Cristo nos enseñó a mirar a los demás con los ojos de Dios. Y si lo intentamos, si miramos a los demás y nos imaginamos de qué modo los debe mirar el Padre Bueno, poco a poco algo va cambiando.

Queridos hermanos, paz y bien: Poco a poco, la Comunidad de los discípulos se va reuniendo. Tienen un encuentro personal con Cristo, y también con los hermanos. Gente como ellos, que han sido atraídos por la figura de Jesús. Se van pasando el mensaje unos a otros. ¿Tú le pasas el mensaje a la gente que vive cerca de ti? ¿Les hablas de las Eucaristías a las que vas, comentas con tus amigos/vecinos/compañeros lo que vives en el templo?
Jesús reúne a un grupo de amigos, para enseñarles a amarse los unos a los otros. Lo dice la primera lectura de hoy. Desde el punto de vista humano, parece absurdo. ¿Cómo se puede enseñar a amar? ¿Cómo podemos cambiar nuestra relación con una persona que nos cae mal, o que nos resulta del todo indiferente? ¿No sería mejor, con mucha educación, distanciarse de esa gente y guardar solo la debida cortesía? No hagas de tu problema mi problema o eso no es cosa mía, perdona, quizá nos parezca normal. Repito, desde el punto de vista humano. Pero es que somos cristianos, y eso nos obliga a superar las normas de la buena educación. Ojalá que al acabar la celebración de la Eucaristía podamos hablar de algo más que del tiempo o del fútbol. Interesarnos por los hijos, por los padres, por el trabajo (o la falta de él), son signos de que andamos en las cosas de Cristo.
Cristo no enseñó a mirar a los demás con los ojos de Dios. Y si lo intentamos, si miramos a los demás y nos imaginamos de qué modo los debe mirar el Padre Bueno, poco a poco algo va cambiando.
Es que ninguna persona aparece en nuestro camino por casualidad. Decía mi maestro de novicios que las casualidades son el paso de Dios por nuestra vida. Todo está orientado a que hablemos de Dios con nuestra vida, con lo que hacemos y con lo que decimos. Ojalá podamos ser puentes en el camino de los demás hacia Dios. Que nunca seamos muralla que impida a nuestros prójimos encontrarse con Cristo.
Soy una falsa moneda 
Había un viejo sufí que se ganaba la vida vendiendo toda clase de baratijas. Parecía como si aquel hombre no tuviera entendimiento, porque la gente la pegaba muchas veces con monedas falsas que él aceptaba sin ninguna protesta, y otras veces afirmaban haberle pagado, cuando en realidad no lo habían hecho, y él aceptaba su palabra.
Cuando le llegó la hora de morir, alzó sus ojos al cielo y dijo: "¡Oh, Alá! He aceptado de la gente muchas monedas falsas, pero ni una vez he juzgado a ninguna de esas personas en mi corazón, sino que daba por supuesto que no sabían lo que hacían. Yo también soy una falsa moneda. No me juzgues, por favor."
Y se oyó una voz que decía: "¿Cómo es posible juzgar a alguien que no ha juzgado a los demás?"
Muchos pueden actuar amorosamente. Pero es rara la persona que piensa amorosamente. [Anthony de Mello]
Vuestro hermano en la fe, Alejandro José Carbajo Olea, C.M.F. / Fuente Comentario al Evangelio del día 5 de enero de 2018 en www.ciudadredonda.org / Imagen:  - Jean Vanier, La fuente de las lágrimas, https://comunidadpiedrasvivas.blogspot.com.es/

