Un nuevo libro importante

Cada año, escribo una columna compartiendo con los lectores el título y una breve sinopsis de los diez libros que más me impresionaron ese año. Ocasionalmente, sin embargo, juzgo que un libro es suficientemente excepcional como para merecer su propia columna. El nuevo libro de Robert Ellsberg Un Evangelio viviente: leyendo la historia de Dios en vidas santas es un libro así.
Robert Ellsberg es el editor y director de redacción de Orbis Books; y en ese papel ha llevado a imprenta algunos de los escritos espirituales más desafiantes de nuestra generación.Entre otras cosas, ha editado los escritos, diarios y cartas escogidas de Dorothy Day (con la cual tuvo el privilegio de estar en comunidad durante los últimos cinco años de la vida de ésta). Pero más allá de la publicación de los pensamientos de otros, el propio Ellsberg ha producido, calladamente, un enorme tesoro  de escritos sobre las vidas de los santos. Tiene tres libros mayores sobre las vidas de los santos (Todos los santos, Guía de los santos a la felicidad y Bendita entre todas las mujeres); y, cada día, escribe una relación de la vida de un santo para el opúsculo Give us this day.
Ellsberg es lo que técnicamente se llama un hagiógrafo, esto es, alguien que narra las vidas de algunos santos de modo que puedan servir de orientación para el resto de nosotros. Cualquiera que esté familiarizado con la historia de la espiritualidad cristiana sabe lo importante que ha sido esto. Los Evangelios mismos son, hablando en cierta manera, hagiografía, la vida de  Jesús narrada para nuestra orientación e imitación. Después, en la primitiva iglesia, tenemos las vidas de los mártires; y, más tarde, un desfile de santos a lo largo de los tiempos medievales y modernos hasta nuestros días. Siempre nos han contado historias de los santos.
Muchos de nosotros -sospecho yo- estamos familiarizados con la clásica serie de cuatro volúmenes de Alban Butler Vidas de los santos. Estas famosas mini-biografías fueron publicadas hace 200 años, pero emplearon el género literario de aquel tiempo para escribir las vidas de los santos. Ese género, la hagiografía, por principio, distorsionaba algo la realidad literaria con el fin de destacar la esencia, y esto dejó frecuentemente al lector con  la impresión de que los santos que eran descritos estaban privados de la normal debilidad y limitación humana. Nuestro tiempo ya no entiende esto; y así, se necesita un nuevo estilo de biografía, uno que revele la esencia sin sacrificar los hechos literales. Robert Ellsberg es ese nuevo estilo de hagiógrafo y hoy necesitamos esa hagiografía.
Cuando yo era joven, las vidas de los santos eran una de las principales maneras con las que se enseñaba la espiritualidad. Cada uno de nosotros tenía un santo patrón, cada ciudad tenía un santo patrón, cada parroquia tenía un santo patón. Todos nosotros leíamos las vidas de los santos y nos movían a ideales más altos por la imitación de santos tales como Tarsicio, apedreado de muerte por proteger el Santísimo Sacramento; Maria Goretti, que quiso morir antes que sacrificar su integridad personal; san Jorge, que por el poder de la fe pudo matar dragones; y san Cristóbal, cuyo providencial ojo podía guardarte seguro mientras conducías.
Por supuesto, mirando hacia atrás, uno puede ver ahora dónde aquellos que narraron estas historias se tomaron frecuentemente libertades con el  hecho histórico para destacar la esencia. Verdaderamente, tanto san Jorge como san Cristóbal están ahora relegados más al reino de la ficción que a la verdad. No importa; sus historias, como las de otros santos que leímos, levantaron nuestros ojos un poco más altos, pusieron un poco más de coraje en nuestros corazones, nos dieron ejemplos de verdadera vida del   discipulado cristiano y nos ayudaron a fijar nuestros ojos en lo que es más noble.
Hoy tenemos una versión diferente de las vidas de los santos. Los ricos, los famosos y los que viven del éxito han reemplazado efectivamente a los santos de los viejos tiempos. El libro de Butler Vidas de los santos ha sido reemplazado por la revista People, biografías, programas de televisión y lugares web que nos pintan y detallan las vidas de los ricos y los famosos. Y estas vidas, no obstante la bondad que con frecuencia veis ahí, no fijan nuestros ojos ni nuestros corazones en la misma dirección que lo hacen las vidas de Tarsicio, María Goretti, san Jorge o san Cristóbal. En una cultura que diviniza la celebridad, necesitamos algunas celebridades diferentes que  envidiar. Robert Ellsberg está señalándolas.
En este libro, entre otras cosas, Ellsberg narra las vidas de cuatro “santos” contemporáneos: Dorothy Day, Thomas Merton, Henri Nouwen y Charles de Foucauld (ninguno de los cuales está todavía canonizado ni podría estarlo alguna vez). Pero sus vidas -cree él- son capaces de ayudarnos a definir lo que el seguimiento de Jesús podría significar en las complejidades de nuestra propia generación.
Y esto es verdad también para la iglesia en conjunto. Comentando la vida de Charles de Foucauld, Ellesberg escribe: “En una época en la que el Cristianismo ya no es sinónimo de superación de la civilización occidental y poder colonial, el testimonio de Foucauld -pobre, desarmado, despojado de todo, no confiando en ninguna autoridad más grande que el poder del amor- puede representar bien el futuro de la iglesia, una iglesia enraizada en la memoria de sus orígenes y de su pobre fundador.
¡Los santos tienen algo para cada uno!
Ron Rolheiser (Trad. Benjamin Elcano, cmf) - Lunes