¿Qué hay todavía sin acabar en vuestra vida?
Bueno, siempre hay mucho que queda inacabado en la vida de cada uno. En realidad, nunca hay nada acabado. Nuestras vidas -según parece- son simplemente interrumpidas por nuestro morir. La mayoría de nosotros no completamos nuestras vidas, sólo nos quedamos fuera de tiempo. Así, consciente o inconscientemente, hacemos nuestra lista de cosas que aún queremos ver, hacer y acabar antes de que muramos.
¿Qué queremos hacer todavía? Probablemente, algunas cosas vienen a la cabeza de inmediato: Queremos ver a nuestros hijos crecer. Queremos presenciar la boda de nuestra hija. Queremos acompañar a nuestros nietos. Queremos acabar esta última obra de arte, o escrito, o construcción. Queremos llegar a nuestro 80º cumpleaños. Queremos reconciliarnos con nuestra familia.
Más allá de estas cosas más importantes, tenemos generalmente otra lista de cosas para cuya realización anterior estuvimos demasiado ocupados, preocupados o económicamente en desventaja: Queremos andar el Camino, viajar a Tierra Santa, ver los lugares históricos de Europa, ir de mochila por diferentes partes de Asia, recorrer el país con nuestros nietos, disfrutar de nuestro retiro.
Pero fantaseando sobre lo que está inacabado en nuestras vidas, existe el peligro de pasar por alto la riqueza de lo que de hecho prosigue en nuestras vidas y nuestra real tarea del momento. Una mejor pregunta es: ¿Cómo quiero vivir ahora como para estar preparado para morir cuando me llegue la hora?
En un maravilloso librito sobre contemplación, Biografía del silencio, el autor español Pablo d’Ors clava la vista en su mortalidad y decide que esto es lo que desea hacer ante el inalienable hecho de que un día tiene que morir. Aquí está su lista de deseos: “He decidido ponerme en pie y abrir los ojos. He decidido comer y beber con moderación, dormir lo necesario, escribir únicamente lo que contribuya a hacer mejores a quienes me lean, abstenerme de la codicia y no compararme jamás con mis semejantes. También he decidido regar mis plantas y cuidar de un animal. Visitaré a los enfermos, conversaré con los solitarios y no dejaré que pase mucho tiempo sin jugar con algún niño. De igual modo he decidido recitar mis oraciones todos los días, postrarme varias veces ante lo que considero sagrado, celebrar la eucaristía: escuchar la Palabra, partir el pan y repartir el vino, dar la paz. Cantar al unísono. Y pasear, que para mí es fundamental. Y encender la chimenea, lo que también es fundamental. Y hacer la compra sin prisa; saludar a los vecinos, aunque no me guste su cara; llevar un diario; llamar regularmente por teléfono a mis amigos y hermanos. Y hacer excursiones, y bañarme en el mar al menos una vez al año, y leer sólo buenos libros, o releer los que me han gustado… Viviré por ello desde la ética de la atención y del cuidado. Y llegaré así a una feliz ancianidad, desde donde contemplaré, humilde y orgulloso a un tiempo, el pequeño y gran huerto que he cultivado. La vida como culto, cultura y cultivo.”
La vida como culto, cultura y cultivo: Yo soy dos veces superviviente del cáncer. Cuando me diagnosticaron por primera vez el cáncer hace siete años, el pronóstico fue bueno. Tuve un sobresalto, pero el tiempo aún se amplió ante mí indefinidamente. Pero cuando retornó el cáncer hace cuatro años, los médicos fueron menos optimistas y me dijeron, en inequívocos términos, que mi plazo era probablemente corto, sin más días interminables. Ese pronóstico clarificó mis pensamientos y sentimientos como nada antes lo había hecho.
Aturdido, fui a casa, me senté en oración y luego escribí este mini-credo para mí, con una diferente lista de deseos:
Voy a esforzarme en ser productivo tanto tiempo como pueda.
Voy a hacer cada día y cada actividad tan preciosa y gozosa como sea posible.
Voy a esforzarme en ser tan grato, cercano y caritativo como sea posible.
Voy a esforzarme en estar sano el mayor tiempo que pueda.
Voy a esforzarme en aceptar el amor de otros de un modo más profundo del que tengo hasta ahora.
Voy a esforzarme en vivir una vida más plenamente “reconciliada”. Ningún espacio ya para las pasadas heridas.