Santoral del mes de enero

1             Santa María, Madre de Dios, Emmanuel, nombre del Mesías, otros...
2             San Gregorio Nazianceno, San Basilio Magno y otros...
3             Santa Genoveva, Santa Estefanía Quinzani y otros...
4             Santa Ángela de Foligno, San Rigoberto obispo y otros...
5             San Juan Nepomuceno Neumann, San Simeón el Estilita y otros...
6             Epifanía del Señor y otros...
7             San Raimundo de Peñafort y otros...
8             Santa Gúdula y otros...
9             San Eulogio de Córdoba, Santa Lucrecia de Córdoba y otros...
10          Beata María Dolores Rodríguez Sopeña y otros...
11          Santo Tomás de Cori Placidi y otros...
12          San Benito Biscop y otros...
13          San Hilario de Poitiers y otros...
14          San Félix de Nola y otros...
15          Santa Raquel, San Mauro abad y otros...
16          San Marcelo I, Papa y otros...
17          San Antonio Abad y otros...
18          Santa Prisca y otros...
19          Beato Marcelo Spínola y otros...
20          San Fabián papa, San Sebastián y otros...
21          Santa Inés, San Fructuoso de Tarragona y compañeros y otros...
22          Beata Laura Vicuña, San Vicente mártir y otros...
23          San Ildefonso y otros...
24          San Francisco de Sales y otros...
25          San Pablo en su conversión y otros...
26          San Timoteo, San Tito y otros...
27          Santa Ángela de Mérici, San Enrique de Ossó y Cervelló y otros...
28          Santo Tomás de Aquino y otros...
29          San Pedro Nolasco y otros...
30          Santa Martina de Roma y otros...

31          Santa Marcela, San Juan Bosco y otros...


El Niño Jesús del año

Todos años, la revista Time reconoce a alguien como “Persona del Año”. El reconocimiento no es necesariamente un honor; se da a la persona a quien Time juzga haber sido el creador de la noticia del año, por bien o por mal. Este año, en vez de elegir a un individuo para concederle el título de creador de la noticia del año, se reconoció a una categoría de personas, las Silence Breakers, esto es, mujeres que han hablado claro por haber experimentado acoso sexual y violencia sexual.
Parte del desafío de Navidad es reconocer en qué lugar de nuestro mundo está naciendo Cristo hoy; dónde, dos mil años después del  nacimiento de Jesús, podemos visitar de nuevo el establo de Belén, ver al niño recién nacido y tener nuestros corazones movidos por el poder de su inocencia e impotencia divinas.  
Por Navidad, este año yo sugiero que honremos a los niños refugiados como el “Niño Jesús del Año”. Ellos traen tan cerca del original pesebre de Belén cuanto nosotros conseguimos en nuestro mundo hoy, porque para ellos, como para Jesús hace dos mil años, no hay ningún lugar en la posada.
El nacimiento de Jesús, como su muerte, viene envuelto en paradoja. Vino como la respuesta de Dios a nuestros anhelos más profundos, mal deseados, y aun así tanto en el nacimiento como en la muerte, fue el extraño. Observad que Jesús nace fuera de la ciudad y muere fuera de la ciudad. Eso no es accidental. No nació niño “deseado” y no fue niño aceptado. Se da por hecho que su madre, María, y aquellos que tenían un auténtico corazón religioso lo quisieron, pero el mundo no, al menos no en los términos en que vino, como niño impotente. Si hubiera venido como una super-estrella, poderoso, una figura tan dominante que las rodillas se doblaran automáticamente en su presencia, un mesías cortado a medida de nuestra imaginación, todas puertas de la posada se le habrían abierto, no sólo en su nacimiento sino durante toda su vida.
Pero Cristo no fue el mesías de nuestras expectativas. Vino como un infante, impotente, escondido en el anonimato, sin status, no invitado, no deseado. Thomas Merton  describe su nacimiento de esta manera: Dentro de este mundo, esta posada loca, en la que no hay absolutamente ningún lugar para Él, Cristo ha venido no invitado. Pero, como no puede estar en casa estando en él, como está fuera de lugar estando en él y aun así tiene que estar en él, su lugar está con esos otros para los que no hay ningún lugar.
No hubo lugar para él en la posada. Los eruditos bíblicos nos dicen que nuestras homilías y opiniones sobre la falta de corazón de los dueños de la posada que no acogieron a María y José la víspera de Navidad, pierde el punto de esa narrativa. La indicación que los Evangelios quieren hacer aquí no es que los posaderos de Belén fueran crueles e insensibles y esta singular, pobre y aldeana pareja, José y María, fuera tratada injustamente. El motivo del “no hay lugar en la posada” quiere más bien hacer una indicación mayor, justamente la que Thomas Merton destacó, a saber, que nunca hay lugar en nuestro mundo para el verdadero Cristo, el que no se ajusta cómodamente a nuestras expectativas y opiniones. El verdadero Cristo choca generalmente con nuestras ideas, es una decepción para nuestras expectativas, viene sin estar invitado, está perennemente aquí, pero está siempre afuera, en la periferia, excluido por nuestros pensamientos y despachado de nuestras puertas. El verdadero Cristo está siempre buscando un hogar en un mundo en el que no hay ningún lugar para él.
Así, pues, ¿a quién le cuadra mejor esa descripción hoy? Yo sugiero lo siguiente: A millones de niños refugiados. El Niño Jesús puede ser visto lo más claramente hoy en los incontables niños refugiados que, con sus familias, están siendo llevados de sus hogares por la violencia, la guerra, la miseria, la limpieza étnica, la pobreza, el tribalismo, el racismo y la persecución religiosa. Ellos y sus familias son los que mejor encajan con el cuadro de José y María, buscando un lugar, extraños, impotentes, sin ser invitados, sin hogar, sin nadie que los acoja, en la periferia, extraños, calificados como “forasteros”. Pero ellos son la Sagrada Familia de hoy-día, y sus niños son el Niño Jesús para nosotros y para el mundo.
¿Dónde está hoy el pesebre de Belén? ¿Dónde podríamos encontrar al Niño Jesús para adorarlo? En muchos sitios, reconocidamente en todas salas de parto y guarderías del mundo, pero “preferencialmente” en los campos de refugiados; en botes haciendo peligrosos viajes por el Mediterráneo; en migrantes que viajan incontables millas hambrientos, sedientos y en peligrosas condiciones; en gente que espera en incontables listas le faciliten una diligencia con la confianza de ser aceptada en algún lugar; en personas que llegan a varias fronteras después de un largo viaje, sólo para ser despedidos; en madres que están en centros de detención, con sus hijos en brazos y esperando; y más especial, preferencialmente, en los rostros de incontables niños refugiados.
El rostro de Dios en Navidad se ve más en el desamparo de los niños que en todo el terrenal y carismático poder del mundo. Y así hoy, si queremos, como los pastores y los magos, para encontrar nuestro camino al portal de Belén, necesitamos mirar a donde, en esta loca posada,  habitan los niños más desamparados.

Cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana. Papa Francisco. Sagrada Familia. 30 de diciembre

   Es cierto, no existe la familia perfecta, no existen esposos perfectos, padres perfectos ni hijos perfectos, y si no se enojan, yo diría suegras perfectas. Pero eso no impide que no sean la respuesta para el mañana. 
   Dios nos estimula al amor y el amor siempre se compromete con las personas que ama. 
   Por eso, cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana”.

(Mensaje que el Papa dio a las familias el 22 de septiembre de 2015 durante su visita a Cuba).

Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.


 Festividad de la Sagrada Familia


La familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón...Papa Francisco

“No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva.

“Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar”.

Papa Francisco 49° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Pidamos al Niño divino que nos revista de humildad, porque sólo con esta virtud podemos gustar este misterio relleno de divinas ternuras. Padre Pío.

“Pidamos al Niño divino que nos revista de humildad, porque sólo con esta virtud podemos gustar este misterio relleno de divinas ternuras”

San Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

Frases y curiosidades de Santos y de la Iglesia #45

Recopilación de frases, curiosidades, lemas, dichos y pequeñas inspiraciones espirituales.
Parroquia del Corazón de María de Oviedo.

Ganadora de la cesta del rastrillo misionero claretiano

   Felicitamos a Dñª Carmen Gamazo como ganadora de la cesta del rastrillo 2017 nº 3441-3450 y agradecemos su aportación al igual que al resto de colaboradores.


EL SENTIDO DE LA NAVIDAD

Que el dulcísimo Niño Jesús os traiga todas las gracias, todas las bendiciones, todas las sonrisas que plazca a su infinita bondad. Padre Pío.

