevos
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15): (Martes 7 de marzo)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»
Palabra del Señor
Virtud y pecado
Existe un axioma que dice: Nada se siente mejor que la virtud. Eso es muy cierto, pero tiene su contrapartida. Cuando obramos el bien, nos sentimos bien con nosotros mismos. En verdad, la virtud es su propia recompensa, y eso es bueno. Sin embargo, de sentirse virtuoso, pronto se puede pasar a sentirse farisaico. Nada se siente mejor que la virtud; pero el fariseísmo también se siente bastante bueno.
Vemos esto expresado en la famosa parábola de Jesús sobre el fariseo y el publicano. El fariseo practica la virtud, sus acciones son exactamente lo que deben ser, pero lo que esto produce en él no es humildad ni sentimiento de su necesidad de Dios y de misericordia, sino fariseísmo y juicio crítico de otros. Lo mismo nos pasa a todos nosotros: fácilmente venimos a ser el fariseo. Cuando miramos a otra persona que está luchando y dice: De no ser por la gracia de Dios me voy, nuestra gratitud aparentemente humilde puede indicar dos cosas muy diferentes. Puede estar expresando un sincero agradecimiento por haber sido bendecido inmerecidamente, o fácilmente puede estar expresando sólo un presumido fariseísmo sobre nuestro propio sentimiento de superioridad.
Los escritores espirituales clásicos como Juan de la Cruz, cuando hablan de los desafíos a que nos enfrentamos mientras andamos el camino del discipulado, hablan sobre algo que ellos llaman las faltas de los que están más allá de la conversión inicial. Lo que ellos destacan es esto: Nunca quedamos dispensados de la batalla con el pecado. Mientras maduramos, el pecado emprende simplemente en nosotros modalidades siempre más sutiles. Por ejemplo, antes de la madurez inicial, lo que clásicamente hemos llamado los siete pecados capitales (orgullo, avaricia, envidia, lujuria, ira, gula y pereza) se manifiestan en nosotros de maneras que son normalmente bastante torpes y abiertas. Vemos esto en los niños, en los adolescentes y en los inmaduros. Para ellos, el orgullo es sencillamente orgullo, los celos son celos, el egoísmo es egoísmo, la lujuria es lujuria, y la ira es ira. No hay nada sutil ni oculto aquí, la falta está fuera al descubierto.
Pero según superamos estos pecados en las formas más torpes, emprenden invariablemente formas más sutiles en nuestras vidas. Así que ahora, por ejemplo, cuando somos humildes, nos volvemos orgullosos y farisaicos en nuestra humildad. Testigo: Nadie puede ser más presumido y crítico que un neoconverso o alguien que está en el primer fervor.
Pero el pecado también tiene sus complejidades. Algunas de nuestras ingenuas ideas sobre el pecado y la humildad también necesitaban ser examinadas críticamente. Por ejemplo, a veces alimentamos la noción romántica de que los pecadores son humildes, conscientes de su necesidad de perdón y abiertos a Dios. De hecho, como generalización, esto es verdad para los evangelios. Cuando Jesús predicaba, eran los fariseos quienes más luchaban con su persona y mensaje, mientras los pecadores, los publicanos y las prostitutas, estaban más abiertos a él. Así pues, esto puede suscitar una pregunta: ¿Nos hace el pecado, más que la virtud, conscientes de nuestra necesidad de Dios?
Sí, cuando el pecado es honrado, humilde, reconocido y contrito, o cuando nuestras malas acciones son el resultado de estar heridos, de haber sido aprovechados o explotados. No todo pecado nace moralmente igual: Hay pecado honrado y pecado deshonrado.
Como seres humanos, somos débiles y faltos de fuerza moral para actuar siempre según lo que es mejor en nosotros. A veces sucumbimos a la tentación, a la debilidad. El pecado no necesita explicación más allá de esto: ¡Somos humanos! A veces también, la gente se implica en situaciones pecaminosas que no son propiamente causadas por sus propias acciones. Han abusado de ellos, les han hecho vivir en circunstancias pecaminosas no por su propia elección, son víctimas de traficación, son víctimas de situaciones familiares o sociales injustas, o están heridas demasiado profundamente para actualizar sus propias facultades morales. En situaciones como esta, la mala acción es una cuestión de supervivencia, no de libre elección. Como una mujer me lo describió: “Era simplemente un perro que mordía con el fin de no ser mordido”. En estos casos, generalmente, bajo una superficie comprensiblemente endurecida e insensibilizada, yace un corazón aún inocente que conoce claramente su necesidad de la misericordia de Dios. Hay algo así como pecado honrado.