Voy a esforzarme en mantener intacto mi sentido de humor.
Voy a esforzarme en ser tan animoso e intrépido como pueda.
Voy a esforzarme, siempre, en no considerar nunca lo que estoy perdiendo, sino, más bien, mirar qué admirable y llena ha estado y está mi vida.
Y voy a poner, diariamente, todo esto a los pies de Dios a través de la oración.
No por casualidad, desde entonces también he empezado a regar las plantas, cuidar un gato salvaje y alimentar a todos los pájaros de la vecindad. La vida como culto, cultura y cultivo.
Hazte pequeño, no busques protagonismo, profundiza en lo sencillo
Calendario de Adviento
Queridos hermanos:
que el Dios que actúa en lo pequeño y lo escondido,
nos ayude este Adviento
a mantener iluminado nuestro corazón para recibirlo.
Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
LA CAMPAÑA DE NAVIDAD PARA CÁRITAS
De martes a jueves, los jóvenes dejarán en vuestras puertas un sobre informativo. El viernes, día 14, por la tarde, a partir de las 5, harán, puerta puerta, la recogida para esta campaña extraordinaria para Caritas. Se pueden entregar dinero y alimentos, o bien, una de las dos cosas. Los jóvenes irán totalmente identificados. La hora exacta a cada puerta nunca se sabe de antemano, pues el reparto es por zonas y por grupos, comenzando por un portal hasta que terminen su zona. Las colectas del próximo fin de semana, días 15 y 16, se destinarán también para este fin. También pueden traer el sobre, si así lo prefieren, a la misa o a la portería de la parroquia".¡DIOS BENDIGA VUESTRA GENEROSIDAD!
Acércate al SAGRARIO y pon en manos de Dios tus preocupaciones
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Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Santa Maravillas de Jesús. 11 de diciembre
"Yo no quiero la vida más que para imitar lo más
posible la de Cristo"
"Lo que Dios quiera, cuando Dios quiera y como Dios
quiera"
"Veo al Señor cargado de los tesoros de su amor y
necesitando almas vacías donde poder depositarlos"
"Si le somos fieles, cada día aumenta la capacidad de
amarle ¡Qué felicidad!
"Yo no quiero saber otra cosa sino amar al Señor ¡Qué
pequeño, qué nada se ve el mundo y qué insensatas todas las luchas y deseos que
en él hay! "
" Cada vez comprendo más la nada de todo lo que no es
Dios y siento la imperiosa necesidad de amarle y olvidarme de mí por completo
para que sólo Él viva en mí "
"Este tiempo de la vida tan corto hemos de aprovecharlo
con alegría, ofreciéndole con gozo todo cuanto suceda, que todo es para que
crezcamos en el amor"
"Sí, ámenle mucho, así con obras, sin mirar para nada
nuestro consuelo"
"El amor del Señor no tiene límites, que no lo tenga
tampoco el nuestro"
"¡Cómo tenemos que ser con Él y qué delicadezas de amor
tenemos que tener; que amor con amor se paga!"
"Hágalo todo con mucho amor a Cristo y ahí está
todo"
"Nada nos puede quitar el vivir con Él, amándole y
procurando agradarle y consolarle"
"¡Como paga el Señor la menor cosa que se hace por su
amor! "
"Considerando que Dios se hizo hombre por nuestro amor,
no sé cómo no nos volvemos todos locos de amor por Él"
"¿No sabe que me enamoré del Hijo de María y cada día y
cada segundo me gusta más, le quiero más y más y más?"
"Las obras de Dios tienen que llevar su sello, que es
el de la cruz Cuando Él lo quiera, todas las dificultades se desharán como la
espuma"
"Tenemos que ser como Él nos quiere; así es como
podremos ayudarle de veras"
"No esté triste, pase lo que pase Las penillas al fondo
del Corazón de Cristo, y en el suyo sólo su amor y su gloria"
"Dejémonos purificar, iluminar y consumir por Él, que
Él solo es la razón de nuestra vida"
"Él se ha quedado en el sagrario para que le amemos, le
imitemos, para ser nuestra fortaleza y nuestro consuelo”
"Viva Cristo en mí y yo en Él ¡Que felices somos! Nadie
nos puede quitar esta felicidad, que nunca disminuye si el alma es fiel; cada
día que pasa es más grande, y en el cielo será infinita"
"Es de veras un dolor que se pase la vida sin procurar
imitar a Cristo"
"Si de veras le servimos y le amamos, eso es la
santidad"
"Como Cristo, mansos, obedientes, humildes y llenos de
caridad verdadera"
"¿Por qué no le conocerán y le amarán todas sus
criaturas? Porque no le conocen, que si le conociesen, no podrían no
amarle"
"Si Él está contento, ¿qué más podemos querer?"
