Para luchar contra el mal y proteger a la Iglesia el Papa pide que recemos el Rosario y la oración al Arcángel San Miguel

Renuevo la invitación a todos a rezar el Rosario todos los días en octubre, concluyendo con la antífona Bajo tu protección y la oración a San Miguel Arcángel, para repeler los ataques del diablo que quiere dividir a la Iglesia."

     Octubre 2018. El Video del Papa:  El diablo es un seductor. Por eso, sin darnos cuenta, lo dejamos entrar en nuestras vidas. Y también en la vida de la Iglesia. "El diablo se presenta poderosamente. Te trae regalos. Pero tú no sabes qué hay dentro. 
     Oración al Arcángel San Miguel
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén
     Oración “Bajo tu amparo Santa Madre de Dios”
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!
Más vídeos sobre las intenciones del Papa en http://www.elvideodelpapa.org.

Sólo por hoy...Decálogo de la serenidad. S.Juan XXIII

  1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día, sin querer resolver los problemas de mi vida todos de una vez.
  2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé criticar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.
  3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.
  4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos..
  5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
  6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
  7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.
  8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
  9. Sólo por hoy creeré firmemente -aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena Providencia de Dios se ocupa de mí, como si nadie más existiera en el mundo.
  10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Frases y curiosidades de Santos y de la Iglesia #48
Recopilación de frases, curiosidades, lemas,
dichos y pequeñas inspiraciones espirituales.
Parroquia del Corazón de María de Oviedo.
S.Juan XXIII Santo del día 11 de octubre.



Da lo que tienes, para que merezcas recibir lo que te falta

Da lo que tienes, para que merezcas recibir lo que te falta.

San Agustín.
Frases y curiosidades de Santos y de la Iglesia #47

Recopilación de frases, curiosidades, lemas, dichos y pequeñas inspiraciones espirituales.
Parroquia del Corazón de María de Oviedo.

