El 2º domingo de cuaresma me lleva al encuentro y me pide escuchar a Jesús.
Participación en la reflexión sinodal de Obispos 2023 desde la parroquia.
Presencial:
Los días 15, 22 y 29 de marzo, en horario de 18 a 19 horas, se reúne un grupo de reflexión sinodal, abierto a los interesados.
Telemática:
Cumplimentando el siguiente formulario:
Aportación a la reflexión del Sínodo de Obispos 2023
Tratando de no hacer a Dios parecer malo. Artículo.
Nada es tan importante en nuestra enseñanza, predicación y actividades pastorales como la noción que transmitimos de Dios que suscribe todo. Cada homilía que predicamos, cada enseñanza catequética o sacramental que damos, y cada práctica pastoral en la que nos empeñamos refleja al Dios que la sustenta. Si nuestra enseñanza es estrecha y trivial, hacemos que Dios parezca estrecho y trivial. Si nuestra práctica pastoral está falta de comprensión y compasión, hacemos a Dios falto de comprensión y compasión. Si somos legalistas, hacemos a Dios legalista. Si somos tribales, nacionalistas o racistas, hacemos a Dios tribal, nacionalista y racista. Si hacemos cosas que perturban el sentido común, hacemos a Dios el enemigo del sentido común. Toscamente indicado, cuando hacemos cosas estúpidas en nuestro ministerio, hacemos que Dios parezca estúpido.
En toda nuestra predicación, enseñanza y práctica pastoral, necesitamos trabajar por rescatar a Dios de la arbitrariedad, cerrazón, legalismo, rigidez, racismo, tribalismo, nacionalismo y todo lo que es estrecho, legalista y mezquino que, a través de nosotros, resulta asociado con Dios. Todo lo que hacemos en el nombre de Dios refleja a Dios.
No es casualidad que el ateísmo, el anticlericalismo y la mayor parte de la negatividad dirigida contra la iglesia y la religión hoy pueda apuntar siempre a alguna mala teología y práctica eclesial en la que basarse. El ateísmo es siempre un parásito que se alimenta de la mala religión. Así es también la mayor parte de la negatividad existente hacia las iglesias, que prevalece hoy. Las actitudes contra la iglesia se alimentan de la mala religión, y así nosotros que predicamos, enseñamos y administramos en el nombre de Dios necesitamos hacer examen a la luz de esas críticas.
Igualmente, necesitamos la honestidad de admitir que hemos dañado seriamente a muchas personas por la rigidez de algunas de nuestras prácticas pastorales que no reflejan a un Dios de comprensión, compasión e inteligencia, sino, al contrario, sugieren que Dios es arbitrario, legalista y no muy inteligente.
Digo esto sintiéndome comprensivo. No es fácil reflejar a Dios adecuadamente, pero debemos intentar, intentar reflejar mejor al Dios que Jesús encarnó. ¿Cuáles son las señales de ese Dios?
Primera, ese Dios no tiene favoritos. Ninguna persona, raza, género ni nación es más favorecida que otras por ese Dios. Todos somos privilegiados. Ese Dios tiene también claro que no son sólo aquellos que profesan a Dios y la religión explícitamente los que son personas de fe, sino también aquellos -al margen de su fe explícita o práctica eclesial- que hacen la voluntad de Dios en la tierra.
Segunda, ese Dios es escandalosamente comprensivo y compasivo, especialmente para con los débiles y los pecadores. Ese Dios está deseando sentarse con los pecadores sin pedirles antes que limpien sus vidas. Además, ese Dios nos pide que seamos compasivos con los pecadores de la misma manera que con los santos, y que los amemos igualmente. Ese Dios no tiene amor preferencial por los virtuosos.
Además, ese Dios es crítico para con aquellos que, cualquiera que sea su sinceridad, intentan bloquear el acceso a él. Ese Dios nunca es defensivo, sino se entrega a la muerte antes que defenderse; nunca paga odio con odio, y muere amando y perdonando a aquellos que lo están matando.
Finalmente -y centralmente- ese Dios es ante todo buena noticia para los pobres. Cualquier predicación en el nombre de Dios que no sea buena noticia para los pobres no es el evangelio.
Esos son los atributos del Dios que Jesús encarnó, y necesitamos tener en cuenta a ese Dios en todas nuestras predicaciones, enseñanzas y prácticas pastorales, aun cuando seamos sensibles a los límites apropiados y las demandas de la enseñanza ortodoxa.