Pero existe también el pecado que no es honrado, esto es racionalizado, esto es neutralizado siempre por el orgullo que no puede admitir su propia culpabilidad. Entonces, el resultado, casi siempre, es un alma endurecida, amarga y crítica. Cuando el pecado es racionalizado, la amargura seguirá invariablemente, acompañada por una aversión hacia la clase de virtud de la que ha caído. Cuando racionalicemos, nuestro ADN moral no se dejará embaucar. Reacciona y nos castiga teniéndonos odio nosotros mismos. Y, cuando uno se odie a sí mismo, ese odio repercutirá en odio de otros y, más particularmente, en odio de la precisa virtud de la que ha caído. Por ejemplo, no es casualidad que mucha gente que tiene aventuras adúlteras tenga un particular cinismo para con la castidad.
Reconociéndonos a nosotros mismos como débiles y pecadores, podemos ablandar nuestros corazones, hacernos humildes y abrirnos para recibir la misericordia de Dios. Eso puede también endurecer nuestras almas y hacernos amargos y críticos. No todo pecador ora como el publicano.
La virtud nos hace agradecidos. El pecado nos hace humildes.
Es verdad. A veces.
Vemos esto expresado en la famosa parábola de Jesús sobre el fariseo y el publicano. El fariseo practica la virtud, sus acciones son exactamente lo que deben ser, pero lo que esto produce en él no es humildad ni sentimiento de su necesidad de Dios y de misericordia, sino fariseísmo y juicio crítico de otros. Lo mismo nos pasa a todos nosotros: fácilmente venimos a ser el fariseo. Cuando miramos a otra persona que está luchando y dice: De no ser por la gracia de Dios me voy, nuestra gratitud aparentemente humilde puede indicar dos cosas muy diferentes. Puede estar expresando un sincero agradecimiento por haber sido bendecido inmerecidamente, o fácilmente puede estar expresando sólo un presumido fariseísmo sobre nuestro propio sentimiento de superioridad.
Los escritores espirituales clásicos como Juan de la Cruz, cuando hablan de los desafíos a que nos enfrentamos mientras andamos el camino del discipulado, hablan sobre algo que ellos llaman las faltas de los que están más allá de la conversión inicial. Lo que ellos destacan es esto: Nunca quedamos dispensados de la batalla con el pecado. Mientras maduramos, el pecado emprende simplemente en nosotros modalidades siempre más sutiles. Por ejemplo, antes de la madurez inicial, lo que clásicamente hemos llamado los siete pecados capitales (orgullo, avaricia, envidia, lujuria, ira, gula y pereza) se manifiestan en nosotros de maneras que son normalmente bastante torpes y abiertas. Vemos esto en los niños, en los adolescentes y en los inmaduros. Para ellos, el orgullo es sencillamente orgullo, los celos son celos, el egoísmo es egoísmo, la lujuria es lujuria, y la ira es ira. No hay nada sutil ni oculto aquí, la falta está fuera al descubierto.
Pero según superamos estos pecados en las formas más torpes, emprenden invariablemente formas más sutiles en nuestras vidas. Así que ahora, por ejemplo, cuando somos humildes, nos volvemos orgullosos y farisaicos en nuestra humildad. Testigo: Nadie puede ser más presumido y crítico que un neoconverso o alguien que está en el primer fervor.
Pero el pecado también tiene sus complejidades. Algunas de nuestras ingenuas ideas sobre el pecado y la humildad también necesitaban ser examinadas críticamente. Por ejemplo, a veces alimentamos la noción romántica de que los pecadores son humildes, conscientes de su necesidad de perdón y abiertos a Dios. De hecho, como generalización, esto es verdad para los evangelios. Cuando Jesús predicaba, eran los fariseos quienes más luchaban con su persona y mensaje, mientras los pecadores, los publicanos y las prostitutas, estaban más abiertos a él. Así pues, esto puede suscitar una pregunta: ¿Nos hace el pecado, más que la virtud, conscientes de nuestra necesidad de Dios?