"Si has nacido para morir de amor, ¿qué te importa todo
lo demás?
"Aprenda en el Corazón de su Madre como se ama a
Jesús"
"Tomemos por modelo a la Virgen Santísima y permanezcamos
con Ella al pie de la cruz, con viva fe y perfecto amor"
"Bendito sea nuestro Dios, que nos dio a su Madre por
Madre nuestra"
"¡Que dicha es tener a María por Madre! No pierda tan
dulce compañía, que con Ella está siempre Jesús"
"Si se entrega de veras a Ella, le llenará del amor de
su Hijo"
"He tomado a la Virgen Santísima por Madre de un modo
especial, y Ella es la encargada también de prepararme, protegerme y ampararme
¡Que buena es esta dulcísima Madre! "
"¡Que hermosa es la oración del Rosario! Lo más eficaz,
tanto para la conversión como para el mayor fervor de la vida, es el rezo del
santo Rosario Jesús dará a su Madre todo cuento le pida"
"El Señor es el único que puede tocar los corazones, y
la oración nunca deja de ser escuchada"
"Con el recogimiento interior y exterior, oración y
limpieza de alma, vivamos una vida interior en una conversación íntima con
nuestro Dios, por una continua oración"
¡Que hermoso es prescindir de criaturas y ver a Dios en
todas!
"No olvide que todo nos viene de Jesús por María"
"Intérnese en ese Corazón de Jesús donde tiene hecho su
nido y viva ahí, abandonada y segura, sólo para Él"
"Nada estorba a la santidad si somos fieles"
"¡En la soledad habla Él más al corazón! "
"Los santos fueron santos, porque quisieron, con
inmenso querer, ser fieles"
"La santificación se forja cuando Dios va quitando al
alma todo, y la deja como en un inmenso desierto"
"Los santos son los que verdaderamente son poderosos,
porque tienen al mismo Señor con ellos"
¡Que fácil se hace servir y agradar a Dios en cuanto uno se
olvida un poquitín de sí mismo y no quiere guiar su vida, sino abandonarla de
manos de Dios!
¡Que pequeño es todo lo de esta vida; lo único que importa
es que dejemos que se cumpla en nosotros plenamente la santa voluntad de
nuestro Dios!
Queriéndolo Él y pensando que se le da gusto, todo lo amargo
se vuelve dulce y lo desabrido sabroso
"El Señor nunca deja de inspirar al alma lo que debe
hacer, siempre que ella le escuche en vacío de todo lo suyo"
Es una felicidad el estar colgados de la providencia del
Señor y ver con qué delicadísimo amor lo prepara Él todo
Sin Él nada podemos, pero con Él, todo"
"No quiero sino confiar a ciegas y esperar contra toda
esperanza, sin ocuparme de mí"
"El Señor nos lo arregla todo, aunque le guste apretar
un poquito para que luego le apreciemos más"
"¡Cuánto hace gozar la verdadera caridad!"
"La caridad para con Dios se mide por la caridad que se
tiene con el prójimo, y ésta roba el Corazón del Señor y el de las criaturas
también"
"Necesito vivir olvidada, desconocida, despreciada, lo
más cerca posible de su vida santísima No tengo más que esta vida, y quisiera
darle durante ella todo el dolor, toda la humillación que sea posible"
"El Señor busca almas vacías, para llenarlas de Sí
"El camino de la propia santificación es el santo
misterio de la cruz"
"La cruz es un tesoro del cual no nos quiere privar
este Rey nuestro, que conoce tan bien su valor"
"Más nos acerca a Dios una temporadita de cruz que
todos nuestros pobres esfuerzos"
"En la cruz es donde más se logra la unión con Cristo
nuestro Bien"
"¡Cómo bendeciremos en la otra vida la bendita
cruz!"
"El fruto del sufrimiento es estar cada día más cerca
de Dios"
"¡Cuantas cosas pasadas, pero Cristo no pasa!"