Las cuestiones pastorales complejas siempre estarán con nosotros, y esto no está sugiriendo que estas dificultades sean resueltas simplistamente. La verdad nos mantiene libres y las demandas del discipulado son, por propia admisión de Jesús, exigentes. Sin embargo, admitido eso, la compasión, la misericordia y la inteligencia de Dios necesita siempre ser aún reflejada en toda acción pastoral que hacemos. De otra manera, Dios parece arbitrario, tribal, cruel y antitético al amor. El Cristianismo, como dice Marilynne Robinson, es una narrativa demasiado grande para ser suscrita por cualquier cuento menor, y eso prohibiría especialmente su ser subordinado a la estrechez, legalismo, falta de compasión y falta de sentido común. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -
Por una respuesta cristiana a los retos de la bioética –El Video del Papa 03 – Marzo 2022
Dios tiene un proyecto de VIDA para mi que me eleva...(ELEVAngelio)
El ritual perfecto. Artículo.
David P. Gushee, un evangélico, publicó recientemente un libro titulado Después del Evangelicalismo, en el que describe su lucha de décadas por hacer las paces con algunos problemas dentro de su propia iglesia. Ha permanecido en su iglesia, aunque ahora los Domingos también va (con su esposa, que es católica romana) a una misa católica. He aquí su descripción de lo que ve allí.
“Veo el diseño de la Misa católica como algo al modo de una gema satinada, refinada a lo largo del tiempo hasta un estado de gran belleza, si sabéis lo que estáis mirando. … El desarrollo de la Misa se las ingenia para realizar mucho en algo así como una hora: una entrada procesional, portando la cruz en alto; saludos en nombre del Dios trino y uno; pronta confesión de los pecados, breve pero apremiante; una lectura del Antiguo Testamento leída por un seglar; un salmo cantado; la lectura de una Epístola leída también por un seglar; la lectura del Evangelio proclamada por el sacerdote, y la ceremonia en torno a ella; una breve homilía; el movimiento centrante compuesto por el credo y las preces de los fieles. Un ofertorio y música. Después, junto al altar: el pueblo ofrece los dones que más tarde son ofrecidos a Dios y vuelven al pueblo convertidos en el cuerpo y la sangre de Cristo; la genuflexión en humildad; la oración dominical como parte importante del rito de la Eucaristía; la preciosa ocasión de compartir la paz con los vecinos justo antes de la cena; nueva genuflexión; la ocasión de ver al pueblo acercarse a recibir la Comunión y rogar por él o, en vez de eso, estar en silencio con Dios; la bendición final trinitaria y el canto de salida”.
¡Qué descripción más acertada del ritual por el que celebramos la Eucaristía! A veces cuando estamos dentro de algo, no lo vemos tan claramente como lo ve alguien desde fuera.
Permitidme añadir otras dos descripciones que destacan el ritual Eucarístico de un modo en el que con frecuencia no pensamos ni encontramos en nuestra normal teología y catequesis sobre esto.
La primera, como la de Gushee, también viene de un no católico. Un laico metodista comparte esto: “No soy católico romano, pero a veces asisto a una Misa católica romana sólo para participar en el ritual. No estoy seguro de si saben exactamente lo que están haciendo, pero hacen algo de mucho valor. Asistid a su Misa diaria, por ejemplo. A diferencia de la Misa dominical, celebran la Misa diaria más sencillamente, con el ritual descarnado hasta su esqueleto. Lo que entonces veis, en esencia, es algo semejante a un encuentro de Alcohólicos Anónimos”.
¿Por qué este laico metodista hace esa referencia?
He aquí sus palabras. “La gente que va a la Misa diaria no asiste para experimentar algo nuevo ni estimulante. Es siempre lo mismo, y ese es el punto. Como la gente que va a un encuentro de Alcohólicos Anónimos, estos asisten a recibir la ayuda que necesitan para mantenerse estables en sus vidas, y la estabilidad viene a través del ritual. Por dentro, cada persona está diciendo: ‘Mi nombre es ----- y mi vida es frágil. Yo sé que, si no vengo a este ritual con regularidad, mi vida empezará a resquebrajarse. Necesito este ritual para continuar viviendo’”. El ritual de la Eucaristía funciona también como un encuentro de “12-pasos”.
Otra perspectiva viene de Ronald Knox, teólogo británico. Indica que nunca hemos sido verdaderamente fieles a Jesús. Cuando somos honrados, tenemos que admitir que no amamos a nuestros enemigos, no ponemos la otra mejilla, no bendecimos a los que nos maldicen, no perdonamos a los que matan a nuestros seres queridos, no nos acercamos lo suficiente a los pobres y no extendemos nuestra compasión de igual modo a los malos que a los buenos. Más bien, seleccionamos las enseñanzas de Jesús. Pero, dice Knox, hemos sido fieles de una gran manera, a través del ritual de la Eucaristía. Jesús nos pidió que continuáramos celebrando ese ritual hasta que retornase; y, 2000 años después, aún lo estamos celebrando. El ritual de la Eucaristía es nuestro único gran acto de fidelidad, y la buena noticia es que este ritual será al fin suficiente.
