Comieron todos hasta quedar satisfechos

 




Domingo XVIII del Tiempo Ordinario


Jesús, informado de la muerte de Juan el Bautista, siente la necesidad de apartarse: <<Se retiró de allí a un lugar tranquilo>> (v. 13). Jesús esta de luto, podría pensarse. La humanidad, representada por el gentío, <<aquel gran gentío>>, acude al lugar desértico y entra en su soledad. El Dios hecho hombre se hace solidario del dolor humano y acoge espontáneamente al hombre en este vía crucis de la existencia, en una historia donde da la impresión que prevalece el sufrimiento y la tribulación. Tres verbos escalonan la intervención del Salvador: <<vio>, <<sintió compasión>> y <<curó>>. El corazón de Dios se estremece ante aquella indigencia humana, que de por si clama al Altísimo. Dos detalles completan la ausencia de cualquier esperanza posible: <<el anochecer>> y <<el lugar desértico>>. Es la hora del <<nada es imposible para Dios>>.

Ante la fe del hombre, la humildad de Dios se convierte en gloria. A los atónitos discípulos  Jesús les dice: <<Dadles vosotros de comer>> (v. 16). Sorprende este <<vosotros>>. Jesús traslada su iniciativa a la actuación de los apóstoles: él podía haber intervenido personalmente. Pero es desde la libertad de la fe cuando pueden actuar, los discípulos  cooperan y todos reciben comida abundantemente.

El hambre y la sed de la humanidad no se sacian con bienes materiales. A lo largo de la historia, la humanidad, fatigada y oprimida por múltiples angustias y problemas, siempre ha experimentado, y cada vez mas, la incapacidad de darse una salvación meramente terrenal, obtener una paz duradera y alcanzar una justicia ecuánime. El hombre, en el fracaso de sus esfuerzos y aspiraciones, aún es mas consciente de que necesita una ayuda de lo alto; y esto, por sus designios trascendentes, no puede ser sino un don. Su gratuidad es tan extraordinaria como inconmensurables son su valor y su obtención. Una es la experiencia inmediata de todo esto; <<Dios es más grande que nuestro corazón>> (1 Jn 3,20). En esta verdad se basa la alianza eterna.

La <<compasión>> de Jesús por la muchedumbre desvela el móvil del don de Dios en el Hijo unigénito para la vida del mundo: una coparticipación viva, palpitante y auténtica. Prefigura la hora del Calvario y compendia completamente el contenido eucarístico del sacrificio del banquete divino ofrecido en símbolo mediante el milagro. El tiempo mesiánico se ha manifestado: Dios sacia a su pueblo <<de balde>>; lo nutre de cosas buenas: gracia y verdad, vida y alegría. Y aún más, lo vincula con una comida que es prenda de eternidad: el Verbo encarnado y entregado por nosotros. En él, cualquier ańoranza humana de Dios es atendida ampliamente mediante el cumplimiento de la promesa y el vínculo perenne con Dios.

El cansancio y la debilidad han oprimido nuestros corazones. No tenemos ni alimento Espiritual, ni descanso corporal, ni consuelo. La nostalgia, la espera y la esclavitud nos estén ahogando. Jesús misericordioso, imploramos tu compasión, nos abrazamos a tu costado abierto. Corazón misericordioso e inflamado de amor; apriétanos con los lazos de la piedad, el amor y la unión. Ayúdanos a regresar pronto a nuestra tierra, para que podamos cumplir mejor, siempre mejor, las tareas encomendadas por el Creador Amén. (jóvenes lituanos en un campo de concentración siberiano).