La búsqueda de una verdad indudable

En un libro, 12 Reglas para la vida: un antídoto contra el caos, que con razón está causando sensación hoy en muchos círculos, Jordan Peterson trata sobre su propio viaje hacia la verdad y la finalidad que tiene la vida. Aquí está esa historia: En un momento de su vida, mientras aún era joven y estaba encontrando su propio camino, llegó a una etapa en que se sintió agnóstico, no sólo acerca  del superficial cristianismo en el que se había educado, sino también de casi todo lo demás en términos de verdad y fe. ¿En qué podemos creer realmente?  ¿Qué es lo que al fin deber creerse?
Demasiado humilde para compararse a una de las grandes mentes de la historia -René Descartes, que luchó quinientos años antes con un agnosticismo similar- Peterson no pudo menos que emplear el camino de Descartes al tratar de encontrar una verdad de la que no se pudiera dudar. Y así, como Descartes, él acometió la búsqueda de una “indudable” (término de Descartes), esto es, encontrar una premisa que de ningún modo se pudiera poner en duda. Descartes, como sabemos, encontró su “indudable” en su famoso aforismo: ¡Pienso, luego existo! Nadie puede ser engañado al creerlo, ya que incluso ser engañado sería una prueba indiscutible de que existes. La filosofía que Descartes construyó entonces sobre la premisa indudable se deja para que la historia la juzgue. Pero la historia no impugna la verdad de este aforismo.
Así pues, Peterson se pone en camino con la misma pregunta esencial: ¿De qué única cosa no se puede dudar? ¿Hay algo tan evidentemente verdadero  de lo que nadie pueda dudar? Para Peterson, lo que es indiscutible no es el hecho de que pensamos; es el hecho de que nosotros, todos nosotros, sufrimos. Esa es su indudable verdad, el sufrimiento es real. Eso no se puede dudar: “Los nihilistas no lo pueden socavar con escepticismo. Los totalitaristas no lo pueden exterminar. Los cínicos no pueden escapar a su realidad”. El sufrimiento es real más allá de toda duda.
Por otra parte, en la comprensión de Peterson, la peor clase de sufrimiento no es la que nos es infligida por las contingencias innatas de nuestro ser y nuestra mortalidad, ni por la a veces ciega brutalidad de la naturaleza. La peor clase de sufrimiento es la que una persona inflige a otra, la que una parte de la humanidad inflige otra parte, la que vemos en las atrocidades del siglo XX: Hitler, Stalin, Pol Pot e incontables otros, responsables de la tortura, el rapto, el sufrimiento y la muerte de millones.
Desde esta indudable premisa, expone algo más que tampoco puede ser discutido: Esta clase de sufrimiento no es sólo real, es también equivocada. Todos nosotros podemos estar de acuerdo en que esta clase de sufrimiento no es buena y que hay algo que (más allá de la disputa) no es bueno. Y, si hay algo que no es bueno, entonces hay algo que es bueno. Su lógica: “Si el peor pecado es el tormento de otros, meramente por causa del sufrimiento producido, entonces lo bueno es todo lo que resulta diametralmente opuesto a eso”.
Lo que se desprende de esto es claro: Lo bueno es todo lo que pone fin a tales sucesos. Si esto es verdad -y es en realidad- entonces está también claro en cuanto a lo que es bueno y lo que es un buen modo de vivir: Si las formas más terribles de sufrimiento son producidas por el egotismo, egoísmo, deslealtad, arrogancia, avaricia, anhelo de poder, crueldad premeditada e insensibilidad hacia otros, entonces somos evidentemente llamados a lo contrario: abnegación, altruismo, humildad, veracidad, ternura y sacrificio por otros.
No por casualidad, Peterson afirma todo esto en un capítulo en el que  destaca la importancia del sacrificio, de posponer la gratificación privada por un bien mayor a largo plazo. Su visión aquí corre pareja a las de René Girard y otros antropólogos que señalan que la única manera de frenar el sacrificio inconsciente a los dioses ciegos (que es lo que sucedió en las  atrocidades  de Hitler y lo que sucede en nuestra amarga murmuración de otros ciegos) es a través del auto-sacrificio. Sólo cuando aceptemos a costa de nuestro sufrimiento personal nuestras propias contingencias, el pecado y la mortalidad, dejaremos de proyectar estas cosas en los otros como para hacerlos sufrir con el fin de sentirnos mejor con nosotros mismos.
Peterson escribe como un agnóstico; o quizás, más exactamente, como un analista honrado, un observador de la humanidad, el cual, teniendo en cuenta el objeto de este libro, prefiere mantener privada su fe. Es suficientemente razonable. Probablemente, también inteligente. No hay razón para imputar motivos. Lo importante es donde aterriza; y donde aterriza es en un terreno muy  sólido. Es donde Jesús aterriza en el Sermón de la Montaña, es donde las iglesias cristianas aterrizan cuando están en su mejor momento, es donde las grandes religiones del mundo aterrizan cuando están en su mejor momento, y es donde la humanidad aterriza cuando está en su mejor momento.
La mística medieval Teresa de Ávila escribió con gran profundidad y desafío. Su tratado sobre la vida espiritual es ahora un clásico y forma parte del verdadero canon de los escritos espirituales cristianos. Al final, afirma que, durante nuestros años generativos, la pregunta más importante con la que necesitamos desafiarnos es: ¿Cómo puedo ser más útil? Jordan Peterson, con una lógica y un lenguaje que hoy todos podemos entender, ofrece el mismo desafío.
Ron Rolheiser (Trad. Benjamin Elcano, cmf) - Lunes

Comentario a la parábola del "Buen Samaritano"