"Con Él todo se hace suave y dulce, aun lo más
amargo"
"Cristo nos guarda, y con Él ¿qué hay que temer? "
"¿Miedo a la muerte? Si la muerte no es más que echarse
en las manos de Dios" Fuente
Reconecta con algún amigo o familiar con el que hace tiempo que ni hablas
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Queridos hermanos:
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a mantener iluminado nuestro corazón para recibirlo.
Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Reconcíliate con Dios, pon tu corazón en sus manos con confianza.
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a mantener iluminado nuestro corazón para recibirlo.
Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Prepara el camino al Señor anunciándolo con alegría, adornando tu casa
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Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
Inmaculada Concepción: el diálogo de Dios con la humanidad. La persona de María, su Inmaculada Concepción y su maternidad virginal, no son una especie de “meteorito” caído del cielo, sin relación con el conjunto de la realidad del universo y de la historia humana, tal como los entendemos en el seno del cristianismo. Al contrario, descubrimos una íntima conexión entre la realidad de María como persona singular y la lógica salvífica de Dios, que se manifiesta en el mismo acto de la creación.
Dios creó el mundo “de la nada” de modo que en este mundo no había ni la más mínima sombra de mal: el mundo salió de las manos de Dios, no sólo “bueno”, sino “muy bueno” (cf. Gn 1,31), es decir, puede decirse que salió de sus manos “lleno de gracia”.
Por otro lado, el pecado, incluso si se considera algo muy radical, no destruye totalmente eso “muy bueno” y, por eso, no excluye la dignidad del hombre como imagen de Dios, si bien la deforma y oscurece. Y, por ello mismo, el pecado no elimina la esperanza de la salvación, que consiste en vivir de acuerdo con esa dignidad.
¿Cómo reacciona Dios ante el pecado del hombre? O, dicho de otra forma, ¿cómo nos mira Dios? Dios no actúa en la historia sin la colaboración humana. La historia de la salvación es la historia de un diálogo. Dios continúa volviendo a la tierra a “la hora de la brisa” (Gn 3, 8) y busca al hombre que, a causa del pecado, se esconde del rostro de Dios y con gran dificultad consigue mirar al rostro de sus semejantes.
Una consecuencia del pecado consiste precisamente en que el hombre tiene los ojos muy abiertos para el mal, sobre todo, desde luego, para el mal de los otros: “Cómo es que miras la brizna en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu ojo” (Mt 7,3). Por eso, con frecuencia, prestamos gran atención al pecado ajeno, a lo negativo en los otros, a lo que nos molesta, a lo que oculta el bien que portan en sí, más que al bien que, sin duda, también hay en ellos.
Dios, que ve con total claridad el pecado y el mal, nos mira, sin embargo, de otro modo: Dios es capaz de ver eso “muy bueno” que Él creó: el corazón no manchado por el pecado, su propia imagen presente en la creación por medio del hombre. Dios mira así y busca con su mirada aquella realidad capaz de conversar con Él “a la hora de la brisa”, de respetar el árbol del conocimiento del bien y del mal. Es decir, Dios busca en el hombre lo que de amable hay en él: “En ese pondré mis ojos, en el humilde y en el abatido que se estremece ante mi palabra” (Is 66, 2).
Así nos mira Dios, buscando lo bueno, lo sano que hay en el mundo, su propia obra. Dios busca, mira, y encuentra... a María: “Ha mirado la humildad de su sierva” (Lc 1, 48).
María es lo mejor de la humanidad, la obra “muy buena” de Dios, como en el momento mismo de la creación: es la llena de gracia. Y si en la historia de la humanidad ha habido un ser humano, una mujer como María, significa que nuestro mundo no es sólo, ni sobre todo, algo despreciable y definitivamente corrompido, en él no todo está perdido y sin esperanza.
En esta luz podemos entender el dogma de la Inmaculada Concepción, que tiene un enorme significado no sólo como una especial gracia exclusivamente para María, sino que ilumina nuestra comprensión de Dios y del hombre. En María Dios encontró un apoyo para acercarse y encontrarse con nosotros: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Y si María fue inmaculada desde la concepción, nosotros hemos sido elegidos por Dios en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados ante él por el amor (Ef. 1, 4).
Pero para poner su tienda entre nosotros, como ya hemos dicho, Dios requiere la cooperación humana. Dios entra en el mundo del hombre pidiendo permiso. En María, la humanidad responde Sí a esta petición. El sí de María es el sí de la humanidad, imagen de Dios, capaz de responder a su llamada y acogerlo en su casa.