Jesús nos dejó dos cosas: su Palabra y la Eucaristía. Varias iglesias han tomado diferentes acercamientos según a cuál de estas dos cosas dar prioridad. Algunas iglesias -como los católicos romanos, los episcopalianos y los anglicanos- han priorizado la Eucaristía como el fundamento sobre el que construyen y mantienen la comunidad. Otras iglesias -la mayoría de las comunidades protestantes y evangélicas- han revertido esto y priorizado la Palabra como el fundamento sobre el cual construyen y mantienen la comunidad. ¿Cómo llegan al fin juntas la Palabra y la Eucaristía?
En el camino a Emaús, cuando los discípulos de Jesús no lo reconocen aun cuando caminan con él, Jesús mueve sus corazones con la Palabra, lo suficiente para que le pidan que se quede con ellos. Entonces se sienta con ellos para la Eucaristía, y el ritual hace el resto. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -
¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?
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La muerte de la castidad en nuestra cultura. Artículo.
Hace varios años, fui invitado a hablar a un grupo de estudiantes en una universidad católica. La invitación vino con una petición y una advertencia. Iba a hablar sobre la castidad; pero idealmente, tenía que evitar el uso de la palabra. El decano de teología, que me había invitado, había considerado la situación de esta manera: quizás más que ninguna otra cosa, los estudiantes necesitan un desafío a la castidad, pero están tan cerrados a esta palabra que, si la mencionamos en el título, muy pocos se presentarán.
Su sospecha estaba justificada en ambos motivos: la necesidad de la castidad en sus vidas y su aversión a la palabra. Eso es también aplicable a nuestra cultura.
Para muchos, hoy la palabra castidad tiene connotaciones negativas. Fuera de un número de selectos círculos de iglesia que disminuye constantemente, la palabra castidad generalmente hace saltar alarmas negativas. En nuestro mundo, sobremanera secularizado y sofisticado, por lo general, la castidad está identificada con la ingenuidad, con la timidez sexual, con el fundamentalismo religioso, con un desbordado énfasis tóxico en la pureza sexual, con una carencia de sofisticación y con algo que quizás tuvo más sentido en otra época. Comúnmente, la noción resulta ridiculizada, aun en algunos círculos religiosos. Hoy, muy pocas personas se atreven a hablar de reservar el sexo para el matrimonio o de la castidad como virtud.
¿Qué hay detrás de esto? ¿Por qué esta negatividad y desdén hacia la palabra castidad?
En parte, esto se basa en algunas percepciones populares. La castidad se ve a menudo como basada en un fundamentalismo que nuestra cultura de hoy o la desdeña o la compadece (“Castidad por Jesús”). Igualmente, la noción de castidad es vista como un producto de la larga tradición de la iglesia, énfasis unilateral en la virginidad y el celibato, y su negligencia en articular una espiritualidad del sexo sana y vigorosa. Es duro argüir con percepciones, excepto para decir que las razones para la muerte del concepto de castidad en nuestra cultura son mucho más complejas que esto.
Se admite que nuestra catequesis sobre la castidad es parte del problema. Mi sospecha es que mucha gente es negativa frente a la noción por la manera como se les ha presentado el concepto. Nuestras iglesias y maestros morales tienen que asumir algo de la culpa y admitir que, demasiado frecuentemente, el concepto de castidad ha sido presentado, aunque sin intención, precisamente como una ingenuidad, una represión y como un desbordado énfasis en la pureza sexual. Aquí hay un paralelo del modo como el ateísmo encuentra su terreno. De igual manera como tanto ateísmo es un parásito que se alimenta de la mala religión, así demasiada negatividad hacia el concepto de castidad es un parásito que se alimenta de la enseñanza religiosa malsana.
Sin embargo, la negatividad de nuestra cultura hacia la noción de castidad alimenta más que una catequesis poco saludable. ¿El culpable? La sofisticación como virtud que es un fin en sí misma. En resumen, nuestra cultura tasa la sofisticación personal sobre todo lo demás, y cuando la sofisticación está tan altamente valorada, la castidad fácilmente parece ingenuidad e ignorancia.
¿Es así? ¿Es la castidad una ingenuidad, una ignorancia? En definitiva, ¿es la noción de la castidad una represión sexual, una malsana timidez, un desbordado énfasis tóxico en pureza sexual, un fundamentalismo religioso, una lastimera presofisticación? Desde luego, ese puede ser el caso a veces. Pero aquí se trata de la castidad.