… Maestro, ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?...
   Queridos amigos: A lo largo de esta semana iremos leyendo los fragmentos principales de la Carta de San Pablo a los Gálatas. Pablo, hoy, sale al paso de un problema: la situación de desconcierto creada por los que han predicado "otro" evangelio distinto del de Jesucristo. Este es un problema de siempre. Surge cada vez que nuestra predicación (o nuestro criterio, o nuestro punto de vista) nace más de nuestra particular manera de entender a Dios y de vivir la fe o de una mera proyección psicológica, que realmente de las fuentes comunes de revelación de Dios. A menudo, lo que consideramos evangélico no es más que un fruto de nuestra necesidad de imponernos a otros, o de ser aceptados, o de nuestras ideas, o de justificar nuestra mediocridad. Cada vez que enarbolamos frases rotundas como: "Esta clarísimo en el evangelio que" o "Hay que cortar por lo sano" es como para echarse a temblar solemos estar más frente a nuestra particular interpretación del Evangelio que del Evangelio mismo. Y es que el Evangelio  suele tener un tono exigente, pero al mismo tiempo es profundamente liberador. Apela a la inteligencia de las personas ("¿Qué os parece?) y también a su libertad ("Si quieres"). Jesús tiene toda la fuerza del mundo para "imponer" el evangelio por decreto ley, porque sí, porque yo soy el que mando, y, sin embargo, procede por la vía de la seducción. Lo comprobamos en el evangelio de hoy. Más que la parábola del buen samaritano en sí misma podemos fijar nuestra atención en las preguntas que Jesús hace al Maestro de la Ley: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Y también dos recomendaciones: "Haz esto y tendrás la vida", "Anda, haz tú lo mismo".
   Jesús no cuenta la parábola para humillar al maestro de la ley, sino para conectar con lo mejor de este hombre, para abrirle un horizonte más amplio, para hacerle ver la buena noticia, con la que "tendrá vida".
   ¡De qué manera tan distinta sonaría el evangelio en nosotros si surgiese de este modo y no como un arma arrojadiza al servicio de nuestros intereses, por nobles que aparezcan, sino como un instrumento de liberación, una manifestación del amor de Dios que quiere llegar al corazón de cada uno, que quiere “que todos los hombres de salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Nunca desde la imposición o el acorralamiento, sino desde la libertad y es descubrimiento personal. CR. Comentario al Evangelio de hoy lunes, 8 de octubre de 2018. Fuente: Ciudad Redonda

Papa Francisco pide rezar contra la división sembrada por el diablo





Oración  a San Miguel Arcángel:

Defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Oh Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a satanás, y a todos los espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amen.

Las témporas de acción de gracias y de petición. Iglesia Católica.

 Primera lectura, del libro del Deuteronomio (8,7-18):
Habló Moisés al pueblo, diciendo: «Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y veneros que manan en el monte y la llanura, tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares y de miel, tierra en que no comerás tasado el pan, en que no carecerás de nada, tierra que lleva hierro en sus rocas, y de cuyos montes sacarás cobre, entonces comerás hasta hartarte, y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado. Pero cuidado, no te olvides del Señor, tu Dios, siendo infiel a los preceptos, mandatos y decretos que yo te mando hoy. No sea que, cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes de todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres, para afligirte y probarte, y para hacerte el bien al final. Y no digas: "Por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas." Acuérdate del Señor, tu Dios: que es él quien te da la fuerza para crearte estas riquezas, y así mantiene la promesa que hizo a tus padres, como lo hace hoy.» Palabra de Dios

Salmo (1Cro 29,10.11abc.11d-12a.12bcd)
R/. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder
   Bendito eres, Señor,Dios de nuestro padre Israel,por los siglos de los siglos. R/.
   Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,la gloria, el esplendor, la majestad,porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R/.
   Tú eres rey y soberano de todo.De ti viene la riqueza y la gloria. R/.
   Tú eres Señor del universo,en tu mano está el poder y la fuerza,tú engrandeces y confortas a todos. R/.
Segunda lectura, de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es corno si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Palabra de Dios
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,7-11):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!» Palabra del Señor 