“Que el dulcísimo Niño Jesús os traiga todas las gracias, todas las bendiciones, todas las sonrisas que plazca a su infinita bondad…”

San Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

Frases y curiosidades de Santos y de la Iglesia #44

Recopilación de frases, curiosidades, lemas, dichos y pequeñas inspiraciones espirituales.
Parroquia del Corazón de María de Oviedo.

La Navidad posee una ternura, una dulzura infantil que me atrapa todo el corazón. Padre Pío

“Todas las fiestas de la Iglesia son hermosas… la Pascua, sí, es la glorificación… pero la Navidad posee una ternura, una dulzura infantil que me atrapa todo el corazón”

San Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

Frases y curiosidades de Santos y de la Iglesia #43

Recopilación de frases, curiosidades, lemas, dichos y pequeñas inspiraciones espirituales.
Parroquia del Corazón de María de Oviedo.

El temor de Dios como sabiduría

¿Por qué ya no predicamos más sobre el fuego del infierno? Es una pregunta que frecuentemente se hacen hoy muchas personas religiosas sinceras a quienes preocupa que demasiadas iglesias y demasiados sacerdotes y ministros han suavizado el pecado y son super-generosos al hablar de la misericordia de Dios. La creencia en esto es que vendría a la iglesia más gente y más gente cumpliría los mandamientos, particularmente el sexto, si predicáramos la cruda verdad sobre el pecado mortal, la ira de Dios y el peligro de ir al infierno cuando muramos. La verdad os hará libres, afirma esta gente, y la verdad es que existe el verdadero pecado y que existen verdaderas y eternas consecuencias del pecado. La puerta de acceso al cielo es estrecha y el camino al infierno es ancho. Así pues, ¿por qué no predicamos más sobre los peligros del fuego del infierno?
Lo que es válido en esta clase de razonamiento es que predicar sobre el pecado mortal y el fuego del infierno puede ser efectivo. Las amenazas funcionan. Yo crecí sujeto a esta clase de predicación y fácilmente admito que eso tenía un verdadero efecto en mi conducta. Pero ese efecto era ambivalente: Por el lado positivo, me dejó bastante marcado ante Dios y la vida misma para no desviarme muy lejos moral y religiosamente. Por el lado negativo, me dejó también tullido religiosa y emocionalmente de alguna profunda manera. Dicho simplemente, es duro ser amigos íntimos de un Dios que te atemoriza, y no es bueno religiosamente ser demasiado apocados y estar temerosos ante las grandes energías de la vida. Se admite que el temor al castigo divino y el miedo al fuego del infierno pueden ser efectivos como motivadores. 
Así, ¿por qué no predicar el temor?  Porque es un error, puro y simple. El lavado de cerebro y la intimidación física son también efectivos, pero el temor no es el aliciente propio para el amor. No entras en una relación de amor porque te sientes temeroso o amenazado. Entras en una relación de amor porque te sientes atraído ahí por el amor.
Más importantemente, predicar la amenaza divina deshonra al Dios en que creemos. El Dios al que Jesús encarna y revela no un Dios que ponga en el infierno a gente sincera y de buen corazón en contra de la voluntad de ésta, en base a alguna caída humana o moral que en nuestras categorías morales o religiosas consideramos ser pecado mortal. Por ejemplo, aún oigo que esta amenaza se predica a veces en nuestras iglesias: Dejar de ir a la iglesia el domingo es pecado mortal, y si haces eso y mueres sin confesarlo, irás al infierno.
¿Qué clase de Dios suscribiría esta clase de creencia? ¿Qué clase de Dios no daría a la gente sincera una segunda oportunidad, una tercera y setenta y siete veces siete más oportunidades si permanece sincera? ¿Qué clase de Dios diría a una persona en el infierno: “¡Lo siento, pero tú conocías las reglas! ¡Te arrepientes ahora, pero es demasiado tarde. Tuviste tu oportunidad!”?
Una teología sana de Dios demanda que dejemos de predicar que el infierno pueda ser una terrible sorpresa que espera a una persona esencialmente buena. El Dios en que creemos como cristianos es infinita comprensión, infinita compasión e infinito perdón. El amor de Dios nos sobrepasa, y si nosotros, en nuestros mejores momentos, podemos ver la bondad de un corazón humano a pesar de sus caídas y debilidades, ¡cuánto más lo hará  Dios! No tenemos nada que temer de Dios.
¿O sí? ¿No nos dice la escritura que el temor de Dios es el principio de la sabiduría? ¿Cómo cuadra eso con no tener miedo a Dios?
Existen diferentes clases de temor: algunas, sanas; y otras, no. Cuando la escritura nos dice que el temor de Dios es el principio de la sabiduría, la clase de temor de que está hablando no es casual acerca del sentimiento amenazado o el sentimiento ansioso de ser castigado. Esa es la clase de temor que sentimos ante los tiranos y matones. Hay, no obstante, un sano temor que es innato en la dinámica del amor mismo. Esta clase de temor es esencialmente adecuada reverencia, esto es, cuando amamos auténticamente a alguien tendremos miedo de ser egoístas, groseros e irrespetuosos en esa relación. Temeremos violar el espacio sagrado  en el que ocurre la intimidad. Metafóricamente, comprenderemos que nos hallamos en lugar santo y que lo mejor que haríamos es quitarnos el calzado ante el fuego sagrado.
La escritura también nos dice que cuando Dios aparece en nuestras vidas, generalmente las primeras palabras que oímos son: “¡No temáis!” Eso es porque Dios no es un tirano crítico sino energía y persona amable, creativa y llena de gozo. Como Leon Bloy nos recuerda, el gozo es la más infalible señal de la presencia de Dios.
Al famoso psiquiatra Fritz Perls le preguntó una vez un joven fundamentalista: “¿Ha sido Vd. salvado?” Su respuesta: “¿Salvado? ¡De ninguna manera! ¡Aún estoy tratando de entender cómo perderme!” Nosotros honramos a Dios no viviendo en temor para no ofenderle, sino gastando la maravillosa energía que Dios nos da para ayudar a la vida a florecer. Dios no es una ley que tiene que ser obedecida, sino una gozosa energía en la que ocuparnos generativamente. 