Sí, cuando el pecado es honrado, humilde, reconocido y contrito, o cuando nuestras malas acciones son el resultado de estar heridos, de haber sido aprovechados o explotados. No todo pecado nace moralmente igual: Hay pecado honrado y pecado deshonrado.
Como seres humanos, somos débiles y faltos de fuerza moral para actuar siempre según lo que es mejor en nosotros. A veces sucumbimos a la tentación, a la debilidad. El pecado no necesita explicación más allá de esto: ¡Somos humanos! A veces también, la gente se implica en situaciones pecaminosas que no son propiamente causadas por sus propias acciones. Han abusado de ellos, les han hecho vivir en circunstancias pecaminosas no por su propia elección, son víctimas de traficación, son víctimas de situaciones familiares o sociales injustas, o están heridas demasiado profundamente para actualizar sus propias facultades morales. En situaciones como esta, la mala acción es una cuestión de supervivencia, no de libre elección. Como una mujer me lo describió: “Era simplemente un perro que mordía con el fin de no ser mordido”. En estos casos, generalmente, bajo una superficie comprensiblemente endurecida e insensibilizada, yace un corazón aún inocente que conoce claramente su necesidad de la misericordia de Dios. Hay algo así como pecado honrado.
Pero existe también el pecado que no es honrado, esto es racionalizado, esto es neutralizado siempre por el orgullo que no puede admitir su propia culpabilidad. Entonces, el resultado, casi siempre, es un alma endurecida, amarga y crítica. Cuando el pecado es racionalizado, la amargura seguirá invariablemente, acompañada por una aversión hacia la clase de virtud de la que ha caído. Cuando racionalicemos, nuestro ADN moral no se dejará embaucar. Reacciona y nos castiga teniéndonos odio nosotros mismos. Y, cuando uno se odie a sí mismo, ese odio repercutirá en odio de otros y, más particularmente, en odio de la precisa virtud de la que ha caído. Por ejemplo, no es casualidad que mucha gente que tiene aventuras adúlteras tenga un particular cinismo para con la castidad.
Reconociéndonos a nosotros mismos como débiles y pecadores, podemos ablandar nuestros corazones, hacernos humildes y abrirnos para recibir la misericordia de Dios. Eso puede también endurecer nuestras almas y hacernos amargos y críticos. No todo pecador ora como el publicano.
La virtud nos hace agradecidos. El pecado nos hace humildes.
Es verdad. A veces.
Ron Rolheiser (Trad. Benjamin Elcano, cmf) - Lunes, 6 de marzo de 2017
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Funeral Padre Rubin
P. MANUEL MARTÍNEZ RUBÍN
MISIONERO CLARETIANO DEL CORAZÓN DE MARÍA
Ex párroco de la parroquia Corazón de María de Oviedo
FALLECIÓ el día 2 de
marzo de 2017.
' FUNERAL,por su eterno descanso,
Martes, día 7 de marzo,
a
las 13:15 horas, en la Parroquia del Corazón de María de Oviedo
V ROGAMOS UNA ORACIÓN POR SU ALMA,
mientras suplicamos al Corazón
de María
¡Oh dulce Corazón de María, sé su salvación!
MENSAJE DE CARITAS PARROQUIAL
Los ingresos obtenidos el mes de febrero en donativos sumó la cantidad de 1.075 euros
Los gastos destinados a ayudas a familias ascendieron a 500
euros.
Se entregaron a la cáritas de Oviedo , 538 euros como ayuda a
otras parroquias y a los proyectos de cáritas.
Muchas gracias por vuestra generosidad. Vuestras aportaciones
os hacen solidarios en el día a día
Defunción del Padre Rubin
P. MANUEL MARTÍNEZ RUBÍN,
MISIONERO CLARETIANO DEL CORAZÓN DE MARÍA
Ex párroco de la parroquia Corazón de María (Oviedo)
FALLECIÓ
el día 2 de
marzo de 2017.
' FUNERAL, por su eterno descanso,
viernes, día 3 de marzo,
a
las 5 de la tarde, San Vicente de la Barquera.
F AUTOBÚS:
· Desde la
parroquia Corazón de María (Oviedo),
a las 2 de la tarde.
· Inscripciones por orden hasta
completar el autobús.
· En portería o por teléfono,
985230496.
V ROGAMOS UNA ORACIÓN POR SU ALMA,
mientras suplicamos al Corazón
de María,
¡Oh dulce Corazón de María, sé su salvación!
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