Comentario a las lecturas:
   Queridos hermanos: A pesar de que, globalmente, nuestra sociedad está marcada por la industrialización y la técnica, y no tanto por la cultura agrícola, es bueno celebrar hoy esta fiesta. Leemos en el Misal que pueden dedicarse hasta 3 días de la semana, para recoger los tres aspectos fundamentales de esta celebración: la acción de gracias, la petición y la conversión. Son días que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual.
   Sea cual sea nuestro trabajo, vivamos más o menos de la tierra, hoy es un momento oportuno para reconocer, como dice el Deuteronomio en la primera lectura, que es el Señor quien nos conduce año tras año a una tierra buena; es Él quien nos saca de la esclavitud de la vida, atravesando desiertos de alacranes, y nos da la fuerza para cultivar nuestras riquezas. Es momento para reconocer la inmensa dignidad de nuestra pequeñez, pues estando todo en manos de Dios, en las nuestras confía cuanto ha creado.
   Las sequías que agostan los sembrados, las tormentas tropicales y el agua que se impone con violencia llenado todo de muerte y destrucción, el calentamiento de la atmósfera, la sobrecarga de edificaciones o de talas de árboles en algunas zonas... Todos estos son signos de lo poco conscientes que somos de pertenecer a la Creación, como el agua, el aire o los pájaros. Nos recuerdan que no somos los dueños del mundo, por mucha potencia económica o armamentística que tengamos, sino simples administradores de Dios.
   Y al leer el Evangelio de hoy desde esta perspectiva, desechamos anuncios apocalípticos de un Dios que castiga no sé qué pecados con muertes indiscriminadas, fenómenos naturales descontrolados o falta de cosechas que producen enormes hambrunas. Parece ser que el Dios de Jesús es el Padre respetuoso que da sobradamente cuanto le pedimos, y está esperando, justamente eso, que sus hijos se dirijan a Él, le busquen y le llamen.
   Aunque en algunos lugares del mundo no es época de cosecha ni de recomenzar la actividad habitual, unámonos todos hoy en la oración y en una asombrada acción de gracias por tanto bien recibido. Que en la escasez  se acreciente nuestra esperanza activa para seguir adelante y en la abundancia aumente nuestra humildad para repartir lo que gratuitamente se nos ha dado. CR, Fuente: Ciudad Redonda

San Francisco de Asís. 4 de octubre.

   Se ha dicho que san Francisco entró en la gloria desde antes de morir y que es el único santo a quien todas las generaciones hubiesen canonizado unánimemente. 

   Estas exageraciones, que no carecen de fundamento, nos permiten afirmar con la misma verdad que san Francisco es el único santo de nuestros días a quien todos los no católicos estarían de acuerdo en canonizar.




Fiesta de nuestros Santos Ángeles Custodios

Primera lectura.  Libro del Éxodo (23,20-23):
He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado. Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre. Si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo diga, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios. Mi ángel caminará delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, de los hititas, de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y de los jebuseos; y yo los exterminaré. Palabra de Dios
Salmo. Sal 90
R/. Ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden en sus caminos
   Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» R/.
   El te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás,
su brazo es escudo y armadura. R/.
   No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía. R/.
   No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en sus caminos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,1-5.10):
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: «Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño ése es el más grande en el Reino de los Cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. Palabra del Señor 

Comentario a las lecturas:
Queridos hermanos: Celebramos hoy la fiesta del Santo Ángel de la Guarda. Una fecha que nos recuerda cuando eramos niños, y en la cama, por la noches, rezábamos aquella tierna oración que decía: “Ángel de la Guarda, dulce compañía, no nos desampares, ni de noche ni de día”. Cuando somos niños no nos preguntamos mucho por el porqué de las cosas, o si lo hacemos, lo hacemos más bien como un juego intelectual. Nos gusta el misterio y convivimos con él con naturalidad.  Cuando crecemos intentamos desvelar los misterios, o menos intentamos hacerlos "razonables".
¿Porqué la fe cristiana habla de los Ángeles, como esos seres que nos acompañan personalmente, que nos protegen por los senderos de la vida?
Podríamos responder que son simplemente símbolos del amor providente de Dios, provenientes de un contexto cultural en el que se usaba este tipo de lenguaje figurativo para hablar de realidades misteriosas. Pero despachando la cuestión de esta manera no seríamos fieles a la fe de la Iglesia que quiere ser fiel a la Palabra de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica se sirve San Agustín para decirnos quienes son: "El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel" (Psal. 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20). Cfr. Catecismo Nº 329.
Los Ángeles son un reflejo misterioso del rostro de Dios en nuestra realidad, y de hecho, cuando alguien de una manera especial nos muestra una conducta desinteresada, sana y alegre solemos decir que “es un ángel”. Si somos lo suficientemente sensibles, seguro que tenemos experiencia de ese paso protector de Dios por nuestra vida, expresado a través de estos seres misteriosos y por supuesto a través de personas de carne y hueso que también son destellos de Dios para cada uno de nosotros. CR. Fuente

¿Qué hay en un nombre?