El porqué de la Navidad

Érase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y de las festividades religiosas, como la Navidad.
Su mujer, en cambio, era creyente y criaba a sus hijos en la fe en Dios y en Jesucristo, a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.
Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.
-¡Qué tonterías! -arguyó-. ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez!
Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.
Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.
Al cabo de un rato, oyó un gran golpe; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana.
Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.
-Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-. Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.
Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero solo consiguió asustarlas y que se alejaran más.
Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.
El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.
-¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevada?
Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.
-Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.
Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó. Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.
El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:
-Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!
Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:
-¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!
De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios. Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios hizo que Su Hijo se volviera como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.
Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevada, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Cristo a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: "¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!" Fuente

Natividad de Nuestro Señor. Un hijo nos ha sido dado

Estamos convocados a celebrar en Navidad el misterio incomprehensible de un Dios que decide hacerse hombre, para salvar a los hombres que se han alejado de Él. Sin embargo, Isaías, el profeta que nos ha enseñado que el nombre de Dios es Emanuel, el Señor con nosotros, nos confía un secreto que es al mismo tiempo, una prueba de amor y un desafío: Jesús, el hijo de la Virgen inmaculada, es "un hijo que nos es dado". El Hijo del Padre eterno, el Verbo encarnado, el hijo de María, nos es dado como hijo.