En la Anunciación María representa a la humanidad entera, a lo mejor de ella. En ella Dios encontró por fin con quien conversar “a la hora de la brisa”. María, sierva del Señor, escucha y acoge la Palabra y la cumple, y se alza frente a Eva que pretendió ser igual a Dios. Y así María “concibió del Espíritu Santo” (cf. Lc 1,26-38). Saludos cordiales, José M. Vegas CMF. Evangelio del día
10 datos interesantes sobre la Inmaculada Concepción que debes conocer si eres católico
Dios creó el mundo “de la nada” de modo que en este mundo no había ni la más mínima sombra de mal: el mundo salió de las manos de Dios, no sólo “bueno”, sino “muy bueno” (cf. Gn 1,31), es decir, puede decirse que salió de sus manos “lleno de gracia”.
Por otro lado, el pecado, incluso si se considera algo muy radical, no destruye totalmente eso “muy bueno” y, por eso, no excluye la dignidad del hombre como imagen de Dios, si bien la deforma y oscurece. Y, por ello mismo, el pecado no elimina la esperanza de la salvación, que consiste en vivir de acuerdo con esa dignidad.
¿Cómo reacciona Dios ante el pecado del hombre? O, dicho de otra forma, ¿cómo nos mira Dios? Dios no actúa en la historia sin la colaboración humana. La historia de la salvación es la historia de un diálogo. Dios continúa volviendo a la tierra a “la hora de la brisa” (Gn 3, 8) y busca al hombre que, a causa del pecado, se esconde del rostro de Dios y con gran dificultad consigue mirar al rostro de sus semejantes.
Una consecuencia del pecado consiste precisamente en que el hombre tiene los ojos muy abiertos para el mal, sobre todo, desde luego, para el mal de los otros: “Cómo es que miras la brizna en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu ojo” (Mt 7,3). Por eso, con frecuencia, prestamos gran atención al pecado ajeno, a lo negativo en los otros, a lo que nos molesta, a lo que oculta el bien que portan en sí, más que al bien que, sin duda, también hay en ellos.
Dios, que ve con total claridad el pecado y el mal, nos mira, sin embargo, de otro modo: Dios es capaz de ver eso “muy bueno” que Él creó: el corazón no manchado por el pecado, su propia imagen presente en la creación por medio del hombre. Dios mira así y busca con su mirada aquella realidad capaz de conversar con Él “a la hora de la brisa”, de respetar el árbol del conocimiento del bien y del mal. Es decir, Dios busca en el hombre lo que de amable hay en él: “En ese pondré mis ojos, en el humilde y en el abatido que se estremece ante mi palabra” (Is 66, 2).
Así nos mira Dios, buscando lo bueno, lo sano que hay en el mundo, su propia obra. Dios busca, mira, y encuentra... a María: “Ha mirado la humildad de su sierva” (Lc 1, 48).
María es lo mejor de la humanidad, la obra “muy buena” de Dios, como en el momento mismo de la creación: es la llena de gracia. Y si en la historia de la humanidad ha habido un ser humano, una mujer como María, significa que nuestro mundo no es sólo, ni sobre todo, algo despreciable y definitivamente corrompido, en él no todo está perdido y sin esperanza.
En esta luz podemos entender el dogma de la Inmaculada Concepción, que tiene un enorme significado no sólo como una especial gracia exclusivamente para María, sino que ilumina nuestra comprensión de Dios y del hombre. En María Dios encontró un apoyo para acercarse y encontrarse con nosotros: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Y si María fue inmaculada desde la concepción, nosotros hemos sido elegidos por Dios en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados ante él por el amor (Ef. 1, 4).
Pero para poner su tienda entre nosotros, como ya hemos dicho, Dios requiere la cooperación humana. Dios entra en el mundo del hombre pidiendo permiso. En María, la humanidad responde Sí a esta petición. El sí de María es el sí de la humanidad, imagen de Dios, capaz de responder a su llamada y acogerlo en su casa.