Estamos llamados a cambiar de nombre.
Todos estamos familiarizados con el incidente de la biblia donde Dios cambia el nombre de Abrán por el de Abrahán. El cambio parece tan pequeño que con frecuencia ni siquiera es recogido por los que leen ese texto. ¿Cuál es la diferencia entre Abrán y Abrahán?
El nombre de Abrán, que significa “Padre ensalzado”, es el nombre dado al gran patriarca al que Dios hizo la promesa de que un día sería el padre de todos los descendientes de la nación judía.  Pero más tarde, cuando Dios promete a este mismo hombre que va a ser también el padre de todas las naciones del mundo entero, Dios le cambia su nombre por Abrahán: “Ya no te llamarás Abrán; tu nombre será Abrahán, porque yo te he hecho padre de muchas naciones”. (Génesis 17, 5).
¿Qué implica este cambio? El nombre Abrahán, en su etimología misma,  connota una ampliación para llegar a ser algo más grande; ahora tiene que ser el padre de todas naciones. Abrán, el padre de una nación, viene a ser ahora Abrahán (en hebreo, Ab hamon goyim), el padre de todas las otras naciones, los “goyim” (gentiles).
Ese cambio no amplía sólo una palabra; amplía a Abrahán, un judío, y redefine su comprensión de sí mismo y su misión.  Ya no tiene que considerarse el patriarca de una sola nación, la suya propia, su familia étnica y religiosa, sino que tiene que verse a sí mismo y la fe que se le ha confiado como alguien y algo para todas las naciones. Ya no tiene que considerarse el patriarca de una tribu particular, ya que Dios no es un Dios tribal. Igualmente, ya no tiene que pensar sólo en su propia tribu como su familia, sino pensar en todas las otras, independientemente de su etnicidad o fe, como también sus hijos.
¿Qué significa eso para nosotros? T. S. Elliot podría responder a eso diciendo: El hogar está en el lugar desde donde partimos. Nuestras particulares raíces étnicas, religiosas, culturales y cívicas son de gran  valor e importancia, pero no son el árbol plenamente maduro en el que debemos crecer. Nuestras raíces están allí desde donde partimos.
Yo crecí como un niño muy protegido, en una familia muy cercana, en un ambiente rural muy cerrado. Todos éramos de un mismo estilo; nuestros vecinos, mis compañeros de clase, todos los que conocía, todos nosotros  compartíamos una común historia, etnicidad, religión, origen cultural, conjunto de valores, y vivíamos en un país joven, Canadá, que en la mayor parte se parecía exactamente a lo que hacíamos. Yo valoro esas raíces; fueron un gran regalo. Esas raíces me han dado una estabilidad que me ha hecho libre para el resto de mi vida. Pero son sólo mis raíces, de gran precio, pero meramente el lugar desde donde partí.
Y es lo mismo para todos nosotros. Arraigamos en una familia particular, una etnicidad, una vecindad, un país y una fe, con un particular punto de vista sobre el mundo y, con eso, algunas personas constituyen nuestra tribu, y otras no. Pero eso es de donde partimos. Crecemos, cambiamos, nos movemos, nos encontramos con nueva gente, y vivimos y trabajamos con otros que no comparten nuestro origen, nacionalidad, etnicidad, color de la piel, religión o particular opinión sobre la vida.
Y así, hoy compartimos nuestros países, ciudades, vecindades e iglesias con los “goyim”, la gente de otras tribus; y eso contribuye al gran esfuerzo, esperanzadamente exitoso, de ver al fin que esos otros que son diferentes de nosotros comparten el mismo Dios, son también nuestros hermanos, y tienen vidas que son exactamente tan reales, importantes y preciadas como las de nuestras propias familias biológicas, nacionales y religiosas. Como Abrahán, necesitamos un cambio de nombre, de modo que no hagamos de la idolatría nuestro juvenil patriotismo que nos haga creer que nuestra propia tribu es especial y que nuestro propio país, color de la piel, origen y religión nos da un único y particular derecho a Dios.
Nuestro mundo se está globalizando a pasos agigantados, y los países, las vecindades y las iglesias están viniendo a ser cada vez más plurales y diversas étnica, lingüística, cultural y religiosamente. Nuestros países, vecindades, lugares de trabajo e iglesias están asumiendo literalmente un diferente rostro. Las viejas comunidades protectoras que nos dieron nuestras raíces están desapareciendo; y, a muchos de nosotros, esto nos espanta, y la tentación es atrincherarnos, recurrir al derecho, defender belicosamente nuestras fronteras y volver a reclamar a Dios y nuestra fe más exclusivamente en favor nuestro. Eso es comprensible, pero no donde somos llamados a estar por lo mejor que hay en nuestra humanidad y nuestra fe. Como Abrahán, somos llamados a cambiar de nombre.
Somos llamados a apreciar nuestra herencia, país, lengua materna, cultura, fe e iglesia, porque sólo estando firmemente enraizados en la comunidad primaria somos suficientemente estables y altruistas para ofrecer la familia a los de fuera de nosotros mismos. Pero el hogar está allí de donde partimos. De esas maravillosas familias que nos dan las raíces, nosotros somos llamados a ensanchar nuestros corazones religiosa, étnica, culturalmente, de modo que todos sean abrazados al fin como familia.  Somos llamados a pasar de ser Abrán a convertirnos en Abrahán. 
Ron Rolheiser (Trad. Benjamin Elcano, cmf) - Lunes