Somos llamados a quererlo, cuidarlo, escucharlo, llevarlo, de igual manera que queremos, cuidamos, escuchamos y llevamos a un hijo.
Navidad es el tiempo para conmemorar este misterio. Misterio que la liturgia nos propone contemplar, meditar, durante las tres semanas en las que las fiestas se suceden para que podamos gustarlas: la natividad, la celebración de la Sagrada Familia, la maternidad divina, la manifestación a los paganos, la presentación al pueblo elegido en el borde del Jordán.
La alegría de los pastores de Belén, la veneración de los magos y la presteza de los primeros discípulos, revelan las distintas actitudes que Navidad puede hacer crecer en nosotros.En todo caso, en primer lugar, hay que recibir al Hijo del Padre eterno como a un hijo... Fuente

Alégrate, canta, comparte la buena noticia y deja que el Amor de Dios te ilumine



Calendario de Adviento 2017

“Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo”

Hace mucho frío sobre la tierra... 
Los cielos están tan bordados de estrellas que solamente se adivina el fondo azul oscuro de la bóveda celeste, inundada de tinieblas.
En la tierra…una estrella de las más pequeñas del inmenso sistema planetario… están ocurriendo esta noche prodigios que asombran a los ángeles…: un Dios que por amor al hombre desciende humillado en carne mortal y nace de una mujer (Lc. 1,30-31), en una estrella de las más pequeñas… de las más frías, en la tierra…
Los hombres también tienen hielo en sus corazones. 
Nadie acude a presenciar el milagro del nacimiento de Dios. Solamente se reduce el mundo entero, a una mujer que se llama María, a un hombre de ojos azules, que se llama José, y a un Niño recién nacido que envuelto en pañales, abre por primera vez los ojos entre el aliento de un asno y un buey, y apoyado entre un puñado de pajas, que la pobreza de José, y la solicitud y el amor de María, le han procurado.
El mundo entero duerme inconsciente el pesado sueño de la carne… Hace mucho frío esta noche en las tierras de Judá… Las estrellas que bordan los cielos, son los ojos de los ángeles que cantan el “Gloria a Dios en las alturas”…, canto hecho para Dios, oído por unos pastores, que vigilan sus rebaños y acuden a adorar con sus almas infantiles, a Jesús que acaba de nacer…
La primera lección del amor de Dios… Y aunque mi alma no tiene la castidad de José ni el amor de María, ofrecí al Señor mi pobreza absoluta de todo, mi alma vacía; y si no le entoné himnos como los ángeles, procuraré cantarle coplas de pastores…, la canción del pobre, del que nada tiene, la canción del que sólo miserias puede ofrecer a Dios… Pero no importa, pues las miserias y flaquezas ofrecidas a Jesús por un corazón de veras enamorado, son aceptadas por Él, como si fueran virtudesGrande…, inmensa es la misericordia de Dios. Mi carne mortal, no oye las alabanzas del cielo, pero mi alma divina, que también hoy como entonces, los ángeles miran asombrados a la tierra y entonan el “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938) Antiguo alumno de Jesuitas de Oviedo. Escritos espirituales, 27/12/1936

¿Noche de paz... en Cataluña? Mira cómo acaba esta cena de Navidad en un...

Ama con gestos sencillos y alegría, el Señor brilla cerca



Calendario de Adviento 2017

ESTA NAVIDAD SÉ PARTE DE NUESTRO COMPROMISO


Comprometerse en Cáritas es implicarse y compartir lo que nos ha sido dado, nuestro tiempo, nuestras capacidades, nuestros bienes, nuestra vida.
La campaña en nuestra parroquia la hacemos en colaboración con los niños y jóvenes que nos ayudan en la colecta puerta a puerta, con alimentos y donativos. Así implicamos a todos los de nuestro entorno.
Con los alimentos elaboramos las cestas que se entregan a familias con dificultades económicas.
También organizamos una merienda para quienes acuden a nuestra bolsa de trabajo. Compartir nuestro calor navideño con personas que no siempre tienen con quien celebrarlo.
Finalmente , hacemos llegar a los colectivos de personas sin hogar regalos de reyes. Todo con vuestro donativo, que se estira para sostener las actividades en todo el año.
Oportunamente os daremos el resultado de toda la campaña.

Muchas gracias por vuestra colaboración.


No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.


 Domingo  4º de  Adviento


Gracias a:


Rezando Voy 

Este experimento social hizo cambiar a 27 jóvenes sus regalos de Navidad...


Merece la pena que le dediques 5 minutos...

¿Cuáles van a ser tus prioridades en esta Navidad?



Calendario de Adviento 2017