En la Anunciación María representa a la humanidad entera, a lo mejor de ella. En ella Dios encontró por fin con quien conversar “a la hora de la brisa”. María, sierva del Señor, escucha y acoge la Palabra y la cumple, y se alza frente a Eva que pretendió ser igual a Dios. Y así María “concibió del Espíritu Santo” (cf. Lc 1,26-38). Saludos cordiales, José M. Vegas CMF. Evangelio del día
Reza a María y pídele que te haga confiado como ella
Calendario de Adviento
Queridos hermanos:
que el Dios que actúa en lo pequeño y lo escondido,
nos ayude este Adviento
a mantener iluminado nuestro corazón para recibirlo.
Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Belén de cumbres de la parroquia
El pasado domingo, día 2 de diciembre, la parroquia organizó, como todos los años y desde la catequesis infantil, el Belén de Cumbres, destinado a las familias.
Un grupo de familias con sus hijos, hicimos la ruta de Santolaya-Pedranes. Un día maravilloso, desde todo lo mucho que significa un Belén en la montaña y desde la convivencia entre familias.
Que el Niño Dios, por María y José, siga bendiciendo a la parroquia
desde la montaña.
Cuenta uno de los milagros que Dios ha hecho en tu vida
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Queridos hermanos:
que el Dios que actúa en lo pequeño y lo escondido,
nos ayude este Adviento
a mantener iluminado nuestro corazón para recibirlo.
Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Edifica: que tus palabras sean para construir, no para destruir.
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Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Comparte una hora acompañando a alguien
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Queridos hermanos:
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a mantener iluminado nuestro corazón para recibirlo.
Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
BUSCA a Dios en los que te rodean
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Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Lección en un aparcamiento
Nuestros instintos naturales no sirven bien, hasta cierto punto. Son auto-protectores, y eso es sano también, hasta cierto punto. Dejadme contaros:
Recientemente, estuve en un partido de fútbol con varios amigos. Llegamos al partido en dos coches, que estacionamos en el aparcamiento subterráneo del estadio. Nuestras localidades estaban en diferentes partes del estadio, así que nos separamos para el partido, cada uno averiguando su propio sitio. Cuando acabó el partido, volví a los coches con uno de nuestro grupo unos diez minutos antes de que se presentaran los otros. Durante esa espera, mi amigo y yo mirábamos atentamente a la multitud, buscando a los miembros de nuestro grupo. Pero nuestros avizores ojos llamaron desagradablemente la atención. Dos mujeres se nos acercaron y, airadamente, nos reclamaron por qué habíamos estado contemplándolas: “¿Por qué estabais mirándonos? ¿Estáis tratando de pescarnos?”.
Ese es el momento en que el instinto natural mete baza. Inmediatamente, antes de que cualquier reflexión racional tuviera ocasión de mitigar mis pensamientos y sentimientos, hubo un automático destello de ira, de indignación, de injusticia, de indiferencia, de vergüenza y -sí- de odio. Esos sentimientos no fueron buscados; simplemente afloraron en mí. Y, con ellos, vinieron los consiguientes pensamientos acusadores: “¡Si esto es el movimiento ‘Yo también’, yo estoy en contra de él! ¡Esto es inaceptable!”.
Afortunadamente, nada de esto fue expresado. Pedí disculpas amablemente y expliqué que estaba observando a la multitud buscando a nuestro grupo perdido; las mujeres siguieron su camino, sin hacer el menor agravio, pero los sentimientos permanecieron, permanecieron hasta que tuve una ocasión de encauzarlos, situarlos en perspectiva y honrarlos precisamente por lo que son, instintivos, auto-protectores, sentimientos que al fin deben ser reemplazados por algo más, a saber, por una comprensión que vaya más allá de la reacción refleja.
Bien pensado, yo no vi este incidente como una aberración del movimiento ‘Yo también’ o como algo que fuera indignante. Más bien, me ayudó a darme cuenta de por qué hay un movimiento ‘Yo también’ con el que empezar. La reacción de estas dos mujeres sin duda fue disparada por una historia de injusticia que ellas mismas (u otras mujeres a las que han conocido) han experimentado a modo de acoso sexual, indeseada solicitación y violencia de género: injusticias que empequeñecen absolutamente la picadura del mini-mosquito de la “injusticia” que yo experimenté por su gratuita advertencia.