El que no está contra nosotros está a favor nuestro


Domingo XXVI  del tiempo ordinario 




Gracias a: Rezando Voy

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):
Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin. Palabra de Dios

Salmo  (Sal 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8)
R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor
   Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.
   Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.
   Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R/.


Lectura del santo evangelio según san Juan (1,47-51):
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» Palabra del Señor

Comentario (CR)
 Está difícil esto de hablar de los ángeles. ¿Seres míticos o seres reales? ¿Andan por ahí, poblando el cielo y jugando con nosotros? Podemos perder el tiempo pensando y reflexionando en la esencia de los ángeles, en sus categorías y clases. No hacemos más que poner en el cielo la idea que tenemos de la corte de un señor de nuestro mundo. Como nuestros presidentes y reyes tienen cortes y gobiernos con muchos secretarios y asesores, también nos imaginamos que Dios, el todopoderoso por excelencia, tiene miríadas de secretarios, asesores y ayudantes de todo tipo.
Y de tanto mirar al cielo, nos puede salir tortícolis. Se nos olvida que el centro de nuestra fe está precisamente en la encarnación. Dios mismo se hizo hombre. Se vino a estar con nosotros. Desde aquel momento la salvación no se juega en las alturas sino en la bajuras de nuestra vida diaria y cotidiana, en la relación con los demás, en el trabajo, en la familia, en el esfuerzo por hacernos libres y responsables como corresponde a lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados y queridos por él. En Jesús Dios se nos mostró cercano. Para llegar a él no nos hacen falta intermediarios. No es como aquellos emperadores a los que había que acercarse de rodillas y no se podía levantar la vista para mirarlos. Tampoco es como los presidentes de hoy que tienen tantos filtros entre ellos y el mundo de la calle que se nos hacen inalcanzables. Jesús puso a Dios a nuestro lado, en nuestras calles, en nuestras tiendas, en nuestras salas de televisión. Y vino para quedarse porque es de la familia. Es nuestra auténtica familia.
Por eso los ángeles nos tienen que hablar sobre todo de un Dios que quiere nuestro bien, que se preocupa por nosotros. Si tuviéramos que buscar una figura en nuestro mundo para pensar a Dios, tendríamos que pensar mucho más en el Defensor del Pueblo que en el presidente del Tribunal Supremo. Lo suyo es escuchar, atender, sentir con los dolores y alegrías de nuestros corazones. La Fuerza de Dios (Gabriel), la Medicina de Dios (Rafael) nos hablan de un Dios que está con nosotros y por nosotros, que quiere nuestra vida, nuestra felicidad, nuestro bienestar. ¿Qué Dios hay como éste? O como dijo Miguel: “¿Quién como Dios?” Fuente: Ciudad Redonda