En 2013, Donna Freitas, autora de algunos libros sobre sexualidad y consentimiento, publicó un estudio titulado El final del sexo: Cómo la cultura de las cadenas de radio están dejando una generación infeliz, sexualmente insatisfecha y confusa acerca de la intimidad. Ese título es el libro en membrete. En ninguna parte del libro (y por esto ella ha sido injustamente criticada por algunos grupos de la iglesia) dice nunca que lo que hoy está sucediendo en nuestra cultura en términos de sexo sin alma sea erróneo y pecaminoso. Ella no tiene que decirlo. Simplemente, apunta las consecuencias: infelicidad, confusión, depresión sexual.
En una generación anterior, el renombrado Allan Bloom, escribiendo desde una perspectiva puramente secular, llegó a la misma conclusión. Fijándose en los jóvenes estudiantes brillantes y muy sofisticados a los que estaba enseñando, concluyó que la muy irrefrenable sofisticación de la que ellos tanto se jactaban (y que él llamó “la ausencia de castidad en sus vidas”) tenía este efecto en sus vidas: los dejaba “eróticamente incapacitados”.
Y así, mantengo que la castidad merece otra mirada desde nuestra cultura. Existe una primera-ingenuidad (conducta pueril) y existe una segunda-ingenuidad (inocencia). Existe un sexo-gancho y existe un sexo-alma. Existe un fundamentalismo religioso y existe la sabiduría de la revelación divina. Existe el desbordado énfasis en pureza sexual y existe la deshumanizante falta de respeto hacia otros (que el #Me Too está sosteniendo). Existe un cierto tedio y fatiga en una ultrasofisticación que cree que todos los tabúes pueden ser rotos, y existe una vibración y felicidad que se siente al permanecer descalzo ante la zarza ardiendo. Observad: en cada uno de estos dualismos, la castidad habla por el alma, por la sabiduría, por el respeto y por la felicidad. Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -
Trámites y horarios parroquiales
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De lunes a viernes,
de 10:00 h. a 13:00 h. y de 18:00 h. a 19:00 h.
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Sábados, de 11:30 h.
a 12:30 h.
Puede mandar un correo a codemaro@telecable.es con el nombre completo y el año de la confirmación. El certificado de Confirmación es gratuito.
Para abrir el expediente en esta parroquia se necesitan
la siguiente documentación:
- Partida
de Bautismo actualizada.
- Partida
de nacimiento actualizada.
- Si la pareja está
casada civilmente, una copia del certificado de matrimonio y libro de
familia.
- Si
alguno de la pareja hubiera contraído matrimonio civil con persona
distinta a la actual, una copia de la sentencia de divorcio y del libro de
familia.
- Certificado
de Fe de vida y Estado.
- Fotocopia
del DNI.
- El justificante del
Cursillo Prematrimonial.
- Dos
testigos que sean mayores de edad y que no sean familia directa.
Con
esta documentación, pedirán cita con el párroco para dar comienzo al
expediente.
El
coste del expediente matrimonial completo es de 30 € y el medio expediente 15
€.
Partidas de Bautismo:
Para
solicitar su partida de bautismo, puede mandar un correo a codemaro@telecable.es con su nombre completo y su fecha de
nacimiento. Le avisaremos cuando esté la partida preparada.
En
caso de que no pueda venir a recogerla usted mismo, autorizará por escrito a
una persona que recoja la partida.
Si
la partida de bautismo sale fuera de la Diócesis de Asturias, tendrá que estar
legalizada por el Arzobispado de Oviedo.
Tiene una validez de 6 meses. El coste de la partida de bautismo es de 10 €.
Se procederá de la misma manera que con las partidas de Bautismo. No es necesaria autorización. El volante es gratuito.
La celebración del Bautismo es individual, de acuerdo con
la familia.
Puede mandar un correo a codemaro@telecable.es
para iniciar su preparación: solicitud, encuentro con el Equipo del Bautismo,
con el sacerdote, y celebración.
La ofrenda del servicio es de 30 €.
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Sábado y
vísperas |
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Pueden
solicitarlas en la Secretaría de la parroquia de lunes a sábado, de 10:00 h. a
13:00 h. y de 18:00 h. a 19:00 h., o por teléfono.
Excepto
las Misas de 20:00 horas que admiten varias intenciones, todas las demás tienen
una sola intención. La ofrenda de la
intención es de 10 €.
Parroquia del Corazón de María.
Plaza de América 12
33005. Oviedo. Asturias
985 23 04 96 – 682 257 356
codemaro@telecable.es