No sin razón, esta clase de intercambios ocurre en los aparcamientos. Recientemente, leí estadísticas de un estudio que concluían que más del 80% de las mujeres de América han experimentado alguna forma de acoso sexual a lo largo de sus vidas. En mi ingenuidad, este tanto por cien me parecía alto, así que pregunté a varias mujeres compañeras por su reacción a esa estadística. Su reacción me pilló a mí y mi ingenuidad por sorpresa. Su reacción: “¡El 80% resulta, con mucho, demasiado bajo; es todo! Rara es la mujer que anda por el mundo sin experimentar alguna forma de acoso sexual en su vida”. Dada esta perspectiva, la paranoia expresada en el aparcamiento de ninguna manera parecía sin sentido.
Algo más, también: Yendo más lejos en mi reflexión sobre esto, empecé a ver más claramente la distancia entre el instinto natural y la empatía de la madurez. La naturaleza nos da instintos poderosos que nos sirven bien, hasta cierto punto. Son inherentemente auto-protectores, egoístas, aun cuando contienen en sí una cierta cantidad de empatía natural. El instinto puede ser a veces maravillosamente simpático. Por ejemplo, estamos naturalmente inclinados a acercarnos a un niño desamparado, un pájaro herido o un gatito perdido. Pero lo que nos atrae a ellos, aunque resulte sutil, es siempre el auto-interés. Al final del día, nuestro acercamiento a ellos nos hace sentirnos mejores, y su desamparo no afirma en absoluto ninguna amenaza para nosotros. El instinto natural puede ser bastante empático cuando no es amenazado de ninguna manera.
Pero la situación cambia, y muy rápidamente, cuando se percibe cualquier clase de amenaza, cuando -para decirlo metafóricamente- algo o alguien “está en tu cara”. Entonces, nuestra natural empatía se cierra de golpe como una puerta-trampa, nuestra cordialidad se torna fría y todos instintos de nuestro interior elevan su auto-interesada cabeza y voz. Eso es lo que sentí en el aparcamiento del partido de fútbol.
Y entonces, el peligro consiste en confundir esos sentimientos con una verdad más grande de la situación y con la cuestión de quiénes somos en realidad y qué es aquello en lo que de hecho creemos. En ese punto, el instinto natural ya no nos sirve bien; y, en verdad, ya no es protector de nuestro bien a largo plazo. Lo que para nosotros es bueno a largo plazo está, en ese momento, escondido de nuestros instintos. En momentos como este, estamos llamados a una empatía más allá de cualesquiera sentimientos de haber estado desdeñados y más allá de ideologías que podemos apoyar para justificar nuestra indignación: “¡Esto es la corrección política (de la derecha o la izquierda) que va loca! ¡Esto es una aberración!
Nuestros sentimientos son importantes y necesitan ser conocidos y honrados, pero nosotros somos siempre más que nuestros sentimientos. Estamos llamados a ir más allá del instinto, a la empatía: a suplicar que pronto llegue el día en que estas dos mujeres, y sus hijas y nietas, no sientan ya ninguna amenaza en un aparcamiento.
Recientemente, estuve en un partido de fútbol con varios amigos. Llegamos al partido en dos coches, que estacionamos en el aparcamiento subterráneo del estadio. Nuestras localidades estaban en diferentes partes del estadio, así que nos separamos para el partido, cada uno averiguando su propio sitio. Cuando acabó el partido, volví a los coches con uno de nuestro grupo unos diez minutos antes de que se presentaran los otros. Durante esa espera, mi amigo y yo mirábamos atentamente a la multitud, buscando a los miembros de nuestro grupo. Pero nuestros avizores ojos llamaron desagradablemente la atención. Dos mujeres se nos acercaron y, airadamente, nos reclamaron por qué habíamos estado contemplándolas: “¿Por qué estabais mirándonos? ¿Estáis tratando de pescarnos?”.
Ese es el momento en que el instinto natural mete baza. Inmediatamente, antes de que cualquier reflexión racional tuviera ocasión de mitigar mis pensamientos y sentimientos, hubo un automático destello de ira, de indignación, de injusticia, de indiferencia, de vergüenza y -sí- de odio. Esos sentimientos no fueron buscados; simplemente afloraron en mí. Y, con ellos, vinieron los consiguientes pensamientos acusadores: “¡Si esto es el movimiento ‘Yo también’, yo estoy en contra de él! ¡Esto es inaceptable!”.