Cerrando un abismo insalvable

"Además de todo esto, entre tú y nosotros se ha abierto un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a ti no pueden hacerlo, y nadie puede cruzar de allí a nosotros."
Abraham dice estas palabras a un alma que está en el infierno en la famosa parábola del rico y Lázaro (Lucas 16, 19-21) y generalmente se entiende como que entre el cielo y el infierno existe un abismo que es imposible salvar. Nadie pasa del infierno al cielo. El infierno es para siempre y ninguna cantidad de lamento o arrepentimiento te llevará al cielo. De hecho, una vez en el infierno, nadie en el cielo puede ayudarte tampoco, ¡la brecha entre los dos es eternamente definitiva!
Pero eso no es lo que enseña esta parábola.
Hace algunos años, Jean Vanier pronunció las prestigiosas conferencias de Massey y retomó esta parábola. El punto en el que hizo énfasis es que el "abismo insalvable" al que aquí se hace referencia no es la brecha entre el cielo y el infierno, tal como se entiende en la mente popular. Más bien, para Vanier, la brecha insalvable ya existe en este mundo en términos de la brecha entre ricos y pobres, una brecha que siempre hemos sido incapaces de salvar. Además, es una brecha con más dimensiones de las que imaginamos en un principio.
¿Qué es lo que separa a los ricos de los pobres tan definitivamente con un abismo que, al parecer, es imposible salvar? ¿Qué podría cerrar esa brecha?
El profeta Isaías nos ofrece una imagen útil (Isaías 65, 25). Basándose en un sueño mesiánico, nos dice cómo se cerrará finalmente esa brecha. En la era mesiánica, cuando estemos en el cielo, porque es allí, en una época en la que la gracia de Dios es finalmente capaz de afectar la reconciliación universal, donde el "lobo y el cordero se apacentarán juntos" (o, como se lee comúnmente, "el león y el cordero se acostarán juntos").
El león y el cordero se acostarán juntos. ¡Pero los leones matan corderos!  ¿Cómo puede cambiar esto? Bueno, esa es la brecha insalvable entre el cielo y el infierno. Esa es la brecha entre la víctima y el asesino, el impotente y el poderoso, el acosado y el acosador, el despreciado y el intolerante, el oprimido y el opresor, la víctima y el racista, el odiado y el que odia, el hermano mayor y su hermano pródigo, el pobre y el rico. Esa es la brecha entre el cielo y el infierno.
Si esto es lo que Isaías intuye, y creo que lo es, entonces esta imagen contiene un poderoso desafío que va en ambos sentidos: No es sólo el león el que necesita convertirse y volverse sensible, lo suficientemente comprensivo y no violento como para acostarse con el cordero; el cordero también necesita convertirse y moverse a niveles más profundos de comprensión, perdón y confianza para poder acostarse con el león. Irónicamente, esto puede ser un reto mayor para el cordero que para el león. Una vez heridos, una vez victimizados, una vez odiados, una vez escupidos, una vez violados, una vez golpeados por un matón, una vez discriminados por razones de género, raza, religión u orientación sexual, y se vuelve muy difícil, casi imposible existencialmente, perdonar verdaderamente, olvidar y avanzar con confianza hacia el que nos hirió.
Este es un dicho difícil, pero la vida puede ser tremendamente injusta a veces y quizás la mayor injusticia de todas no sea la injusticia de ser victimizados, violados, violados o asesinados, sino que, después de todo lo que se nos ha hecho, se espera que perdonemos a quien nos lo hizo y que al mismo tiempo sepamos que a quien nos lastimó probablemente le resulte más fácil dejar el incidente y avanzar hacia la reconciliación. Esa es quizás la mayor injusticia de todas. El cordero tiene que perdonar al león que lo mató.
Y sin embargo, esta es la invitación a todos los que hemos sido víctimas.  Parker Palmer sugiere que la violencia es lo que sucede cuando alguien no sabe qué más hacer con su sufrimiento y que el abuso doméstico, el racismo, el sexismo, la homofobia y el desprecio por los pobres son todos resultados crueles de esto. Lo que necesitamos, sugiere, es una mayor "imaginación moral".
Creo que tiene razón en ambos aspectos: la violencia es lo que ocurre cuando la gente no sabe qué hacer con sus sufrimientos y necesitamos una mayor imaginación moral.  Pero entender que nuestro abusador está en un dolor profundo, que el abusador mismo fue intimidado primero, generalmente no hace mucho para aliviar nuestro propio dolor y humillación. También, imaginarnos cuán idealmente debemos responder como cristianos es útil, pero no nos da por sí mismo la fuerza para perdonar. Se necesita algo más, es decir, una fuerza que actualmente nos supera.
Esta es una enseñanza difícil, una que no debe ser presentada con claridad. ¿Cómo perdonas a alguien que te violó? En esta vida, en su mayor parte, es imposible; pero recuerde que Isaías está hablando del tiempo mesiánico, un tiempo en el que, finalmente, con la ayuda de Dios, seremos capaces de salvar ese abismo insalvable.
Ron Rolheiser (Trad. Benjamin Elcano, cmf) - Miércoles