Afortunadamente, nada de esto fue expresado. Pedí disculpas amablemente y expliqué que estaba observando a la multitud buscando a nuestro grupo perdido; las mujeres siguieron su camino, sin hacer el menor agravio, pero los sentimientos permanecieron, permanecieron hasta que tuve una ocasión de encauzarlos, situarlos en perspectiva y honrarlos precisamente por lo que son, instintivos, auto-protectores, sentimientos que al fin deben ser reemplazados por algo más, a saber, por una comprensión que vaya más allá de la reacción refleja.
Bien pensado, yo no vi este incidente como una aberración del movimiento ‘Yo también’ o como algo que fuera indignante. Más bien, me ayudó a darme cuenta de por qué hay un movimiento ‘Yo también’ con el que empezar. La reacción de estas dos mujeres sin duda fue disparada por una historia de injusticia que ellas mismas (u otras mujeres a las que han conocido) han experimentado a modo de acoso sexual, indeseada solicitación y violencia de género: injusticias que empequeñecen absolutamente la picadura del mini-mosquito de la “injusticia” que yo experimenté por su gratuita advertencia.
No sin razón, esta clase de intercambios ocurre en los aparcamientos. Recientemente, leí estadísticas de un estudio que concluían que más del 80% de las mujeres de América han experimentado alguna forma de acoso sexual a lo largo de sus vidas. En mi ingenuidad, este tanto por cien me parecía alto, así que pregunté a varias mujeres compañeras por su reacción a esa estadística. Su reacción me pilló a mí y mi ingenuidad por sorpresa. Su reacción: “¡El 80% resulta, con mucho, demasiado bajo; es todo! Rara es la mujer que anda por el mundo sin experimentar alguna forma de acoso sexual en su vida”. Dada esta perspectiva, la paranoia expresada en el aparcamiento de ninguna manera parecía sin sentido.
Algo más, también: Yendo más lejos en mi reflexión sobre esto, empecé a ver más claramente la distancia entre el instinto natural y la empatía de la madurez. La naturaleza nos da instintos poderosos que nos sirven bien, hasta cierto punto. Son inherentemente auto-protectores, egoístas, aun cuando contienen en sí una cierta cantidad de empatía natural. El instinto puede ser a veces maravillosamente simpático. Por ejemplo, estamos naturalmente inclinados a acercarnos a un niño desamparado, un pájaro herido o un gatito perdido. Pero lo que nos atrae a ellos, aunque resulte sutil, es siempre el auto-interés. Al final del día, nuestro acercamiento a ellos nos hace sentirnos mejores, y su desamparo no afirma en absoluto ninguna amenaza para nosotros. El instinto natural puede ser bastante empático cuando no es amenazado de ninguna manera.
Pero la situación cambia, y muy rápidamente, cuando se percibe cualquier clase de amenaza, cuando -para decirlo metafóricamente- algo o alguien “está en tu cara”. Entonces, nuestra natural empatía se cierra de golpe como una puerta-trampa, nuestra cordialidad se torna fría y todos instintos de nuestro interior elevan su auto-interesada cabeza y voz. Eso es lo que sentí en el aparcamiento del partido de fútbol.
Y entonces, el peligro consiste en confundir esos sentimientos con una verdad más grande de la situación y con la cuestión de quiénes somos en realidad y qué es aquello en lo que de hecho creemos. En ese punto, el instinto natural ya no nos sirve bien; y, en verdad, ya no es protector de nuestro bien a largo plazo. Lo que para nosotros es bueno a largo plazo está, en ese momento, escondido de nuestros instintos. En momentos como este, estamos llamados a una empatía más allá de cualesquiera sentimientos de haber estado desdeñados y más allá de ideologías que podemos apoyar para justificar nuestra indignación: “¡Esto es la corrección política (de la derecha o la izquierda) que va loca! ¡Esto es una aberración!
Nuestros sentimientos son importantes y necesitan ser conocidos y honrados, pero nosotros somos siempre más que nuestros sentimientos. Estamos llamados a ir más allá del instinto, a la empatía: a suplicar que pronto llegue el día en que estas dos mujeres, y sus hijas y nietas, no sientan ya ninguna amenaza en un aparcamiento.
PIDE a Dios que sane lo enfermo de tu corazón.
Calendario de Adviento
Queridos hermanos:
que el Dios que actúa en lo pequeño y lo escondido,
nos ayude este Adviento
a mantener iluminado nuestro corazón para recibirlo.
Un fuerte abrazo: Nacho y Patricia.
Despierta: Párate, atiende, ora y busca la verdadera luz.
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Calendario de Adviento 2018
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