Los santos incorruptos

Dios tiene muchas formas de manifestar su Omnipotencia, de forma sensible, frente a todos nosotros. Una de las más admirables es la que se refiere a los Santos Cuerpos Incorruptos.
Hace unos años se procedió en el Vaticano a la apertura de la tumba del Beato Juan XXIII, cuya obra más significativa fue la realización del Concilio Vaticano II. Para sorpresa de quienes realizaron la ceremonia, y pese a las décadas que transcurrieron desde su muerte, su cuerpo se encontraba totalmente incorrupto. Sus restos, de tal modo, están ahora expuestos en la Basílica de San Pedro en una urna de cristal, para admiración de quienes lo visitan.
Pero no es la primera vez que esto ocurre, ya que son muchos los casos de Santos que pese a las décadas o siglos de su muerte, tienen sus cuerpos en estado de incorruptibilidad. El caso de Santa Bernadette de Soubirous, la vidente de la aparición de Lourdes, es uno de los más admirables y conocidos. Su rostro muestra aún hoy una paz y alegría que reflejan la felicidad que ella sintió en el momento en que alcanzó las puertas de la Patria Celestial.
También el cuerpo del Santo Cura de Ars, Juan María Bautista Vianney, está incorrupto. Él vivió una vida de proezas místicas, de lucha contra el demonio, de incansable trabajo en el confesionario, de hechos místicos resaltables como la bilocación de su cuerpo (estar en varios sitios al mismo tiempo) y de perfume de santidad, entre muchos otros.
Jacinta Marto, la niña que junto a su hermano Francisco y su prima Lucía Dos Santos recibieron la visita de la Mujer vestida del sol en Fátima, mostró su rostro de niña angelical totalmente incorrupto cuando varios años después de su muerte se mudaron sus restos en Portugal.
El corazón de San Vicente de Paúl, fundador de la orden de los Vicentinos, se encuentra también incorrupto. Y así se puede nombrar a Santa Clara de Asís, Santa Imelda, Santa Margarita, Santa Rita de Casia, San Juan Bosco, Santa Catalina de Labouré, Santa Ángela de la Cruz, la Venerable Madre Ana de San Agustín, el argentino Fray Mamerto Esquiú, San Peregrino Laziosi y tantos otros Santos que dan testimonio de la Presencia viva de Jesús obrando hoy entre nosotros.
Mucha gente vive con la convicción de que los milagros obrados por Dios son cosa del pasado, o que las manifestaciones celestiales culminaron con la Ascensión de Jesús o a lo sumo durante los primeros siglos de la Iglesia. Sin embargo Dios nos sigue mostrando que Su mano sigue obrando a nuestro alrededor para llamar nuestra atención hacia la necesidad de reconocer la existencia del mundo sobrenatural entre nosotros, en pleno siglo XXI.
Pero, ¿cuál es el sentido y el mensaje del Cielo al mantener los cuerpos de estas almas en un estado que desafía las leyes naturales?. Sin duda que el principal significado es el de indicarnos a las claras Su predilección por aquellos que se santificaron, que vivieron una existencia de búsqueda de la entrega total a la Voluntad de Dios. Jesús nos marca con Su Presencia Mística a aquellos que debemos mirar como ejemplos del camino a seguir.
Mientras tanto, el mundo nos llama con sus inconsistentes mensajes orientados al materialismo, a la negación de la Presencia de Dios en cada pequeña cosa que vivimos, a la vida vacía de contenido espiritual. Dios, con sus mensajes de Presencia y desafiando las leyes de Su Creación, nos enseña que Él todo lo puede, sobremanera cuando se está en la presencia de almas santificadas.
Levantemos nuestros ojos a lo alto, veamos la magnífica manifestación de Dios actuando frente a todos nosotros en el testimonio de los milagros más sorprendentes. No dejemos que las cosas del mundo obstaculicen nuestra visión y nuestro entendimiento. Si Dios nos llama de tan diversas maneras, ¿qué sentido tiene seguir viviendo apegados al frenesí de luchar por cosas que no tienen sentido alguno para la trascendente misión de nuestra propia salvación?.  Fuente